Personas humanas (IX): el hombre vegetal.

Personas humanas (IX): el hombre vegetal.

Dicen las tradiciones antiguas que el hombre, como reino más elevado de la naturaleza, es un compendio de todos los demás, pues antes de llegar a ser hombre pasó por estadios intermedios en que se desarrolló en formas primitivas de mineral, vegetal y animal. Tiene en común con el reino mineral un cuerpo físico; con el reino vegetal su energía o vitalidad; y un  mundo emocional que le emparenta con el reino animal. De ahí en más, el ser humano comenzó su singladura por hacerse merecedor de tal denominación… Y en ello estamos desde hace varios millones de años.

De este modo, en virtud de la evolución, el ser humano tiene algo de dichos reinos en su composición, tal como afirmara el filósofo J.A. Livraga. Por tanto, podemos hablar de un hombre piedra, un hombre vegetal, un hombre animal y un hombre propiamente humano, que asoma bajo nuestra piel y convive con nosotros mismos. Y aunque estos tipos humanos no se dan totalmente puros en una persona, la mezcla de ellos conforma nuestro ser.

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El hombre vegetal:

El hombre vegetal, al igual que el reino del cual toma su nombre, es un ser anclado a una tierra, a unas personas y circunstancias —algo que tiene en común con el hombre piedra—, pero es inquieto, pues necesita de la actividad y el movimiento. Aunque sus pies buscan afianzarse en tierra sólida para sentirse seguro, anhela proyectarse hacia arriba, florecer y dar frutos, que en un lenguaje más cotidiano puede traducirse por situarse en la vida, llegar a ser alguien, y en ocasiones… evolucionar. Quizá no aspire a crecer en el sentido profundo e interno de la palabra, pero quiere ver avances en su vida, resultados, metas cumplidas y ganancias.

El hombre vegetal intuye, aún de un modo inconsciente, que hay tres formas básicas de energía, y a ellas dedica lo fundamental de su vida: la salud, el tiempo y el dinero.

culto al dineroValora, sobre todo, el dinero, pues se repite a sí mismo que sin él no se puede alcanzar nada en la vida. Todo ha de ser sacrificado a este dios exigente que es la mayor de las energías. Sueña con tenerlo; lo custodia con celo cuando lo posee; lo añora cuando lo pierde. A menudo, pasa la vida en busca de los precios más bajos en donde adquirir cualquier recurso, rastreando catálogos de compra o revistas destinadas a consumidores, ansioso por reducir unos céntimos de cada factura para lograr incrementar su haber; no se limita a mirar su nómina cada mes, sino que la estudia minuciosamente; los bancos creen que él es su cliente, aunque en realidad, él sabe muy bien como utilizarlos.

culto al cuerpo_07La primera forma de energía, la salud, comprende el cuidado y mantenimiento del cuerpo y de la energía vital que permite su funcionamiento. Por ello, el hombre vegetal analiza y programa de un modo minucioso cada detalle de su alimentación; relee las revistas médicas a diario, como una forma obligada de prevención; habla de las enfermedades, como si fueran parientes inevitables que les han caído en suerte en esta vida; sienten tal preocupación y apego por sus enfermedades que ellas no pueden abandonarlos. Realiza todo tipo de ejercicio, ya sea en el gimnasio, la piscina o al aire libre; participa en cualquier prueba atlética, maratón o travesía de montaña, llegando en ocasiones a caer en el culto al cuerpo, o incluso, a profesar su más alto sacerdocio: el culturismo.

Se siente bien haciendo buen uso de su energía y se aplica con esmero a cualquier actividad, pues sabe que todo se logra con esfuerzo y dedicación. Tal vez por ello, pretende organizarlo todo, controlar cada paso que da, cometer los menos errores posibles, alcanzar la perfección, aún a riesgo de ser tan solo un perfeccionista… pues todo ha de ser sacrificado al dios de la eficacia. Es avaro con el aprovechamiento de su tiempo, mide con cicatería las energías que entrega a otros, y cuando no alcanza sus elevadas pretensiones, se muestra enfadado, nervioso e inseguro, dado que sus errores revelan a los demás sus carencias, sus pies de barro. En general, el esfuerzo y la acción traen los resultados, pero en ocasiones, muchos otros factores humanos que no dependen de uno mismo entran en juego, y esto es algo que olvida el hombre apegado a sus frutos.

arboles_01El hombre vegetal se proyecta en sus obras y realizaciones, sean estas una empresa o pequeño negocio, su propia carrera o su familia. Por tanto, dado que necesita mostrarse como un árbol frondoso capaz de acoger a los demás bajo su protección, cuando las cosas le van bien, se convierte en un padre amable o un jefe diligente y comprensivo.

Disfruta con todo aquello que le pone el contacto con la naturaleza, ya sea el senderismo, las acampadas o excursiones, el cuidado de parques y jardines o animales, lo cual canaliza sus mejores energías y le evita el estrés. Este es su fuerte.

culto al cuerpo_02El hombre vegetal sigue un ritual de vida bastante sencillo: intenta utilizar adecuadamente su energía vital a fin de disfrutar de salud; cuida su alimentación y mantiene el cuerpo a punto; sabe que debe controlar el tiempo y no malgastar el dinero, a fin de acrecentar su energía. Y todo ello es lógico, saludable y positivo en tanto se siga el sabio consejo de una máxima antigua: “nada en exceso”. 

Al hombre vegetal no le motivan los grandes viajes ni las extrañas aventuras, antes bien prefiere arraigarse bien en la tierra, poco a poco, vencer a los elementos adversos, y sacar su vida adelante. Su principal cualidad es la de la resistencia y la tenacidad, aunque puede parecer inmovilista para otras personas. Es una persona esforzada, metódica y realista, que busca siempre crecer en vertical, para sí y para los suyos. Quizá no sea muy dado a grandes emociones e ideales, pues tiene sus pies anclados a una realidad más cotidiana, y ellas constituyen algo demasiado inasible o etéreo que choca con su sentido pragmático de la vida. 

culto al cuerpo_00En sus tendencias más negativas y extremas puede estar demasiado apegado al cuerpo y obsesionado con su alimentación, tornarse en un insano hipocondríaco o en un avaro con respecto al dinero. Necesitará estar cachas, fibroso, musculado, cortar los alimentos con un cuchillo de madera para no “dañarlos etéricamente”, recolectar los frutos del campo en una determinada luna, importarlos de allende los mares por sus cualidades ecológicas; o tal vez, necesitará culpar a la banca mundial de todos sus males, escuchar cuantos debates sobre la economía mundial permita el día, apostar a todos los Culto al dinero_tio Gilito_01juegos de azar o loterías, pues no se concibe la vida sin dinero… y seguramente, acabarán dibujándose los signos del dólar en sus pupilas, tal como le ocurriera al tío Gilito en los dibujos animados del Pato Donald.  Pero ya decía el filósofo Epícteto que “No depende de uno si va a ser rico, pero sí el ser feliz”.

No obstante, para bien o para mal, todos albergamos algo de el hombre piedra en nuestra propia naturaleza, al menos antes de alcanzar la madurez. En la adolescencia, esa edad en que el ser humano se dedica a poner a prueba su energía, le damos una gran importancia al cuidado del cuerpo y al ejercicio físico, pugnamos por encontrar un buen trabajo, tener dinero y trazar nuestro futuro. No obstante,  al adentrarnos en la edad adulta (¿a los 20?, ¿a los 30?, ¿a los 50?), cada ser define lo que va a ser fundamental en su vida, y es ahí donde los caminos divergen y se traza el propio rumbo. No en vano se dice que hasta los veinte años somos fruto de la educación recibida y que a partir de ahí comienza la propia educación.

Ramón Sanchis Ferrándiz ©

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