Educar para la tolerancia

EDUCAR PARA LA TOLERANCIA.  

Este es el desarrollo de una conferencia dictada por el autor en la ciudad de Santander, en 1997, publicada posteriormente en el libro “Los peligros del racismo”.  

 images_09      Trataré en este tema de ser un mero compilador de ideas dispersas, que aporten por ello una visión global.

     Nuestro tiempo está preocupado por la Tolerancia, y a tal fin se decretó el año 1.995 por la ONU como “Año Internacional para la Tolerancia”, aunque pasó sin pena ni gloria, con unas tímidas proclamas lanzadas al viento cuando éste ya se extinguía. Aquellos que nos hemos comprometido con la Filosofía, -entendida como “amor al conocimiento”- sentimos que las palabras que se lleva el viento no aportan nada serio a la sociedad, y nos preocupa que no vayan acompañadas por una actitud acorde, constante y reiterada, vivida a diario. Para ser tolerante hay que entender este concepto no solo cuando se nos agrede, sino día a día, ya que ser tolerante es una actitud que nace del alma cuando se ha comprendido filosóficamente, cuando se está dispuesto a dar parte de sí por mantener la tolerancia, y cuando ese concepto se transmuta en una vivencia interna y externa, que deviene en ser algo cotidiano.

A) ¿Qué entendemos por Tolerancia?

      Podemos definir la  tolerancia  como “el respeto a la forma de ser y de pensar de los demás”, según expresa Bernabé Tierno.  Pero algo tan amplio es dificil de resumir en pocos vocablos. Si tratamos de relacionar la palabra “tolerancia” con otras afines iremos centrando su significado.

B) ¿Cuales son los valores relacionados con la Tolerancia?

       a) “el respeto a los demás”, que nos enseña a aceptar a los demás como son, no de un modo frio y distante, sino tratando de comprenderlos. En virtud de éste respeto a los demás impulsaremos en ellos sus valores humanos más positivos, los alentaremos al amor, al esfuerzo, a la dación generosa, a la voluntad, a su sentido de la justicia, a la renuncia, y por ende a sus más elevados sentimientos e ideas, y sabremos disculpar aquellas posturas más indignas y materialistas, que les apegan a la tierra y les anulan las alas del alma.

      No obstante, debemos puntualizar, que disculpar los errores no implica compartirlos, pues no hemos de caer en la permisividad actual que todo lo consiente y aplaude, sino alentar tan solo lo que nos ennoblece y mantiene en la busca de los valores más altos y seriamente humanos.

      El respeto a los demás no presupone tampoco que se deban omitir las responsabilidades que se deriven de actos perniciosos para la sociedad. Que dabamos ser tolerantes con los demás no exime a nadie de serlo tampoco con nosotros.

     b) “la aceptación de sí mismo”, que nos lleva a una clara visión de nuestros defectos y virtudes, pero sin disimulos ni deformaciones cómplices. Saber conocerse a sí mismo con la objetividad suficiente es una de las capacidades menos abundantes en la actualidad, y ello nos aleja también de poder ver objetivamente a los demás.

       Hace falta conocerse bien, pero no se conoce quien no acepta sus errores, y quien no potencia y trabaja cotidianamente sus valores. Si logramos ver lo esencial en nosotros, y no quedarnos en lo que aparenta ser la cuestión, lograremos vernos de verdad, y atisbando nuestra real esencia humana la podremos ver en otros seres humanos posteriormente. Solo quien se conoce puede conocer a los demás. Solo quien ha trabajado internamente sobre sí puede comprender con suficiente apertura a los demás, pues sabe lo que cuesta erradicar una tendencia, un defecto, un vicio, y transformarlo en una cualidad, que algún día será un valor, y finalmente una virtud propia. Aquellos que viven de pie, erguidos sobre sus defectos, saben muy bien lo que sentían cuando estaban tirados en el suelo, y aceptan mejor los defectos en otros, los toleran y comprenden.

      c) “la convivencia”, que según la definición del Prof. Livraga, “es al arte de vivir y dejar vivir”. Hay que entender la convivencia como una meta muy difícil de lograr, que se da entre aquellos que viven con-vivencia, o sea, que tienen un cúmulo de vivencias internas, que acumulan una cierta solera y madurez, como para enfrentar sus dificultades. La vivencia precisa para poder convivir se da cuando no solo nos enseñaron bien, sino que aprendimos bien, profundizado en la enseñanza hasta hacerla nuestra y vivida, y no un mero barniz superficial.

        La convivencia tiene un doble aspecto, como convivencia individual y colectiva. Una vez más debemos hacer un trabajo en la esfera propia, para no llevar hacia afuera nuestras carencias, sino las manos llenas de los frutos cosechados. Si nos  anulan los propios altibajos, las inquietudes, las amarguras, los sentimientos rastreros, posesivos, egoistas, poco podremos aportar a los demás, y no sintiendonos a gusto con nosotros mismos, aportaremos desestabilización a la convivencia y no profundidad. Se precisan  buenas dosis de olvido de las miras personales, de capacidad de superación y de reirnos de los propios fracasos, para acercarnos desde la conviviencia individual a una relación objetiva y fructífera con los demás, a la convivencia colectiva. Si tan solo aportamos miedos, sensación de fracaso, altibajos, y una mentalidad posesiva y materialista, la colectividad va a ser un suma y sigue de dichas ofrendas mediocres.

       d) “la cortesía”, que pretende mantener unos modales, como aquellos que eran propios de las cortes de antaño, en que ciertas pautas de conducta, -cuando no eran aún ficticias y fingidas-, ayudaban a la correcta relación de las personas.

        Cuidar las formas corteses es necesario para alimentar la tolerancia y la convivencia, pues dejan entrever el sentimiento de amor y de respeto a los otros, ya sea a través de un saludo afectuoso y sentido, de unas palabras de apoyo, de un respeto de los alumnos hacia los profesores y viceversa, del trato amable del hombre hacia la mujer, -pues siendo caballero las considerará como damas-, y a su vez, el  apoyo de la mujer hacia el varón, en una tónica de respeto que no servilismo, de impulso creativo, de tal que unos y otros vivan más pendiente de los demás que de demandar tan solo atenciones para sí.

      e) “la concordia”, que nos ha de llevar a vivir fraternalmente, partiendo de valores que no surjan de lo personal, sino de ver en los seres humanos algo profundo que evoluciona hacia la perfección, hacia el saber, hacia Dios. Vivir la concordia es “vivir corazón con corazón”, formando una cuerda en que estemos fuertemente unidos por las manos, mirando en un mismo sentido, buscando un destino común.

    f) “la solidaridad” que nos ha de llevar a compartir, a aportar algo de nosotros a los demás, y no siempre tan solo lo que nos sobra. Hace falta una solidaridad que no trate tan solo de poner parches en los males de otros, que no prime solo la ayuda humanitaria para alimentar el cuerpo, sino una solidaridad que aportando alimentos sepa mirar más hacia el futuro, que no entregue solo peces, sino les aporte también la caña de pescar a los desheredados de la tierra… Esa solidaridad debe también  llenar conciencias vacias, dar sueños y esperanzas,  enseñar oficios, enseñar filosóficamente a amar a los demás y respetarlos, a vivir en un mundo fraterno…

        Ninguna política de solidaridad que no arraigue sus raices en lo profundo de las conciencias ha de poder perdurar, y será “pan par hoy pero hambre para mañana. Del mismo modo que sobran ecologistas de pancarta y manifestación, hacen falta voluntarios que den parte de su tiempo para aportarlo por bien de los demás, para ayudar en lo indispensable  para vivir, y además enseñar desde el abc una cultura profunda en valores humanos, que cultiven hombres capaces de crear un mañana mejor. Y éste voluntariado consciente de los demás, ésta herramienta, -por más que se la juzgue teórica por aquellos que la desconocen-  solo tiene un nombre “filosofía”, que nos ha de llevar al conocimiento humano, y ha de estar basada en una visión ética, no partidista ni política ni religiosamente.

     Como decía el Prof. Livraga, el mundo no será mejor porque lo gobiernen grandes tecnócratas o profesionales, o personas de un signo u otro, ya sean  musulmanes, o cristianos o budistas, sino cuando esté regido por “hombres buenos” capaces de creer en el “ser humano”, que sepan discernir y ver lo bueno, lo bello y lo justo, y no alienten las luchas políticas ni religiosas que tanto daño han hecho a la humanidad.

C) ¿Cuales son los síntomas de intolerancia?

         Entre muchos otros factores podemos destacar…

         –el Racismo”, ya sea físico -en que no se admite a seres de otras razas- o de ideas y espiritual, en que todos creen tener las ideas mejores para los otros, o el mejor de los dioses, que por tanto invalida el aporte de los otros, y por lo tanto lleva a los mitos de la religión verdadera. De nacer en otro lugar o en otro siglo hubieramos tenido indefectiblemente otras ideas u otra religión, de ahí que nuestro dios es bastante circunstancial. Los hombres de todos los pueblos han creido  en un dios, o varios, y en nombre de su dios han matado muchas veces o  llevado a la hogera a muchos semejantes. Este racismo de ideas o principios es la primera fuente de disensiones entre los hombres.

      –la imposición tiránica”, de uno sobre otros por la fuerza física o psicológica.

       –el egocentrismo”, que nos lleva a verlo todo desde el prisma de lo personal y tan solo pensar en el beneficio propio.

        –la cerrazón mental” de no ser abierto a las ideas de otros, de no admitir otras visiones, para revisarlas, y extraer de ellas lo válido que puedan tener. Es no tener capacidad de mantener unas ideas profundas, nuestro núcleo firme,  pero con una capacidad de eclecticismo que nos lleve a admitir las ideas que nos llegan, y  revisar las propias, para ir sustituyendo en nuestro interior, de un modo artesanal, las ideas caducas por las nuevas que puedan sernos válidas y que nos aportarán frescura y renovación.

        A su vez, la cerrazón mental también es un caldo de cultivo de otras posturas intolerantes como..,

         –el fanatismo”, de creerse en la verdad sin tolerar las ideas de otros, fruto de poseer ideas no meditadas, no digeridas en profundidad sino superficiales, selladas a fuego y repetidas en la mente pero no entendidas y comprendidas, que se utilizan como una porra con que golpear y atormentar a otros.

        –el egoísmo” que nos lleva a valorar tan solo nuestros derechos, y no los derechos de los demás.

       –la falta de compromiso”, que nos lleva a no asumir deberes, sino tan solo sentirnos poseedores de derechos, dándonos una incapacidad fruto de una mala educación mental para responsabilizarse de algo, evitando que nos sintamos parte de nada, imposibilitándonos para una vida responsable en sociedad, aunque podamos tener una vida social. De la falta de compromiso nace la abulia, el conformismo, y el apoyo indirecto e inconsciente a que el mundo siga siendo como es. Hay que concebir una responsabilidad por omisión. De esta falta de compromiso nace también otro defecto que se llega a disfrazar de virtud, que es..,

     –la permisividad”, ya indicada, nos lleva a admitir todo, o al menos consentirlo, llevándonos a la ausencia de una escala de valores, y por tanto impidiéndonos reconocer lo bueno de lo malo. Así actuamos en nuestros afectos, en nuestro mundo de relación, en el trato, sin rumbo fijo, y lo que resulte, si sale bien lo será casualmente y estaremos siempre en manos del azar.

      “la contaminación y manipulación ideológica y política que nos lleva a recibir constantes noticias en que supuestamente se abanderan movimientos en pro de la tolerancia, se crean  ONG´s que una vez recibidas ciertas subvenciones desaparecen y que tan solo son un apartado postal sin realidad fáctica, que siembran el mundo de la palabra “tolerancia”, logrando desgastarla, vaciándola de contenido, pues crean el recelo entre los conciudadanos, que sienten como faltan los hechos, como se buscan chivos expiatorios, y todo sigue igual tras la ola de una verborrea demagógica. Se nos venden falsos ideales, que no pasan de ser simples proyectos, que no siempre se está dispuesto a vivir.

     ¡Someter a los falsos adalides de la tolerancia a la prueba del tiempo y veréis cuantos se quedan en el camino! Y si además tuvieran que ejercer sus ideas los domingos reduciríais el cupo, y si tuvieran que aportar parte de su tiempo diario menguaría aún más, y si tuvieran que hacer un aporte económico os quedaríais solos…, pero tal es el sino de los hombres. Hoy de quien da se dice “que le han debido comer el coco”, y un sin fin de pseudoidealistas con el coco aún sin mancha, sin muescas, y sin bocado alguno campean por sus anchas. Tal vez los que mantengan el coco más intacto, los que lo hayan conservado por su poca capacidad de compromiso o de acción sean los que lo han de recibir en el paraíso, para una vida más profunda.., pero lo dudo.

      Se hacen declaraciones políticas que no comprometen en conciencia, sino que suman puntos tan solo de cara a la galería. Se prometen muchas cosas por arreglar las cosas que no funcionan, y así aquellos que deben ver en los prohombres de la patria un modelo de valor y de entrega también venden sus ideales.

D) ¿Cuales son las Causas de la creciente intolerancia?

     Las raíces de esta visión estrecha se puede hallar en varios factores principales…

       –la perdida de valores del mundo actual, donde la búsqueda del bien-estar nos aleja de la cultura del bien-ser. Se mantienen a duras penas las formas pero no hay fondo real en la sociedad. Al igual que los edificios crecen cada vez más, sin que ello signifique otra cosa que desarrollo técnico, hoy atrapados por el progreso, nos desarrollamos pero no por ello crecemos más en profundidad.

       –la educación memorista y utilitaria, en donde se pasan materias como si fueran  vallas de una carrera de obstáculos, y se nos entregan diplomas y títulos que han de servir para engordar curriculums. Pero ello nos aleja de comprender realmente, de madurar como seres humanos y tener criterio propio. Se fomentan habilidades y cualidades, pero no se enseña psicología, filosofía, y otras ciencias humanistas, sino como rellenos en una educación utilitarista.

      –la concepción actual del ser humano, que no lo valora como una alma que hace su paso por la vida física, sino como un cuerpo que tal vez tenga alma, aunque de ello no nos queda la seguridad. Así un alma puede tener anhelos profundos, sueños, sentido de busqueda de la perfección y amor a los demás, pero un cuerpo apenas busca su propio confort, y ama en tanto no se trastoque su bienestar.

E) ¿Cómo educar para la Tolerancia?

       Se precisa por lo tanto una nueva visión de lo que es el ser humano y de su misión en la tierra, que ha de implicar una nueva educación, consciente, no aleatoria, basada en otros principios…

      – a) Principios éticos: que nos permitan valorar lo interno y espiritual, pidiéndonos un poco más de ética a nosotros mismos y a quienes nos dirigen. Porque de un ser humano mejor han de salir también mejores dirigentes.

      – b) Evitar las posturas materialistas: que nos lleven a no tener excesivo apego al dinero, a medrar y sobresalir (la cultura del pelotazo tan conocida, que se enlaza con el mito de un progreso interminable que ha de asegurar una buena vida para todos los seres de la tierra, y un futuro siempre mejor). Evitar la mentalidad de competencia constantes, aprendiendo a valorar  los verdaderos ideales, y a los idealistas que asumen cuotas de compromiso consigo mismo, con los demás  y con la sociedad en que viven.

      – c) Conocer las diversas culturas y tradiciones, de oriente y occidente, actuales y pasadas, pues son el bagaje del hombre en su paso por la Historia, y aportan una riqueza cultural y social a nuestro modo monotemático de encara la vida y la sociedad.

     – d) Conocer las diversas religiones, pues a veces intencionadamente se nos ocultan, para alentar la creencia de que “la nuestra es la única verdadera”. A veces cuando una religión considera así a las restantes tan solo le queda la virtud de ser la menos tolerante, pero nada más. Las religiones son los pasos que el hombre ha trazado en su caminar hacia Dios. Un Dios que está mucho más allá de lo que solemos expresar, y del que tal vez ninguno de nosotros entendemos mucho. Un Dios no hecho a imagen y semejanza del hombre, con sus defectos e iras, sino más elevado y mistérico. Los espíritus cultos han de entender que toda religión es un patrimonio de la   humanidad a   respetar y preservar.

     – e) Formar hombres buenos, como ya se indicó, con verdadera bondad interior y capacidad de juzgarse a sí mismos.

    – f) Fomentar una tolerancia activa y no pasiva, donde el compromiso personal anule una permisividad cómplice de los errores actuales, donde no agredamos a los demás con nuestros defectos y flaquezas, donde forjemos los valores más altos en nosotros para darle a los demás ejemplos válidos, apoyo, entusiasmo. No acomodarnos asumiendo lo que somos ahora como un valor estático, sino buscando mejorarnos.

     – g) Entender las diferencias humanas como algo que nos enriquece, que nos permite aprender, no viendo barreras en las diferencias de color, de raza, de nacionalidad, de sexo, y de condición social, sino elementos que ponen a prueba nuestro sentido de fraternidad. Comprender  que siendo diferentes en lo personal y externo, porque sería ridículo tratar como el avestruz de no querer pensar que somos desiguales, admitir que no lo somos en nuestro interior, en donde unidos por los valores más altos las divergencias de lo material se anulan, para dar paso a la visión de “seres humanos”.

    – h) Propiciar un verdadero sentido del ciudadano, que lejos de estar regido   por su egoísmo, su fanatismo, su intolerancia, se comprometa con su sociedad, en aras de una sana convivencia,  entendida como “unión de seres profunda y estable impulsada por una cultura común y regida por un sentido de destino trascendente”. Así de una persona surgirán sus mejores valores   individuales, y más allá de una mera sociedad o administración, se podrá generar una unión de seres tolerantes, que han de ver en las aspiraciones de los demás un reflejo de sus aspiraciones. Todo estado así constituido, a la manera platónica, desde lo interno hacia lo más externo, tendrá autoridad moral para exigir convivencia a los intolerantes porque la propicia en su seno y alienta con su propio ejemplo.

  -i) necesidad de definir los valores fundamentales o arquetipos humanospues la verdadera problemática sobre la tolerancia radica en ponerse de acuerdo en qué valores son propios del ser humano y cuales lo alejan de su realización, de su verdadero fondo humano. Y al no ponernos de acuerdo en     ello, hay una dificultad en aceptar ¿cuáles son los valores que han de ser objeto de esmero, de una conducta cuidada, cortés, que nos permita convivir en armonía y sana convivencia?

      Sabemos que matar a un ser humano es algo bien distinto del bien, pero nos es difícil saber si son buenas o malas otras actitudes o ideas, y decimos que todo ello son cuestiones de opiniones o gustos personales. Hay valores humanos que no admiten discusión, y otros que lógicamente en nuestra época se ponen en cuestión, unas veces porque señalan de qué pie cojea nuestra sociedad o son agitados por la publicidad con un cierto interés. A modo de ejemplo, hoy se confunde libertinaje con libertad, y la publicidad suplanta el lema de “sé tu mismo, aunque te cueste” -que lleva a una construcción positiva de sí mismo-, con la idea de “vive como quieras” – que lleva a una disolución de las costumbres- .

    Otras cuestiones, en cambio, nos aportan ideas nuevas que afloran en nuestra sociedad, como por ejemplo, la eutanasia, el aborto, el suicidio, el sentido del honor, el sentido de patria, la ética, etcétera, y que habrá que plantearse claramente con una profunda fundamentación filosófica para alejar la manipulación partidista e interesada… He aquí serios dilemas que nuestra sociedad tendrá que debatir y éstos son ejemplos de la dificultad en poner al ser humano de acuerdo en visiones fundamentales, y de ahí la dificultad de plasmar una tolerancia activa.

 F) Conclusión final

arco_iris_doble      La pequeña convivencia en lo individual nos ha de llevar a la sana convivencia en lo colectivo; la correcta educación para la tolerancia en los más mínimos detalles nos ha de llevar a evitar los grandes males de las rivalidades, del  racismo  y de las guerras. Pero recordemos que todo vaso comienza a llenarse por una primera gota. Las visiones basadas en cortas miras, en ideales pequeños, que reducen la visión tan solo a la de la propia etnia, la tribu, el clan, y que alienta delirios nacionales instalados en diminutas regiones, crean fronteras de acero que separan, disensiones que impiden fuertes lazos de familia. Hay que saltar las pequeñas  fronteras de la razón que especula, del interés solo por lo propio, de todos los “-ismos” que tanto daño han causado a la humanidad.

    Seamos claros y conscientes, sin tapujos, para sentir que siendo diferentes buscamos destinos comunes, repitiéndonos que ello es una ardua misión tan solo capaz de ser llevada adelante con tesón y tolerancia, sinónimos de una real voluntad y madurez interna, que nos ha de dar como fruto sociedades estables y profundas, donde se desarrollen en el futuro hombres mejores en el futuro.                         

Ramón Sanchis Ferrándiz, agosto de 1997.

 

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