Los dos modos básicos de narrar: “contar” y “mostrar”.

 

Tema escrito por Raysan para el Taller de Escritura Creativa “El Libro Durmiente”. (http://ellibrodurmiente.org/)

libros_01 - copiaEn toda narración necesitamos “contar, citar o decir” aquello que sucede a fin de informar al lector, de un modo sucinto, aunque otras veces necesitamos detenernos a “mostrar” en detalle lo que ocurre. Estas dos formas básicas de narrar son utilizadas de modo habitual en nuestras conversaciones cotidianas. Al narrar lo acontecido en el transcurso de los años, condensamos en apenas unas frases lo que sucedió. En cambio, cuando algo interesa para la comprensión de nuestra historia, nos detenemos más en el relato, aportando detalles concretos que arrojen luz sobre la escena en la que nos focalizamos.

Para ilustrarlo, veamos el desarrollo de un ejercicio de nuestro taller de escritura, el cual ofrece una buena combinación de ambas formas de narrar…

 

Actriz con gafas oscuras…Ella, todavía un poco alterada, entra en la cafetería “Pirámide”. Busca una mesa junto a la pared, retirada, en el lugar más tranquilo desde donde pueda vigilar la puerta de entrada. Una vez elegida, se dirige hacia allí, se deja caer temblorosa sobre la silla, y girando la cabeza da un repaso visual a todo el entorno, tras lo cual respira aliviada”.

…Lleva puestas sus gafas oscuras de sol, fuertemente ajustadas a la cara. Con ellas, observa el entorno, a hurtadillas, por el rabillo del ojo, no queriendo ver de nuevo la imagen que ha contemplado cuando en la calle, ha tenido un encuentro con Pascasio…”

(La espera. María Teresa Rodríguez.)

En el escrito, por un lado “se cita” textualmente que está nerviosa (“…ella, todavía un poco alterada, entra en la cafetería “Pirámide”…”), pues algo le inspira temor (“…busca una mesa junto a la pared, retirada, en el lugar más tranquilo desde donde pueda vigilar la puerta de entrada…”) a causa de lo cual tiene el corazón agitado (“…todavía tiene taquicardia después de la escena vivida..”). Por otra parte, también ofrece el texto una buena colección de gestos y detalles que nos “muestran” ese miedo y nerviosismo en el personaje sin necesidad de contarlo: “se deja caer temblorosa sobre la silla, y girando la cabeza da un repaso visual a todo el entorno, tras lo cual respira aliviada; pide por consumición “una tila doble”, y al servirse observa que “asustada ve como su mano tiembla.

Más adelante, en la descripción física que se hace en el mismo relato, se abunda también en mostrarnos su temor y cautela (“…lleva puestas sus gafas oscuras de sol, fuertemente ajustadas a la cara. Con ellas, observa el entorno, a hurtadillas, por el rabillo del ojo…”); y se aportan gestos que denotan perplejidad por lo que ha visto (“…se quita las gafas, y se frota los ojos con avidez varias veces, como queriendo borrar lo que ya estaba impreso en ellos…”).

No debemos olvidar que estas dos formas de narrar suelen alternarse. Cuando narramos aquello que no es muy relevante para la historia, apenas se cita, se cuenta como si pasáramos por encima de ello de puntillas, de un modo cuidadoso; ante aquello que es relevante, nos detendremos a mostrarlo.

Imagen de guerra_peliculaCuando en una narración se comenta, por ejemplo, …los años del colegio pasaron deprisa, y antes de que pudiera darse cuenta de ello se encontraba en aquel barracón inmundo, en plena guerra del Vietnam…”, estamos citando los hechos, sin apenas detenernos en un largo periodo de tiempo. En cambio, cuando llegamos al núcleo de la narración, nos detendremos para mostrar la escena en detalle, entrando a describirla :

…allí estábamos hacinados como ganado; irritables y angustiados, por momento agresivos, y sin embargo confiados y expectantes, como si un milagro indecible pudiera sacarnos de aquella fosa maldita… Perdidos en mitad de la selva eramos un desecho del que la sociedad americana quería olvidarse… Los oficiales tampoco eran indiferentes a los altibajos que podían llevarlos a cualquiera a matar a su compañero…”.

  

Mostrar lo que ocurre no contarlo:

Ya sabemos que para desarrollar una escena y darle la importancia que merece, debemos abundar en detalles, esmerarnos en su definición, porque dichas escenas conformaran el núcleo de la narración. Pero no es una cuestión que tan solo afecte a la extensión del relato: “contar” no es sinónimo de relato breve y superficial, ni tampoco “mostrar” lo es de amplitud de la narración.

Cuando contamos, se relata con palabras lo que ocurre; al “mostrar” se expresa con imágenes lo que sucede. Porque al “mostrar”, se recrea la escena de un modo más visual, permitiendo al lector que asista a su desarrollo como un espectador silencioso, observando las acciones y sentimientos de los personajes, sus gestos y actitudes, sus pensamientos e intenciones. Contar equivale a decir; mostrar equivale a pintar imágenes. Por ello, siempre conviene “mostrar” lo que sucede, antes que “citar o contar” aquello que ocurre.

Aportaremos otro ejemplo sacado de los ejercicios de nuestro taller de escritura. En él se narran las peripecias de Henry, atrapado en un tren por un corte de fluido eléctrico:

Harry miró a su alrededor. La gente se disponía a esperar con resignación. Embutidos en sus insípidas vidas nada parecían perder. En cambio, él se debatía entre la impaciencia y la frustración. Tenía la percepción de que su existencia había estado marcada por la adversidad. Nada le había sido fácil. Las piedras convertían su camino en un erial ¿Qué sentido tenía seguir esperando?, ¿qué podía cambiar?”.

Sumido en una nueva oleada de negatividad, se descubrió pisando la protectora línea roja. A cada paso el embotamiento crecía, aislándole de alrededor. Una negrura, aún mayor que el espacio físico en el que se encontraba, empezó a teñir su mirada. Un nuevo paso… y otro más. Arrastraba su vida con desgana”. (Crónicas del subsuelo. Marcos Antonio Rodes)

Aquí se expresa perfectamente el estado de ánimo del personaje y sus percepciones a causa de la inesperada situación de verse atrapado en un corredor subterráneo y oscuro… El personaje, al encontrarse con una situación adversa, “se debatía entre la impaciencia y la frustración”, pues de modo habitual“su existencia había estado marcada por la adversidad”. “Nada le había sido fácil” dirá, mostrando un sentimiento de desesperanza. Ante cada nueva limitación, el camino le parecerá más árido, casi “un erial”, y es ahí donde surgen las dudas… Finalmente ellas le situarán ante una encrucijada del camino en donde tendrá que tomar una decisión, ya sea quedarse parado o reaccionar: “¿qué sentido tenía seguir esperando?¿qué podría cambiar?”.

Hay también en el texto entregado un buen ejemplo de mostrar antes que decir:

Una negrura, aún mayor que el espacio físico en el que se encontraba, empezó a teñir su mirada. Un nuevo paso… y otro más. Arrastraba su vida con desgana”.

dinero-hace-a-las-personas-mas-malvadas-universia-espanaAl insinuar que “una negrura, aún mayor que el espacio físico en el que se encontraba, empezó a teñir su mirada”, se expresa adecuadamente que la adversidad exterior ha ido calando en su estado de ánimo, adueñándose de sí.Al mostrar al personaje dando “un nuevo paso… y otro paso” se muestra con imágenes su desgana, la pesadez de ánimo expresada visualmente con la pesadez de los pies. Su actitud negativa y su embotamiento están bien reflejadas en esa frase.

Tal vez, sin desmerecer las bondades del ejercicio realizado, al añadir al final de la frase que “arrastraba la vida con desgana”, quizá se explica demasiado lo que ya se ha mostrado con imágenes, por tanto se podría obviar esta expresión. ¿Por qué? Contar y mostrar son dos aspectos que se complementan, pero el lector inteligente prefiere deducir lo que ocurre por él mismo. Esta es la tendencia de la narrativa moderna, dado que vivimos en un mundo en donde los medios audiovisuales nos predisponen a estar receptivos ante imágenes instantáneas, símbolos, secuencias fulgurantes, en suma, en momentos fugaces que discurren en apenas un parpadeo.

trenes_thumbPor tanto, hay una herramienta que conviene aprender. Mejor que decir cuál es el estado de ánimo del personaje (“se debatía entre la impaciencia y la frustración”) conviene mostrarlo. ¿Cómo se hace? No es fácil. Para mostrar que está impaciente podría comenzar a ir de un lado a otro del vagón, o mirar por el cristal de la ventana repetidamente a pesar de que está oscuro y no se ve nada. A fin de mostrar su frustración, el personaje puede rechinar constantemente los dientes en señal de impotencia, o incluso decir en voz alta…

“–Una cosa más que se malogra”.

O bien, exteriorizando sus pensamientos,

…Una cosa más que se malogra, se dijo a sí mismo hablando para su solapa”.

También de este modo, mediante el discurso del personaje o la expresión de sus pensamientos, llevamos al lector a comprender la situación anímica del personaje. Siguiendo el precepto de que siempre es mejor que el lector lo adivine, podemos evitar que el narrador (el que cuenta la historia) tenga que explicarlo todo, porque el relato perderá el dinamismo de lo visual.

En el texto entregado, se cita que el personaje “...tenía la percepción de que su existencia había estado marcada por la adversidad. Nada le había sido fácil. Las piedras convertían su camino en un erial”. Esta frase nos indica perfectamente la psicología del personaje, aunque es el narrador el que ha tomado la batuta dirigiendo la explicación. Entonces…, ¿cómo lograr que el narrador no aparezca y ceda sus atributos de director de orquesta? Veámoslo con un ejemplo…

La frase citada se podía sustituir por una secuencia más visual en que el personaje “apretando los dientes con rabia, golpeó con el puño cerrado la puerta del tren…”. Si pretendemos remarcar que esa frustración viene de mucho tiempo atrás, podría añadirse, además su propia expresión…“no puedo permitirme un nuevo fracaso”, o bien, “ya fracasé demasiadas veces como para quedarme quieto ahora”.

Pero tal vez podemos pensar ¿por qué no puedo decir lo que le pasa al personaje?

libros_01 - copiaEn realidad, hay dos modos opuestos de presentar una secuencia, y la narración pasa de uno al otro. Cuando un suceso no es relevante, se cita pero no se detiene la narración en él. En cambio, cuando un hecho es importante para el desarrollo de la trama, la narración parece recrearse en lo ocurrido; entonces la secuencia se alarga, aportando detalles y circunstancias que permitan al lector comprender lo que acontece.

En realidad, en la narración moderna se reproducen las técnicas utilizadas en el cinematógrafo. Por una parte, un “relato previo” podrá narrar los antecedentes de lo ocurrido, o expresá aquello que va a acontecer. Por otra parte, cuando los hechos lo requieren, podremos rodar “una escena” en detalle, mostrando la acción con todos sus matices, gestos, juegos de luces, sonidos y colores… Es decir, en toda narración podemos utilizar dos formas básicas de relatar la historia: enunciar de la mano del “narrador” lo que va a ocurrir, o bien, recrearnos en los detalles de lo que acontece, tal como si filmáramos la escena con los ojos de la imaginación.

 

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