Herramientas del escritor (I): elección de la palabra adecuada.

 Megustas pero menos que los libros

Las herramientas del escritor.

Analizaremos en esta sección las herramientas que utilizan los escritores para la correcta elaboración de una obra literaria. Las encontraremos, sobre todo, en la narrativa, aunque no constituyen un patrimonio exclusivo de dicho género literario. Con ellas, los autores logran que el lector prosiga en su afán de leer y descubrir el resto de la historia que se narra. No se presentan como técnicas aisladas, sino que se imbrican todas ellas en textos de gran calidad para conformar un todo homogéneo, creando la fascinación por la lectura.

Estas herramientas, utilizadas en su mejor versión, son las que transforman a un escritor en un artista y no en un mero operario de la escritura.

1. La elección de la palabra adecuada:

Manuscritos antiguos_10_Virgilio romanaLas palabras constituyen la auténtica herramienta del escritor, pues con ellas trenza las frases y crea la urdimbre que compone su obra. Elegir las palabras que utiliza a conciencia, es para él una labor de suma importancia, pues ellas despiertan imágenes poderosas en la mente de quien las lee; sabiamente encadenadas, inspiran grandes sueños, sentimientos e ideas. Pero no es una tarea tediosa que aborrece, sino que se dedica a ella con la misma ilusión que un arqueólogo excava en pos de antiguos tesoros. Sin duda, ajustar significados con precisión de relojero, encajar palabras en los huecos de la mente… es una atractiva tarea para una mente creativa.

Así, dirá la poetisa Raquel Lanseros en su poema Contigo:

La verdad no está en nadie, pero acaso

Las palabras pudieran engendrarla”.

El escritor es un buscador de la palabra, un enamorado del lenguaje. Se entrega a la persecución de la palabra con deleite, juega con sus significados ocultos, intercambia sinónimos, hasta sentirse satisfecho con la expresión definitiva.

“Me declaro enemigo de dogmas y prejuicios,

sabañones oscuros del afán ortodoxia”.

            (Del poema “Ensayo general de otro horizonte”, de Raquel Lanseros).

“Qué más preciada empresa no concibo

que deshojar mi vida mereciéndote”.

            (Del poema “Propósito de enmienda”, de Raquel Lanseros).

Escher-drawing-hands_dibujando manosEl verdadero escritor huye, por tanto, de tópicos y expresiones vulgares, de muletillas y neologismos, de redundancias y circunloquios, alejándose de las palabras utilizadas en jerga o en lenguaje coloquial (“sus dientes perlados”; “esto me huele mal”; “no está el horno para bollos”). Las palabras ya manidas, cual senderos mil veces transitados, no pertenecen al léxico del buen escritor.

Por otra parte, más allá de su belleza y precisión, algunas palabras encierran un significado especial en virtud de su origen, un tesoro oculto que no pasa desapercibido para un atento lector…

Compañero: (proviene de compartir el pan) persona que se acompaña de otra; que compone un cuerpo, grupo o comunidad con otras; que corre la misma suerte o comparte la fortuna con otra; persona con la que se convive…

Concordia: unir los corazones conformando una sólida cuerda o cadena. Se llama también “concordia” a una sortija con dos anillos enlazados, que significa “unión”.

Ensimismarse: (proviene de “en sí mismo”) estar ensimismado, recogerse en la propia intimidad.

Enardecer: (provocar que algo arda, que se encienda) excitar o avivar una pasión del ánimo, una pugna, una disputa…

Salario: es la cantidad que se abona como retribución por un trabajo, y proviene del antiguo pago con sal que se hacía a los trabajadores.

Cereal: (proviene de la diosa Ceres) conjunto de las semillas de plantas gramíneas, tales como el trigo, centeno, avena, etcétera. Adjetivo: perteneciente o relativo a la diosa Ceres.

 

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2 comentarios el “Herramientas del escritor (I): elección de la palabra adecuada.

  1. Entiendo lo que dices sobre que el buen escritor debe huir de tópicos, expresiones vulgares, muletillas y lenguaje coloquial; sin embargo, ¿sería correcto adoptar “esa voz” en un contexto apropiado por las características del narrador o con el fin de llegar a un mayor número de lectores? Para ilustrar mi punto de vista, puedo citar el típico ejemplo de “El guardián entre el centeno”.
    Gracias.

    • Saludos Rocío…
      Considero que se puede utilizar un lenguaje plagado de tópicos, muletillas, vocablos vulgares, etcétera, siempre que estas expresiones sirvan para definir un ambiente concreto, o bien, cuando los personajes de un relato queden caracterizados por ese modo de hablar. Pero en general, en nuestros escritos debemos evitarlo: no vamos a lograr más cercanía con los lectores por rebajarnos al lenguaje que les es más común, porque en la misma medida nos alejamos de una escritura cuidada y artística, cayendo en una escritura vulgar.
      Raysan.

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