Cita

 

“¿Sueñas con ser escritor?… ¡No desfallezcas nunca, hermano!… Que tus pasos te lleven siempre hacia el lugar en que mereces estar, ¡arriba, siempre arriba!

Has decidido ser un artesano de la imaginación, un centinela de las palabras… ¡permanece pues en tu lugar almenado, guardián de las historias que el mundo precisa, vigía de un nuevo amanecer!…”.

 

¿Sueñas con ser escritor?

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Por un hilillo de agua…

¡Ay, qué no daría yo por un hilillo de agua! Así podría lavar esta ropa mugrienta y llena de barro que se nos pega a la piel con insidia, y la niña podría vestir de blanco-blanco el día de su primera comunión…

Sí, y Juanita se lo merece, tal como se merecen las flores sus vestidos de vivos colores en primavera.

¡Ay, qué no daría yo por un hilillo de gua, aquí mismo, junto a la casa! Así Juanita no tendría que destrozarse el calzado ni las manos yendo a la hondonada del cauce, y la niña no tendría esos dolores incrustados en su delicada espalda de princesa.

Sí, Juanita se lo merece, tal como se merecen los juncos el agua, para cimbrearse sobre ella y contemplarla.

¡Ay, qué no daría yo por un hilillo de agua, aquí mismo en la trasera de la casa!

Así Juanita me ayudaría a plantar un maizal prolijo y dorado entre los surcos de la tierra, y la niña podría crecer más, enrasando su estatura con el penacho de las mazorcas.

Sí, Juanita se lo merece, tal como se merecen los dorados maizales su belleza y color.

¡Ay, qué no daría yo por un hilillo de agua, aquí mismo junto a la cerca de los chanchos! Así Juanita no tendría que pastorear a los animales hasta la ribera del río… Y la niña podría garabatear con lápices las páginas de esos cuadernos con rayas que dan en la escuela.

Sí, Juanita se lo merece, tal como se merecen las aves que emigran saber orientarse para llegar a la calidez del Sur.

¡Ay, qué no daría yo para que no se fuera hacia el Sur sin regreso!

Ya no tañe la campaña… (poema).

Sotres_Picos-de-Europa

Ya no tañe la campana…

El camino se adelgaza a lo lejos, sinuoso,

buscando la egregia muralla que encierra la aldea.

En el promontorio, un llamativo campanario de tejas oscuras

sobresale por entre las azoteas de las sombrías casas;

a su lado un esbelto ciprés acaricia el cielo brumoso y gris.

En el entumecido valle, las retamas alzan sus manos fibrosas

persiguiendo la niebla, mientras las espadañas

se cimbrean orgullosas de su esbelto talle.

El río serpentea sigiloso por entre los cañaverales

canturreando murmullos antiguos;

los rojizos campos, sedientos de gestas pasadas,

aguardaban la siembra.

A las cinco de la tarde…

cuando los campos se aletargan,

una campana olvidada tañe a muertos,

mientras la bóveda de la tarde repite su bisbiseo.

Allá arriba, en los cerros,

las encinas se encaraman a las peñas

disputándole al difunto la luz y el aire broncíneo.

A las cinco de la tarde…

cuando ya no gime la campana su desconsuelo

y la aldea huérfana se aquieta y arrellana,

las chimeneas fabrican con sus bucles de humo

historias que contarle al viento.

Tendida en el valle, descansa ya la sementera.

A lo lejos se divisan los nogales de porte majestuoso;

entre sus ramas quedan los murmullos pretéritos

que alguna vez escuchamos pronunciar al difunto.

Ya no tañe la campana…

y en el aire trenzan cintas multicolores los silencios.

Las horas, al igual que la tramontana,

empujan suavemente los recuerdos hacia el olvido.

Ya no tañe la campana…

                                                                              (Raysan).

El libro mágico (Cuento).

El libro mágico.

Cuando a los siete años su padre consideró que tenía uso de razón le regaló un libro. Era un ejemplar de tapas duras y páginas amarillentas, ajado y misterioso. Este libro, dijo, me lo entregó mi padre… Y a este se lo entregó a su vez, su padre. Verás que es un libro que habla por sí solo; en cada página se condensa toda una vida. El libro se titula “El joven de carácter”.

Libros antiguos_04—Que las máximas que aquí se recogen te ayuden a convertirte en un hombre —afirmó en un tono solemne—. Son vivencias que han recopilado tus ancestros, pues eso y no otra cosa constituye un buen libro.

El niño, que apenas intuía lo que significaba la palabra máxima, lo abrió con respeto y admiración.

—Entonces, ¿aquí están las cosas que les ocurrieron a mis tíos, a mis abuelos y demás parientes?

—Sí, hijo, en este libro se hallan sus pasos, sus ilusiones y temores, aquello que aprendieron con mucho esfuerzo, a veces a golpes, cuando eran jovencitos… como tú.

Al principio, el padre leyó aquellas páginas extrañas con el hijo, unos minutos antes de dormir, en aquella duermevela en donde la conciencia aún no ha replegado sus velas y no se ha dejado llevar, río abajo, hacia el mundo invisible de los sueños. Allí, en aquellos momentos en que los buenos jardineros plantan sus mejores semillas, aquel padre amoroso sembraba en su alma aún modelable el amor y la elocuencia, el orgullo de ser y el esfuerzo, la generosidad y el pundonor, la defensa del débil y la justicia, la dación de lo que aún incluso nosotros precisamos y del afecto sincero. Pero no lo hizo con sus propias palabras, porque sabía que acaso no estuvieran a la altura de las que emplean los verdaderos pedagogos, sino con las certeras palabras de aquel libro cargado de sapiencia y de bondad.

Manuscrito antiguo_01Al mediodía, antes de comer, el padre le hacía leer una máxima en voz alta: «No huyas, ningún lugar está bastante lejos como para que puedas esconderte de ti mismo» —rezaba el libro en su primera página—. La comida era entonces reposada y reflexiva, alegre y fraterna. Las formas eran elegantes, como si aquella humilde casa fuera un pequeño palacio dorado perdido en medio de las colinas. El libro era también el castigo que el padre le imponía cuando se comportaba de un modo indebido…

—Ponte de pie y mirando a la pared y lee tu libro en voz alta, para que todos lo escuchemos. Lee como si te hablara a ti mismo, como si hubiera sido escrito para ti, que es a quién más falta le hace entender lo que dice.

Y aquel reproche sonaba a una caricia más que a una reprimenda.

Desde entonces, el libro siempre le acompañó en su vida como una reliquia. Cada noche, leía en sus páginas la luz eterna que alumbró a otros seres, las sombras que les persiguieron y su capacidad de revertirlas en momentos inspiradores. Pero a medida que fue creciendo y su padre dejó de guiar sus pasos, las lecturas se fueron espaciando. Lejos de la casa familiar, el tumulto de la vida, los continuos viajes, le alejaron de aquella meditación profunda.

Manuscritos antiguos_10_Virgilio romanaEntonces, las páginas de aquel enigmático libro se fueron difuminando y las letras quedaron disgregadas e ilegibles; quedaron tan solo algunas palabras dispersas, de modo que el trazado de las líneas ya no era congruente. El viejo libro de páginas deslucidas quedó sobre su anaquel, durmiendo el sueño de los justos; el carácter ya no era un objeto de culto sino un recuerdo que agobiaba su mente.

Vinieron los años en que la conciencia se atenúa y dispersa con el quehacer diario, pero tal como indica la ley de la vida, pasaron. Un tiempo después, la vida le regaló con la dádiva excelsa de un hijo. Entonces comprendió que él no podía permitir que su hijo floreciera cada día sin los cuidados de un buen jardinero.

Rescató su libro y quiso leer en sus páginas en blanco, pero ya no era posible. Se sentó, sin embargo, ante sus páginas cada atardecer durante algunos minutos. Contempló con detenimiento sus páginas impolutas cada noche, meditando sobre los acontecimientos de su vida. Poco a poco, su mente retornó a la pujanza interior que antaño tuvo y sin proponérselo fue recordando las antiguas máximas, aquellas que escondían los rostros expectantes de sus antepasados.

Y las ideas, debidamente requeridas, retornaron poco a poco de aquel lugar en que duermen un sueño sin ensueños, una duermevela que les mantiene expectantes ante los anhelos de los hombres. Primero se acercaron, un tanto temerosas, las más vivaces y curiosas; al tiempo, como si fueran racimos que tiran unas de otras, aparecieron aquellas que sustentaban las máximas eternas que siempre alumbraron al hombre, señoriales y egregias. Entonces reclamaron su sitial preferente en la bóveda insomne de la conciencia.

 

Presentación del libro “El Arte de ser escritor”.

“El arte de ser escritor” de Ramón Sanchis Ferrándiz – 6 de mayo de 2016

Crónica de Maria Ángeles Álvarez, publicada en el blog de El Libro Durmiente el 9 mayo, 2016.

Presentación del libro editado por Librando Mundos en diciembre de 2015.

 

ramon sanchis sala eld 1

El pasado día 6 de mayo de 2016, tuvo lugar la presentación, en el Centro Imaginalia de Alicante, del Libro “El arte de ser escritor”, del autor Ramón Sanchis Ferrándiz, alicantino de nacimiento y madrileño de adopción, que habitualmente usa el pseudónimo Raysan.
En la presentación, Ramón Sanchis estuvo acompañado por Marcos Rodes, miembro fundador del Club de Lectura “El Libro Durmiente”. Tras una breve introducción de la mano de Begoña Benito, en la que ésta resumió la trayectoria literaria de Ramón Sanchis, no solo como escritor y miembro de diferentes foros culturales y literarios, sino también como profesor de diversos talleres de escritura creativa -entre ellos el Taller de Escritura Creativa “El Libro Durmiente”-, dio inicio a una charla coloquio con el escritor, que nos condujo de forma sutil, pero certera, desde sus inicios en el mundo de la escritura hasta su culminación con esta obra.
Para Ramón Sanchis, escribir es “una necesidad que surge del alma, de dentro, y que no se puede evitar”. Estas palabras dejan a la luz la emoción que el escritor siente cuando trabaja en su obra, ya sea un relato corto, una poesía o una novela. Una necesidad vital que Ramón Sanchis supo describir con palabras bellas y rotundas a lo largo del acto.
En su diálogo con Marcos Rodes nos dijo que, desde siempre, supo que quería ser escritor, pese a que la vida y las circunstancias lo llevaron a dedicarse a una disciplina científica que, en principio, poco o nada tenía que ver con la literatura. Hombre de humanidades, en cuyo corazón arraiga con fuerza la filosofía, nos explicó que, en realidad, no deberíamos hablar de dicotomía entre ciencias y humanidades, pues ambas son necesarias, e incluso complementarias, en la formación del alma humana.
Tomando como referencia un antiguo mito, nos habló del arco iris, elemento que une cielo y tierra. Quien vive en él se encuentra en medio de los dos mundos y eso es lo que le permite ver y conocer ambos. Ello no viene sino a enriquecer al hombre, al escritor, que sabe de uno y de otro. Como bien dijo Ramón Sanchis, al final son cosas que no se pueden separar.
“El arte de ser escritor” es un manual que se compone de dos tomos: el primero, dedicado a la “Escritura creativa”, nos revela los pasos fundamentales de la creación literaria; las diferentes formas de narración; la estructura narrativa; los personajes; los estilos…, en definitiva, los “trucos” que emplean los escritores. El segundo, “Técnicas”, tiene por objeto enseñarnos a todos las técnicas necesarias para poder escribir bien. No basta que surja una idea, que crezca en el interior del escritor, sino que, a fin de que llegue a los lectores es imprescindible saber cómo expresarla, cómo plasmarla correctamente sobre el papel. Y ahí es donde tienen un cometido esencial las técnicas de escritura.
Algo que a algunos puede parecer insignificante, como conocer bien la ortografía, los signos de puntuación, el uso de los verbos, el correcto empleo del lenguaje al fin y al cabo, es, no obstante, fundamental para que el escritor logre transmitir al público aquello que quiere decir.
De ahí que, cuando Ramón Sanchis se encontraba trabajando en el primer volumen que, inicialmente iba a ser único, se dio cuenta de que no era bastante, de que debía ir más allá y completar esta obra con un segundo volumen encaminado a instruirnos sobre las técnicas del lenguaje escrito.
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Al hilo de la cuestión planteada por Marcos Rodes, Ramón Sanchis nos expuso las cosas que, según él considera y que, desde luego puedo decir sin temor a equivocarme, los allí presentes compartimos, nos aporta aprender a escribir. Entre ellas, “aprender a estructurar nuestras ideas”, algo tan valioso no solo en la creación literaria, sino en cualquier faceta de la vida; “a afinar criterios, a obtener una visión amplia, rica y profunda del mundo”. Eso y mucho más es lo que nos proporciona aprender a escribir.
Tras esta enriquecedora charla, el autor respondió a las preguntas de los presentes, durante las que señaló que no hay un orden establecido para leer los dos tomos que componen su manual, aunque el orden natural, en todo caso, sería el que consta en ellos, para ir aprendiendo paso a paso.
De este intercambio con el público, podríamos quedarnos con una frase de Ramón Sanchis contestando a una cuestión planteada por uno de los asistentes: “El escritor juega con los cinco sentidos porque el mundo suena y hay que captar los sonidos, las imágenes, las texturas, para poder mostrárselo al lector…”. Algo que define muy bien el modo de crear de este autor.
Para finalizar, Marcos Rodes quiso que Ramón Sanchis nos explicara, a modo de reflexión, las razones por las que un lector, que todavía no es un escritor en ciernes y, tal vez no se ha planteado serlo, debería leer “El arte de ser escritor”. Ante tal cuestión, el autor puso de manifiesto que este manual es también una herramienta para que el lector entienda los “trucos” de los escritores, de los que hablaba al comienzo de la presentación, además de lograr enriquecer su lectura de los libros.
Por último, destacar una frase de Ramón Sanchis que repite a menudo a sus alumnos del taller de escritura creativa y que resume de forma magnífica la calidad literaria a la par que pedagógica de nuestro escritor y profesor: “Hay que escribir con contenido, aportar mensajes. Un escritor se tiene que distinguir de un juntapalabras que tan solo agrupa de un modo atractivo las palabras”.
Tras la charla presentación, el autor dedicó los libros a sus lectores, después de lo cual los alumnos del taller de escritura que asistimos al acto nos fotografiamos con nuestro maestro Ramón, para así tener un recuerdo gráfico de tan instructivo y cálido acto.

El arte de ser escritor – Presentación de libro.

El arte de ser escritor – Ramón Sanchis Ferrándiz

el arte de ser escritor

TÍTULOS DE LAS OBRAS: El arte de ser escritor. EL último manual de escritura. TOMO 1: Escritura Creativa. TOMO 2: Técnicas de Escritura.

AUTOR: Ramón Sanchis Ferrándiz.

EDITORIAL: LIBRANDO MUNDOS SC.

AÑO DE EDICIÓN: diciembre 2015.

ISBN Nº.: 9788494477317  /  9788494477300.

Nº DE PÁGINAS: 296  / 319.

TEMÁTICA: Literatura española.

El arte de ser escritor se compone de dos tomos, los cuales incorporan como subtítulos: El último manual de Escritura Creativa(tomo 1) y Técnicas en su segundo volumen. El primer libro se estructura en treinta y dos temas dedicados a la escritura creativa más un anexo que incluye cuarenta y dos ejercicios de redacción. El tomo segundo, dedicado a las técnicas de escritura, se divide en veintitrés capítulos, más treinta y dos prácticas propuestas para asentar los conocimientos adquiridos en la parte teórica de los contenidos. En conjunto, un compendio de conocimientos útiles para lectores críticos y escritores noveles desarrollado en 615 páginas. La presentación amena de las explicaciones vertidas en cada apartado hace de esta obra un manual con el que se disfruta mientras se aprende.

La exposición de los temas se complementa con citas y una selección de textos cuyo origen se encuentran repartidos entre escritores de reconocido prestigio, autores cuyas novelas se han convertido en bestsellers  y otros pertenecientes a los alumnos de las diferentes ediciones del Taller de Escritura Creativa de El Libro Durmiente. Ramón Sanchis se ha mantenido al margen de prejuicios sin realizar cesiones a quienes se arroban el derecho de valorar qué obra es de calidad y cuál otra debe ser rechazada. Cuando se trata de ilustrar un contenido teórico, igual cita a Cervantes, Dostoievski, Tolstoi,  Shakespeare, Antonio Muñoz Molina, Don Brown, Joël Dicker o a alguno de sus alumnos, siempre que el texto ayude en la exposición del tema.

La lectura de estos tomos se puede realizar seleccionando los temas según criterios de preferencia o de forma íntegra (es aconsejable esta segunda opción), prestando atención a los conceptos e ideas que nos despiertan el interés. A continuación, conviene ubicarlos en un lugar accesible de la estantería donde recurrir en caso de duda. De tal forma, dispondremos en nuestra biblioteca de un preciado manual de consulta sobre cuestiones de estilo, recursos y técnica de escritura.

Es una obra total, una recopilación de los saberes requeridos para iniciarse con garantías y rigor en la escritura. Lo único que no aporta es el talento personal de cada uno: “… siempre se podrá mejorar la manera de escribir, aunque hay un sello personal en cada ser que difícilmente puede alterarse”.

Es también una obra valiosa para quien desea convertirse en un lector con criterio que aspira reconocer las bondades de un escrito. Se trata de un salto cualitativo que va más allá de la lectura pasiva que se realiza, tan solo, por entretenimiento. La lectura comprensiva de este manual capacita para identificar el tipo de narrador, la cualidad de un personaje, la estructura de la trama, reconocer la belleza estética de sus figuras literarias, identificar el tema y explicar, a la vez que explicarse con claridad, el argumento de una obra.

El Libro Durmiente ocupa un lugar destacado en esta obra. Ramón Sanchis ha contribuido significativamente en su desarrollo y, de forma simbiótica, se ha nutrido de experiencias y saberes literarios que, con posterioridad, ha sabido utilizar en los contenidos del manual.

Ramón ha volcado su experiencia y conocimientos en cada tema. En la obra es el profesor el que habla-escribe y el alumno el que escucha la lección mientras lee. En ocasiones se atisba al maestro solícito y atento que aconseja a su discípulo. Como podrá comprobar el lector, este manual no está escrito por un preceptor de lengua sino por el profesor de un taller de escritura. Atendiendo a la dimensión poliédrica del autor (cuya formación e intereses aúnan las facetas científicas y humanistas), en el presente manual encontramos:

  • Su naturaleza filosófica, cuando aboga por el compromiso y profundidad de ideas exigible al escritor en sus expresiones literarias.

  • Su condición técnico-científica, observable en la estructuración y composición de los temas, en su agrupamiento por materias similares, así como en el estilo descriptivo y expositivo que busca la precisión y claridad de sus explicaciones.

  • En su vertiente didáctica, nos encontramos al profesor que explica de manera comprensible los temas más arduos, mostrando al lector lo más significativo de cada materia. De tal forma, el lector-alumno puede seguir las clases a su ritmo según su disponibilidad de tiempo e intereses.

  • De su cualidad literaria destacamos su estilo sencillo y directo en el que cada palabra se inserta en el conjunto con la precisión de un relojero, logrando que su lectura sea ágil y entretenida.

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Estética sin ética no es una opción para el autor. Ramón Sanchis impele a sus alumnos a que elijan adecuadamente cada palabra de su biografía para convertirse en buenos escritores y mejores personas: “…desde nuestro enfoque humanista creemos que el escritor debe estar comprometido con el ser humano y la Naturaleza, con su tiempo histórico y sus gentes, tanto como ha de estar comprometido consigo mismo y los valores éticos”.

Sobre el vasto contenido de ambos volúmenes no es posible entrar en detalle dada la extensión de este artículo. Aún con todo, presentaremos algunos de los temas que en ellos concurren anhelando despertar el interés por su lectura.

Tomo 1

Este volumen está dedicado a las técnicas de escritura creativa y en él se analizan las técnicas narrativas: “la descripción, la creación de atmósferas y personajes, los tipos de narrador y sus puntos de vista; las diferencias entre relato, cuento y novela; el ritmo y el tono narrativo; la escena, la acción, los saltos temporales y reflexiones; el suspense y la intriga…”

En la “Introducción”,  así como en el Tema 1 “El arte de escribir” y en el 31 “El escritor comprometido” Ramón Sanchis sintetiza sus fundamentos acerca del noble arte de la escritura. Son sus capítulos más personales, imprescindibles si se quiere conocer al autor.

El apartado segundo de la Introducción del Tomo 1 (y más tarde en los Temas 3 “Uso inapropiado del lenguaje (I)” y 4 “Uso inapropiado del lenguaje (II)” del Tomo2) lo dedica a los “Errores frecuentes al escribir”. Es posible que, tras su lectura, el escritor novel sienta un cierto estupor: ¡No sé escribir! ¡Cuántos errores cometo! ¡Esto es muy difícil! En este punto se empieza a tomar contacto con la realidad, a la vez que permite esclarecer si el deseo de convertirse en escritor corresponde a un arrebato pasajero o representa un motivo existencial. En el segundo caso, se despierta un denodado ahínco por superar las propias limitaciones sabedores de que lo bueno está por llegar.

Tomo 2

Dedicado a las técnicas de escritura: “… se expone el modo en que se ha de planificar un escrito y su presentación ante una editorial, la estructura de frases y párrafos, el uso adecuado de conectores, verbos y signos de puntuación. Se analizan los errores frecuentes y usos incorrectos del lenguaje, los tipos de textos…”

En el Tema 1 del Tomo II “Planificar un escrito”, nos encontramos al autor metódico que plantea los elementos para la construcción de una estructura literaria sólida, capaz de soportar los vaivenes de la inspiración y las ausencias de las escurridizas musas.

El profesor insiste, reiteradamente, en que el estilo debe ser cuidado, sencillo, elegante y directo, aún se trate de un ensayo. Siendo así, podemos decir que Ramón predica con el ejemplo. Incluso en el Tomo 2, en el que se sirve de un lenguaje descriptivo y expositivo, se observa el esmero en las palabras elegidas en cada una de sus frases.

Muchos de los temas, en especial de este segundo tomo, sirven para actualizar conocimientos. Hay conceptos que se dominan de forma implícita aunque, probablemente, se habrán olvidado sus fundamentaciones teóricas. Releerlos ahora representa una ocasión para incorporar herramientas útiles, del tipo que hacen la vida (y sus escritos), más fácil.

Si existe un tema que resulta de especial importancia para los escritores noveles es el número 23 “El escritor y la editorial”. El contenido de este capítulo bien podría ser el propio de una Master Class impartida en el marco del Taller de Escritura. Leerlo, ahorrará esfuerzos y sinsabores innecesarios.

Cabría terminar el análisis de esta obra con una breve semblanza del autor. Quienes hemos compartido conversaciones, anhelos y proyectos con Ramón Sanchis sabemos de su inagotable generosidad. Esta obra es el resultado de sacrificar tiempo a asuntos personales, de reducir las horas de descanso y aminorar la ocupación en otros divinos ocios. Antes que el reconocimiento personal, Ramón ha estado animado por el ideal de una Escuela de Autores que pueda replicarse en otras ciudades. Para ello, para ellos, queda ahora este manual. Gracias por tus clases, por tus incontables idas y venidas entre Madrid y Alicante, por tus desvelos e interés mostrado por cada uno de tus alumnos, en el afán de que lleguen a convertirse en la mejor versión (personal y literaria) de sí mismos.

(http://ellibrodurmiente.org/el-arte-de-ser-escritor-ramon-sanchis-ferrandiz/)

Herramientas del escritor (VIII): “Mostrar” antes que “decir”.

(Extracto del libro “El Arte de ser escritor”, de Ramón Sanchis, publicado en Librando Mundos).

VIII. “Mostrar” antes que “decir”.

Decir que “la tarde era agradable” o “el tiempo era suave”, que “nuestro guía estaba enfurecido” o “aquellas ruinas eran horrorosas”, son frases que no muestran la realidad de lo que sucede; “explican” en un tono de veredicto lo que ocurre o sienten los personajes, pero no “muestran” en detalle su realidad psicológica, ni perfilan el entorno en que se encuentran. Son frases genéricas, tópicos que se utilizan a menudo, pero que no construyen verdaderos relatos.

El escritor avezado no se limita a “decir” aquello que sucede, sino que se recrea en “mostrar” los detalles ocultos que permiten al lector comprender la profundidad de las situaciones que se narran. Porque el lector inteligente prefiere descubrir la historia y no que se la cuenten ya resuelta, como si la narrara una voz en off, aséptica y fría. A menudo, los matices ocultos que se encierran en cada historia y en sus personajes, los gestos y muecas imperceptibles, los sueños contenidos y las emociones sofocadas, indican tanto más sobre aquello que sucede que lo mencionado en una frase demasiado evidente.

Cuando el escritor “muestra” aquello que sucede en vez de “explicarlo”, el lector puede “percibir” la historia por sí mismo. Esta técnica, se utiliza en el cine cuando la cámara nos presenta una escena, por ejemplo, de alguien que espera en una vieja estación de tren, y se detiene en pequeños detalles:

las manecillas de un reloj que se acerca a las doce, el vendedor de periódicos que vocea su mercancía, el silbido de un tren que suena a lo lejos, los avisos insistentes de la megafonía y las manos que pajarean en el aire su triste despedida; los ojos extraviados que leen una carta, la mano huesuda que repiquetea sobre el mármol blanco de la mesa, que aprieta una taza y se recompone el cabello una y otra vez; el barman que limpia con parsimonia la barra y tararea una canción de Glen Miller, un reloj que no avanza, el mobiliario de madera añeja, los ojos tristes que releen de nuevo la misiva, las lágrimas que afloran, y se escapan…”.

Por ello, el verdadero escritor construye “escenas visuales”, describe lo que sucede tal como si pintara un cuadro, solazándose en los detalles, en los gestos y las actitudes, en el entorno y la realidad social… En suma, creando un cuadro con paisaje de fondo, lleno de vida, tal como hicieran los pintores miniaturistas flamencos, y no un retrato inmóvil, frío y aséptico.

Todo ello se logra combinando los factores que se citan a continuación:

  1. El uso de los cinco sentidos en las descripciones:

Una de las herramientas más eficaces que dispone un escritor es la utilización de los cinco sentidos en las descripciones. Mostrar aquello que se percibe con los sentidos, evoca en la imaginación del lector un universo de sensaciones inspiradoras que le traen recuerdos personales y cotidianos. Incluir aromas, colores, sonidos, texturas y sabores en una narración, permite el lector “sentir” aquello que se le muestra.

La ciudad está dormida y acariciada por la música de sus románticos ríos…
El color es plata y verde oscuro… y la sierra besada por la luna, es una turquesa inmensa. La niebla está saliendo de las aguas y agrandando el paisaje. Los cipreses están despiertos y moviéndose lánguidos inciensan la atmósfera… y el viento convierte en órgano a Granada, sirviéndole de tubos sus calles estrechas… El Albayzín tiene sonidos vagos y apasionados y está envuelto en oropeles suaves de luz oscura… Sus casas tristes y soñadoras que mueve la niebla, parece que quieren contarnos algo de lo mucho grande que miraron… La vega es acero y polvo gris, nada se oye que retumbe en el silencio… el río de oro gime al perderse por el túnel absurdo… el espejo del Generalife corre a desposarse con su novio el Genil… Sobre las torres cobre y bronce de la Alhambra flota el espíritu de Zorrilla. El viento tiembla y el bosque tiene sonidos metálicos y de violonchelos, las esquilas de los conventos están llorando lágrimas de hierro y castidad… La campana de la Vela está diciendo una melodía tan grave y augusta, que los cipreses y los rosales tiemblan nerviosamente”. (Fantasía simbólica. Federico García Lorca).
  1. El uso de las imágenes y los colores:

Insertar imágenes poéticas, cargadas de colorido, torna más visuales los textos. Las metonimias, metáforas, símiles y analogías, dibujan en la mente del lector otra realidad paralela, más bella y sugerente:

Allí sobre el mar, de un amarillo aceitoso cerca de la costa y un verde vítreo en la lejanía, una vela transitaba sobre las aguas como un cadáver amortajado…”. (Extracto de Cuentos, del escritor Isaac Bashevis Singer).
“Caminaba así a través de una comarca de fuentes y jardines, contemplando los bueyes que recorrían los fértiles barbechos alargando sus cuellos robustos bajo el yugo opresor; la tierra feraz brotaba y se enrollaba en largas olas suaves detrás del arado, y el labrador apoyaba los dos pies en la reja para hacer más profundo el surco. Entre las palmeras, burbujeantes arroyos murmuraban, y la tierra gozosa bordaba sus márgenes de balsaminas y toronjiles de hojas barbadas. (La luz de Asia. Arnold Edwin).

Hoy en día, sabemos por la ciencia, que aquello que se observa con la imaginación es registrado por el cerebro como si lo hubiéramos vivido, pues la conciencia no halla diferencia entre lo real y la ficción, como tampoco la encuentra entre la vigilia y el sueño. Así mismo, los colores tienen una influencia determinada en aquel que los observa, porque tras su aspecto físico encierran un componente psicológico, provocan sensaciones y despiertan estímulos, pues sabemos, por ejemplo, que el color naranja aporta energía y el rosa apacigua, el color verde transmite esperanza e ilusión y el amarillo alegría, etcétera. De este modo, el escritor influye mediante las imágenes y el colorido en la percepción que tienen de la realidad los lectores. Tal vez por ello afirmaba  Petrarca que… “los ojos abren camino al corazón”.

Veamos el colorido texto que nos ofrece Alejo Carpentier sobre el carnaval veneciano:

“…entre los difuminios de acuarela muy lavada que desdibujaban el contorno de las iglesias y palacios, con una humedad que se definía en tonos de alga sobre las escalinatas y los atracaderos, en llovidos reflejos sobre el embaldosado de las plazas, en brumosas manchas puestas a lo largo de las paredes lamidas por pequeñas olas silenciosas; entre evanescencias, sordinas, luces ocres y tristezas de moho a la sombra de los puentes abiertos sobre la quietud de los canales; al pie de los cipreses que eran como árboles apenas esbozados; entre grisuras, opalescencias, matices crepusculares, sanguinas apagadas, humos de un azul pastel, había estallado el carnaval, el gran carnaval de Epifanía, en amarillo naranja y amarillo mandarina, en amarillo canario y en verde de rana, en rojo granate, rojo de petirrojo, rojo de cajas chinas, trajes ajedrezados en añil, y azafrán, moñas y escarapelas, listado de caramelos y palo de barbería, bicornios y plumajes, tornasol de sedas metido en turbamulta de rasos y cintajos, turquerías y mamarrachos, con tal estrépito de címbalos y matracas, de tambores, panderos y cornetas, que todas las palomas de la ciudad, en un solo vuelo que por segundos ennegreció el firmamento, huyeron hacia orillas lejanas…”. (Concierto barroco. Alejo Carpentier).
  1. Los diálogos atrevidos e inteligentes:

Aunque los diálogos tienen la finalidad de “expresar” aquello que hablan los personajes, su verdadero poder estriba en “mostrar” sus gestos y actitudes, su carácter, cultura y perfil social, sus emociones, creencias o ideales. Las voces de los diálogos muestran a los personajes tal cual son, burdos e indolentes, zafios o ruines.

Por tal motivo, los diálogos no pueden servir de relleno en un relato, ni perderse en conversaciones vanas que no impulsen el avance de la acción. El buen escritor, construye diálogos inteligentes y atrevidos, punzantes e irónicos, sensibles y reflexivos, y en suma, cargados de profundidad. Ellos se dirigen hacia su fin sin titubeos, de un modo directo, añadiendo siempre un factor sorpresa que les confiere en una aureola de misterio.

Veamos un ejemplo sacado del libro El caso de Harry Queberck, de Jöel Dicker:

“Me miró y me agarró por los hombros:
—Han pasado años desde que nos conocimos. Ha cambiado usted mucho, se ha convertido en un hombre. Estoy deseando leer su primer libro.
Nos miramos fijamente durante un momento y añadió:
—En el fondo, ¿por qué quiere usted escribir, Marcus?
—No tengo ni idea.
—Eso no es una respuesta. ¿Por qué escribe usted?
—Porque lo llevo en la sangre… Y cuando me levanto por la mañana, es la primera cosa que me viene a la mente. Es todo lo que puedo decir. ¿Y usted, por qué se convirtió en escritor, Harry?
—Porque escribir dio un sentido a mi vida. Por si no se ha dado cuenta todavía, la vida, en términos generales, no tiene sentido. Salvo si se esfuerza usted en dárselo y lucha cada día que Dios nos da para llegar a ese fin. Tiene usted talento, Marcus: dele sentido a su vida, que el viento de la victoria haga ondear su nombre. Ser escritor es estar vivo.
—¿Y si no lo consigo?
—Lo conseguirá. Será difícil pero lo conseguirá. El día en el que escribir dé un sentido a su vida, será un verdadero escritor. Hasta entonces, sobre todo, no tenga miedo de caer”.

Herramientas del escritor (VI): crear ambientes.

 

6. Crear ambientes, construir atmósferas psicológicas:

Taberna irlandesaMostrar el ambiente de una época, de un lugar y sus gentes, dibujar en las páginas de un relato verdaderos cuadros artísticos, con todos sus detalles multicolores, de aromas y susurros, de voces siniestras y altibajos emocionales, permite al lector viajar en el espacio y el tiempo, observando de cerca la acción y las evoluciones de cada personaje. Recrear con esmero, por ejemplo, una antigua taberna medieval irlandesa, las callejas del Madrid de los Austrias en la época de Shakespeare y Cervantes, o los campamentos de los rebeldes sudistas durante la guerra de Secesión americana, constituye un deleite para el lector que observa cada escena, agazapado en su lejano escondite.

Sin duda, definir ambientes, ya sean físicos o psicológicos, crear para el lector un mundo imaginario pero verosímil, hacerle soñar, llevarlo a los confines en donde se desdibujan las fronteras entre lo verdadero y lo ficticio, es una de las cualidades más poderosas de un narrador. Construir atmósferas psicológicas, expresar los recovecos más profundos del alma humana, tal como hicieron los grandes narradores rusos, León Tolstoi, Fiódor Dostoievski, Anton Chejov, Iván Turgeniev, Máximo Gorki, Borís Pasternak, constituye una cima en el arte de la escritura.

 

Herramientas del escritor (V): el diseño de los personajes.

 

5. Diseñar personajes auténticos, poderosos y convincentes:

En sus 8 reglas para escribir ficción, el escritor americano Kurt Vonnegut aconseja:

“Dale al lector al menos un personaje con el que él o ella se pueda identificar”.

images_10Porque los personajes son la pieza fundamental e ineludible de cualquier narración. Ellos han de ocupar el centro de la escena, tomándola por derecho propio; deben actuar, sentir, llorar y reír, con la mayor intensidad posible, como si quisieran aferrarse a la vida con dentellada fiera, temiendo un final agónico o una vida efímera. El narrador, a menudo proyecta sobre ellos la pujanza de sus emociones, su ternura y calidez, la angustia de sus momentos más tristes y punzantes, toda la fuerza de su temperamento, de sus creencias y convicciones. Les transfiere la vida que corre por sus venas, como si se tratara de sus propios hijos, a los cuales desea alumbrar con todo su esfuerzo y dedicación. Porque ellos son el legado de los sueños más profundos del escritor, de la vida que no ha vivido, de los anhelos que se quedaron en el camino, pues todos los mundos posibles que nunca fueron, pueden resucitar en manos de los personajes que él alienta.

Un escritor podrá crear personajes poderosos, vibrantes, esforzados, que no conozcan los tiempos muertos ni se rindan ante ninguna adversidad, o bien, pusilánimes, melancólicos, egoístas, intrigantes, pero sobre todo han de ser creíbles y auténticos. En realidad, los relatos admiten cualquier tipo de personaje, pero los grandes escritores no; ellos tan solo apadrinan a los que logran tener vida propia.

Entonces, hay que recomendarle a todo aprendiz de escritor que escuche aquello que tienen que decirle los personajes y permita que se expresen con su voz; ha de dejarles relatar sus conflictos, sus miserias y bondades, ayudándoles a descubrir sus propios miedos —que no han de ser los suyos—, conduciéndolos, tan solo, a donde necesitan ir.

Al respecto –aunque se refiera al cuento— aconseja Horacio Quiroga en su Decálogo para escritores:

“Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.

Ramón Sanchis Ferrándiz ©

Herramientas del escritor (IV): el lenguaje figurado.

Libros en la playa

4. El lenguaje figurado; simbolismo y significado oculto de las palabras:

El lenguaje literario utiliza como herramienta las palabras, pero debemos advertir que ellas albergan más de un significado. El significado objetivo que se les atribuye a las palabras (su denotación), no siempre coincide con el mensaje que ellas trasmiten, dado que esconden un significado variable y subjetivo (su connotación), el cual depende de la intencionalidad del autor (tal ocurre en las frases con doble sentido, la ironía, etcétera). Por ello decimos…

Daniel es un lince”; “a este chico le falta un tornillo”…

Por tanto, más allá de su significado objetivo o aparente, el lector ha de saber interpretar la connotación de las palabras, en virtud del contexto en que se hallan y de las semejanzas reales o imaginarias que encierran. Tal ocurre, por ejemplo, en el lenguaje figurado, que va más allá del sentido literal de las palabras para cargar de expresividad y belleza las palabras habituales (metáforas, comparaciones o símiles, metonimia, hipérboles, sinestesia, alegorías, paradojas, analogías, énfasis, hipérbaton, eufemismos, personificaciones, cosificaciones, metáforas de situación, etcétera), así como en el lenguaje simbólico (cargado de símbolos, leyendas, mitos, etcétera).

He aquí un ejemplo de lenguaje figurado que nos ofrece Ernesto Pérez Zúñiga, Premio Torrente Ballester del año 2014, en su obra La fuga del Maestro Tartini:

“…Contemplé la ciudad rojiza, felina, el lomo erizado de torres”.

Porque una ciudad puede tener muchos apelativos, pero solo ante la mirada vigilante de un escritor la ciudad aparece como un felino recostado cuyas torres se levantan sobre su lomo, al igual que la pelambre de un animal cuando se eriza.

También dirá Gabriel García Márquez:

“Tuvo que remontar los afluentes de la memoria”

Y entonces el lector —a sabiendas de que la memoria no tiene afluentes—, recurre a una interpretación figurada de dicha metáfora.

En el lenguaje figurado o imaginario, el escritor puede utilizar diferentes figuras retóricas (o recursos literarios) que ya han sido citadas en los temas dedicados a Escritura Creativa. Por otra parte, algunos textos se presentan también, cargados de un contenido simbólico, ya sea expresado de un modo aparente o explícito:

“El espíritu duerme en la roca, sueña en la flor, despierta en el animal y es consciente de que está despierto en el hombre” (Máxima extraída de la Revista Esfinge Digital).

Esta es, por tanto, una herramienta utilizada por el escritor que realza el sentido estético de un escrito y puede dotarlo de una gran profundidad, porque ofrece múltiples significados.