Pensamientos (2)

15. Vivir es fácil; tan solo hay que empujar los días. Estar despierto es lo realmente difícil; requiere tomar conciencia de lo vivido.
14. La atención es una forma de vigilancia hacia afuera; la concentración es la capacidad de atención sobre lo que ocurre en nuestro interior.
13. La fantasía despliega las alas de nuestra psique, sin saber adonde irá. La imaginación conduce su aleteo con mano firme.
12. Leemos para descubrir la vida vista por otros ojos, a fin de contrastar nuestras opiniones baldías y llenarnos de conocimientos.
11. A menudo descubro que ese cúmulo de casualidades que conforman la causalidad van llevándome en una dirección que he elegido mucho antes.
10. La literatura es un arma cargada de futuro: con ella se despiertan conciencias, se alimentan ideales y se aviva el alma.
9.Los idealistas son la argamasa con que se construyen los sueños de la humanidad… Sus pasos decididos rebasan todas las utopías.
8. Quien da aquello que le sobra no da con el corazón sino con la razón; verdadera renuncia es aventurarse a dar aquello que nos es necesario.
7. El silencio no necesita hablar pero los hombres precisan sus palabras; el viento no necesita aullar, pero los árboles adoran sus canciones.

Firmado Lejárraga

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Firmado Lejárraga. Textos: Vanessa Montfort. Director: Miguel Ángel Lamata. Centro Dramático Nacional. Teatro Valle Inclán. Actores: Gerald B. Filmore, Cristina Gallego, Eduardo Noriega-Miguel Ángel Muñoz, Alfredo Noval y Jorge Usón. Documentalista: Carmela Nogales.

Del año de 2019 que ahora termina, merece destacarse la obra teatral Firmado Lejárraga, escrita por Vanessa Montfort y dirigida por Miguel Ángel Lamata. En ella se hace justo homenaje a María de la O Lejárraga (1874-1974), una escritora casi desconocida que, por vivir a la sombra de su marido, pasó por la vida sin apenas dejar rastro de sus obras, aunque estaba a la altura de los mejores literatos españoles del siglo XX. Vaya por delante nuestro agradecimiento al equipo de creadores que ahora nos ofrece la posibilidad de recuperar y conocer a esta maravillosa autora que fue María Lejárraga.

Detrás de esta obra se adivina un trabajo inmenso de documentación, rastreando opiniones de historiadores, críticos, familiares y gente allegada a María Lejárraga. Con una narración vibrante y una puesta en escena magistral, cálida y cercana, el espectador irá descubriendo a una autora que, pese a su centenar de obras fue injustamente olvidada. Los actores, que han de representar a varios personajes, están soberbios en cada papel. Y el espectador lo aprecia y aplaude con pasión.

En Firmado Lejárraga, cuatro amigos escritores hablarán de ella, debatirán sobre sus ideas políticas feministas, indagarán en su vida, aportando pruebas documentales sobre su creación artística, a fin de demostrar la autoría de sus obras.

Novelista, dramaturga, poeta, articulista, traductora, conferenciante y ensayista de la Edad de Plata de la literatura española,María Lejárraga vio como sus obras alcanzaban el éxito aunque se presentaban con la firma de su marido, Gregorio Martínez Sierra, quien ejercía de empresario teatral. Tal es el caso de la famosa Canción de Cuna.

El machismo imperante a primeros del siglo XX, no veía con agrado que una mujer fuera la dramaturga de una veintena de obras que se representaban en ese momento. No obstante, ella fue la musa inspiradora o estaba detrás de las creaciones de otros importantes autores. Muchos poemas de Juan Ramón Jiménez o de F. García Lorca fueron bosquejados por ella, al igual que los libretos de varias obras de Marquina, los hermanos Quintero, Carlos Arniches, Manuel de Falla y Joaquín Turina, tales como El amor Brujo, El sombrero de tres picos, Margot o Las Golondrinas. Sin embargo, salvo en contadas ocasiones, no quedó constancia de sus colaboraciones. Tan sólo en la correspondencia personal con sus amigos o su marido, se aportan detalles sobre las obras surgidas de su imaginación.

Incluso una de sus obras entregada a la compañía de Walt Disney, tras ser rechazada, años más tarde vio la luz con otro nombre: La Dama y el vagabundo.

La relación con su marido terminará cuando éste se enamora de la actriz Cristina Bárcenas, en 1922, sin embargo, su colaboración teatral con él continuará hasta 1930. Años más tarde, en 1949, comenzará a firmar sus propias obras como María Martínez Sierra y después, como María Lejárraga.

Como feminista convencida participará en política, llegando a ser diputada en tiempos de la segunda República, motivo por el que tuvo que exiliarse al acabar la Guerra Civil, primero en Niza y finalmente en Buenos Aires. Como educadora, representó a España en varias instituciones y foros internacionales, siempre promoviendo el desarrollo igualitario de la mujer y la mejora de condiciones para la clase obrera.

Aunque Gregorio Martínez Sierra afirmará por escrito que ella había colaborado en sus obras, la dejará al margen de los derechos de autor, pasando María sus últimos años en Buenos Aires en la pobreza.

En suma, Firmado Lejárraga es un obra teatral de excepción que no deja a nadie indiferente. Una obra que devuelve a María Lejárraga al lugar principal en que siempre debió estar. Una obra singular escrita por Vanessa Montfort con mimo y manifiesta admiración por la autora olvidada, dirigida por Miguel Ángel Lamata con un cuidado trabajo de la escena y la interpretación de los actores, dado que se suceden cambios cronológicos y de papeles que exigen de ellos dar la talla en diversos registros. Esperamos, por ello, la pronta reposición de esta magnífica obra, sensible y profunda, que recupera una parte significativa de nuestra memoria histórica.

Mi padre (Relato).

Mi padre.

Cara A

Aquel verano hubo una plaga de nubes bajas y los girasoles dejaron de orbitar en torno al sol.  Quizá se extraviaron mientras buscaban su mecanismo o simplemente se aburrieron de ser perfectos. Mi padre hizo lo mismo. Comenzó a vagar por la casa como un alma en pena, con su artificio interior pasado de vueltas.
Se empeñaba en salir a la calle a toda costa, como si estuviera poseído: «Tengo que ir a la fábrica», decía, «quedan muchas tareas pendientes». Y nos veíamos obligados a cerrar la puerta con llave para que no escapase. Cuando se le dijo que en la fábrica solo quedaba un solar vacío, que tuvimos que vender la empresa, no pudo creerlo. Nos miró con esos ojos vivos, rumiando extrañas palabras y adelantando los dedos hacia nosotros, como un santo Tomás necesitado de certezas. Pero en aquel verano las certezas no llegaron a florecer en los cañaverales de su mente.
Permaneció así un año más, enrocado sobre sí mismo, como un reloj al que le hubiera fallado su mecanismo. Aún le recuerdo sentado junto a la mesa de la cocina, a solas, trenzando silencios con sus dedos callosos bajo una lámpara de luz intensa, como si estuviera sometido a un interrogatorio perpetuo.
Más adelante, cuando los temblores y los olvidos fueron a más, le instalamos en una de esas camas articuladas que no presagian nada bueno. Y allí, desde aquella atalaya silenciosa, contemplaba a diario el desfile de las horas mirándonos con esos ojos mansos que incomodan a los cuerdos. Hasta que se fue apagando, poco a poco, tras esas sonrisas de cartón que encubren un dolor intenso.

Cara B

¿Quién es esa que está ahí? Ayer también vino. Habla con una voz muy fuerte.  ¡Ay, Dios, cómo me duelen las piernas! ¿Quién será? Me mira como si me conociera. Este reloj adelanta. Chilla como si mandase en mi casa. Su pala…, no, su brazo; no, no sé el nombre. Alfiler, creo. La mano larga corre mucho, adelanta a la otra. La mano chica es muy corta, por eso no puede correr bien.

¡Cómo me cuesta andar hoy! Tengo que hacer cuentas y facturas. ¡Por qué cierran la puerta! ¡Abrid, joder!

Los niños no vienen mucho; si siguen así los voy a despedir. Y no están los tiempos para perder el trabajo. ¡Qué buena esta fruta! Me miran como a un extraterrestre. Están extraños. La niña está muy mayor… ¿cómo se llama? No me acuerdo. «Tráeme la llave, niña». Esa mujer extraña les dice algo que… Me miran con ojos de cordero degollado. No me hacen caso.

Hace mucho calor. Me molesta la camisa. ¿De qué se ríen estos bichos? Ahora mejor; esa camisa me agobia. El abuelo, se quita la camisa, dicen. «¡Chivatos!». Y me duele la rodilla. Ahora me besan; ¿a cuento de qué? ¿Por qué se sientan todos frente a mí? Van de domingo. Parecen tranquilos. Y cuando les digo: «Estáis locos, dejadme salir de esta jaula», no me hacen ni caso, se miran entre ellos y se ríen. ¡Joder qué tropa! ¿No ven que hay que revisar los pedidos? Si, claro que hablo de la fábrica. ¡Cómo no! No tengo ganas de sentarme ahora. Como si no tuviera otra cosa que hacer que sentarme. Ya me paso el día sentado. Estas galletas viudas son de cartón.  La Navidad está cerca. Los pedidos, albaranes, ¡hay mucha tarea! «¡Dejadme salir!» ¡No sé por qué dicen que ya no está la fábrica! Todo es bla, bla, bla.  No sé que pinta ella aquí. «Ábreme».  «Sí, te digo a ti». «¿Tu nombre? ¡Yo qué sé! No puedo acordarme de todo». Y no te acerques, que no me ayudas nunca. ¿Por qué me besas? ¿Tú quién eres?» «Niños, ¡vamos a dar un paseo!». Me miran con ojos de pescado, los muy canallas. ¡Qué calor hace! «Vamos, niños, salimos ya». ¡Ni caso! ¡Para qué vienen! ¡Nadie me quiere! ¡Pobre chico, estás más solo que un reloj!

El mundo está loco; ya nadie quiere salir de casa; todos se pasan las horas viendo el cajón de las imágenes. Y uno que quiere irse, no lo dejan. El mundo está loco: «Cabrones». Esto no se le hace a nadie en su sano juicio.

¡Qué calor hace hoy! Y este reloj va a gatas: ¡no ayuda!  La manilla larga corre más; la pequeña pierde. Antes, yo corría como la grande, pero ahora no: ¡hasta la pequeña me gana!
Me dejan siempre aquí solo, en la cocina. Estoy triste; no sé bien por qué. Estoy triste… y solo. La silla y yo, mano a mano. Solos los dos en este internado… ¡Más tristes que el reloj!

Vídeo

Perdurabilidad de los símbolos y la geometría sagrada

El 10 de diciembre de 2016, fui invitado a participar por el Ateneo de Madrid en un Congreso de filosofía y misticismo bajo el lema “Mística y valores espirituales en diversas culturas”.
Mi ponencia versaba sobre La perdurabilidad de los símbolos y la geometría sagrada en las diversas culturas y tradiciones antiguas
Mindalia Televisión grabó en directo la charla que aquí se reproduce. El enlace de You Tube es el siguiente: https://www.youtube.com/watch?v=JavtE5yP1Yk

Madrid, la ciudad del silencio

Madrid, la ciudad del silencio.
Me siento de Madrid, porque vivo aquí desde hace muchos años; porque nadie me preguntó nunca de dónde provenía y a nadie le importó nunca qué hice en el pasado, sino cuáles eran mis inquietudes, mis sueños y mi futuro. Me siento de Madrid, porque nadie quiso nunca encasillarme en palabras, ni catalogarme en base a mis circunstancias, sino por lo que quería hacer, por mi capacidad para afrontar el día a día y de construirme un porvenir.
Me gusta Madrid porque es una ciudad activa y fabril; una ciudad abnegada que siempre persigue nuevos retos, acaso un tanto elitista y exigente, pero capaz de valorar cualquier esfuerzo. Me gusta Madrid porque es la ciudad de las oportunidades, aunque nunca se mire el ombligo envaneciéndose de sus logros.
Me gusta Madrid porque huele a barrio; no es la ciudad de las grandes carreteras que agobian, sino la ciudad que acoge, que siente y respira; una ciudad en donde la gente se conoce, se saluda con afecto y te ofrece ayuda. Me gusta Madrid porque la gente es franca, abierta, humana, hospitalaria y cosmopolita. No en vano dicen que es la ciudad donde nadie se siente extranjero.
Me gusta Madrid porque he ido aprendido a querer con los años cada rincón de esta ciudad, sus parques, sus terrazas y bulevares, su bullicio y alegría, la belleza de sus calles y edificios. Es la ciudad del teatro y los espectáculos que se prolongan en tertulias privadas hasta bien entrada la noche. Dicen también que es la ciudad que nunca duerme, y no va muy desencaminado este eslogan, porque siempre hay quien ríe feliz en la calle, sean las cuatro o las seis de la mañana. Cierto es, que el poco sueño está asegurado, pero es una ciudad tranquila e iluminada, en la que se puede caminar por las calles a cualquier hora del día o de la noche.  
Pero sobre todo, me siento de Madrid porque viví los atentados del 11M. Ese día en que se detuvo el tiempo y se instaló en nuestra mente el silencio. Ese día en que se trenzaron en nuestras venas el amargo dolor y el silencio.
Compartí los rostros de incredulidad al recibir la noticia esa mañana, cuando viajábamos en el metro hacia nuestros puestos de trabajo. Me enfurecí con la crueldad de las imágenes. Sentí el terror de los afectados, de sus amigos y parientes, el miedo de quienes no encontraban respuestas cuando pedían información, y admiré, cómo no hacerlo, el afán por ayudar a las víctimas de toda una ciudad. Pero nada me impresionó tanto como el silencio en que se sumió la ciudad durante los 3 o 4 días. La gente andaba por las calles, en los autobuses y en el metro, en silencio. Nadie hablaba con los demás; nadie quería ni podía expresar ningún tipo de emoción o sentimiento, ni siquiera para sentir odio. Estábamos tristes, apenados; y a nadie le apetecía para nada vivir.
Todos los madrileños asumieron como propio el daño causado a sus convecinos. Todos se sentían afectados. Para qué hablar o reír, para qué llorar o sufrir, si otros ya lo hacían más y mejor que nosotros. Todos estaban tocados, aunque no hundidos. Todos demostraron su entereza; y la vida no se detuvo: la ciudad siguió caminando, aunque lo hiciera en silencio. Un silencio respetuoso que pesaba como una losa; un silencio callado pero fértil que expresaba amor y comprensión.
Han pasado ya quince años y aún siento ese silencio, esa sensación callada de una ciudad que siempre acoge, que respeta y acompaña, en lo bueno y en lo malo. Una ciudad que calla, pero no otorga.

La filosofía, un camino hacia la dignidad humana

Congreso de Filosofía sobre “La Filosofía y la Dignidad Humana”.  Centro Imaginalia, Alicante. Noviembre de 2018.
Dentro del Congreso que cada año pretenden conmemorar el Día internacional de la Filosofía, se incluye aquí la charla denominada “La filosofía, un camino para la dignidad humana”, desarrollada por Ramón Sanchis Ferrándiz, invitado a participar al mismo en calidad de miembro del Instituto Internacional Hermes de Antropología y Ciencias del Hombre.
Participaron también en el Congreso los siguientes ponentes:  Esperanza Rodríguez Guillén, Presidenta de la Comisión de Educación de la Red Española de Filosofía (R.E.F.), con su charla “Hablar de la dignidad a los más jóvenes”; Jesús Conill Sancho, Catedrático de Filosofía Moral de la Universidad de Valencia, que trató el tema “La dignidad humana ante la filosofía naturalizada”; Isabel Pérez Arellano, Licenciada en Bióloga, con su charla “La pérdida de la dignidad en la época actual. Una visión desde el punto de vista de la Ciencia”; Iván Rodes Lozano, Coordinador Internacional de GEA, con su ponencia sobre “La dignidad ante la adversidad”.

Pensamientos (1)

Pensamientos:
6. Somos como el gato de Schrödinger. Metidos en una caja con veneno, al abrirla puede ser que estemos vivos o muertos; tenemos un 50% de probabilidades. En todo caso, dice la física cuántica que en realidad, morimos en un universo pero podemos estar vivos en otro universo paralelo: universos no visibles que tienen cierta realidad, tal vez como la tienen los sueños y la imaginación, el mundo de las ideas y de la intuición, y sin embargo no se ven, parece que no están.
Así sin más, está explicado algo tan sencillo como aquello que dicen las culturas clásicas y la reencarnación: muero en lo físico y me refugio en otras dimensiones más sutiles; me voy yendo hacia lo profundo y esencial. Tal vez te sonría desde una estrella. Esto es lo que hoy en día les contamos a los niños; claro, ellos, supuestamente  no tienen tantos conocimientos, ni trabas mentales, ni ideas hechas… de hecho, nosotros creemos que es así porque vienen al mundo como una “tabla rasa”. Pero más les vale, porque así son más “sencillos” que los adultos, ven el mundo con naturalidad, sin ideas hechas, con una lógica aplastante; en cambio, nosotros seguimos creyendo que es una suerte ser adultos, porque ya tenemos las cosas más claras, aunque en realidad somos más “simples” que los niños (20/08/2019).
5. Dice un poema de Tolkien que “No todo el oro reluce, ni toda la gente errante está perdida…”. Hay momentos en que el oro no reluce porque no recibe la luz del sol, porque no se muestra, o bien, nosotros no sabemos ver lo que atesora en su interior. De igual modo, hay quienes caminan, errantes, en busca de su propio ser; no están perdidos, no son meros vagabundos, pues buscan una estrella; caminan para encontrar, son peregrinos, conscientes de serlo, esperanzados en su búsqueda.
4. No trates nunca de parecer sabio cuando no lo eres; ante la mirada de aquel que lo es, seguramente acabarás pareciendo un mono de feria que salta de rama en rama persiguiendo una idea interesante. Porque una mente inquieta no siempre busca la verdad ni pretende la sabiduría, pues se satisface tan solo con el cambio. No trates nunca de parecer aquello que no eres… pues está en juego tu propia dignidad y autoestima. (11 de agosto de 2019)
3. “Feliz día para todas las mujeres-damas que luchan por mejorarse y mejorar el mundo. Que lo social avance; que sea más justo e igualitario; que el trato entre todos sea cada vez más humano y respetuoso. Pero no os deseo feliz revolución contra el sistema ni contra los hombres, sino feliz re-evolución. Sí, volver a evolucionar, una palabra ya olvidada que exige la evolución por dentro, tanto como por fuera. Solo cuando se evoluciona de verdad, de corazón, se logra transformar todo lo que hay alrededor”.  (8 de marzo de 2019)
2. La vida es un camino que se recorre paso a paso, día a día, hasta que nos detenemos a descansar. ¡Ojalá que tu descanso sea merecido y tu viaje haya sido placentero! ¡Que tus dioses te acunen en tu seno en el último aliento!  ¡Que puedan ellos reconocerte cuando llames a su puerta con los tres golpes nítidos que suplican el conocimiento! ¡Que su luz ilumine tu mirada!  (26 de diciembre de 2018)
1. Aplícate a la bondad como cualidad que mantiene fértil la tierra de tu ser, siempre receptiva a toda semilla que la pueda fertilizar. Sé bondadoso, como expresión de un alma limpia, ajena a toda mancha, a la maledicencia, a las intenciones oscuras y retorcidas, al odio y la tristeza. Sé bondadoso, pues es seña de identidad de un corazón grande y noble.  Acrecienta tu bondad, que es propia de quienes se muestran satisfechos con el papel que les ha tocado vivir en la vida y, en consecuencia, son felices, alegres y expansivos. Sé lugar de acogida para otros, dación callada, simiente fraterna, entrega humilde y generosa.     (25 de noviembre de 2018)

I. La utilidad práctica de la Filosofía

La utilidad práctica de la filosofía:

Dicen que la filosofía no tiene una aparente utilidad. Sin embargo, su utilidad no está en el resultado material que aporta, sino en la utilidad esencial que entrega. No acrecienta lo que tenemos sino aquello que somos. Nos ayuda a desarrollar habilidades, a mejorar actitudes emocionales y mentales, a profundizar en las razones que mueven nuestra vida, a vigilar y dirigir nuestros actos, de modo que lleguen a conformar un verdadero comportamiento. Un comportamiento que tenga sentido, regularidad y belleza, que sea estable y por tanto confiable para los demás, que afiance una verdadera conducta, ética y respetuosa con los valores humanos.

Lo importante no es la “utilidad práctica” material de la filosofía, que la tiene, sino la “práctica de la filosofía” en sí misma, algo ya olvidado. Ella no busca medrar en lo material sino enraizar con aquel sustrato esencial y eterno que alea en nuestro mundo interior. El camino del tener no es incompatible con el camino de ser; ambos conforman la dualidad de la vida. La filosofía, como búsqueda de la sabiduría y de la propia realización, aporta una riqueza que no es cuantificable, pero es infinitamente más valiosa y gratificante, porque no mengua ni está sometida al desgaste del tiempo: es un tesoro que siempre se acrecienta.

Ramón Sanchis Ferrándiz.

Jakob von Gunten – Robert Walser

 

Reseña realizada por Ramón Sanchis Ferrándiz.
   Reseñas

En esta novela de Robert Walser, Jakob von Gunten, un muchacho de una familia aristocrática llega al Instituto Benjamenta, un prestigioso centro educativo, dispuesto a labrarse un futuro. Sin embargo, pronto descubre que aquella rancia institución no se corresponde con sus aspiraciones. Sus notas, cargadas de reflexiones y recuerdos, componen una imagen clara y vívida de los días pasados en aquel internado, situado en el corazón de una gran ciudad centroeuropea y de un gran imperio ya desvanecido, a comienzos del siglo XX.
En el Instituto, regentado por los hermanos Benjamenta, los alumnos viven en régimen de internado. Allí se les educa para ejercer como sirvientes en cualquier casa de familia distinguida. El orden, la paciencia y la disciplina, son los pilares sobre los que se asienta la educación que reciben los chicos, que pretende forjar en ellos un sólido carácter y cultivar los valores morales: la modestia, humildad, la moderación. Sin embargo, cita Jakob: “La enseñanza que nos imparten” “consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí. Pero ¿qué ventaja se obtiene de ella? ¿A quién dan de comer las conquistas interiores? A mí me encantaría ser rico, pasear en berlina y malgastar dinero”.
En realidad, la educación que reciben no es tal, sino apenas centrada en las normas de la escuela y modales: “Nosotros, los alumnos o internos, tenemos muy poco que hacer, casi no nos dan tareas. Aprendemos de memoria el reglamento que rige aquí dentro. O leemos el libro ¿Qué objetivo persigue la escuela de muchachos Benjamenta? (…) las lenguas extranjeras o asignaturas similares no figuran en nuestro plan de estudios. Solo hay un curso único que se repite constantemente: ¿Cómo debe comportarse un muchacho? Y toda la enseñanza, en el fondo, gira en torno a esa pregunta. Conocimientos que se nos imparten ninguno”.
Los profesores de aquel centro cada vez eran menos diligentes y motivados: “… falta personal docente, es decir que los señores educadores y maestros duermen, o bien están muertos, o lo están solo en apariencia, o quizá se han petrificado, lo mismo da; el hecho es que no nos aportan realmente nada”. Tan solo las clases impartidas por su hermana, Fräulein Lisa Benjamenta “son dignas de consideración” para los muchachos. Incluso el director, Herr Benjamenta, pasaba su tiempo sin prestarles atención, leyendo el periódico, “rumiando y rezongando. ¿En qué pensaría este hombre cuando decidió fundar el Instituto?”. Sí, apenas servía como un Hércules fornido que imponía pavor entre sus alumnos, pues sofocaba cualquier conato de rebelión con unas buenas palizas, “Y Dios sabe si me han llovido palizas! Palizas dada por él”, comenta Jakob.
Y a pesar de que en el Instituto Benjamenta la ociosidad no es un valor, ni una actitud recomendable para la formación del carácter, “Estamos condenados a extraños periodos de ocio, que a menudo duran medio día”. Los muchachos pasan la mayoría del tiempo en sus habitaciones: “Allí tumbados, nos contamos largas historias, historias de vida, es decir, vividas, pero mucho más aún historias inventadas, cuyos hechos solo existen en la fantasía”. Y desde aquellas celdas mínimas, imaginan con nostalgia la vida de la calle: “…el estrecho y oscuro cuartito se ensancha y van surgiendo calles, salones, ciudades, castillos, personas y paisajes desconocidos, se oyen sueños y susurros, conversaciones, llantos, etc.”. Algunos alumnos, tal es el caso de Tremala, tienen intenciones impúdicas y asaltan a los compañeros buscando placer, o bien, al igual que Fuchs, son oblícuos, tortuosos, antipáticos… “habla como un volatín fallido y se comporta como una gran improbabilidad amasada en forma humana”. Otros, como Peter el larguirucho, alto y desgarbado, pecan de divertidos y son nobles de corazón, aunque, en palabras de Jacob, “al parecer ha ingresado en el Instituto Benjamenta sólo para brillar en él con sus deliciosas boberías”.
Cuando nuevos alumnos llegan allí, todo les parece nuevo y un tanto hostil: el director les requisa el dinero que tengan, han de cuadrarse ante él al estilo militar —haciendo crujir los talones—, vestir con el uniforme del centro, con la raya y el peinado igual, no mirar hacia el frente sino con la vista baja y reconcentrada, no divagar ni fantasear… Y, ¡hay que decirlo, todo son reglas! En el comedor, algún veterano compañero como Kraus siempre está dispuesto a exigir: “Te has de comer sin rechistar todo lo que hay en el plato”. El reglamento así lo obliga, lo cual parece ser un antídoto contra el orgullo personal. Sin duda, Kraus es el alumno modelo, el preferido de los maestros, dice Jakob: “Anhela ser criado “convertirse en el sirviente fiel de algún señor, tarea a la que parece predestinado por su buen corazón. Será un criado estupendo, pues no solo su físico se aviene con esta profesión de la humildad y la entrega, sino que también su alma, su naturaleza entera, toda la persona humana de mi compañero tienen algo de servil en el mejor sentido del término”.
Este es nuestro código: “A decir verdad, no deberíamos tener ojos, porque los ojos son curiosos y descarados, y el descaro y la curiosidad son condenables desde casi cualquier perspectiva sana (…) Bastante divertidas son nuestras orejas escolares. Apenas se atreven a escuchar, a fuerza de estar tensas y a la escucha (…). Lo más adiestrado en nosotros es, sin embargo, la boca, siempre dócil y devotamente fruncida”, Pues según el reglamento: “Una boca abierta es un hocico, y nada más que un hocico”, y cada uno de nosotros lo sabe bien, afirma Jakob. “Los labios no deben brillar ni florecer lascivamente en su cómoda posición natural, sino que han de mantenerse fruncidos y apretados en señal de enérgica renuncia y expectativa”. Lo cual les daba “el feroz aspecto de un suboficial en jefe”. Porque los que obedecen sin hallar sentido a lo que hacen, suelen acabar siendo una copia de sus mandos, aunque “un criado no tiene más opción que adoptar las máscaras y modales de sus amos para, digamos, perpetuarlas de buena fe”.
Los alumnos hacen las tareas del centro, porque ese es su deber y así lo dicta el reglamento: “Cada cual tiene una pequeña tarea, cada cual arregla algo”. “Aunque ninguno sepa a ciencia cierta por qué habría de serlo. Obedecemos sin pensar en lo que algún día pueda resultar de toda esa obediencia irreflexiva”. “Los alumnos limpiamos y fregamos el aula el aula con jabón y agua caliente (…) y para realizar ese trabajo de criadas, cada uno se ata a la cintura un delantal, prenda que al evocar la femineidad nos da a todos, sin excepción, cierto aire ridículo”. “Pero la alegría es general en esos días de limpieza”.
Tal como atestiguan algunas fotos antiguas en que aparecen muchos más alumnos en un curso anterior, bajo la foto del Emperador y la emperatriz del imperio austrohúngaro, “el Instituto Benjamenta parece haber gozado, en otros tiempos, de más fama y popularidad”.
La enseñanza que allí se recibe comprende dos partes bien diferenciadas, una teórica y otra práctica. La primera, basada en el aprendizaje de memoria de todas las tareas. La segunda, “consiste en la incesante repetición de una especie de baile o de gimnasia” que enseña cómo entrar en una habitación, cómo saludar, el trato con las mujeres, y otras cosas similares. Y todo ello, nos dice Jacob, parece absurdo, pero tiene un significado oculto: “Nos quieren formar y modelar, no atiborrarnos de conocimientos. Nos educan obligándonos a conocer punto por punto la naturaleza de nuestra propia alma y de nuestro propio cuerpo”.
De esa educación resultaban “personas apocadas, aunque no intimidadas”. “Nos inculcan que adaptarse a unos cuantos valores firmes y seguros tienen un efecto benéfico”. “La ley que ordena, la coacción que obliga y las numerosas e inexorables reglas que nos prescriben la orientación y el gusto: eso es lo grande y no nosotros, los alumnos. (…) Todos tenemos la impresión de no ser más que pobres enanitos dependientes, sometidos a una obediencia perpetua. Y así nos comportamos, humildemente, pero con absoluta confianza”.
En palabras de Jakob se diría: “Nuestra fe en nosotros mismos es nuestra modestia”. “Conocemos muy mal el mundo, pero ya lo iremos conociendo al estar expuestos a la vida y sus tormentos. La escuela Benjamenta es la antecámara que conduce a los aposentos y fastuosos salones de la extensa vida”.
En suma, una novela magnífica que expresa con un lenguaje intimista, estético y preciso, la atmósfera de un internado y la educación a primeros del siglo XX, cuya visión educativa, tan distante a la actual, se desvanece en el tiempo.
  • Jakob von Gunten, de Robert Walser. Editorial Siruela. Contemporánea. Junio 2017.