El Origen del Universo.

ARTÍCULO DE RAMÓN SANCHIS FERRÁNDIZ PUBLICADO EN LA REVISTA ESFINGE.

Actualmente se concibe el Universo como fruto de la explosión de un punto de materia y energía inicial, de gases y partículas, que dio lugar a la expansión de toda forma de materia y energía hacia los confines del cosmos. Era el momento llamado Big-bang. Antes de ello, no podemos suponer lo que ocurrió. Para nuestro mundo el reloj se puso en marcha, y el tiempo salió disparado como una flecha hacia su destino final enhebrado entre partículas de materia, luz y energía. Antes que nada se hizo la luz, y por contraposición aparecieron las tinieblas. El caos aparente se organizó y el Cosmos tomó forma -lo cual siempre responde a una idea-.

Si hemos de resumir brevemente ¿cómo se formó el universo?, tendremos que remontarnos a viejas enseñanzas y teorías para entender el esfuerzo humano por comprenderlo.

Según la milenaria tradición hindú el universo es antiquísimo y su duración es casi eterna, es cíclico e ilusorio, y a partir de un punto de materia alentado por el dios Brahma se desarrolló en etapas alternadas de expansión y de contracción, pasando de la manifestación a lo inmanifestado, como pasan los seres de lo cotidiano al sueño reparador en otros estados de conciencia.
Para la concepción bíblica, hoy ya superada, el universo apenas tendría unos 5.000 años de duración. La civilización egipcia, a la vista de un cosmos perfectamente organizado y armónico, decía que el Universo es mental, y tan sólo podría ser fruto de una Mente Cósmica perfecta. También los griegos abundan en esta concepción de un universo generado no por el azar, sino por una gran mente; por lo tanto, siendo la Naturaleza y el universo inteligibles, el hombre racional podría captarlos con la razón. Para Aristóteles, el Universo ha sido trazado por Dios, pero siendo que Él representa el saber teórico supremo, puesto que no necesita de nada ni nadie para ejercer su actividad y se basta a sí mismo, ha de ser mero pensamiento, raíz mental del Universo.

Para la antiquísima tradición tibetana, el universo tiene estados diversos de materia, positiva y negativa. Cierta materia en estado puro se almacenaría en puntos concretos del espacio (¿agujeros negros?) y al ser convulsionada y fecundada por un tipo de cometas reproductores (¿portadores de partículas que pueden dar origen a la vida?) se desarrollaría de modo gradual, como la gestación de un ser vivo. Ciertos aspectos de esta concepción fue retomada ya en el s. XX por S. Arrenius y Fred Hoyle, y es llamada la teoría de la Panespermia.

Las culturas clásicas coinciden en considerar al Universo como un gran ser vivo, un Macrobios, que se refleja en el hombre, o Microbios, sometidos ambos a leyes similares. El universo es una ilusión donde lo que no vemos puede ser tan real como lo que vemos, al igual que los pensamientos dirigen la vida sin tener apenas consistencia material. Lo esencial es invisible a los ojos, como dijera el Principito. El Universo manifestado es así fruto de una mente cósmica, no fruto del azar.

Hoy en día la ciencia adopta generalmente el modelo de un Universo pulsante, pues se admite que está en expansión, que podría llegar a detenerse y pasar a una contracción posterior, e incluso al colapso. Para F. Hoyle, en cambio, existe un Estado estacionario, dado que está en expansión y los huecos que deja ésta se irían rellenando con la aparición de nuevas estrellas y galaxias.

Diremos que actualmente se concibe el Universo como fruto de la explosión de un punto de materia y energía inicial, de gases y partículas, que dio lugar a la expansión de toda forma de materia y energía hacia los confines del cosmos. Era el momento llamado Big-bang. Antes de ello, no podemos suponer lo que ocurrió. Para nuestro mundo el reloj se puso en marcha, y el tiempo salió disparado como una flecha hacia su destino final enhebrado entre partículas de materia, luz y energía. Antes que nada se hizo la luz, y por contraposición aparecieron las tinieblas. El caos aparente se organizó y el Cosmos tomó forma -lo cual siempre responde a una idea-.

Ha pasado ya un cierto tiempo, dicen que más de 14.000 millones de años, y el universo se ha concentrado mágicamente en ciertos puntos concretos, en bellas órbitas multicolores, ejecutadas por danzantes despreocupados de su eterna y jovial belleza. Se expande, camina, y aún podemos detectar sus pasos, el murmullo de la gran explosión.., la llamada radiación de fondo. Y extrañamente se sabe que dicha expansión se acelera cada vez más mecida por alguna fuerza oculta…, pero ¿tendrá fin algún día?

¿Está por tanto nuestro universo en constante movimiento?


A la luz de lo dicho parece definirse actualmente que nuestro universo es un universo en movimiento, dinámico, sometido a un proceso de expansión acelerada que tal vez sea seguido por una contracción alternativa. Como dice el Kybalión egipcio en sus sabias leyes, nada permanece estático, todo vibra, y también todo fluye y refluye. Y dado que todo lo que nos circunda es cíclico, como el día y la noche, como los ciclos de las estaciones y la naturaleza, como los mismos seres humanos, no es extraño pensar que el Universo en general sea cíclico.

Sabemos que nada puede mantenerse eternamente en movimiento de rotación, ni tan siquiera el universo por muy perfecto que nos parezca. Decía H. P. Blavatsky, que la rotación se suele explicar como provocada por una fuerza tangencial, por la fuerza centrífuga, pero al mismo tiempo se dice que la rotación es la que provoca la aparición de una fuerza centrífuga. Tendremos que resolver algún día estas contradicciones, y hacernos a la idea de que nada provocado por meras fuerzas mecánicas puede estar en rotación eterna.


Hoy, que se considera que el espacio interplanetario o interestelar no es pro-piamente “vacío”, y que opone por lo tanto una resistencia al movimiento, es difícil admitir una rotación “eterna”. Por otro lado la perfección de unas órbitas elípticas, que son recorridas por los planetas con velocidades variables, es de suyo una armonía no tan sólo mecánica ni casual.

La concepción tradicional del cosmos ha sido la de considerarlo como un ser vivo, sometido a leyes naturales, no como un mero mecanismo, sino con cierta finalidad o sentido. Pero la concepción actual en cambio se plantea si no habrá mecanismos que alienten y mantengan en constante funcionamiento dichos sistemas.

Al observar que la materia se pierde y acumula en pozos de materia-antimateria como son los llamados “agujeros negros”, para brotar en surgencias de energía en los confines más alejados del Universo como son los “quásares”, Einstein y Rosen teorizaron sobre la existencia de posibles puentes en el Universo, de tal modo que la materia absorbida por los agujeros negros pudiera concentrarse, depurarse, y ser expulsada por otros puntos complementarios, llamados “fontanas blancas”, logrando así una autoalimentación o renovación constante del Universo. Es decir, ¿cabe la posibilidad de que las propias leyes que rigen los mecanismos del universo puedan mantenerlo en actividad constante? Pero aún no podemos contestar satisfactoriamente tan importante pregunta.

Si analizamos también cómo es dicho Universo en el tiempo, podríamos estar tentados a decir que es eterno. Al menos desde nuestro límite de duración nos parecerá que es eterno en el tiempo, o cuanto menos inmensamente longevo. Pero ante esta postura hay que razonar que todo aquello que se halla manifestado está sometido a las leyes de la materia, y por tanto al desgaste propio de lo material.

Tal vez pudiera resumirse en sí mismo por efecto de la contracción generada en una fase de su desarrollo, y acaecerle un fin violento, pero sea como fuere, para nuestra concepción de un tiempo ligado al espacio, antes del Big-bang (o después de un proceso de contracción inverso), el tiempo según nuestra forma de concebirlo no existiría, pues sin materia no hay espacio. Así, respondiendo a la pregunta de qué hubo antes de la gran explosión inicial, los científicos actuales nos dicen que tal vez existiera un punto sin materia, como un “vacío de alta energía”, pero entonces ¿qué fue lo que se proyectó en pequeños pedazos al espacio para conformar planetas y galaxias? Tendremos que suponer que antes de la gran explosión, antes de conformarse nuestro espacio-tiempo posiblemente no hubo nada que nosotros pudiéramos medir o comprender de modo físico.

Podemos preguntarnos también acerca de la forma concreta del universo; ¿es finito o infinito?, ¿es plano o curvo?


Hoy se considera que es como una espuma filamentosa llena de pequeños agujeros, esponja hecha de puntos de luz, de una inmensidad de jirones de formas complejas cuajadas de estrellas, pero más allá de esas intrincadas figuras amorfas ¿tiene un aspecto concreto? Aún se debate si tiene algún límite real, si acaba en algún punto. Una vez más hay que decir que desde nuestro punto de vista el universo es inmenso, sin límites, pero dado que todo lo que conocemos tiene una forma concreta nos parece que debe ser algo concreto y finito.

Tal vez sea como una lámina delgada y cilíndrica que puede arrollarse sobre sí misma o abrirse si predominan dos de sus dimensiones. Tal vez sea como un cuerpo denso y voluminoso y no predomine excesivamente ninguna dimensión sobre otras. Tal vez sea un conjunto de puntos luminosos, abierto, etéreo, grácil, como los puntos de luz observados al mirar directamente hacia el Sol…


Pudiera ser que siendo finito tuviera una forma concreta que nos diera la impresión de ser ilimitado, como ocurre con el ejemplo de una banda de neumático arrollada en forma de ocho, la cual a una diminuta hormiga que la recorriese le parecería infinita e inabarcable.

Si pudiéramos correr en el tiempo, o viajar con una nave más deprisa que la onda expansiva causada por la gran explosión, adelantándonos a ella, ¿qué encontraríamos más allá?, ¿la nada?, ¿el vacío?

Desde el punto de vista de la ciencia es lógico plantearse estas dudas, pero llegado a cierto límite rozamos las concepciones filosóficas de la vida. Atendiendo a lo dicho ya en el siglo XVI por el inmenso filósofo de Nola, Giordano Bruno, el universo es infinito, su centro está en todas partes, y las estrellas del firmamento son otros tantos soles probablemente habitados como nuestro sistema.

Pero ¿qué puede hacernos afirmar que deba ser infinito? Al decir de Giordano, y utilizando el bisturí de su filosofía, diremos que si tuviera un límite, más allá del mismo habría de hallarse la nada, y la “nada” existe como un concepto pero no puede existir como absoluto, dado que dos absolutos opuestos no pueden darse al mismo tiempo. No puede existir realmente “el todo” y “la nada”, como no puede existir “una fuerza incontenible” y “una roca inconmovible”.

Los recientes descubrimientos, fruto del experimento boomerang, dan como seguro que el universo es plano, como la superficie de un globo hinchado repentinamente mantendría apenas una ligera curvatura, y que por lo tanto se seguirá expandiendo sin límites, no curvándose sobre sí mismo, no contrayéndose. Pero dado que las observaciones corresponden a un pequeño porcentaje del cosmos que nos es visible o captamos, (entre un 3 y un 5%) similar a una diminuta ventana estelar, y siendo ésta una más que ínfima ventana de otras tantas infinitas ventanas que apenas apuntan a la uña del pie del gran ser vivo llamado universo, preferimos pensar cautelosamente, como aplicadas y pacientes hormigas subidas aún a un neumático no suficientemente explorado, que el camino se hace al andar.

Todas estas cuestiones están aquí apenas esbozadas, y de seguro han de dar aún luminosos días de ciencia, porque como dijo Nicolás de Cusa, la “docta ignorancia” es la capacidad de asumir y reconocer aquellas cosas que aún ignoramos y que nos rebasan ampliamente.

Quedan de camino hacia las estrellas muchas más preguntas. Necesitamos respuestas, por ello cabe preguntarse aún si el Universo tiene sentido, si tiene una finalidad, si se dirige hacia algún lugar, si es fruto del azar o es causal, si es capaz de reciclarse a sí mismo y mantiene su propia actividad como una máquina perfecta e inagotable… Pero tal como corresponde a una realidad que nos rebasa con mucho, y fuente de eterna inspiración, habremos de volver a él en otras ocasiones.

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