Teoría de las ventanas rotas

Teoría de las Ventanas rotas
Si dejas un coche abandonado en una barrio pobre, alejado del paso de la gente y con poca iluminación, es obvio que en pocas horas le quitarán la antena, los espejos retrovisores, las llantas, ruedas y todo aquello que sea aprovechable. En cambio, si ese coche es abandonado en un barrio residencial de clase alta, ese deterioro no suele producirse. Obviamente, la pobreza induce a las personas a buscar una salida a su situación de subsistencia.
Sin embargo, según “La Teoría de las Ventanas Rotas” desarrollada en 1969 por Philip Zimbardo, un psicólogo de la Universidad de Stanford, si a ese coche abandonado en el barrio residencial le rompemos una ventana, en unos días alguien romperá otras, robará las llantas o los limpiacristales. Por tanto, esa actitud no guarda relación con el nivel de pobreza.
Es decir, más allá de la situación económica de la gente, si algo muestra un desperfecto que no se repara enseguida, transmite una sensación de abandono y dejadez que impulsa a la gente a dañar ese objeto. Es algo propio de nuestra psicología social.
Lo vemos a diario en las comunidades de vecinos, en el trabajo y la propia casa, en el metro y en las bolsas marginales de cualquier ciudad.
Los primeros graffitis de las fachadas, si no se borran, llaman a otros grafiteros; los primeros signos de desprecio y violencia en las palabras, si no se corrigen, llaman a los puños cerrados; las bombillas fundidas, las humedades y desconchones de las paredes, si no se reparan, pronto se instalarán en nuestra mirada y en nuestras emociones. Es en los pequeños detalles cotidianos en donde se aprecia la actitud profunda del alma. Así, todo paso, por pequeño que sea, cuando se desvía del camino recto nos saca del sendero.
En muchos casos, la pandemia habrá logrado que mucha gente no se vista a diario, ni se afeite o maquille, y ello, unido a la laxitud psicológica, poco a poco, les lleva a una dejadez peligrosa que tan solo apunta hacia el deterioro personal. En un ambiente de incertidumbre frente al futuro, en donde a diario se nos bombardea con mil noticias alarmantes, si uno se deja llevar por los bulos o el temor al futuro, pronto se convertirá en una persona frágil e insegura, apresada por un miedo visceral o el pánico paralizante.
Es preciso evitar los primeros signos de deterioro físico y moral, recuperando las actitudes y la fortaleza interior. ¿Pero qué hacer si nadie nos enseñó que había un mundo interior? ¿Cómo reconstruirnos, si nadie nos enseñó a conocer nuestro valores y defectos? A decir verdad, si no tenemos cada día un breve instante para pensar, para leer un libro, para conversar con las personas que queremos; si no aprendemos a fortalecernos por dentro, a valorar lo que la vida nos entrega y a restaurar todos los desperfectos que observemos, pronto, por esa ventana rota entrará una error mayor que acaso no podamos vencer.
A la sociedad no siempre le interesa que aprendamos a pensar por nosotros mismos; basta con ser buenos trabajadores que no se salgan de lo que se espera de ellos, del carril trazado. Y tampoco se trata de hacer ahora una revolución social, sino una re-evolución humana silenciosa e imparable. ¿Por qué le damos tanta importancia a enseñanzas mecánicas y tan poca cabida a la psicología, la ética, o la filosofía, esa madre que abarca a todas las demás ciencias?

 

Materia y Espíritu

La Naturaleza como expresión de la divinidad

Afirmaban las civilizaciones clásicas que el Universo era una Unidad que tiene un sentido y marcha en una única dirección. De igual modo, aunque concebimos la materia y al espíritu como polos opuestos, los grandes filósofos siempre han advertido que ambos son la expresión de una única realidad. Decía H.P. Blavatsky, que espíritu y materia eran dos aspectos de la Naturaleza que son inseparables y se complementan a la perfección, en cada gusano o bacteria, en la piedra o en la estrella, en el viento y el mar. Así, la divinidad se manifiesta ante nosotros en el esplendor y desarrollo de la Naturaleza, ya sea en una brizna de hierba o en el más ínfimo átomo. Los panteístas creían que toda la naturaleza participaba de Dios; según su concepción, la divinidad se esconde en cada partícula de materia, dado que, en caso contrario, esa porción de materia estaría al nivel de esa divinidad y se burlaría de ella.
Según el filósofo Jorge A. LIvraga, si entendemos a Dios como algo absoluto y omnipotente que todo lo abarca, la Naturaleza es la expresión de esa divinidad. A pesar de que en el mundo reconocemos la luz y la oscuridad, la bondad y maldad, afirmaba que no pueden existir dos absolutos cuyo poder fuera inmenso y de igual valor. No es posible hallar una roca indestructible y una fuerza incontenible al mismo tiempo; si la fuerza fuera realmente incontenible, destruiría la roca, pero entonces, ella dejaría de ser indestructible. De igual modo, siguiendo esa analogía, no existe la luz y la oscuridad como dos absolutos independientes, ni tampoco el bien y el mal. Solo existe la luz, y donde ella no llega, hay oscuridad, que es “la ausencia de luz”. Solo existe el Bien, y donde no llega aparece el Mal, pero el mal representa “la ausencia de bien”.
La materia y el espíritu son dos caras de una misma moneda. Uno de esos aspectos se manifiesta en mayor medida que el otro según el grado de vibración en que nos encontremos. También el hombre encierra una realidad espiritual, llamada por las diversas culturas y religiones como su esencia inmaterial,  el propio Ser o el Yo-superior, aunque se manifiesta en lo material en distintos grados de vibración (física, energética, emocional o mental), en una escala que va desde lo más denso a lo más espiritual.
Así, cuando el Espíritu adopta su nivel de vibración más denso adquiere su aspecto material. Esa esencia luminosa y divina, se lentifica entonces, se adensa, manifestándose como materia.
Toda la Naturaleza es la vestimenta con que se muestra la divinidad a nuestros ojos. Pero, aún bajo su aspecto material, la Naturaleza refleja los valores del espíritu: incluso la materia inerte e informal, está en constante movimiento (porque la energía que duerme en ella necesita manifestar su pujanza y poder); mantiene la solidez (se agrupa en estructuras firmes que resisten cualquier embate); se ejercita en la resiliencia (se deforma, cambia, muta, se transforma, pero intenta volver siempre a su ser); adopta siempre posiciones de estabilidad (aún dentro del cambio constante y el movimiento); tiende al equilibrio (tal como el agua, que va hacia los niveles más bajos y la horizontalidad); busca la estabilidad, como expresión de un orden interno que delata la mano del espíritu (aún dentro del caos y de lo informal, descubrimos leyes que organizan los átomos, las moléculas, células y los tejidos).
Tras ella se esconde la verdad (expresada en las leyes de la naturaleza, inflexibles, justas, imperturbables); se reviste de belleza y armonía (visible en los copos de nieve o la flexibilidad del junco); en sus rasgos se adivina la perfección (por ello crecen los girasoles siguen las series de Fibonacci, al igual que el perfil de las olas del mar); en sus gestos se esconde la bondad y el amor (por ello las crías indefensas tienen rasgos adorables que animan incluso a sus enemigos a respetarlos, por ello los hijos se parecen físicamente a los padres, para que estos vuelquen en ellos algo más que su amor propio).
Todo en la Naturaleza material danza el baile del espíritu, a la par que el todopoderoso espíritu baila al ritmo de la materia, porque la necesita para expresar la profundidad de sus leyes y principios.

Mirando hacia el futuro

Publicado: el 01 de mayo de 2020.  Enlace: https://www.facebook.com/ramon.sanchisferrandiz
Ojo por ojo… y el mundo acabará ciego.
Fomentar el odio de clases mantiene siempre abiertas las heridas. No te extrañes pues si no cicatrizan.
Las sociedades siempre se encuentran, como un funambulista, cruzando el abismo sobre un delgado cable, en la eterna duda de elegir entre el pasado y el futuro.
Un instante de duda puede ser peligroso.
Siempre es más fácil mirar hacia el pasado y regodearse en sus defectos que construir un futuro, porque el pasado es una foto fija que siempre podremos analizar, en cambio, el futuro es un pez inquieto que se escurre de las manos.
Lo difícil es sembrar nuevas iniciativas y conductas que estén libres del odio. Porque solo quienes saben desembarazarse del odio pueden construir un nuevo horizonte. Nos conviene recordar los hechos, extraer la experiencia de lo ocurrido para no repetir errores; recordarla si, pero no rumiarla, ni lamernos nuestras heridas, porque debemos levantar el ancla y seguir navegando.
Fomentemos el desarrollo personal y la formación humana, para impulsar una sana convivencia, basada en el respeto y la comprensión, que pueda estar más allá de la condición social, de las diferencias de sexo, raza o color.
Fomentemos la capacidad de razonar, la formación profesional, informática o técnica, el trabajo en equipo, la eficacia, pero también la formación en valores, el sentido ético, la empatía, la imaginación, la creatividad y la iniciativa personal, y veremos aumentar la capacidad de decisión e independencia económica, a la par que la profundidad humana.
Y aunque los políticos no estuvieran a la altura de ese reto, ojalá cada ser humano aprenda a modelar con el barro del pasado la figura de su porvenir, individual y colectivo. Porque el mundo es también nuestra propia responsabilidad.

El coronavirus y la fortaleza interior

Publicado el 15 de abril de 2020.  Enlace: https://www.facebook.com/ramon.sanchisferrandiz/posts/2801639553218290
Vivimos una preocupante pandemia, que tendrá efectos económicos importantes, y también, en lo humano. Pero es este segundo aspecto el que me preocupa.
En la última crisis importante, la de 2007, nadie pensó que nuestro país podía tardar diez años en salir de ella. Y no todos salieron aún de aquel socavón. Habíamos llegado a un déficit del 9% del producto interior bruto.
Sabemos ahora que, esta epidemia del coronavirus hará caer este año la economía el mismo porcentaje, con un 20% de paro. Y no solo España tendrá problemas, sino todos los países que nos rodean de corte occidental; por tanto, poco nos va ayudar la mejora de la economía de otros, lo cual conlleva bajas exportaciones y paralización del comercio en general.
Aún tardaremos meses a recobrar una normalidad, pero apenas en cuanto a salir de casa habitualmente, como antes.
Pero no apunto estos datos para que cunda el desaliento, sino llamar la atención sobre lo que podemos hacer. No lo digo para que salgamos corriendo a comprar papel higiénico, ni harina o levadura, porque cuando acaparamos suministros se los estamos mermando a quienes están a nuestro lado, y ese egoísmo, tarde o temprano se volverá en nuestra contra. Cuando al inicio de la crisis del coronavirus, algunos países poderosos relativizaban sobre la importancia de la pandemia, su egoísmo y despreocupación les lleva ahora a cosechar los peores resultados. Y algunos países aún no se imaginan lo que les caerá encima dentro de unos meses, como EE.UU., África o Sudamérica.
Este es un año en que se pondrá a prueba la fortaleza de la gente. Tendremos que ejercitar la capacidad de aguante para cumplir las restricciones, de lo cual nos dan ejemplos los más niños; la paciencia para vivir las restricciones con una sonrisa y amabilidad, la solidaridad con los vecinos, el control de los egoísmos instintivos. Necesitaremos creatividad para reinventarnos, tal como han hecho muchas empresas, que han variado su antigua producción para fabricar batas o mascarillas.
Dentro de poco, será prioritario el tener la mente despierta para pensar en soluciones más que deprimirnos por el zapato que nos aprieta. Porque las obsesiones se controlan poniendo nuestro punto de vista en otra preocupación más elevada. De ese modo, cuando estamos viendo una buena película nos olvidamos de la necesidad de fumar; cuando estamos distraídos jugando al ajedrez o charlando con los amigos nos olvidamos de un dolor de cabeza.
Por ello, debemos comprender que hay acontecimientos que no podremos evitar, simplemente porque no está en nuestra mano cambiarlos. Sin embargo, hay muchos factores que dependen de nosotros, como nuestras actitudes, sentimientos e ideas.
En cuanto a las actitudes, evitando el inmovilismo, la pereza y la desidia que llevan al abatimiento general y la inactividad, trabajar con ilusión o buscar trabajo con el mismo afán cuando no se tiene, evitar la desconfianza o el odio que es propia de quien se encuentra tocado o hundido, el recelo ante los vecinos infectados, la creciente intolerancia ante los inmigrantes cuando hay poco trabajo. En los sentimientos, la irascibilidad, el malhumor y las malas contestaciones, evitando la angustia sobre el porvenir propio y de los hijos, el miedo a la enfermedad y la muerte, pues lo que haya de venir no siempre depende de nosotros. En cuanto a las ideas, pensar las cosas detenidamente, evitando caer en la vorágine de las circunstancias, manteniendo una estabilidad y solidez. Nos repetimos siempre que hay que estar centrados, pero no es fácil. En estas épocas es fundamental tener buenas lecturas que nos aporten buenas actitudes y pensamientos (antes que malas películas que nos distraen pero nada aportan), escribir un diario en que se recoja lo hecho en el día, dado que nos ayuda a reflexionar, conversar con los demás (en el viejo sentido de aportarnos ideas y escuchar otros modos de ver lo que ocurre).
Toca pues, lidiar con nosotros mismos, meternos en cintura, estar ágiles en lo físico y lo psicológico, ser sanamente alegres para transmitir confianza a otros, dando apoyo e ilusión a los demás, porque cuando nos empeñamos en dar luz menos posibilidades tendremos de caer en la propia oscuridad.

El coronavirus y las actitudes humanas

Publicado el 12 de marzo en facebook:
Enlace:https://www.facebook.com/ramon.sanchisferrandiz
El coronavirus va corriendo. En la empresa, en algunos amigos, conocidos, ya hay varios casos que han dado positivo, lo cual obliga a cuarentena total entre sus allegados. Sin embargo, la reacción de las autoridades es tímida aún y teñida de visión política. Cuesta anular las fiestas y las manifestaciones, las próximas elecciones y congresos. Las empresas no se atreven aún a permitir el teletrabajo de modo global. Están perdiendo días preciosos para impedir que se expanda la epidemia.
Pocos se toman en serio el tema. Se molestan porque no pueden ir a su partido favorito o seguir su vida habitual. Los restaurantes siguen igual de llenos que siempre, porque no sabemos renunciar a vivir compartiendo codo con codo cualquier momento de la vida. Nos cuesta dejar de saludarnos con efusividad. Somos gente de abrazos, lo cual no es malo.
Otros, los excesivos, miedosos compulsivos que enseguida entran en modo pánico, vienen asaltando el supermercado hace ya días. Los excesos de unos obligan a que otros noten una carencia de alimentos que no debieran sentir. Pocos se toman en serio la recomendación de aislarse, de quedarse en casa tranquilos, leyendo, viendo la televisión. Los corrillos para comentar lo que ocurre se dan de continuo, donde la mayoría admite sentirse bloqueado psicológicamente, imposibilitado de trabajar. La verdad es que no estamos acostumbrados a superar grandes problemas y nos bloqueamos ante la menor incidencia.
Pero sobre todo, asistimos a la pugna entre aquellos que creen que lo individual está por encima del bien publico o viceversa. Se dan muchos debates entre compañeros criticando medidas, opinando sobre si el estado tiene derecho o no para acordonar ciudades o imponer conductas. China puede aplicar estas medidas, dicen algunos, porque es una dictadura. Se olvidan de que, siendo la cultura más antigua, desde hace cuatro mil años saben que procurar por el bien de la colmena siempre es bueno para la abeja.
En fin, la vida siempre es una prueba donde cada cual muestra su educación, su solidez y entereza para superar adversidades, su comprensión del mal ajeno, su código moral y su responsabilidad frente a lo que la colectividad pide de cada uno de nosotros. En estos momentos es cuando se nota la necesidad de la filosofía, de la verdadera formación humana.
Vídeo

Perdurabilidad de los símbolos y la geometría sagrada

El 10 de diciembre de 2016, fui invitado a participar por el Ateneo de Madrid en un Congreso de filosofía y misticismo bajo el lema “Mística y valores espirituales en diversas culturas”.
Mi ponencia versaba sobre La perdurabilidad de los símbolos y la geometría sagrada en las diversas culturas y tradiciones antiguas
Mindalia Televisión grabó en directo la charla que aquí se reproduce. El enlace de You Tube es el siguiente: https://www.youtube.com/watch?v=JavtE5yP1Yk

La filosofía, un camino hacia la dignidad humana

Congreso de Filosofía sobre “La Filosofía y la Dignidad Humana”.  Centro Imaginalia, Alicante. Noviembre de 2018.
Dentro del Congreso que cada año pretenden conmemorar el Día internacional de la Filosofía, se incluye aquí la charla denominada “La filosofía, un camino para la dignidad humana”, desarrollada por Ramón Sanchis Ferrándiz, invitado a participar al mismo en calidad de miembro del Instituto Internacional Hermes de Antropología y Ciencias del Hombre.
Participaron también en el Congreso los siguientes ponentes:  Esperanza Rodríguez Guillén, Presidenta de la Comisión de Educación de la Red Española de Filosofía (R.E.F.), con su charla “Hablar de la dignidad a los más jóvenes”; Jesús Conill Sancho, Catedrático de Filosofía Moral de la Universidad de Valencia, que trató el tema “La dignidad humana ante la filosofía naturalizada”; Isabel Pérez Arellano, Licenciada en Bióloga, con su charla “La pérdida de la dignidad en la época actual. Una visión desde el punto de vista de la Ciencia”; Iván Rodes Lozano, Coordinador Internacional de GEA, con su ponencia sobre “La dignidad ante la adversidad”.

Pensamientos (1)

Pensamientos:
6. Somos como el gato de Schrödinger. Metidos en una caja con veneno, al abrirla puede ser que estemos vivos o muertos; tenemos un 50% de probabilidades. En todo caso, dice la física cuántica que en realidad, morimos en un universo pero podemos estar vivos en otro universo paralelo: universos no visibles que tienen cierta realidad, tal vez como la tienen los sueños y la imaginación, el mundo de las ideas y de la intuición, y sin embargo no se ven, parece que no están.
Así sin más, está explicado algo tan sencillo como aquello que dicen las culturas clásicas y la reencarnación: muero en lo físico y me refugio en otras dimensiones más sutiles; me voy yendo hacia lo profundo y esencial. Tal vez te sonría desde una estrella. Esto es lo que hoy en día les contamos a los niños; claro, ellos, supuestamente  no tienen tantos conocimientos, ni trabas mentales, ni ideas hechas… de hecho, nosotros creemos que es así porque vienen al mundo como una “tabla rasa”. Pero más les vale, porque así son más “sencillos” que los adultos, ven el mundo con naturalidad, sin ideas hechas, con una lógica aplastante; en cambio, nosotros seguimos creyendo que es una suerte ser adultos, porque ya tenemos las cosas más claras, aunque en realidad somos más “simples” que los niños (20/08/2019).
5. Dice un poema de Tolkien que “No todo el oro reluce, ni toda la gente errante está perdida…”. Hay momentos en que el oro no reluce porque no recibe la luz del sol, porque no se muestra, o bien, nosotros no sabemos ver lo que atesora en su interior. De igual modo, hay quienes caminan, errantes, en busca de su propio ser; no están perdidos, no son meros vagabundos, pues buscan una estrella; caminan para encontrar, son peregrinos, conscientes de serlo, esperanzados en su búsqueda.
4. No trates nunca de parecer sabio cuando no lo eres; ante la mirada de aquel que lo es, seguramente acabarás pareciendo un mono de feria que salta de rama en rama persiguiendo una idea interesante. Porque una mente inquieta no siempre busca la verdad ni pretende la sabiduría, pues se satisface tan solo con el cambio. No trates nunca de parecer aquello que no eres… pues está en juego tu propia dignidad y autoestima. (11 de agosto de 2019)
 
 
3. “Feliz día para todas las mujeres-damas que luchan por mejorarse y mejorar el mundo. Que lo social avance; que sea más justo e igualitario; que el trato entre todos sea cada vez más humano y respetuoso. Pero no os deseo feliz revolución contra el sistema ni contra los hombres, sino feliz re-evolución. Sí, volver a evolucionar, una palabra ya olvidada que exige la evolución por dentro, tanto como por fuera. Solo cuando se evoluciona de verdad, de corazón, se logra transformar todo lo que hay alrededor”.  (8 de marzo de 2019)
 
2. La vida es un camino que se recorre paso a paso, día a día, hasta que nos detenemos a descansar. ¡Ojalá que tu descanso sea merecido y tu viaje haya sido placentero! ¡Que tus dioses te acunen en tu seno en el último aliento!  ¡Que puedan ellos reconocerte cuando llames a su puerta con los tres golpes nítidos que suplican el conocimiento! ¡Que su luz ilumine tu mirada!  (26 de diciembre de 2018)
 
1. Aplícate a la bondad como cualidad que mantiene fértil la tierra de tu ser, siempre receptiva a toda semilla que la pueda fertilizar. Sé bondadoso, como expresión de un alma limpia, ajena a toda mancha, a la maledicencia, a las intenciones oscuras y retorcidas, al odio y la tristeza. Sé bondadoso, pues es seña de identidad de un corazón grande y noble.  Acrecienta tu bondad, que es propia de quienes se muestran satisfechos con el papel que les ha tocado vivir en la vida y, en consecuencia, son felices, alegres y expansivos. Sé lugar de acogida para otros, dación callada, simiente fraterna, entrega humilde y generosa.     (25 de noviembre de 2018)
 

I. La utilidad práctica de la Filosofía

La utilidad práctica de la filosofía:

Dicen que la filosofía no tiene una aparente utilidad. Sin embargo, su utilidad no está en el resultado material que aporta, sino en la utilidad esencial que entrega. No acrecienta lo que tenemos sino aquello que somos. Nos ayuda a desarrollar habilidades, a mejorar actitudes emocionales y mentales, a profundizar en las razones que mueven nuestra vida, a vigilar y dirigir nuestros actos, de modo que lleguen a conformar un verdadero comportamiento. Un comportamiento que tenga sentido, regularidad y belleza, que sea estable y por tanto confiable para los demás, que afiance una verdadera conducta, ética y respetuosa con los valores humanos.

Lo importante no es la “utilidad práctica” material de la filosofía, que la tiene, sino la “práctica de la filosofía” en sí misma, algo ya olvidado. Ella no busca medrar en lo material sino enraizar con aquel sustrato esencial y eterno que alea en nuestro mundo interior. El camino del tener no es incompatible con el camino de ser; ambos conforman la dualidad de la vida. La filosofía, como búsqueda de la sabiduría y de la propia realización, aporta una riqueza que no es cuantificable, pero es infinitamente más valiosa y gratificante, porque no mengua ni está sometida al desgaste del tiempo: es un tesoro que siempre se acrecienta.

Ramón Sanchis Ferrándiz.

La filosofía, un mapa para transitar por la vida (artículo)

La revista Esfinge digital publicó en su número de enero-2017 el presente artículo sobre la importancia de la filosofía, tema de actualidad ahora que se habla de eliminar dichos estudios de los programas oficiales de educación. 
Enlace a la publicación: http://www.revistaesfinge.com/…/1509-la-filosofia-un-mapa-p…

 

La filosofía, un mapa para transitar por la vida

Dicen que la vida es aquello que sucede mientras nos empeñamos en planificar otras cosas para nuestro futuro. Ella nos depara tristezas, sinsabores y amarguras, pero también nos regala alegrías, momentos plácidos e instantes de verdadera felicidad. En el transcurso de los años, las esforzadas tareas y tensiones psicológicas, los fluctuantes estados de ánimo y las emociones desgarradoras, los vaivenes, miedos, dudas… darán paso, cuando se destile su enseñanza, a la comprensión profunda de nuestro camino.
La vida provoca todas las preguntas, pero encierra en sí misma las respuestas. Sin duda, los golpes y magulladuras que nos propina el paso del tiempo no son sino «pruebas» que nos predisponen a la comprensión profunda de la vida. Por ello, la adolescencia, con su inseguridad emocional y sus eternas dudas, no es sino el campo de batalla en que se conquista el asentamiento de nuestra personalidad. Más adelante, se pondrá a prueba la fragilidad de nuestras tibias emociones y la solidez de nuestras ideas y convicciones, aparecerán los sentimientos estables y duraderos, las alegrías y satisfacciones profundas, emprenderemos la lucha ilusionada por la consecución de nuestras metas, y llegarán o no –según encaremos las situaciones– los logros y recompensas. Y nuestro edificio se irá construyendo, poco a poco, con tesón y entusiasmo.
Según sea la apuesta realizada será el resultado. Si hemos sabido rehuir aquello que nos emparenta con un mundo de barro, si hemos sabido renunciar a lo mezquino, lo bajo y ruin, a lo superfluo e inútil, a lo seguro e interesado pero mediocre, a lo instintivo y pasional, a los apegos y amores pequeños… y en cambio, hemos apostado por todo aquello que nos eleva hacia las estrellas, llegaremos al lugar que nos está reservado y «en donde deberíamos estar». Pero este es el camino esforzado que requiere valentía, coraje, esfuerzo perseverante, amor y comprensión. Una comprensión profunda de lo que debemos hacer en la vida, basada en un conocimiento que nos permita desenvolvernos en las más variadas situaciones con soltura y seguridad, con fundamento…  a lo cual se le ha llamado en toda época Filosofía, porque la filosofía aporta las herramientas para conocernos a nosotros mismos, para educar el carácter y saber afrontar aquello que nos depara la vida.
De este modo, podremos decir, con visos de realidad, «tengo una filosofía de la vida que me permite salir adelante». Sin embargo, muchos hablan de la necesidad de tener una «filosofía» que avale las actuaciones a realizar (en una empresa, en un partido político, en un equipo deportivo, etcétera), pero en realidad carecen de ella –entendida como fundamento inspirador de todas sus acciones–, o tan solo la aplican de modo circunstancial. Pero filosofía es algo más que esa pobre concepción esporádica a la que recurrimos tan solo cuando la vida amenaza tormenta.
La filosofía no es un manejo de cuatro ideas o máximas expresadas por algún que otro filósofo en un momento de lucidez, sino la herramienta eficaz que nos permite alcanzar, con garantías de éxito, nuestros fines en la vida. No consiste, tampoco, en tener una fortaleza o cualidad bien desarrollada (por ejemplo, la perseverancia o la amabilidad de un incansable vendedor inmobiliario), pues de nada sirve si está al servicio de una visión interesada y egoísta, encaminada tan solo al lucro o al engaño. Es menester, también, desarrollar nuestras cualidades latentes en servicio de unas ideas más profundas, honestas, rectas, humanas. Es decir:
  • Que estén encaminadas hacia el bien propio, pero que sepan considerar siempre el bien común (con sentido de la fraternidad, del altruismo, de la solidaridad, de la necesidad de la ayuda humanitaria y del voluntariado inegoísta, etcétera).
  • Que sirvan para el progreso y el desarrollo material, pero que tengan en cuenta el desarrollo interior de las personas (dirigidas hacia lo justo, lo verdadero, lo bueno, lo bello, etcétera).
  • Que cuiden del presente, pero tengan visión de futuro, que velen por el momento histórico actual y el desarrollo de nuestro mundo, pero que sepan preservarlo para las generaciones futuras, a fin de que ellas puedan disfrutar de ese legado que es también un derecho que les corresponde.
Cada ser humano tiene un camino en la vida, un sentido que ha de encontrar a lo que le ocurre, y la filosofía es la comprensión profunda de la senda que ha de transitar en la vida.
Podemos adentrarnos en el territorio inexplorado de la vida con una pobre «brújula» y una cantimplora, sin saber muy bien qué nos vamos a encontrar; o bien, podemos utilizar un «mapa» en donde aquellos que ya han explorado esos lugares nos indiquen los peligros que existen, las cautelas a tener en cuenta, las herramientas y fortalezas que debemos atesorar para salir de la intrincada selva indemnes, airosos y triunfantes. En el camino de la vida, la filosofía es el mapa que ha de servirnos de guía en esa búsqueda interior que ha de llevarnos a nuestra realización humana.
En verdad, la filosofía, entendida según su concepción clásica y no como un ejercicio meramente intelectual, es «amor al conocimiento», es búsqueda profunda de quienes se hallan enamorados de la vida y pretenden entender todos sus misterios, de quienes valoran el conocimiento por encima de cualquier otro bien, y en consecuencia, se entregan a él. Ella nos ayuda a tener criterios estables, firmes y bien fundamentados, emociones controladas y sentimientos nobles… centra nuestra mente cuando se dispersa y se diluye, traza el rumbo a seguir ante los vaivenes de la vida y nos lleva hacia la cota más alta posible de realización.
La filosofía es maestra de vida que nos enseña a conocernos, que aporta las claves para la comprensión real y formada del propio yo, de los seres humanos y de todos aquellos que pueblan la Naturaleza. Ella es… el mapa indispensable para transitar por la vida.