El arte de escribir (Tema del Taller de Escritura creativa)

El arte de escribir.

WRITTEN BY: ADMIN – OCT• 04•13

 Taller de Escritura Creativa “El libro Durmiente”, 2ª edición (Tema 1).  Escrito por Raysan.

Dibujo

El arte de escribir.

Aunque la gran mayoría de las personas saben escribir, no alcanzan a escribir de un modo artístico. Se denomina “escritura creativa” a la escritura que se utiliza en la creación literaria, la cual pretende conformar un verdadero “arte de escribir”. Ello requiere un aprendizaje por parte de quienes sienten ese amor por la escritura, esa pasión o vocación por contar historias, por transmitir sueños, ideas y emociones que aporten algo a los demás. El arte de escribir y su técnica, configuran una herramienta necesaria para la expresión humana, y por tanto, deberían estar presentes en la formación y el desarrollo integral de cualquier persona.

Todos tenemos sueños y anhelos, emociones e ideas cotidianas, pero en lo más recóndito de nosotros mismos se hallan aquellos anhelos profundos del alma, emociones sublimes e ideas brillantes, que bien pudieran constituir una historia, un legado que dejar a los que han de seguirnos. Entonces, escribir se convierte en una necesidad ineludible, que exige de nosotros el paso de la potencia al acto, tal como dijera Aristóteles, convirtiendo en frutos de la imaginación aquellas fantasías que nos asaltaban en sueños.

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El oficio de escritor:

Escribir no siempre guarda relación con llegar a ser escritor. Es una actividad individual y bastante solitaria, que requiere de cierta tranquilidad de ánimo y atención. En consecuencia, el escritor precisa rodearse de un entorno que no le perturbe. Tampoco ha de ser, necesariamente, un lugar paradisíaco, en mitad de la naturaleza; bastará que el escritor sepa refugiarse en un lugar discreto y apacible, de modo que pueda entrar en su propio mundo para hallar el hilo de una historia.

El escritor es como un corredor de fondo que entrena a diario, en solitario, esforzándose por superar sus propias limitaciones, probando su habilidad con constancia y perseverancia. Ante él afloran los miedos y las incertidumbres lógicas en quien realiza un trabajo a solas. A veces, sus fantasmas se acrecientan, pareciendo más poderosos de lo que en realidad son; otras se diluyen en una euforia pasajera, en una producción fácil, cuando las ideas nos rodean y acceden a nosotros ante un mero chasquido de dedos.Pero todo artista -y el escritor lo es- ha de enfrentarse a los vaivenes propios del proceso creativo, al reconocimiento de las propias emociones, al miedo al fracaso, al bloqueo ante el papel en blanco, al temor ante las opiniones ajenas….

El oficio de escritor es bastante ingrato, pues no siempre entrega la recompensa que se busca. En realidad, si usamos un concepto propio de la filosofía hindú, escribir es una actividad que debe realizarse por “recta acción”, es decir, sin apegarse a los frutos que se derivan de esa acción.

Escribir exige capacidad de introspección, de análisis, porque la escritura es una viaje hacia nuestro mundo interior: tan solo algunos lograrán encontrarse a sí mismos utilizando esta herramienta…

Escribiendo-en-un-blog-300x200El lugar adecuado para escribir:

Sería ideal encontrar un refugio que nos aislara de todo aquello que nos rodea, bello y gratificante. Pero nada puede ocultarnos de nosotros mismos. En el proceso creativo conviene asumir que la tranquilidad y el momento adecuado para escribir van con nosotros, pues depende de nuestras decisiones: alejarnos del bullicio, apagar la televisión que lanza sus bramidos de fondo, rodearnos de una bella música que nos inspire, preparar con antelación un café o nuestra bebida favorita y tener a mano un buen libro… Cualquier lugar sencillo que nos predisponga a pensar, a leer, a bucear en nuestra imaginación, puede servir también como guarida para un escritor.

El éxito en la escritura:

La mayoría de los escritores no pueden vivir de la escritura, porque no siempre se alcanza el éxito anhelado, o los honorarios de dicho oficio no están a la altura del esfuerzo que se realiza. Conviene anhelar, antes bien, el reconocimiento que el éxito, porque es un premio más justo que el éxito.

Por otra parte, algunos escritores son seguidos por un público fiel, alcanzan la fama, aunque no logran el reconocimiento en su oficio, porque no son buenos escritores. En la actualidad, los lectores conforman un conjunto muy heterogéneo y variopinto. De ahí que los libros más vendidos no siempre tienen la calidad que se les presupone. La propaganda de las editoriales inclina pareceres, e incluso, manipula premios. A menudo fabrica autores de la nada, porque el firmamento de la literatura precisa estrellas que le den brillo y animen las ventas.

La vocación de escribir:

La actividad de escribir ha de ser vocacional; se escribe en realidad para sí mismo, por una necesidad anímica. Se buscan las ideas lanzando el sedal al fondo de la mente, allí donde residen nuestras experiencias, aunque no solo se pretenden para entregarlas a otros, sino por la mera necesidad de hallarlas, a fin de mirarlas de frente y reconocerlas como propias.

En virtud de lo dicho, conviene alentar a aquellos que quieren dar sus primeros pasos en el arte de la escritura, a escribir sin pretensiones de llegar a ser un gran escritor o alcanzar la fama. Se debe escribir por la necesidad interior de expresar lo que se lleva dentro, disfrutando de la actividad de escribir. Si no se logra cierta felicidad en dicho oficio, no se puede trasmitir felicidad.

Observar para escribir:

Todo escritor es un observador del mundo que le rodea, a través del cual se pregunta por sí mismo, tratando de descubrir su propia verdad. Cuando percibe un atisbo de dicha verdad, y en su necesidad de transmitir la profundidad alcanzada, elaborará y destilará de nuevo en su propio atanor las imágenes y las vivencias acumuladas. Así, todo escritor se va modelando en la fragua de sus propias vivencias.

Escher-drawing-hands_dibujando manosTener algo que aportar:

No obstante, se nos dirá que todo vale, que cualquier texto encierra algo útil, pero no debemos olvidar que un verdadero escrito debe poseer algo objetivamente válido que aportar a los demás, de modo que a través del ensueño de la ficción pueda enriquecer sus vidas: aprendices hay muchos, maestros hay pocos. Y aquellos que dan sus primeros pasos en el arte de la escritura creativa deben comenzar su camino con humildad, pues más allá del escritor que “nace” con un talento o genialidad natural, creemos que un escritor “se hace” a sí mismo, con pundonor y dedicación, hilvanando en la misma tela entusiasmo y esfuerzo.

El autor consumado que tiene algo cierto que aportar a sus lectores, que alberga una íntima convicción sobre la utilidad de su escrito, tal vez guiándose por su intuición, su propia madurez interna, o fiando en su juicio, distinguirá fácilmente aquello que pueda resultar demasiado simple o superficial en su propio texto, evitando lo grosero, lo grandilocuente, y todo aquello que sirve de relleno sin aportar calidad alguna.

Ejercitarse constantemente:

Pero nada se aprende sin práctica. No se logra la maestría en una “disciplina” sin pasar por un cúmulo de ensayos que parecen interminables, cuyo fin es “disciplinar” la propia imperfección y lograr el pleno dominio de un arte. El dominio de un instrumento musical exige una dedicación de al menos media hora al día; escribir requiere continuidad, a fin de que nuestra mente se centralice en un tipo de ideas que van tomando cuerpo poco a poco. Vale más la continuidad de quien dedica media hora a diario que una dedicación esporádica.

Hay pensadores que consideran que las ideas no solo se producen en la mente, sino que a veces se captan, porque se hallan en el ambiente y nos influyen, al igual que nos alteran las emociones colectivas. Si estamos receptivos, podremos captar mejores ideas, y alcanzar un grado de armonía mayor.

Dibujo de Pessoa en un caféToda obra literaria tiene las limitaciones de su autor:

Toda obra literaria es un reflejo del carácter del escritor y de su propia humanidad. Una obra no puede llegar más alto que su autor, porque se apoya en las capacidades de su autor, y pronto se encontrará con sus limitaciones. Hablar o escribir constituyen herramientas mediante las cuales se expresa nuestro pensamiento, por tanto son sus hijos; una progenie genéticamente parecida a su artífice.

Los grandes autores como Homero, Cervantes, Shakespeare, Dante, Dostoievski, Tolstoi, Dickens, Borges, son admirados por diversos motivos: acaso por el ritmo de su escritura o su forma concreta de elaborar las frases y los párrafos, o bien, por la profundidad de sus argumentos y el modo en que se llega al desenlace de la trama. Otros escritores reconocidos como clásicos, destacan por la capacidad de recrear un ambiente psicológico y la fuerza descriptiva de sus personajes, pero principalmente se les valora por su capacidad de análisis y comprensión del alma humana, por sus acertados juicios o reflexiones, y en suma, por la humanidad y las virtudes que se aprecian en los personajes.

A menudo, sus personajes no pueden ser más grandes que él mismo… pues no pueden concebir realidades más allá de las que capta su creador.

Analizar el mundo con objetividad:

Aunque todos creen poseer la verdad, alcanzar un punto de vista objetivo en lo que se escribe es difícil, porque analizar el mundo y los sucesos con objetividad es difícil. Llegar al mundo de lo “absoluto” es algo que no está al alcance de las personas.

A menudo, soñamos con alcanzar arquetipos que nos parecen muy lejanos, pero son como un faro inaccesible que alumbra a la humanidad: la justicia, la bondad, la verdad, la belleza… Son realidades esenciales que permanecen aún bastante inaccesibles. En realidad, vivimos en un mundo de verdades “relativas”:

Ejemplo: no se puede “ser feliz”, sino a lo sumo “estar feliz”.

El escritor no puede pretender alcanzar una verdad “absoluta”, porque ello es bastante inaccesible para el presente momento de la humanidad. Por tanto, todo escritor ofrece un punto de vista personal, y debe entregarlo sin complejos: es lo mejor que tiene, es algo personal, pero es su legado.

Práctica: escribir sobre… “ser y estar”.

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