Personas humanas (II): Aydin.

Personas humanas (II): Aydin.

Turquia - Van Junio 2014 016Mi gran amigo Aydin, vive en Turquía, junto al lago Van, ese lugar idílico de bellos atardeceres que se encuentra próximo a la frontera de Irán; tierra fértil en la que se han asentado diversos pueblos: solar de los hititas y del reino de Urartu, de los medos, árabes y escitas, posesión de los selyúcidas y otomanos, patria perdida de la antigua armenia, heredad defendida con bravura por los kurdos.

Aydin es un hombre afable y sonriente, que se expresa con alegría y franqueza. Un hombre de regios modales, sencillo pero profundo, que vive el ritmo del día con esa alegría que surge de los poros de la piel, con un entusiasmo que procede de ese manantial inagotable que es la belleza de corazón y la altitud de miras. Un ser esplendente, que sin duda, ilumina su entorno. No en vano —tal como se acostumbra entre los kurdos—, su nombre significa el que ilumina, el que aporta la luz, lo cual, no es tan fortuito como parece a primera vista.

Mez_suleimanTan solo lo he visto rezar ante la tumba del gran arquitecto Sinan, maestro y hombre sabio. No me atrevo a decir que sea musulmán, porque busca el fondo esencial que se encierra más allá de la apariencia externa de una religión. Es religioso, aunque no adscrito a la letra muerta de los textos; místico, pero no mojigato. Más bien, es una persona profunda que sabe reconocer a Dios en los pliegues de la vida, que entiende el lenguaje del corazón como si fuera un sufí.

Es un ritualista que saluda al sol al amanecer, que agradece los alimentos que la vida le concede, que trata a su mujer con la misma delicadeza que a una rosa, acariciándola con las palabras como si se tratase del rocío en la mañana. Sin duda, su corazón te alcanza aún antes del primer saludo; se expresa con la mirada, te acoge con la sonrisa.

20140620_150122Mi buen hermano Aydin es un observador atento y silencioso que siempre descubre en los demás aquello que les preocupa, tal como el zahorí detecta el agua que discurre en las entrañas de la tierra. Un pequeño mago capaz de percibir la inarmonía de las gentes, sus carencias y tribulaciones, asumiéndolas con bondad e indulgencia. En fin, un personaje surgido de los libros orientales, que tal vez en otra vida fuera digno asesor de un Pasha.

Aydin es médico odontólogo. Trabaja de sol a sol de un modo cuidadoso y eficaz; recibe, con la delicadeza de un pariente, a las personas sencillas que se desplazan desde decenas de kilómetros hasta la ciudad de Van. Hay quien le ofrece en pago, buenas disculpas, saludos y reverencias; otros le traen frutas y pescados, porque no tienen otra manera de remunerarle; y él, como un antiguo médico egipcio de Seraphis, escondido tras la mirada, se siente feliz de asistirles, con la misma naturalidad que respira.

Es un ser generoso que no mira la dureza del trabajo cuando alguien necesita de sus cuidados. Alaban unos amigos de Aydin sus desvelos, día y noche, cuando atravesando el desierto del Sahara, un golpe de calor los mantuvo postrados durante días.

Terremoto de Van en 2011_005Cuando el terremoto de Van asoló sus vidas, saludó a la madre tierra, Gea, con reverencia, ofrendando su desdicha con silencio y alegría, y se dedicó entonces a ayudar a los demás como pudo. Su casa había quedado inservible, la consulta médica apenas se mantenía en pie; envió a su mujer, Kezivan, a sus padres y sus hermanas, a Izmir e Istambul, lejos de las nuevas réplicas y la desgracia. Tan solo los varones quedaron en la devastada ciudad, recuperando enseres, ayudando en las emergencias, recomponiendo su vida.

Durante años ha indagado en los libros en pos de la sabiduría atemporal, tratando de hallar la verdad más allá del velo con que se encubre, en los textos de los maestros sufís, en la religión heterodoxa, en la filosofía esotérica, en el simbolismo de toda cultura y civilización. Se ha preguntado por el saber hasta tornarse un hombre bueno, un hombre justo y verdadero, y tal vez un hombre sabio.

Terremoto de Van en 2011_004Tiene la firmeza y la prestancia de un guerrero, propia de aquellos que se han curtido en las batallas personales. Afronta los peligros con entereza; asume las adversidades con resignación, sin autoflagelarse en la desgracia, siempre decidido a reconstruir su futuro. Mas no aspira a vivir en la comodidad adormecida de la sociedad occidental, porque no valora la cultura del bien-estar sino la del bien-ser. Adalid de causas nobles y difíciles, protector de cualquiera que lo precise, a menudo, renuncia a la tranquilidad de su vida para ofrecerla a los demás. No valora el dinero, y tal vez por ello nunca le falta, porque el destino protege a los bienhechores.

Turquia - Van Junio 2014 258Aydin me ha hecho partícipe de su mundo, de una vida reservada y hermosa que el mundo oriental mantiene oculta tras los muros de su casa. Entonces, he comprendido cuantos prejuicios e ideas enlatadas tenía en mi mente. He visitado con él buena parte de su país: el monte Nemrut, las ruinas de Harrán y de la antigua Edessa; el inicio de la Mesopotamia entre los ríos Tigris y Eufrates; el monte Ararat y Ani, la antigua capital de Armenia; la ruta de la seda y los templos zoroastrianos de los adoradores del fuego… Sin duda, un mundo eterno que permanece anclado en el corazón mismo de la humanidad. Entonces he comprendido cuál es su linaje, la estirpe de donde proviene, y he visto en su mundo interior el sello inconfundible de aquellos lugares, de sus ancestros.

Aydin vive en un mundo privilegiado, pero no es menos cierto que por donde él pasa el mundo se torna más bello, amable y acogedor: él tiene la capacidad de ensanchar los horizontes de las personas, de contagiarles su entusiasmo, de ampliar la visión interior de quien está ciego y dormido en la vida.

Turquia - Van Junio 2014 196En realidad, la belleza del mundo la siembran los seres profundos, aquellos seres humanos que viven de pie, que son fértiles en ideas, aquellos cuya vida representa una dádiva continua para los demás, una luz que nunca se extingue. Más allá de las fronteras mentales que nos dividen y separan, debemos reconocer que estos personajes no son patrimonio de la cultura occidental, ni se adscriben a unas ideas o a una religión concreta. Ellos no florecen en un lugar determinado, porque viven en el corazón de la vida, en cualquier lugar donde resida la verdad, la justicia, la belleza y el amor. Y en ese lugar se ha instalado Aydin, un ciudadano del mundo, un buen hombre, una persona humana.

Ramón Sanchis Ferrándiz ©.  (twitter.com/RAYSAN2012).

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