Conferencia en el Ateneo de Madrid

El día 10 de septiembre de 2022 en el Ateneo de Madrid, en la Sala Ciudad de Úbeda, tuvieron lugar las charlas de las Tres Tertulias, en la Sección de Filosofía, coordinadas por la escritora María Victoria Caro Bernal. En esta ocasión me correspondió desarrollar el tema: ¿Cómo van evolucionando en el tiempo las ideas religiosas y la comprensión de Dios?, comprendida en la Tertulia del Ser espiritual, en donde se citaron ideas del libro «Al Ándalus, puerta del pensamiento clásico en Europa».

En el desarrollo del tema se expuso la vinculación de las religiones a las antiguas Escuelas de Misterios, los distintos simbolismos que se encierran en las religiones (incluidas en una visión esotérica o exotérica), así como algunos puntos en común que podemos reconocer a lo largo de la historia, derivadas de su filiación a antiguos credos o corrientes filosóficas (mandeos, sabianos de Harrán, esenios, gnósticos, sufíes, mazdeísmo, orfismo, etcétera). Quedó de manifiesto que las religiones tienen la finalidad de lograr la unión del hombre consigo mismo y los demás, tal como indica su nombre (re-ligare: volver a unir), pese a que con el transcurso del tiempo se quedan en la cáscara de su enseñanza y pierden el fondo de su primitivo mensaje.

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Entrevista en «La rompedora», revista de la Escuela de Escritores de Madrid.

Entrevista a Ramón Sanchis Ferrándiz

Ramón Sanchis Ferrándiz, querido lector. Sabemos que el nombre le suena. Graduado de la IX Promoción del Máster de Narrativa, editor de esta revista y también un autor de quien tuvimos el gusto de publicar relatos y ensayos.

Hoy Ramón vuelve a ser noticia en La Rompedora. Un tintero tan cultivado y creativo como el suyo es fuente constante de delicias para los lectores y para prueba de ello su más reciente publicación: Al Ándaluz, puerta del pensamiento clásico en Europa (Almuzara, 2022).

Ramón, por si usted aún no lo sabe, además de ser escritor también es ingeniero con estudios especializados en caminos, puertos, canales y urbanismo. Por si eso no fuera poco, forma parte del Instituto Internacional Hermes de Antropología y Ciencias del Hombre, radicado en París, en donde ha realizado estudios de Filosofía, Historia y Antropología, así como de la mesa de redacción de la revistas Cuadernos de Cultura y Esfinge. Como autor, su nombre figura en títulos como: Escritos seleccionados (2019), recopilación de relatos de El Libro Durmiente, El Arte de ser escritor. T.I, Narrativa, y T.II, de Técnicas de escritura, (2005). El Bhagavad Gïta: comentarios al clásico espiritual de la india (2005). El ensayo Los peligros del Racismo (vv.aa.) (1994).

Con un currículum como el suyo, no es de extrañar que este escritor de la casa recibiera una oferta para escribir un ensayo histórico sobre Al Ándalus y su trascendencia en Occidente. He aquí lo que Ramón Sanchis Ferrándiz compartió con nosotros distinguiéndose, como siempre, por su enorme afabilidad y su conversación culta, un verdadero placer:

Ramón Sanchis retratado por Estudio Ático 26.

¡Enhorabuena, Ramón! ¿Qué se siente ver publicado un proyecto al que has dedicado tanto esfuerzo?

Se siente una satisfacción muy especial al ver realizada una meta en la que has puesto mucha ilusión, no tanto por ver compensado el esfuerzo realizado —dado que hay un componente vocacional en esa labor—, sino anhelando que les resulte interesante a los lectores.

Cuéntanos un poco sobre Al-Ándalus, puerta del pensamiento clásico en Europa. ¿Qué fue lo que más te atrajo de esta joya de la civilización? Antes, por citar otro ejemplo, has dedicado otro de tus libros al Bhagavad-Gita, texto sagrado hindú.

Es un momento histórico brillante, en donde lograron convivir respetuosamente las tres culturas (cristiana, musulmana y hebrea). En la época del Califato Omeya de Córdoba, en Al-Ándalus se alcanzó una etapa de esplendor en las artes, las ciencias y el pensamiento, mientras en su entorno los demás pueblos atravesaban por una etapa medieval. Cuando el mundo clásico se fue derrumbando, el islam recopiló los textos de los filósofos clásicos, junto a los conocimientos de médicos, astrónomos, matemáticos, botánicos, así como técnicas, inventos, ciencias y artes, que más tarde pudieron trasvasarse a Europa.

De igual modo, el Bhagavad Gita, como parte central del Mahabharata, es el texto cumbre de la tradición filosófica de la India, con enseñanzas que perduran y sigue aportando luz para el futuro.

En La Rompedora hemos tenido el placer de leer y publicar tus ensayos y relatos, de prosa sumamente cuidada y atrayente. En este caso, al escribir sobre Al-Ándalus, ¿cuál dirías que es el enfoque principal de tu libro? ¿Cuál es su estilo?

Aunque el libro trata de las rutas seguidas por el conocimiento y el trasvase de las ideas entre los distintos pueblos —que siempre son temas de calado—, pretendía escribir un ensayo histórico que fuera asequible al gran público, divulgativo, huyendo de un academicismo excesivo, intentando que la Historia sea atractiva, entretenida y comprensible.

En el libro se muestran las ramificaciones de la filosofía helenística o el hermetismo, de la gnosis o la cábala hebrea, las enseñanzas de los sufíes o el mazdeísmo, del pitagorismo, la visión platónica o aristotélica. Así se comprende como florecieron distintos núcleos del saber que se iban pasando el testigo de esas ideas (Atenas, Bizancio, Damasco, Bagdad, Basora, Alejandría) y el modo en que resurgen de nuevo en Al-Ándalus. Finalmente, las escuelas de traductores lograrán acercar dichos conocimientos escritos en lengua árabe a las diversas lenguas romances, al latín y el hebreo.

¿Qué ha sido lo mejor y lo más duro al escribir este libro?

Cuando le presenté al editor un artículo inicial no podía imaginar que, a vuelta de correo, me remitiría el contrato de edición, con un plazo que yo debía definir. Esa confianza por parte del editor es lo que más valoro de esta edición, pero implicaba una responsabilidad añadida. Lo peor, que no malo, es que yo mismo me impuse un plazo demasiado corto que luego jugaba en contra de la tranquilidad que se requiere para escribir. Pero en cuatro meses y medio estuvo listo el manuscrito.

¿Qué fue lo que más te sirvió en el proceso de corrección?

No fueron demasiadas las correcciones que introdujo la editorial, sin embargo, siempre hay detalles a retocar que ellos ven mejor que el autor. Fue revisado por expertos en el tema, y por suerte, tan solo se referían a aspectos formales y no afectaban al contenido del manuscrito. Por ejemplo, ideas que se repiten, palabras que deben ir o no en mayúscula (Humanidad, Naturaleza, Dios, Edad Media, Antigüedad, Oriente y Occidente, etcétera).

Ahora que eres un graduado del Máster de Narrativa en Escuela de Escritores, ¿cómo describirías tu experiencia en este programa de escritura creativa?

Muy positiva y gratificante, por la formación de calidad recibida y el contacto con otros compañeros. El máster te da las herramientas necesarias para enfrentarte a cualquier reto, teniendo una mejor perspectiva de lo que puedes abordar y el modo en que debes enfocarlo.

¿Nos puedes contar un poco sobre cómo fue el camino hasta la reconocida editorial Almuzara?

Fue por contacto personal con el director de la editorial Sekotia, que a su vez pertenece al grupo Almuzara. Entonces, decidieron que este tema encajaba en una colección de Almuzara que se llama “Al Ándalus”. Una serie de casualidades que jugó a mi favor, aunque el escritor siempre ha de estar convencido de su obra y pujar por ella.

Hay quien busca remover, educar, entretener, ¿qué efecto te gustaría provocar en los lectores con este libro?

Me gustaría entretener, a la vez que despertar inquietudes más profundas. Un libro de investigación siempre ha de abrir ventanas hacia otras indagaciones (que ha de continuar el lector), dar indicios y plantear dilemas. La finalidad de este libro es descubrir los hilos seguidos por el pensamiento y promover otros que el lector habrá de deducir. Me siento feliz cuando la gente dice que ha aprendido mucho con mi libro.

Hay autores o libros que te hayan nutrido, en particular, antes de escribir Al-Ándalus, puerta del pensamiento clásico en Europa?

Son muchos los libros que han despertado inquietudes que ahora se reflejan en el libro; y anotados quedan en la bibliografía los consultados. Pero debo destacar las lecturas sobre los cuentos sufíes de El monasterio mágico, de Idries Shah; la Historia de las creencias y las religiones de Mircea Eliade; ¿Qué es la filosofía antigua?, de Pierre Hadott; Historia de la Filosofía, de Giovani Reale y Dario Antiseri; y los libros de Karen Armstrong o de Miguel Asín Palacios entre otros muchos.

Sabemos que tus actividades como escritor, editor y colaborador en revistas especializadas te mantienen de gira constantemente, no solo en presentaciones sino también en conferencias. ¿Te veremos por Madrid próximamente?

Hay dos presentaciones apalabradas en Madrid. Os tendré bien informado de ellas.

¿Tienes otro proyecto del que nos puedas adelantar un poco? ¿Algo de narrativa, por casualidad?

Hay una novela que desarrollé como trabajo de fin de máster, sobre Shakespeare, de la que ya tengo una oferta para publicar. Verá la luz y se lo debo a la Escuela de Escritores, a Ignacio Ferrando, que la tuteló, a Javier Sagarna y todos mis profesores.

Si no fueras escritor, ¿qué más te hubiera gustado ser?

Creo que, si no fuera escritor, mis pasos habrían ido girando hacia encararme en esa dirección. De hecho, mi vida profesional se encaminó hacia la ingeniería, pero no puedes engañarte a ti mismo por mucho tiempo cuando descubres tu inclinación natural. En todo caso, siempre se puede tener una profesión y alentar calladamente esa verdadera vocación que suele aparecer tumbando la puerta.

Actitudes Estoicas en tiempos de pandemia

Esta conferencia forma parte de la Semana Estoica que se desarrolló el 13 de noviembre de 2020, en Alejandría Espacio Cultural de Elche.

Frente a la pérdida de valores y de la propia identidad humana, podemos encontrar en el estoicismo ese modelo de conducta que ya sirvió en otras crisis históricas. Esta escuela filosófica proponía una actitud reflexiva que intentaba llevar al ser humano a la conexión profunda consigo mismo y con todo lo creado, la fortaleza interior, la serenidad y aquietamiento del alma, junto a una integridad moral a toda prueba.

La pandemia ha provocado desequilibrios, ansiedades y depresiones en quienes creían que su vida circulaba por una vía estable. De pronto nuestra solidez económica, mental, de sentimientos, se vió resentida. Por este motivo, muchos de los lemas o principios estoicos han ganado actualidad. Sin duda, resultará un gran descubrimiento para muchos de los que piensan que la filosofía es algo abstracto que no ofrece resultados prácticos para nuestro tiempo actual.

Enlace al video de youtube:

¿Quien soy, de dónde vengo y adónde voy?

En las actividades programadas con motivo del Día Internacional de la Filosofía, el viernes 17 de diciembre de 2021 se realizó en la Asociación Ítaca-Espacio cultural de Valencia el Congreso Nacional de Filosofía bajo el lema «Conócete a ti mismo». En él se realizaron tres ponencias.

Se adjunta el video del tema «¿Quien soy, de dónde vengo y adónde voy?, impartido por Ramón Sanchis.

Reflexiones sobre la vida y la muerte.

Cualquier escritor es vitalista, y como escritor me sumo al manifiesto en pro de la existencia plena y consciente. Porque todo escritor se aúna con la vida, con los sueños, con la esperanza, con la proyección de futuro y los mejores anhelos para su mundo y sus gentes. Porque la vida se siente, se enseñorea de nuestra existencia y la sentimos vibrar bajo nuestra piel con toda su carga telúrica, mágica, mensajera palpable de la fuerza primigenia que puso los mundos en movimiento. La vida es lo que está siempre presente, al menos mientras nos quede una gota de su maravilloso elixir y una mínima hebra que nos mantenga aferrados a ella. Mientras perdure un cordón de sustancia, en tanto quede en nuestro pecho una pequeña brizna de aliento, la vida será todo, será dueña…

Universo_04Pero si algún día la vida termina, no desesperes, pues cuando ya se retire el manto de materia que nos encubre, tal vez la esencia que eres, tendrá que aprender de nuevo a gatear por otros caminos de luz, surcando las rutilantes estrellas de un mundo inmaterial semejante a los luceros que ahora te embelesan… Y quizás, cuando el velo de lo material se deshaga tan solo quede aquello que atesoras en tus profundos sueños del alma…

Sin duda, cuando duermes, tu cáscara de materia permanece aletargada, y sin embargo sueñas, transportado en un bajel que surca las galaxias insondables, las emociones más bellas y azules, los pensamientos más elegantes y elevados. Cuando cada noche te conviertes en vigía de tus sueños, apostado en las amuras de tu barco celeste, pareciera que has muerto para el mundo de los cuerdos, y sin embargo viajas como un loco enajenado por sus ensoñaciones, en un mundo de estelares vientos e irisadas olas, tan real para ti como las olas del mar que ahora te reciben en la playa. Pero recuerda, cuando navegues por ese mundo de ensueños, que eres mortal, que los sueños también acaban y tus deseos habrán de proyectarte de nuevo a la vida rutinaria que llamas ahora real… Y quizás, al igual que ocurre cuando los ensueños se desvanecen, en que debemos regresar a nuestro mundo de cotidianas realidades, tal vez ocurra en el trance hacia la otra orilla. Porque siempre se dijo que «igual es arriba que es abajo».

images_08En mi humilde opinión, no creo que tan solo exista lo que llamamos vida desde nuestra perspectiva física, pues he comprendido demasiadas cosas del pasado y el futuro en algún «sueño lúcido»; he convivido con gente noble que tenía capacidad de clarividencia; he escuchado el relato de quien ha retornado de un coma, esperanzado y luminoso, tan alejado del temor en que nos han educado; conozco los experimentos médicos sobre el trance de muerte que han logrado retornar a quienes, pasados varios minutos, ya se daba por muertos… todos ellos narrando una misma historia. Y considero, tal como decían los sabios de la antigüedad, que la vida y la muerte son dos caras de una misma moneda. Es decir, una misma realidad, a la que denominaban la Vida-Una, vista desde ángulos diferentes.

 

Taller de escritura creativa Ítaca-ELD (El libro durmiente)

Un año más, a mediados de septiembre arrancará nuestro Taller de Escritura Creativa realizado conjuntamente por Ítaca (Espacio Cultural) y ELD (El Libro Durmiente). Ambas asociaciones, Ítaca-Espacio Cultural de Valencia y ELD del Centro Imaginalia de Alicante, han unido sus esfuerzos para continuar esta labor formativa movidas por inquietudes similares.

Después de ocho años de rodaje, nuestro taller tiene experiencia suficiente para enseñar a escribir a cualquiera que se lo proponga seriamente. Cada año comienza a finales de septiembre y termina a finales de junio del año siguiente. Tenemos un programa bastante completo que imparten tres profesores: Rosario Olivar, Lilia Gª Chiavassa y Ramón Sanchis. Estamos enfocados a la narrativa, aunque no desdeñamos la incursión en poesía u otros géneros, aunque la base es la narración. No obstante, igual se aprende a redactar un microrrelato, escribir una columna de opinión, un artículo, la reseña de un libro, un cuento o un poema. Se parte de la enseñanza de descripciones, personajes, reglas básicas de la narración, diferencias entre relato, cuento, novela breve, novela, microrrelato, para pasar a las figuras literarias (metáforas, comparaciones, metáforas de situación, etcétera), el tono, el ritmo, la musicalidad, el simbolismo en los textos, etcétera. A esto se añaden píldoras literarias, cortas, directas, que nos recuerdan los errores y correcciones necesarias del modo de escribir (o sea, técnicas básicas de escritura).

Este año pretendemos incluir un módulo de Escritura en internet, dado que no se utiliza el mismo estilo cuando se escribe en la red, y también, modalidad periodística. Para ello vamos invitando a autores especializados en cada tema. Aunque esta temporada que ahora comienza el taller será presencial en Ítaca-Espacio cultural de Valencia, se mantendrá la conexión online que tantas alegrías nos ha dado últimamente, pues ha permitido que haya un total de unos 40 alumnos de varias ciudades españolas, e incluso, de Sudamérica.

Nuestras cuotas son muy económicas, porque son promovidas por asociaciones culturales cuya finalidad altruista entronca con una real difusión de la cultura. Hay apuntes de base para el taller que conformaron en su día un libro ya publicado en 2015: El arte de ser escritor, de la editorial Librando Mundos. Se imparten, al menos, dos sesiones de taller al mes con clases quincenales, en sábados alternos. La duración de cada clase es de unas 2:30h, que abarcan de 11h a 13:30h de los sábados. La palabra «taller» indica que las enseñanzas que se dan son prácticas y que requieren una actitud proactiva en el aula; no son clases solo teóricas, por lo cual en algún tramo de la clase se proponen ejercicios de redacción, se leen en voz alta (quien lo desee) y se dan indicaciones sobre la redacción.

Al final del curso se emitirán los diplomas correspondientes a quienes hayan asistido al taller con dedicación. No se trata de un curso inicial, pues hay alumnos que ya tienen un recorrido en la escritura, pero conviven perfectamente niveles más o menos experimentados. Los alumnos que tienen continuidad, de modo natural, acaban publicando sus relatos, reseñas de libros, poemas, ganan algún concurso. En este último curso, una alumna ha publicado un libro de poemas. Los alumnos que han mantenido su aprendizaje unos dos o tres años, ya tienen libros publicados con soltura, participan en blogs, colaboran con instituciones, etcétera. Esa es nuestra mejor recompensa.

Reconocer

Reconocer es un palíndromo, es decir, una palabra que puede leerse igual en ambos sentidos, de izquierda a derecha o viceversa. Así, a veces es tiempo de conocer, con ese ímpetu que nos lleva hacia adelante, en una búsqueda fructífera que nos permitirá ampliar nuestros horizontes colectivos e individuales y, a continuación, viene el momento que nos obliga a reconocer los conocimientos que quedaron olvidados, las buenas prácticas que ya no aplicamos, los principios traicionados, por olvido e indolencia.

La palabra reconocer describe por igual la necesidad de explorar territorios nuevos con el afán de un buscador de oro, o bien, de bucear en los propios defectos con propósito de enmienda. Me atrevo a decir que expresa la capacidad de encarar tanto el pasado como el futuro, lo propio o ajeno, lo interno y externo, con la misma intensidad y entusiasmo.

Mientras la palabra «conocer» parece mirar hacia el futuro que nos aguarda con la actitud de ir un paso más allá de nosotros mismos, «reconocer» apunta hacia nuestro pasado o nuestro mundo interior. Visto así, el conocer abre caminos desconocidos que nos permitirán entender la vida y la naturaleza; podemos conocer las leyes que esconde el universo o las claves para desactivar un virus; las propiedades de los átomos y el magnetismo o la naturaleza del color; las proporciones que hacen bella una obra de arte o el modo de sintetizar las algas marinas.

Sin embargo, la palabra «re-conocer», que significa volver a conocer, expresa la necesidad de recuperar algo que ya poseíamos, es decir, un conocimiento perdido u olvidado. A modo de ejemplo, al investigar una lengua antigua no descifrada, un buen día, un investigador reconoce patrones comunes que ya eran conocidos en otras lenguas; o tal vez, descubramos en la conducta de un niño ciertas carencias educativas, reconociendo que no hemos sabido educarlo bien. En el ámbito de lo personal, a menudo es necesario actualizar un conocimiento que poseíamos de un modo tibio o indolente, unos principios de conducta que se fueron difuminando en nuestra lucha por la existencia. Y en ese aspecto, es necesario reconocer los errores cometidos, levantarse una y mil veces más para seguir de nuevo la senda que nos fijamos. No tendría sentido reconocer un error para atormentarnos con el sentido de culpa, sino para enmendar lo que hicimos y reparar nuestra falta.

El acto de reconocer sería así un mecanismo de la conciencia para resituar nuestros pasos hacia el sendero correcto, esa línea que une el nacimiento y la muerte, quizá prefijada en nuestro ser como una promesa, una necesidad interior a la que a veces llamamos destino.

Si tomamos la palabra conocer en su acepción de «buscar, indagar, averiguar», ella exige de nosotros una actitud esforzada y valiente que ha de llevarnos a descubrir la verdad que ahora desconocemos. Es decir, no podemos conocer el mundo sin un espíritu aventurero y soñador que persiga cada nuevo horizonte que nos ofrezca la vida. Ahora bien, tras ese primer afán de conquista, viene la necesidad de asentar las ideas y emociones vividas para transformarlas en verdaderos conocimientos. Aparece entonces una nueva acepción de la palabra conocer: «comprender o entender la verdad». Y ello no puede lograrse sin un esfuerzo continuado, mediante un aprendizaje que involucre nuestro cerebro, nuestro corazón y nuestras manos. En dicha tarea conviene que vayan unidos el pensamiento, los sentimientos y las acciones. Por ello, conocer es el fruto de una vivencia profunda y consciente, más que una mera destreza o capacidad utilizada a la ligera.

Sin embargo, la naturaleza del ser humano está sometido a ciclos. A veces, el tiempo, la rutina o el cansancio hacen mella en nosotros y logran que ese conocimiento adquirido con tanto esfuerzo se olvide. Es entonces cuando aparece la necesidad de reconocer, pues necesitamos retornar de nuevo a los orígenes, ahondar en el olvido en busca de los conocimientos que tuvimos, mirar hacia el pasado con entereza y retomar lo perdido.

No en vano, «reconocer» tiene la acepción de «rescatar el conocimiento olvidado o de revisar constantemente lo aprendido». Sin duda, las grandes ideas se tornan a veces en «letra muerta», el hábito anula la conciencia, la pereza limita nuestro empuje inicial, y los conocimientos se diluyen en nuestra mente como un azucarillo en el agua. Entonces, hay que volver sobre nuestros propios paso, con renovado ímpetu, recogiendo la alegría y el entusiasmo perdidos, para abrirnos paso entre esa maleza de conocimientos olvidados. Es preciso renacer con humildad, sentirnos huérfanos, emocionarnos de nuevo con las pequeñas cosas, y vivir, no los grandes principios hieráticos, sino las pequeñas certezas cotidianas. Es necesario reconstruirse aunque nuestros pies, torpemente, hayan perdido la capacidad de caminar. Y tal como un avispado detective, con la intuición bien despierta, vigilantes, aplicarnos de nuevo a revisar aquello que decíamos conocer.

II. En la hora de partir

La vida es un camino que se recorre

paso a paso, día tras día,

hasta que te detienes a descansar.

¡Ojalá que tu descanso sea merecido

y tu viaje haya sido placentero!

¡Que tu mirada guarde sus imágenes, por siempre,

en el cofre de oro de tus vivencias!

¡Que los dioses que reverencias

te acunen en su seno en el último aliento!

¡Que puedan ellos reconocerte

cuando llames a su puerta con los tres

golpes nítidos que suplican el conocimiento!

¡Que su luz ilumine tu mirada!

Política con minúsculas

Los griegos decían que la Política es la ciencia y el arte de conducir a los pueblos hacia sus expresiones más elevadas como seres humanos. Sin embargo, vemos que los políticos están más enfrascados en atacar al adversario y crispar el ambiente social que en buscar y proponer soluciones para los ciudadanos.

Algunos fomentan un odio que nadie desea, retornando a posturas extremas que antaño desembocaron en una guerra civil. Por suerte, o tal vez por karma, aquellos que esparcen esa simiente de odio, tarde o temprano son barridos por la historia, porque «la gente» necesita sentir que en las pugnas políticas se les trata como «personas» y no como mercancía para las luchas dialécticas.

Nadie necesita refrescar la memoria histórica si esta viene cargada de odio, porque el olvido es un bálsamo que nos permite mirar hacia un nuevo horizonte.

Los ciudadanos comienzan a exigir razonamientos y actitudes más serias, porque no conciben la política como una lucha de navajas ciegas y ofuscadas por el odio… lucha en la que si alguien sale herido son siempre los de a pie.

Cuando los políticos se hayan formado para serlo, cuando hagan política con mayúsculas, cuando sean un poco más sabios, o al menos lo pretendan, cuando propongan serenidad antes que odios o luchas intestinas, no solo obtendrán votos, sino la inestimable admiración del pueblo. No en vano decía Platón que los políticos deberían tornarse filósofos, o bien, los filósofos debieran dedicarse a la política.