Personas humanas (VIII): el hombre piedra.

Personas humanas VIII: el hombre piedra.

images_09Dicen las tradiciones antiguas que el hombre, como reino más elevado de la naturaleza, es un compendio de todos los demás, pues antes de llegar a ser hombre pasó por estadios intermedios en que se desarrolló en formas primitivas de mineral, vegetal y animal. Tiene en común con el reino mineral un cuerpo físico; con el reino vegetal su energía o vitalidad; y un  mundo emocional que le emparenta con el reino animal. De ahí en más, el ser humano comenzó su singladura por hacerse merecedor de tal denominación… Y en ello estamos desde hace varios millones de años.

De este modo, en virtud de la evolución, el ser humano tiene algo de dichos reinos en su composición, tal como afirmara el filósofo J.A. Livraga. Por tanto, podemos hablar de un hombre piedra, un hombre vegetal, un hombre animal y un hombre propiamente humano, que asoma bajo nuestra piel y convive con nosotros mismos. Y aunque estos tipos humanos no se dan totalmente puros en una persona, la mezcla de ellos conforma nuestro ser.

El hombre piedra:

Hombres_21El hombre piedra puede llamarse Pedro o Tomás, Carmelo o Rodolfo, Tadeo o Daniel. Es un ser quieto, o más bien estático e incapaz de moverse por nada; un personaje singular que mueve su cuerpo con parsimonia, con los pies algo abiertos, a fin de sostener el peso de su barriga. Parece anclado a un lugar, a unas circunstancias, a unas personas, pero en el estatismo radica su seguridad; se apega a las cosas que posee, al ambiente que le rodea, y tal vez por ello toma partido acaloradamente en defensa de los suyos, de su ciudad, del equipo deportivo local, pues identifica su entorno como propio.

Se considera de donde nace y no siente necesidad de explorar el territorio que existe más allá de las colinas que divisa; a sus cuarenta años aún no ha viajado fuera de su provincia; no le atraen para nada el turismo ni la aventura, ni ansía el conocimiento de lo desconocido. Para él, los países exóticos pueden seguir siéndolo, pues no despiertan ningún interés: son una entelequia lejana que seguramente no existe en realidad. Es feliz empujando los días, uno tras otro.

Valora, sobre todo, su comodidad. No le gusta que varíen las condiciones de vida que ya domina y reconoce, pues se alimenta de pequeñas certezas y rutinas. Tan solo concibe el presente inmediato y se agobia cuando los vientos de la vida le traen demasiadas inseguridades y altibajos. Se inquieta ante el futuro y su incertidumbre.

Para él, su casa es el bien más preciado; un reducto en que se siente fuerte y a salvo. Adora, sobre todo, un buen sofá, una suculenta comida acompañada de un gran vino o licor, una jarra de cerveza que disfrutar entre risas estridentes con los amigos de siempre. Las bromas pesadas son su fuerte, al igual que los chistes y comentarios soeces que a nadie agradan.

Hombres_35Habla sobre política, la crisis y las condiciones económicas con la convicción de un gran experto, aunque tan solo tiene un par de opiniones bien aprendidas que reproducen el noticiero diario. Parece firme en sus convicciones y actitudes, pero no se apoya en razonamiento alguno sino en tópicos e ideas circulares que otros le han imbuido. Su aparente solidez carece de flexibilidad y altura de miras; sus apegos le tornan rígido en sus concepciones, o incluso, pétreo e impenetrable.

Huye de las controversias y de todo aquello que ponga en peligro su trabajo y su estabilidad. No le motivan los debates racionales ni la lectura. Vive encerrado en su mundo, en sus propias ideas y emociones, y a la postre, se convierte en un personaje insensible y egoísta. Quizá por ello, nadie le respeta demasiado; sus hijos le quieren, aunque se quejan de sus consejos cansinos y actitudes cerradas.

En realidad, se muestra bondadoso con los suyos, aunque sus emociones son de escasa altura. Quizá por ello, mira con cierto desdén a quienes se dejan llevar por las emociones y afectos. Tan solo se siente gregario con quienes disfrutan de los pequeños placeres de la vida y el cuerpo. Puede ser feliz con un gin-tónic o un vermut en la mano; se deleita deseando ese momento, mientras lo paladea, y después, añorándolo. Le agrada ir de juerga con los amigos y escuchar sus risas, pues entre ellos se siente aceptado y querido; el tiempo, en su compañía, parece detenerse.

Hombres_01El hombre piedra, intenta mantener siempre los pies en la tierra. Anhela comprar un terreno o parcela que pueda considerar suya, en la que algún día podrá retirarse de este mundo agitado y convulso. Nada le parece suficientemente estable y seguro. Los cambios de temperatura le aturden, pues los recrea constantemente en su mente; los esfuerzos físicos le agotan; las decisiones importantes le estresan… Es inevitable, que el viento de la vida, al pasar junto a él, haga crujir su resquebrajada piel de roca, porque busca una quietud y una seguridad que no existen en esta vida…

Pero no todo son carencias en el hombre piedra. Aunque a menudo, es un ser demasiado apegado a la tierra, al cuerpo y sus placeres… un ser que busca la comodidad a toda costa, tendente a la inercia, la lentitud y la rutina… y tal vez un tanto insensible y egoísta, sin embargo, suele ser bondadoso y tranquilo, campechano y locuaz, amante de la naturaleza y respetuoso con el medio ambiente. En ocasiones deja traslucir al personaje habilidoso que gusta de transformar el mundo material y se torna en un artesano paciente, mecánico tenaz o experto relojero. En suma, un personaje en el que otros confían o se apoyan, pues presenta la solidez de la piedra, su resistencia y tenacidad.

Sin duda, todos tenemos algo de él en nuestra propia naturaleza.

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