Las Imágenes (Tema del Taller de Escritura Creativa).

Escrito por Raysan para el Taller de El Libro Durmiente.

Las Imágenes.

Todo escritor, en mayor o menor medida, necesita utilizar las imágenes en una narración. Ellas engalanan con su poesía los relatos, añaden colorido a la descripción de un paisaje o lugar, dan vivacidad a las expresiones de cualquier personaje, y muestran con mayor realismo sus sentimientos y emociones.

Las imágenes son indispensables para recrear un mundo imaginario. Mediante los fuegos de artificio que dibujan en el aire, olvida el lector que lee unas líneas sobre un papel, logrando así, que se adentre ensimismado en el relato.

Veamos algunos ejemplos del libro “El ingrediente secreto” de Vanessa Montfort…

“Las sombras bailaban por las paredes al mismo ritmo que los fogonazos de la lumbre…”.

El pueblo entero dormía como un gran caldero abandonado en un fogón…”.

Del libro “Las llamadas perdidas” de Manuel Rivas extraemos las imágenes…

“De entre los altos setos de laurel salió la luna con un resplandor de orgullosa alquimia…”.

“Hay cuadros que quieres tocar con los dedos y hay cuadros que son ellos los que te tocan a ti. Los que titilan como gotas de rocío en las telarañas de tus ojos…”.

“Las hojas del manzano eran de un verde manso, que dependía del humor de la luz…”.

“El calendario tiene los nudillo de un boxeador que golpea la saca del tiempo…”.

Las imágenes amplifican la descripción de los personajes y las realzan con su belleza poética:

“Era una mujer muy morena, de ojos grandes y negros, con una punta de brillante grafito que pintaba rápidos bocetos al mirar”.

“En el resplandor de las llamas, tenía cara de ángel y demonio, el físico de un adolescente en el que van tomando posiciones, como injertos, los gestos duros de un hampón”.

Las imágenes recrean con la ensoñación de las palabras los lugares que perdimos, evocando aquellos instantes que se difuminaron en el tiempo. Ellas pintan en la paleta del tiempo las cicatrices de las civilizaciones y las amarguras de las gentes, antes de que el pasado se adormezca y petrifique…

Imaginarios colores trazan caminos imposibles en la mente y tejen ensoñaciones fugaces, perfilando con entusiasmo el porvenir

“El verano tarda en llegar al valle, pero a veces regala,como un juerguista melancólico, un largo bis. En estas ocasiones, el crepúsculo dura lo que la sesión de cine y se pone en technicolor”.

“En la fragua oceánica del poniente, entre ascuas que chirrían, germinaban a un tiempo las olas y las nubes”.

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