La armonía infinita.

La armonía infinita.

Violinista_09Apresó el violín y se aplicó con aquella pieza que siempre se le había resistido, y en verdad las cuerdas respondían dóciles y el arco acometía su tarea con el ángulo justo, tal como nunca había hecho. Sintió una paz inmensa, como si al fin, las puertas de la armonía que siempre se le resistían, se abrieran de par en par, entregando sus mejores sones.

—Graba esta pieza, cielo. Toma el grabador o el móvil y graba esta canción, porque hoy me siento inspirado.

Y cuando acabó de ejecutar aquella divina obra, con el corazón aún arrobado por tanta belleza, cuando aún flotaban las notas musicales enhebradas en aquel silencio eterno e infinito, dejó caer de su mano el violín, y se sintió morir. De seguido, también él cayó de bruces sobre el parqué, a plomo, tal como lo haría en mitad del bosque un viejo árbol milenario y orgulloso.

Aún hoy en día, cuando su mujer entra de puntillas y expectante en aquella sala, cree percibir las delicadas e inigualables notas que aquella tarde quedaron prendidas en el aire, en un instante infinito y misterioso. Han pasado veinte años y los etéreos sonidos parecen cobrar vida a diario. Se resisten a dispersarse… Jamás se difuminaron en el olvido. Pareciera como si el músico hubiera atrapado la última armonía, esa que resume los esfuerzos de una vida por llegar a ser.

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