Jakob von Gunten – Robert Walser

 

Reseña realizada por Ramón Sanchis Ferrándiz.
   Reseñas

En esta novela de Robert Walser, Jakob von Gunten, un muchacho de una familia aristocrática llega al Instituto Benjamenta, un prestigioso centro educativo, dispuesto a labrarse un futuro. Sin embargo, pronto descubre que aquella rancia institución no se corresponde con sus aspiraciones. Sus notas, cargadas de reflexiones y recuerdos, componen una imagen clara y vívida de los días pasados en aquel internado, situado en el corazón de una gran ciudad centroeuropea y de un gran imperio ya desvanecido, a comienzos del siglo XX.
En el Instituto, regentado por los hermanos Benjamenta, los alumnos viven en régimen de internado. Allí se les educa para ejercer como sirvientes en cualquier casa de familia distinguida. El orden, la paciencia y la disciplina, son los pilares sobre los que se asienta la educación que reciben los chicos, que pretende forjar en ellos un sólido carácter y cultivar los valores morales: la modestia, humildad, la moderación. Sin embargo, cita Jakob: “La enseñanza que nos imparten” “consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí. Pero ¿qué ventaja se obtiene de ella? ¿A quién dan de comer las conquistas interiores? A mí me encantaría ser rico, pasear en berlina y malgastar dinero”.
En realidad, la educación que reciben no es tal, sino apenas centrada en las normas de la escuela y modales: “Nosotros, los alumnos o internos, tenemos muy poco que hacer, casi no nos dan tareas. Aprendemos de memoria el reglamento que rige aquí dentro. O leemos el libro ¿Qué objetivo persigue la escuela de muchachos Benjamenta? (…) las lenguas extranjeras o asignaturas similares no figuran en nuestro plan de estudios. Solo hay un curso único que se repite constantemente: ¿Cómo debe comportarse un muchacho? Y toda la enseñanza, en el fondo, gira en torno a esa pregunta. Conocimientos que se nos imparten ninguno”.
Los profesores de aquel centro cada vez eran menos diligentes y motivados: “… falta personal docente, es decir que los señores educadores y maestros duermen, o bien están muertos, o lo están solo en apariencia, o quizá se han petrificado, lo mismo da; el hecho es que no nos aportan realmente nada”. Tan solo las clases impartidas por su hermana, Fräulein Lisa Benjamenta “son dignas de consideración” para los muchachos. Incluso el director, Herr Benjamenta, pasaba su tiempo sin prestarles atención, leyendo el periódico, “rumiando y rezongando. ¿En qué pensaría este hombre cuando decidió fundar el Instituto?”. Sí, apenas servía como un Hércules fornido que imponía pavor entre sus alumnos, pues sofocaba cualquier conato de rebelión con unas buenas palizas, “Y Dios sabe si me han llovido palizas! Palizas dada por él”, comenta Jakob.
Y a pesar de que en el Instituto Benjamenta la ociosidad no es un valor, ni una actitud recomendable para la formación del carácter, “Estamos condenados a extraños periodos de ocio, que a menudo duran medio día”. Los muchachos pasan la mayoría del tiempo en sus habitaciones: “Allí tumbados, nos contamos largas historias, historias de vida, es decir, vividas, pero mucho más aún historias inventadas, cuyos hechos solo existen en la fantasía”. Y desde aquellas celdas mínimas, imaginan con nostalgia la vida de la calle: “…el estrecho y oscuro cuartito se ensancha y van surgiendo calles, salones, ciudades, castillos, personas y paisajes desconocidos, se oyen sueños y susurros, conversaciones, llantos, etc.”. Algunos alumnos, tal es el caso de Tremala, tienen intenciones impúdicas y asaltan a los compañeros buscando placer, o bien, al igual que Fuchs, son oblícuos, tortuosos, antipáticos… “habla como un volatín fallido y se comporta como una gran improbabilidad amasada en forma humana”. Otros, como Peter el larguirucho, alto y desgarbado, pecan de divertidos y son nobles de corazón, aunque, en palabras de Jacob, “al parecer ha ingresado en el Instituto Benjamenta sólo para brillar en él con sus deliciosas boberías”.
Cuando nuevos alumnos llegan allí, todo les parece nuevo y un tanto hostil: el director les requisa el dinero que tengan, han de cuadrarse ante él al estilo militar —haciendo crujir los talones—, vestir con el uniforme del centro, con la raya y el peinado igual, no mirar hacia el frente sino con la vista baja y reconcentrada, no divagar ni fantasear… Y, ¡hay que decirlo, todo son reglas! En el comedor, algún veterano compañero como Kraus siempre está dispuesto a exigir: “Te has de comer sin rechistar todo lo que hay en el plato”. El reglamento así lo obliga, lo cual parece ser un antídoto contra el orgullo personal. Sin duda, Kraus es el alumno modelo, el preferido de los maestros, dice Jakob: “Anhela ser criado “convertirse en el sirviente fiel de algún señor, tarea a la que parece predestinado por su buen corazón. Será un criado estupendo, pues no solo su físico se aviene con esta profesión de la humildad y la entrega, sino que también su alma, su naturaleza entera, toda la persona humana de mi compañero tienen algo de servil en el mejor sentido del término”.
Este es nuestro código: “A decir verdad, no deberíamos tener ojos, porque los ojos son curiosos y descarados, y el descaro y la curiosidad son condenables desde casi cualquier perspectiva sana (…) Bastante divertidas son nuestras orejas escolares. Apenas se atreven a escuchar, a fuerza de estar tensas y a la escucha (…). Lo más adiestrado en nosotros es, sin embargo, la boca, siempre dócil y devotamente fruncida”, Pues según el reglamento: “Una boca abierta es un hocico, y nada más que un hocico”, y cada uno de nosotros lo sabe bien, afirma Jakob. “Los labios no deben brillar ni florecer lascivamente en su cómoda posición natural, sino que han de mantenerse fruncidos y apretados en señal de enérgica renuncia y expectativa”. Lo cual les daba “el feroz aspecto de un suboficial en jefe”. Porque los que obedecen sin hallar sentido a lo que hacen, suelen acabar siendo una copia de sus mandos, aunque “un criado no tiene más opción que adoptar las máscaras y modales de sus amos para, digamos, perpetuarlas de buena fe”.
Los alumnos hacen las tareas del centro, porque ese es su deber y así lo dicta el reglamento: “Cada cual tiene una pequeña tarea, cada cual arregla algo”. “Aunque ninguno sepa a ciencia cierta por qué habría de serlo. Obedecemos sin pensar en lo que algún día pueda resultar de toda esa obediencia irreflexiva”. “Los alumnos limpiamos y fregamos el aula el aula con jabón y agua caliente (…) y para realizar ese trabajo de criadas, cada uno se ata a la cintura un delantal, prenda que al evocar la femineidad nos da a todos, sin excepción, cierto aire ridículo”. “Pero la alegría es general en esos días de limpieza”.
Tal como atestiguan algunas fotos antiguas en que aparecen muchos más alumnos en un curso anterior, bajo la foto del Emperador y la emperatriz del imperio austrohúngaro, “el Instituto Benjamenta parece haber gozado, en otros tiempos, de más fama y popularidad”.
La enseñanza que allí se recibe comprende dos partes bien diferenciadas, una teórica y otra práctica. La primera, basada en el aprendizaje de memoria de todas las tareas. La segunda, “consiste en la incesante repetición de una especie de baile o de gimnasia” que enseña cómo entrar en una habitación, cómo saludar, el trato con las mujeres, y otras cosas similares. Y todo ello, nos dice Jacob, parece absurdo, pero tiene un significado oculto: “Nos quieren formar y modelar, no atiborrarnos de conocimientos. Nos educan obligándonos a conocer punto por punto la naturaleza de nuestra propia alma y de nuestro propio cuerpo”.
De esa educación resultaban “personas apocadas, aunque no intimidadas”. “Nos inculcan que adaptarse a unos cuantos valores firmes y seguros tienen un efecto benéfico”. “La ley que ordena, la coacción que obliga y las numerosas e inexorables reglas que nos prescriben la orientación y el gusto: eso es lo grande y no nosotros, los alumnos. (…) Todos tenemos la impresión de no ser más que pobres enanitos dependientes, sometidos a una obediencia perpetua. Y así nos comportamos, humildemente, pero con absoluta confianza”.
En palabras de Jakob se diría: “Nuestra fe en nosotros mismos es nuestra modestia”. “Conocemos muy mal el mundo, pero ya lo iremos conociendo al estar expuestos a la vida y sus tormentos. La escuela Benjamenta es la antecámara que conduce a los aposentos y fastuosos salones de la extensa vida”.
En suma, una novela magnífica que expresa con un lenguaje intimista, estético y preciso, la atmósfera de un internado y la educación a primeros del siglo XX, cuya visión educativa, tan distante a la actual, se desvanece en el tiempo.
  • Jakob von Gunten, de Robert Walser. Editorial Siruela. Contemporánea. Junio 2017.
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Instrucciones para John Howell – Julio Cortázar

Reseña realizada por Ramón Sanchis Ferrándiz, publicada en “El Libro Durmiente” el    en la categoría Reseñas. Publicada por primera vez en en el blog de la Escuela de Escritores.
Este relato de Julio Cortázar, Instrucciones para John Howell, es en apariencia uno de los menos interesantes que se recogen en el libro Todos los juegos el fuego, pero está cargado de simbolismos y varios niveles de interpretación. De entrada, el autor nos advierte de que “un teatro no es más que un pacto con el absurdo, su ejercicio eficaz y lujoso”, por tanto, conviene leerlo con esta perspectiva, teniendo en cuenta que allí se entremezcla la ficción, lo onírico, lo simbólico y la realidad.
El personaje principal, Rice, es un espectador que asiste en Londres a una representación teatral bastante “aburrida y mediocre”, en la que una mujer, Eva, engaña a su marido, Howell. Tras el primer acto, tres personajes extraños —que parecen dirigir la compañía— le invitan a integrarse en la obra representando el papel del marido, Howell. Nuestro personaje, se muestra perplejo ante aquella propuesta: “No entiendo”, dice Rice. “Casi mejor”, le contestan ellos. “En estos momentos el análisis es una desventaja”, afirman los hombres grises. Y Rice, acepta participar en tal juego. Entonces, lo acompañan por unos pasillos hacia la biblioteca, en donde le indican las reglas que ha de seguir en su actuación, lo maquillan y lo dirigen hacia el escenario. “Pero yo no soy un actor”, replica Rice. “Precisamente por eso” le contestan. Y de este modo, Rice, dejará de ser un mero espectador para tomar parte en la obra de teatro. No parece vital que deba ser un buen actor, sino que represente la propia obra como ya sabe, mostrándose como es, un anodino personaje extraído del montón, un cualquiera, un don nadie tipo.
En el segundo acto, la actuación de Rice representando a Howell se limita a seguir el hilo de la conversación, contestando de un modo insulso, sentado en un sofá mientras toma el té y observa el auditorio. Rice siente que se engaña al público al colocar a un actor no cualificado para la representación, sin embargo, los tres hombres de la compañía alaban su actuación y Rice se deja llevar por ello. Sin embargo, cuando al final de este acto Eva le ruega al oído en voz baja: “No dejes que me maten”, “Quédate conmigo hasta el final”, tomará conciencia real de que algo se esconde tras el aparente sin sentido de aquella representación. Rice desconoce lo que ocurre, ni quién es esa mujer, ni si en realidad la van a matar, pero esta súplica, esta nueva realidad moral, actúa como una llamada a la acción en su interior. Él no es responsable de tal hecho, pero entiende que no puede quedarse quieto. Entonces, asume su papel heroico, comprendiendo que no puede seguir comportándose como un muñeco movido por las circunstancias.
Antes del tercer acto los hombres grises le entregan a Rice las “Instrucciones para John Howell”, en las cuales se le obliga a seguir unas reglas de actuación prefijadas contra las que él se rebelará, pues comprende, que la invitación inicial a participar en la obra se convierte en una coacción sutil. Entonces, Rice, intentará cambiar la actuación que corresponde a su papel, comunicarse con Eva, defenderla, pese a la oposición del resto de los actores y el descontento de quienes dirigen la obra. Pero todos sus esfuerzos por romper la obra serán en balde y, finalmente, es expulsado del teatro por la puerta trasera. Sin embargo, Rice, a quien no le interesa esa obra, decide volver a su lugar en la platea para ver el final de la obra, comprobando que, el actor que interpretó el papel de Howell en el primer acto le había sustituido, y ciertamente, Eva muere envenenada en el escenario. Entonces Rice decide huir hacia Southwark por el puente de Blackfrias, mientras es perseguido por alguien. Allí encuentra al actor que representaba a Howell. Ambos huyen, y cuando Rice le pregunta por qué huye, por qué ha muerto Eva, él le confiesa que también intentó salvarla, pero dice: “Qué importa, si siempre se salen con la suya”, “Siempre ocurre lo mismo
Rice, pasa de espectador a actor. Al principio se deja llevar, pero poco a poco pretenderá desmontar la mentira que se representa. En este punto, el texto de Cortázar apela a la conciencia del espectador (o del lector de cualquier relato) para que indague siempre en la obra que se le ofrece, buscando el contenido profundo que se encierra más allá de lo aparente. Esa toma de conciencia, lleva a Rice a rebelarse contra el absurdo. En algún momento tendrá que abandonar su pasividad y conformismo, su indolencia ante las fuerzas que le empujan en cualquier dirección, a fin de convertirse en alguien proactivo que toma decisiones concretas sobre sus actos. Tal vez, Cortázar pretenda mostrar en este relato la necesidad de ser no un mero espectador, conformista e indolente, sino un verdadero actor en el teatro de la propia vida, evitando pasar de puntillas por ella.
El texto presenta también, una crítica velada a las obras de teatro cuyas tramas nada aportan, obras que no demandan ningún esfuerzo por parte del espectador para entenderlas, que pueden ser representadas por cualquier tipo de actor. A Rice no le cuesta mucho convertirse en Howell, porque es un personaje tan anodino y mediocre como él. Porque Howell es el alter ego en el que Rice puede verse reflejado. Sin embargo, la transformación de Rice le llevará a plantearse cuestiones y actitudes menos banales.
Cuando Rice es empujado a representar la obra en el escenario, califica el espacio del auditorio como “la gran caverna, algo como una gran respiración contenida, eso que después de todo era el verdadero mundo”. A mi entender, Cortázar, hace referencia aquí al Mito de la caverna (1) platónico, en que sombras e imágenes ficticias hacen creer a los espectadores que se encuentran ante la realidad, aunque tan solo sean un simulacro de ella. Solo quienes descubren los engaños de esas representaciones, dirá Platón, al salir al exterior de la caverna podrán reconocer la verdadera realidad y enseñarla después a otros. Para ello, quienes logren descubrir la verdad, renunciando a su egoísmo, volverán a entrar en la caverna para mostrarla a los demás (tal como hace Rice). Rice quiere cambiar esas reglas fundamentales que se le entregan aunque no le sea posible; quiere ayudar a otros, aunque nada sepa de sus vidas; se siente responsable de esa situación y por eso huye, aunque él no haya matado a nadie, pero todo aquel que sabe lo que la trama de la vida encierra, siempre es perseguido.
De algún modo, la caverna de Platón representa también el teatro y el cine moderno, pues la caverna es esa representación artificiosa que nos muestra una faceta distorsionada (y a veces manipulada) de la realidad. Tras ella, “los amos de la caverna”, esos hombres grises, manipulan los hilos de quienes se prestan al juego. ¿Acaso no semejan esos tres hombres grises a las Parcas que cita Platón en el Mito de Er (2), aquellas que dictan el destino de los hombres en sus múltiples vidas? ¿No son ellos quienes entregan los papeles (con las instrucciones) que aquellos que van hacia la vida habrán de seguir? ¿No se dice en la obra que hay unas bases fijas que son inamovibles (¿destino?) y otras que podemos alterar en cierto grado, que dependen de la naturaleza y el azar (¿libre albedrío?)? ¿No le dice Howell a Rice que “siempre ocurre lo mismo”, que aquella representación ocurre repetidas veces? ¿Cuántas representaciones habrá visto Howell para afirmar eso? Acaso ¿muere repetidas veces la mujer? ¿Siempre ha de salir corriendo Howell del teatro?
Se desprende del relato la necesidad de abandonar la etapa de espectador inconsciente de la vida para ser conscientes de la senda evolutiva que recorremos. El teatro no es sino una gran caverna en la que se proyectan imágenes, una burda representación de la vida, una quimera que nos enseña a reconocer nuestro papel en la vida; papel que ensayamos una y otra vez hasta entenderlo. Y la vida, acaso no sea sino una posibilidad de representar diversos papeles hasta comprenderlos y alcanzar la sabiduría. Por ello, al llegar a “la otra orilla” del rio (¿el rio del olvido, el Leteo?), antes de separarse de Howell y perderse cada uno en su propio laberinto de callejas, Rice le suplica: “No me dejes ir así”, “No puedo seguir huyendo siempre, sin saber”. ¿Siempre?
Sin duda, en el texto Cortázar plantea todo un cúmulo de enigmas al más puro estilo kafkiano, seguramente, sin intención de querer explicarlos, sino tan solo exponerlos. Porque esa incertidumbre, esa avalancha de significados posibles que nos vienen a la imaginación, hace de este relato uno de los más profundos de toda su obra.

Notas:

(0) Todos los fuegos el fuego. Julio Cortázar. De Bolsillo. Contemporánea (2016). ISBN 978-84-663-3187-6.
(1) Capítulo VII. La República. Platón (1997). CEPC. Madrid. ISBN84-259-1037-4.
(2) Capítulo X. La República. Platón (1988). En su: Diálogos IV (Traducción y notas de Eggers Lan, Conrado). Madrid: Gredos.

El proceso – Franz Kafka

Reseña realizada por Ramón Sanchis Ferrándiz.
Se dice que esta magnífica obra literaria de Franz Kafka no está acabada, pues su amigo, Max Brod, la compuso juntando las notas dejadas por su autor, sin tener una guía cierta de la prelación de sus capítulos. Tal vez por ello, el proceso seguido contra Joseph K. que se nos muestra en esta obra, no llega a las Altas Instancias del Tribunal y parece no terminar nuca. De ahí la solución que el pintor oficial de los jueces, Titorelli, le propone a Joseph K: “Quizá le convenga más el aplazamiento indefinido”.
En la obra se muestra la angustia de K. (Joseph K.) al verse sometido a un proceso en el que no puede llegar a conocer de qué se le acusa. F.Kafka nos presenta la gran maquinaria judicial que va anulando la voluntad del acusado, minando sus deseos y su libertad psicológica, destruyendo su confianza en sí mismo, humillándolo hasta el extremo de degradarse, procurando su entrega y total sumisión al proceso. El hombre, el acusado, acaba siendo parte de una gran máquina, es triturado por ella, pero a su vez, forma parte de ella.
Los guardianes no conocen a otros guardianes situados más hacia el interior de la Ley, en puestos más relevantes; los jueces subalternos no conocen a sus jefes jerárquicos, ni estos a los grandes magistrados, los Jueces superiores. Todo es un engranaje jerárquico que llega hasta lo infinito.
“¿De qué se asombra?”, le dice el pintor cuando tras una puerta situada junto a su cama hace pasar a K. por un corredor. “Son las oficinas del Tribunal (…) La Justicia tiene oficinas situadas en casi todos los desvanes”, como un monstruo que se ramifica sin parar. Es una representación de la hidra de la “burocratización” de comienzos del siglo XX. Y el hombre como máquina de deseo enfrentado a ella.
Hay indudables paralelismos con la vida de Kafka, pues él también se siente inmerso en un mundo absurdo que somete al individuo, lleno de leyes, normas y tradiciones injustas, juzgado por un tribunal desconocido. K. está muy influenciado por su niñez, en la que el padre murió pronto y la madre no se prodigo en mimos ni ternura con su hijo, al igual que le ocurrió a Franz Kafka. Siendo el hijo mayor, su padre quiere que se haga cargo de la fábrica de asbestos, pero Kafka no lo acepta, pues sabe que no podrá dedicarse a escribir. No ha hecho nada malo, pero es repudiado por su entorno familiar, lo cual queda reflejado también en su libro La metamorfosis, en que el personaje Gregor Samsa, de la noche a la mañana se transforma en un monstruoso insecto.
Y al final, en la obra, Kafka hace morir a K. asesinado en una cantera próxima a la ciudad, a mano de dos sicarios, con un vulgar cuchillo de carnicero: “«¡Como un perro!», dijo; fue como si la vergüenza debiera sobrevivirlo”. Y aquel proceso injusto, sin garantías ni notificaciones, sin documentación ni testigos, sin haber podido ver nunca al juez superior ni al Alto tribunal, es el reflejo de la administración decadente del imperio Austrohúngaro que Kafka conoció, la cual gobernaba por decreto y sin que el pueblo conociera las leyes promulgadas. Y más grave aún: antesala de lo que sucederá en Europa veinte años después con el Holocausto.
El texto de Kafka tiene la habilidad de sembrar la duda sobre la culpabilidad de K., dado que a muchos lectores les parece improbable que se acuse a alguien que no ha hecho nada, o tal fuera denunciado por algún motivo que no recuerda. Incluso, le asaltan tales dudas a personaje, Joseph K., puesto que se encuentra tan presionado por el proceso que, un instante antes de morir, aún se atormenta pensando si debía haber hecho algo más para defender su inocencia: “¿Cabía esperar ayuda aún? ¿Había objeciones que se hayan olvidado?”. Sin duda, tiene la gran propiedad de situarse entre lo real y lo fantástico.
Las descripciones de los lugares son oscuras, agobiantes, sin ventilación ni luz natural, con corredores largos y extraños, en donde el aire viciado es agobiante, pues el autor busca transmitir esa sensación de angustia y desasosiego que siente el protagonista por verse frente a una acusación injusta. Esa impresión se trasmite cuando se describen las oficinas que se encargan del proceso de K. situadas en un barrio marginal:
“Era un largo pasillo, desde el que una serie de puertas toscamente acabadas conducían a las distintas dependencias del desván. A pesar de que la luz no llegaba directamente, no estaba por completo oscuro, porque algunas dependencias no estaban separadas del corredor por paredes uniformes hechas de tablas, sino simples rejas de madera que, por otra parte, llegaban hasta el techo; a través de ellas entraba un poco de luz y se podía ver también a algunos empleados que escribían en mesas o estaban de pie junto a la celosía, observando por los intersticios a la gente que esperaba en el corredor”.
Y también al describir la vivienda del pintor Titorelli dice: “En el tercer piso tuvo que moderar el paso, estaba totalmente sin aliento; tanto los escalones como los pisos eran desmesuradamente altos y, al parecer, el pintor vivía en lo más alto, en una buhardilla. Además, el aire era muy sofocante, no había hueco en la escalera, sino que los estrechos escalones estaban cerrados a ambos lados por paredes, en las que solo de vez en cuando y muy en alto se habían practicado ventanas”. Y ya en la casa dirá: “(…) nunca pensó que se podría llamar estudio a aquel cuartito miserable. Apenas se podía dar más de dos zancadas a lo largo y a lo ancho. Todo, suelo, paredes y techo, era de madera, y entre las tablas se veían pequeñas grietas. Frente a K., contra la pared, estaba la cama, cubierta de ropa de cama de distintos colores (…). Detrás de K. estaba la ventana, a través de la cual, en la niebla, no se podía ver otra cosa que el tejado cubierto de nieve de la casa vecina”.
Aparecen también distintos escenarios en que se desarrolla la novela que corresponden a barrios marginales, que se describen como sombríos, grises, “con casas oscuras, calles llenas de una suciedad que se desplazaba lentamente sobre la nieve fundida”, “ratas que salen huyendo hacia al canal cercano”, sometidos “al ruido ensordecedor de los talleres próximos”, etcétera.
Las dependencias donde se instruía el proceso eran tan insalubres que K. se sintió mareado mientras esperaba en los pasillos a ser atendido. Al reponerse, dos funcionarios lo acompañaron hacia la calle, aunque ellos “acostumbrados al aire de las oficinas, soportaban mal el aire relativamente fresco que venía de las escaleras. Apenas podían responder, y la muchacha se hubiera desplomado quizá si K. no hubiera cerrado la puerta con rapidez”. Pues lo beneficioso para unos no lo es para quienes están acostumbrados a lo contrario. De ahí que se diga también en otro pasaje de la novela que “la tradición es que la ropa blanca pertenece a los guardianes, siempre ha sido esa, creedme; al fin y al cabo, es comprensible”
Kafka utiliza también algunas alegorías, como la pintura que hace Titorelli sobre la Justicia, en donde aparece ataviada con la venda en los ojos y la balanza en sus manos, pero con alas en los talones y corriendo. “Sí”, dijo el pintor, “tengo que pintarla así por encargo; en realidad es la Justicia y la diosa de la Victoria al mismo tiempo”. A lo cual replicó K. sonriendo, “No es una buena combinación”, “la justicia tiene que reposar; si no, se moverá la balanza y será imposible una sentencia justa”.
Y sin duda, uno de los pasajes más impactantes del libro es la alegoría del Guardián de la ley que narra el enigmático sacerdote de la Catedral que dice ser un miembro del Tribunal. En ella se expone lo sucedido cuando una persona que proviene del campo le pide al guardián acceso a la Ley. Allí se expone el código ético que sigue un guardián de la puerta, su actitud moral, aquello que puede conceder o no, sus reflexiones y respuestas.
El sentido general que la obra nos trasmite es la de que un individuo inocente puede caer bajo las redes de la justicia sin saber de qué se le acusa ni qué hizo en realidad para ser llevado ante los tribunales: “Una organización que no solo emplea guardianes corruptos, inspectores ridículos y jueces de instrucción que, en el mejor de los casos son mediocres, sino que mantienen a unos jueces de grado superior y supremo, con su séquito innumerable de ujieres, escribientes, gendarmes y otros ayudantes; incluso tal vez verdugos, no me asusta la palabra. ¿Y cuál es el sentido de esa gran organización, señores? Consiste en detener a personas inocentes e instruir contra ellas procesos absurdos y la mayoría de las veces, como en mi caso, sin éxito”. Y, por ende, el individuo se encuentra desvalido frente a la arbitrariedad de los poderes públicos, cuyos mecanismo pueden fallar, ya sea por algún interés particular, por desidia o corrupción.
La presenta novela tiene la propiedad de situarse entre lo real y lo fantástico. Kafka supo dibujar el mundo moderno y postmoderno que vendría después, su inconsistencia y falta de ética.

“Mujeres que compran flores”, de Vanessa Montfort (Reseña lit.)

El viernes 12 de mayo de 2017, a las 20h, la autora Vanessa Montfort presenta su maravilloso libro “Mujeres que compran flores” en el Centro Imaginalia, en una actividad organizada por el Foro Literario de El libro Durmiente. Se adjunta el enlace con la Reseña del libro…

9 Mayo, 2017Reseña realizada por Ramón Sanchis:
Editorial: Plaza y Janés. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U. ISBN: 978-84-01-01730-8;    DEP.LEGAL: B-15.457-2016. Páginas: 445 páginas.   Año: 2016.
Vanessa Montfort, es una escritora al alza que se encarama a los primeros lugares del panorama literario español, indefectiblemente, con pasos firmes, reclamando aquello que merece por derecho propio. Su modo de escribir aporta sensibilidad, frescura, introspección psicológica, imaginación, humor, un análisis de la condición humana que no elude dar opiniones valientes sobre la realidad de nuestro mundo, aportando a cambio, una visión ética, cargada de un idealismo pragmático y sincero.
El libro que comentamos, Mujeres que compran flores, presenta de un modo magistral la vida de cinco mujeres que giran en torno a Olivia, una dama enigmática y fascinante que regenta la floristería El jardín del Ángel, en pleno Barrio de las Letras de Madrid. A través de esta obra, su autora nos presenta distintos aspectos o categorías de la psicología femenina, y por contraparte, la de otros tantos tipos de hombres con los que ellas se relacionan.
La protagonista de la historia, Marina, tras la muerte de su marido, decide mudarse al barrio en que vivieron los grandes literatos españoles, cerca de la floristería. Cuando ella asoma por la tienda, Olivia decide tomarla como ayudante… Y a la par que Marina descubre el carácter y los problemas personales de las diversas mujeres que compran flores, comienza a restañar sus heridas. No en vano dirá Olivia… “a mí siempre me gustaron las personas con cicatrices”.
Al igual que el proceso que sigue la crisálida para dar lugar a la efímera belleza de una mariposa, Marina, acostumbrada a vivir como “copiloto” de su marido, irá afirmando su carácter, desarrollando su nobleza y fuerza interior, aprendiendo a gobernar su vida, integrándose en un grupo de amigas que a la postre serán inseparables, cuyas transformaciones humanas discurrirán en paralelo.
Varias mujeres, frecuentan la singular floristería que antaño fue cementerio y en la cual fueron enterrados personajes ilustres. Todas ellas tienen una vida incompleta, arrastran frustraciones y complejos, miedos e insatisfacciones… Pero todas se solazan en la tranquilidad de su trastienda y sus parterres, se arrellanan bajo las ramas de su olivo centenario, encontrando la protección de Olivia —esa hada madrina que parece tener la misión de ayudar siempre a los demás—. Ella las reúne y reconduce, las apoya y anima, insuflándoles sueños e ideales. Les recordará que el tiempo no espera, que las decisiones son perentorias, pues “el miedo conduce a la inmovilidad”. “El mundo necesita más Quijotes”, dirá Olivia, pues “Vivir es una tarea urgente” en la que convine “no dejar de soñar”.
Marina, viéndose reflejada en el comportamiento de aquellas mujeres, irá reconociendo sus propias limitaciones y carencias como persona. Pronto relativizará su dolor, enfrentando sus fantasmas y miedos, a fin de reconstruir su maltrecha personalidad. Con el paso del tiempo, de la mano de Olivia  descubrirá el lenguaje simbólico de las flores, ese saber perdido con el que las personas se transmiten mensajes secretos y buenos deseos, aprendiendo a leer en el corazón de los demás los sentimientos y estados de ánimo que nunca muestran, sus angustias y necesidades, a fin de ayudarles en su torpe caminar. De este modo, Marina, recogerá el testigo de Olivia, “porque el idealismo es contagioso”, aprendiendo a conducirse a sí misma y a ofrecer apoyo a quien lo precise.
Finalmente, se embarcará ella sola en un velero para cumplir una promesa hecha a su marido. En el imprevisible mar Mediterráneo, afrontará peligros, sentirá el embate de la tormenta, la angustia de la niebla y las diversas corrientes marinas en puja, para resurgir renovada tras su prueba iniciática, al igual que un Ulises que partiera en busca del ignoto occidente, de su Jardín de las Hespérides.
En esta y en otras obras anteriores, Vanessa Montfort ha demostrado que maneja como nadie los recursos y herramientas del buen escritor: una trama muy bien estructurada, que se desarrolla con intensidad creciente, manteniendo la intriga y la atmósfera de misterio; personajes intensos, bien delineados, con perfiles psicológicos descritos con maestría, que evolucionan a lo largo de la narración al compás de los sucesos… personajes creíbles, en los cuales, muchos lectores reconocerán verdaderos prototipos humanos; la intensidad de la acción y los diálogos inteligentes; el ritmo, la belleza y la calidez de la narración, las imágenes poéticas, la musicalidad de las palabras, siempre bien elegidas y certeras, junto a una profundidad reflexiva en sus máximas, ideas y observaciones, que aportan, no uno, sino muchos mensajes al lector.
En suma, una novela recomendable, brillante, entretenida, inteligente, de gran calidad literaria, que añade un nuevo eslabón a la cadena dorada que conforma la trayectoria de Vanessa Montfort.
La autora: Nacida en Barcelona (1975), aunque afincada en Madrid desde su infancia, es licenciada en Ciencias de la información, novelista y dramaturga. Esta es su cuarta novela, alcanzando en dos de ellas el Premio Internacional Ateneo de Sevilla, tanto en modalidad juvenil (con El ingrediente secreto en 2006), como en la de adultos (con Mitología de Nueva York, en 2010). Ya desde su etapa universitaria, dirigió tres obras de teatro, siendo invitada posteriormente a los cursos de la Royal Court Teatre en Londres. Ha escrito la primera versión teatral de La Regenta y el monólogo musical Sirena negra. Ha recibido dos encargos internacionales de obras teatrales, Chalk Land, y Balboa. Pertenece al colectivo artístico llamado Hijos de Mary Shelley, creado por Fernando Marías, y ha participado en la producción de la película Nuestros amantes, de M.Ángel  Lamata. Su obra narrativa y teatral figura en numerosas antologías y ha sido traducida a varios idiomas. Acumula ya varios premios relevantes: Premio Nacional Cultura Viva 2009, al autor revelación del año; la Orden de los Descubridores (de la Univers. St. John´s de Nueva York) y los citados Premios Ateneo de Sevilla.

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El Libro de los Baltimore – Joël Dicker (Presentación de libro).

 

Joël Dicker_Agencia EFE

Joël Dicker_Agencia EFE

Joël Dicker presenta su nueva obra, El libro de los Baltimore, de editorial Alfagüara.

El martes 24 de mayo, a las 18h, la editorial Alfagüara presentó el nuevo libro del escritor Joël Dicker, titulado El libro de los Baltimore (488 páginas, tapa dura). Para tal evento, realizado en L´Institute Français de Madrid, se contó con la presencia del prestigioso autor suizo (nacido en Ginebra en 1985), dada su implicación en divulgar la cultura francófona.

20160524_Joël Dicker_00Joël Dicker se dio a conocer en 2012, adquiriendo fama internacional cuando a sus 26 años publicó el libro La verdad sobre el caso de Harry Quebert, obra traducida a 33 idiomas que obtuvo el Premio de novela de la Academia Francesa (en 2012), cuyas ventas, en estos últimos 3 años, han superado los 3.000.000 de ejemplares. Es autor también de Los últimos días de nuestros padres, obra con la que consiguió el premio de Los libreros de Ginebra (en 2010).

Joël Dicker_03_20160524_LibroLa obra actual, afirma el autor, no pretende ser una continuación de La verdad sobre el caso de Harry Quebert, aunque reaparece su personaje Marcus Goldman. El autor nos dice que tenía una deuda con Marcus, dado que en la novela anterior no construyó un personaje con la debida profundidad, por lo que ha profundizado en sus raíces familiares y la evolución desde su infancia a la madurez.

En esta obra, ambientada en 2012, Marcus se plantea cuánto hay de cierto en la felicidad de los demás, a quienes, visto desde afuera, siempre parece que las cosas les van mejor que a nosotros. Tal es la impresión que tiene ante una rama de su familia, los Goldman de Baltimore, que ahora conoce mejor. Ha viajado allí para pasar los últimos momentos con su primo Hillel antes de que entre en prisión. A partir de aquí todo comienza a cambiar.

El autor, maestro en mantener la intriga en sus obras con varias tramas y subtramas cruzadas, afirma que El libro de los Baltimore, no es un thriller, aunque la crisis financiera provocada por la caída de la banca internacional, provoca que todo se salga de sus carriles. Las antiguas relaciones de amor y amistad, se verán trastocadas, destapándose entonces la competitividad entre los primos que antaño se llevaban bien, las envidias y recelos. Los personajes mostrarán entonces sus aspectos menos agradables, siempre caminando en el filo de la navaja. Como siempre ocurre, las situaciones extremas del exterior provocarán tensiones en la conducta interior. De nuevo, mediante los cambios cronológicos, el autor ha escrito una novela con fuerza, de intriga, un sólido drama familiar, en donde se encadenan la historia del presente (el Marcus Goldman de 2012) con otras dos historias que nos descubre el pasado (la de la infancia de su tío Saúl y su padre y la infancia y juventud de Marcus y sus primos Woody y Hillel).

Joël Dicker_04_20160524_con RS (b)A sus 30 años, Joël Dicker no se considera un escritor consumado, sino en construcción, aunque también cree que alcanzar el éxito no es sinónimo de que una obra no tenga calidad. Considera esta obra como un proceso, pues cada obra se construye de un modo diferente, artesanal, sin esquemas previos, y tratando de aprender a escribir. Afirma que no podría planificar una novela, sino que empieza a escribir tal cual, dejando volar la imaginación. Sin embargo, los personajes están ya en su cabeza y no le cuesta escribir sobre ellos, pues los conoce tanto como se conoce a los amigos; su carácter, sus reacciones, su forma de ser, son predecibles en su mente y puede reproducirlos.

Comenzó a escribir la novela de La verdad sobre el caso de Harry Quebert, sin estructurar ningún apartado, redactando 600 páginas de un tirón, pero siguiendo los consejos de un amigo, la dividió en capítulos.  En cada uno de ellos Joël Dicker propuso una idea, una recomendación sobre el arte de la escritura. Fue todo un éxito, pero afirma que la novela del siglo XXI seguramente no tiene por qué seguir los cánones y la estructura que tenían en el siglo pasado. Tal vez, nos dice, los escritores deban reunirse para intercambiar sus experiencias, encontrando una nueva forma de escribir novela, sin esquemas antiguos, con total libertad y atrevimiento… Sin duda,  tal como él escribe.

Estupor y temblores. Reseña literaria.

Esta reseña literaria, realizada por la escritora Inmaculada Marroquín, que se ha formado en el Taller de escritura de El Libro Durmiente, es a mi entender un modelo de síntesis y de visión profunda de la esencia de un libro. Añado a continuación el contenido del blog de ELD en donde apareció: 

http://ellibrodurmiente.org/estupor-y-temblores-amelie-nothomb/

Estupor y temblores – Amélie Nothomb

Reseña realizada por Inmaculada Marroquín:

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La relación de poder entre humanos es el tema central de esta novela de Amélie Nothomb y uno de los favoritos de la autora. Con estupor y temblores, título extraño donde los haya, debían presentarse los súbditos ante el emperador del Sol Naciente y con ese mismo protocolo la protagonista se despide de su superiora la señorita Mori, después de pasar doce meses en la multinacional japonesa Yumimoto.
Con hilarante crueldad describe la relación profesional que mantiene Amélie, una joven de origen belga de 22 años, empleada en el departamento de contabilidad de la compañía, con sus superiores: “El señor Haneda, que era el superior del señor Omochi, que era  el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superiora”. Contratada, supuestamente, por sus conocimientos del japonés y de la cultura occidental, su trabajo no va a resultar fácil, por ser mujer y por ser extranjera. Parece incluso, que a sus superiores les cuesta encontrar en qué ocuparla. Obligada primero a no entender japonés –su segunda lengua-, constreñida a trabajos absurdos –fotocopiar una y otra vez con precisión milimétrica el reglamento del club de golf de uno de sus superiores-, enfrentada a órdenes irracionales que no entiende, castigada por su competencia y declarada culpable del grave crimen de iniciativa, su  degradación no cesa: de la contabilidad a cambiar las hojas del calendario y servir el café, hasta el mantenimiento de los servicios de la planta cuarenta y cuatro.
Con ese trasfondo y mientras transcurre el año en Yumimoto, la protagonista entabla dos extrañas relaciones, la primera con su inmediata superiora por la que se siente una morbosa fascinación; y la segunda con el gran ventanal de los servicios de señoras por el que imagina lanzarse al vacío y diluirse en la gran ciudad.
La joven Amélie podría haberse despedido por las mortificaciones sufridas, pero en un intento de comportarse como lo haría una japonesa y evitar el deshonor que ello conlleva, toma la decisión de resistir y de paso devolverle la humillación a su inmediata superiora.
Un libro fascinante que se lee de un tirón, donde, con fina ironía y gran lucidez, la autora nos desgrana los recovecos más obscuros y sórdidos de las relaciones profesionales en una multinacional nipona: la jerarquía es lo primero y obedecer lo segundo. Cualquier intento de destacar o de individualismo es considerado como un acto de sabotaje a la empresa quien exige de sus empleados sumisión absoluta.
Nothomb plantea una demoledora visión de la sociedad japonesa rígida y constreñida, aterrorizada por la posibilidad de incomodar al otro y donde, además,  ser mujer es un gran inconveniente: “No: si por algo merece ser admirada la japonesa –y merece serlo- es porque no se suicida. Conspiran contra su ideal desde su más tierna infancia. Moldean su cerebro: «Si a los veinticinco años todavía no te has casado, tendrás una buena razón para sentirte avergonzada», «si sonríes perderás tu distinción», «si tu tono expresa algún sentimiento te convertirás en una persona vulgar», «si mencionas la existencia de un solo pelo sobre tu cuerpo, te convertirás en un ser inmundo»….Me resultaría imposible enumerar todas tus obligaciones, ya que no existe un minuto de tu vida que no esté regido por alguna de ellas.”
Amélie Nothomb, nació en Kobe (Japón) en 1967. Hija de diplomático belga creció en China, Estados Unidos, Birmania y  Bangladés. Volvió a Bélgica a los 17 años donde estudió en la Universidad Libre de Bruselas. Posteriormente regresó a Japón a trabajar como intérprete en una multinacional. Retorno finalmente a Europa dedicándose exclusivamente a la escritura. En la actualidad vive en París. Su primera novela Higiene del asesino, la convirtió en estrella de la noche a la mañana. Con Estupor y temblores fue Gran Premio de la Academia Francesa y Premio Internet. Es una de las autoras en lengua francesa más popular y con mayor proyección internacional. Destacan entre otras: Ni de Eva ni de Adán, Matar al padre, Ordeno y mando, Viaje de invierno…  En 2006 recibió el Premio Cultural Leteo, y en 2008 el Gran Premio Jean Giono, ambas por el conjunto de su obra.
En 2016 la editorial anagrama ha publicado su, hasta ahora, última novela: Pétronille.

El arte de ser escritor – Presentación de libro.

El arte de ser escritor – Ramón Sanchis Ferrándiz

el arte de ser escritor

TÍTULOS DE LAS OBRAS: El arte de ser escritor. EL último manual de escritura. TOMO 1: Escritura Creativa. TOMO 2: Técnicas de Escritura.

AUTOR: Ramón Sanchis Ferrándiz.

EDITORIAL: LIBRANDO MUNDOS SC.

AÑO DE EDICIÓN: diciembre 2015.

ISBN Nº.: 9788494477317  /  9788494477300.

Nº DE PÁGINAS: 296  / 319.

TEMÁTICA: Literatura española.

El arte de ser escritor se compone de dos tomos, los cuales incorporan como subtítulos: El último manual de Escritura Creativa(tomo 1) y Técnicas en su segundo volumen. El primer libro se estructura en treinta y dos temas dedicados a la escritura creativa más un anexo que incluye cuarenta y dos ejercicios de redacción. El tomo segundo, dedicado a las técnicas de escritura, se divide en veintitrés capítulos, más treinta y dos prácticas propuestas para asentar los conocimientos adquiridos en la parte teórica de los contenidos. En conjunto, un compendio de conocimientos útiles para lectores críticos y escritores noveles desarrollado en 615 páginas. La presentación amena de las explicaciones vertidas en cada apartado hace de esta obra un manual con el que se disfruta mientras se aprende.

La exposición de los temas se complementa con citas y una selección de textos cuyo origen se encuentran repartidos entre escritores de reconocido prestigio, autores cuyas novelas se han convertido en bestsellers  y otros pertenecientes a los alumnos de las diferentes ediciones del Taller de Escritura Creativa de El Libro Durmiente. Ramón Sanchis se ha mantenido al margen de prejuicios sin realizar cesiones a quienes se arroban el derecho de valorar qué obra es de calidad y cuál otra debe ser rechazada. Cuando se trata de ilustrar un contenido teórico, igual cita a Cervantes, Dostoievski, Tolstoi,  Shakespeare, Antonio Muñoz Molina, Don Brown, Joël Dicker o a alguno de sus alumnos, siempre que el texto ayude en la exposición del tema.

La lectura de estos tomos se puede realizar seleccionando los temas según criterios de preferencia o de forma íntegra (es aconsejable esta segunda opción), prestando atención a los conceptos e ideas que nos despiertan el interés. A continuación, conviene ubicarlos en un lugar accesible de la estantería donde recurrir en caso de duda. De tal forma, dispondremos en nuestra biblioteca de un preciado manual de consulta sobre cuestiones de estilo, recursos y técnica de escritura.

Es una obra total, una recopilación de los saberes requeridos para iniciarse con garantías y rigor en la escritura. Lo único que no aporta es el talento personal de cada uno: “… siempre se podrá mejorar la manera de escribir, aunque hay un sello personal en cada ser que difícilmente puede alterarse”.

Es también una obra valiosa para quien desea convertirse en un lector con criterio que aspira reconocer las bondades de un escrito. Se trata de un salto cualitativo que va más allá de la lectura pasiva que se realiza, tan solo, por entretenimiento. La lectura comprensiva de este manual capacita para identificar el tipo de narrador, la cualidad de un personaje, la estructura de la trama, reconocer la belleza estética de sus figuras literarias, identificar el tema y explicar, a la vez que explicarse con claridad, el argumento de una obra.

El Libro Durmiente ocupa un lugar destacado en esta obra. Ramón Sanchis ha contribuido significativamente en su desarrollo y, de forma simbiótica, se ha nutrido de experiencias y saberes literarios que, con posterioridad, ha sabido utilizar en los contenidos del manual.

Ramón ha volcado su experiencia y conocimientos en cada tema. En la obra es el profesor el que habla-escribe y el alumno el que escucha la lección mientras lee. En ocasiones se atisba al maestro solícito y atento que aconseja a su discípulo. Como podrá comprobar el lector, este manual no está escrito por un preceptor de lengua sino por el profesor de un taller de escritura. Atendiendo a la dimensión poliédrica del autor (cuya formación e intereses aúnan las facetas científicas y humanistas), en el presente manual encontramos:

  • Su naturaleza filosófica, cuando aboga por el compromiso y profundidad de ideas exigible al escritor en sus expresiones literarias.

  • Su condición técnico-científica, observable en la estructuración y composición de los temas, en su agrupamiento por materias similares, así como en el estilo descriptivo y expositivo que busca la precisión y claridad de sus explicaciones.

  • En su vertiente didáctica, nos encontramos al profesor que explica de manera comprensible los temas más arduos, mostrando al lector lo más significativo de cada materia. De tal forma, el lector-alumno puede seguir las clases a su ritmo según su disponibilidad de tiempo e intereses.

  • De su cualidad literaria destacamos su estilo sencillo y directo en el que cada palabra se inserta en el conjunto con la precisión de un relojero, logrando que su lectura sea ágil y entretenida.

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Estética sin ética no es una opción para el autor. Ramón Sanchis impele a sus alumnos a que elijan adecuadamente cada palabra de su biografía para convertirse en buenos escritores y mejores personas: “…desde nuestro enfoque humanista creemos que el escritor debe estar comprometido con el ser humano y la Naturaleza, con su tiempo histórico y sus gentes, tanto como ha de estar comprometido consigo mismo y los valores éticos”.

Sobre el vasto contenido de ambos volúmenes no es posible entrar en detalle dada la extensión de este artículo. Aún con todo, presentaremos algunos de los temas que en ellos concurren anhelando despertar el interés por su lectura.

Tomo 1

Este volumen está dedicado a las técnicas de escritura creativa y en él se analizan las técnicas narrativas: “la descripción, la creación de atmósferas y personajes, los tipos de narrador y sus puntos de vista; las diferencias entre relato, cuento y novela; el ritmo y el tono narrativo; la escena, la acción, los saltos temporales y reflexiones; el suspense y la intriga…”

En la “Introducción”,  así como en el Tema 1 “El arte de escribir” y en el 31 “El escritor comprometido” Ramón Sanchis sintetiza sus fundamentos acerca del noble arte de la escritura. Son sus capítulos más personales, imprescindibles si se quiere conocer al autor.

El apartado segundo de la Introducción del Tomo 1 (y más tarde en los Temas 3 “Uso inapropiado del lenguaje (I)” y 4 “Uso inapropiado del lenguaje (II)” del Tomo2) lo dedica a los “Errores frecuentes al escribir”. Es posible que, tras su lectura, el escritor novel sienta un cierto estupor: ¡No sé escribir! ¡Cuántos errores cometo! ¡Esto es muy difícil! En este punto se empieza a tomar contacto con la realidad, a la vez que permite esclarecer si el deseo de convertirse en escritor corresponde a un arrebato pasajero o representa un motivo existencial. En el segundo caso, se despierta un denodado ahínco por superar las propias limitaciones sabedores de que lo bueno está por llegar.

Tomo 2

Dedicado a las técnicas de escritura: “… se expone el modo en que se ha de planificar un escrito y su presentación ante una editorial, la estructura de frases y párrafos, el uso adecuado de conectores, verbos y signos de puntuación. Se analizan los errores frecuentes y usos incorrectos del lenguaje, los tipos de textos…”

En el Tema 1 del Tomo II “Planificar un escrito”, nos encontramos al autor metódico que plantea los elementos para la construcción de una estructura literaria sólida, capaz de soportar los vaivenes de la inspiración y las ausencias de las escurridizas musas.

El profesor insiste, reiteradamente, en que el estilo debe ser cuidado, sencillo, elegante y directo, aún se trate de un ensayo. Siendo así, podemos decir que Ramón predica con el ejemplo. Incluso en el Tomo 2, en el que se sirve de un lenguaje descriptivo y expositivo, se observa el esmero en las palabras elegidas en cada una de sus frases.

Muchos de los temas, en especial de este segundo tomo, sirven para actualizar conocimientos. Hay conceptos que se dominan de forma implícita aunque, probablemente, se habrán olvidado sus fundamentaciones teóricas. Releerlos ahora representa una ocasión para incorporar herramientas útiles, del tipo que hacen la vida (y sus escritos), más fácil.

Si existe un tema que resulta de especial importancia para los escritores noveles es el número 23 “El escritor y la editorial”. El contenido de este capítulo bien podría ser el propio de una Master Class impartida en el marco del Taller de Escritura. Leerlo, ahorrará esfuerzos y sinsabores innecesarios.

Cabría terminar el análisis de esta obra con una breve semblanza del autor. Quienes hemos compartido conversaciones, anhelos y proyectos con Ramón Sanchis sabemos de su inagotable generosidad. Esta obra es el resultado de sacrificar tiempo a asuntos personales, de reducir las horas de descanso y aminorar la ocupación en otros divinos ocios. Antes que el reconocimiento personal, Ramón ha estado animado por el ideal de una Escuela de Autores que pueda replicarse en otras ciudades. Para ello, para ellos, queda ahora este manual. Gracias por tus clases, por tus incontables idas y venidas entre Madrid y Alicante, por tus desvelos e interés mostrado por cada uno de tus alumnos, en el afán de que lleguen a convertirse en la mejor versión (personal y literaria) de sí mismos.

(http://ellibrodurmiente.org/el-arte-de-ser-escritor-ramon-sanchis-ferrandiz/)

Proyecto XI (Reseña literaria)

Reseña realizada por Ramón Sanchis para el blog de El Libro Durmiente (ELD). Publicada el 08/09/2015.

Libro Proyecto XI

Título: Proyecto XI.

Autor: Francesc Blanco.

Editorial: Penguin Ramdom House Grupo Editorial, S.A.U.

Nº de Páginas: 403.

ISBN: 978-84-8365-755-3

Temática: thriller.

Proyecto XI es la primera novela de Francesc Blanco, autor nacido en Barcelona que ha cursado estudios sobre ciencias Económicas y Empresariales, desarrollando su actividad profesional en el ámbito de la consultoría. Esta novela presenta una temática novedosa y cautivadora, que no deja a nadie indiferente. El autor ha sabido dotarla de una intriga creciente que lleva en volandas al lector de principio a fin. Es una obra intensa, ingeniosa, bien escrita, que nos hace creer que dentro de cada libro palpita una vida propia, pues existe una extraña relación entre lo que dicen sus palabras y lo que ocurre en el mundo exterior. Y ciertamente, entre las páginas de este libro habita el misterio.

Cuando el periodista Jon Vivaldi estudia diversos casos de ocultismo para demostrar los fraudulentos negocios que encierran, se topará con el asesinato de Rosa Marino, ocurrido en 1974, probablemente un extraño asesinato ritual. Es el último caso de una serie que compondrán el denominado Proyecto XI. Pero la misteriosa desaparición de Vivaldi mientras investiga este último asunto, obligará a Anna Krauss, su gran amiga y redactora, a investigar lo ocurrido en aquel extraño asesinato. Arácnida, el equipo de investigadores que ayudaba a Jon Vivaldi a recabar los datos sobre sus proyectos, colaborará con Anna a fin de desentrañar los misterios del caso XI.

Su argumento, es muy impactante, y a pesar de adentrarse en caminos inexplorados de la ficción es una obra verosímil, que nos presenta un mundo irreal aunque creíble, en donde el lector duda, por momentos, si aquel mundo extraño que nos muestra, acaso pudiera ocurrir en la realidad. El equipo de investigadores ha de resolver un enigma extraño que sin duda les sobrepasa. El asesinato de Rosa Marino les llevará a Bastian, un niño dotado de poderes que le permiten interpretar el futuro en los objetos personales, y sobre todo en los libros, de modo que pude pasar al otro lado de la realidad. ¿Pero se puede predecir el futuro mediante un libro? ¿Hay cierta realidad en aquello que dicen los libros? Sin duda, a un buen lector no le extrañará pensar que, tras los libros, al igual que en los espejos, siempre se encuentra otro lado de realidad… Y tal vez, a quienes viven en el interior de los libros, también les parezca irreal nuestro mundo.

Cuando Anna queda atrapada en el interior de un edificio que no existe en realidad, toda la estructura de su mundo se desmorona. Se encuentra recluida en un edificio que fue real en otro tiempo, pero no en el presente. ¿Cómo hacer para sacarla de allí? Entonces comprobará que la realidad y lo aparente tal vez conformen una pieza única —al igual que ocurre en los libros—, un laberinto en que todos los seres siguen un rumbo individual y colectivo, tan posible como ficticio. Sin duda, cada ser, cada suceso, forma parte de un gran puzzle universal que lo abarca y contiene todo, al igual que refleja Escher en sus dibujos.

Estamos ante un thriller que se desarrolla en el interior de una biblioteca, y cuya investigación se basa en las múltiples pistas que aportan los libros relevantes que el autor cita y ensalza: Alicia en el país de las maravillas; Rojo y negro; Anna Karenina, La Divina Comedia; El aire de un crimen; etcétera; libros en los que hay que adentrase para comprender ese otro universo paralelo en que viven los personajes. Pero la raíz de la historia se fraguó en un remoto lugar, muchos años atrás, en donde ocurrieron ciertos hechos que condicionarían el futuro.

La construcción de dichos personajes es consistente; no se derrochan imágenes ni descripciones físicas, pero se halla bien perfilado su carácter y el ambiente psicológico en el que viven. Las casas, objetos y muebles, los tejidos y materiales, colores y diálogos, todo… guarda una intención simbólica en esta interesante novela.

La trama es sólida, sin fisuras, bien creada, enigmática, pues a medida que se desarrolla va atrapando al lector en una atmósfera extraña, misteriosa, esotérica, y sin embargo factible, con visos de realidad. Desde su inicio esta novela logra mantener la tensión narrativa y sabe dosificar la intriga; se comporta como una crisálida que, poco a poco, va surgiendo de su envoltorio para dar paso a una atractiva y sugerente mariposa. El lector descubrirá en ella un texto de lectura fácil y amena, un relato con un enfoque diferente, difícil de encasillar.

La Reseña Literaria. Taller de Escritura Creativa.

Extracto de un tema del Manual de Escritura Creativa, de Ramón Sanchis Ferrándiz.
  • La reseña literaria:

Este tipo de reseña es una síntesis breve que dibuja en pocas palabras las bondades de una obra literaria. La reseña es más sencilla y escueta que un análisis literario, que resulta ser más reflexivo y detallado, sin embargo, ha de compendiar lo mejor de dicha obra. Mientras el análisis es exhaustivo, la reseña es una síntesis breve que aporta una visión crítica y personal de dicha obra. Con ella, el lector podrá adivinar si le interesa la adquisición o lectura de dicha obra. Una extensión sensata y asequible oscila alrededor de las quinientas palabras, y en todo caso, no debiera rebasar las ochocientas palabras.

A menudo, a fin de propiciar su venta, las editoriales ofrecen al lector una breve descripción de sus obras que no rebasan las cien o doscientas palabras. Estas noticias sobre novedades editoriales, constituyen reseñas apenas esbozadas: permiten vislumbrar el tema sobre el que trata un libro e intuir el universo de los personajes. He aquí algún ejemplo:

  • La cata. De Roald Dhal. Trad. Íñigo Jáuregui. Nórdica libros. 80 pág.

Libro_La cata_Roa Dhal“Seis personas se sientan a la mesa en caso de Mike Schofield, un corredor de bolsa londinense. Cuando Schofield trae el segundo vino de la noche, comenta que será imposible adivinar de dónde viene, pero Pratt lo toma como un reto. Iban Barrenetxea ilustra un logrado relato de Dhal con el vino como protagonista”. 

  • El impostor. De Javier Cercás. Literatura Random House. 420 páginas.

650_RH29723.jpg“El impostor, es una fascinante novela sin ficción saturada de ficción, aunque no es Javier Cercas quien pone esta ficción, la ficción viene de la mano de Enric Marco, el nonagenario barcelonés que a lo largo de casi tres décadas se hizo pasar por superviviente de los campos nazis. Marco fue desenmascarado en mayo de 2005 después de presidir durante tres años la asociación española de supervivientes, pronunciar centenares de conferencias y recibir distinciones oficiales, entre otras cosas. Casi una década después, Javier Cercas indaga en este thriller hipnótico –donde se pueden encontrar todos los componentes de la narración, la crónica, la historia, el ensayo, la biografía y la autobiografía– el enigma del personaje, su verdad y sus falsedades y, a través de esta indagación, recorre casi un siglo de la historia de España y bucea con una honestidad desgarradora en lo más profundo de nosotros mismos: en nuestra infinita capacidad de autoengaño, en nuestra inautenticidad, nuestro conformismo y nuestras mentiras, en nuestra sed insaciable de afecto y reconocimiento, y en las zonas más dolorosas de nuestro pasado reciente”.

Aunque ya se dedicó un tema específico a la redacción de una reseña literaria, anotaremos aquí sus principales virtudes:

Comenzando por glosar al autor, resumirá el contenido de la obra y se centrará en las virtudes que aportan su argumento y la factura de la trama. Atenderá a la solidez de los personajes y su caracterización; examinará la evolución que sufren a lo largo del relato, los valores o defectos que nos muestran y la profundidad del mensaje que trasmiten. Prestará  atención al tono y ritmo de la obra, a la capacidad de mantener la intriga y atrapar la atención del lector. Tendrá en cuenta la facilidad de lectura, y aquello que sugiere la obra en el ánimo del lector.

Analizará también las escenas y la acción, los saltos cronológicos y la estructura de la trama, los recursos literarios utilizados, la belleza y musicalidad del lenguaje, la pujanza y calidad del texto, y en suma, la profundidad de la narración…  Veamos un ejemplo de reseña breve de 280 palabras:

  • El Deber. Ludwig Winder. Trad. Richard Gross. 272 páginas.

Libro_El deber“Praga, 1939. Josef Rada, casado con Marie y padre de un joven estudiante de Medicina, Edmund, es un funcionario íntegro y eficaz. No se le conocen aficiones ni amigos, y ni si quiera le interesa la política: vive dedicado completamente a su familia y a su trabajo. Pero ese pequeño y confortable mundo será dinamitado, casi literalmente, por la invasión alemana y el colaboracionismo con los invasores de un antiguo conocido de la infancia, Fobich. El hecho de que el lector de El deber «avance a paso vertiginoso por una de las novelas antidictadura más eficaces», como ponderara Max Brod, se debe, sin duda, a que ofrece un retrato del patriotismo contra la ocupación nazi que no degenera en el patetismo ni en la retórica. Su eficacia estriba en el personaje de Rada, creíble por su actitud, al principio antiheroica y vacilante, el buen conocimiento de la realidad política y, sobre todo, el magistral tratamiento literario: un texto en apariencia sencillo y objetivo pero, como ya señalara la crítica de la época, «sabedor del artificio y sofisticado». Escrita en 1943, El deber es una novela cuya relevancia especial se infiere del paisaje político en que fue creada. Los autores germano hablantes de Checoslovaquia, judíos casi todos ellos, tenían un motivo adicional para escribir sobre el destino de su patria: en junio de 1942 la masacre nazi de Lídice causó el horror en todos los países del mundo civilizado. El propio Winder señaló: «En un siglo bárbaro, como lo es el nuestro, los artistas tienen el deber de defender con perseverancia la dignidad del hombre, la dignidad del espíritu». (Editorial Periférica).

Ramón Sanchis Ferrándiz (c) (Todos los derechos reservados).

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La leyenda de la isla sin voz – de Vanessa Montfort.

Reseña escrita por Raysan para el Libro Durmiente.

Carmen Posadas ha dicho de este libro: “Una novela brillante en la que el lector encontrará, además de una magnífica historia, personajes dignos del mismísimo Dickens”.
Para Rosa Montero: “Vanessa Montfort nos habla del infinito dolor del mundo, pero también de la infinita esperanza en este cuento gótico bellísimo, sorprendente y conmovedor, lleno de magia y de sombras“.

Vanessa Montfort_Pres Libro 25_02_2014

            

El libro durmiente estuvo ayer, día 25 de febrero, en la primera presentación realizada en nuestro país del libro “La leyenda de la Isla sin voz”, de la escritora Vanessa Montfort. El acto se desarrolló en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés (Plaza de Callao – Madrid), un lugar inmejorable que se encontraba a rebosar. La expectación que desde hace meses había levantado la publicación de la tercera novela de esta escritora, se vió ampliamente satisfecha. Los elogios venidos desde Hispanoamérica tras darse a conocer allí la obra, se han visto refrendados.
Tras la presentación formal, por parte del Director del Ámbito Cultural y del editor, Plaza y Janés, el escritor Fernando Marías entabló una distendida conversación con Vanessa Montfort sobre los valores de su libro.
Vannessa Montfort_Pres Libro La isla sin Voz
La autora explicó que su novela trata sobre una historia que desde hace tiempo quería escribir, porque anhelaba crear el personaje de una heroína romántica, Anne Radcliffe, a fin de comprobar qué podía sugerirle, qué podía contar desde dentro, como mujer. Está ambientada en Estados Unidos, a fines del siglo XIX; un país en crisis que mantiene hacinados en una isla a los excedentes humanos que no puede asumir la sociedad, fruto de una inmigración desbordante. Pertenece al género de la ficción histórica —al que la autora prefiere llamar fábula histórica—en donde se extiende, con la base de una gran documentación histórica de la época, una pátina de ficciónuna mezcla bien engarzada entre personajes históricos y ficticios para que sea creíble la novela, pues ya se sabe que los novelistas somos mentirosos vocacionales.
En 1842, un gran escritor, Charles Dickens, viajó a Estados Unidos por primera vez para leer sus obras; ya era un autor reconocido a quien la multitud esperaba en el puerto de New York. En la presente novela, Dickens, actuando casi como protagonista principal, recibirá una misiva que le impulsa a visitar aquella isla emplazada frente a Manhattam, la isla de Blackwell, en donde conoce a Anne Radcliffe, una joven enfermera que le acompañará en su aventura.
Allí, en la Isla sin voz, permanecen hacinados los delincuentes, prostitutas, mendigos, ancianos, personas desvalidas e inmigrantes desconocedores del idioma, junto a quienes tienen enfermedades infecciosas o mentales; en sus hospicios viven los pobres y huérfanos desheredados de la vida; en el cementerio de los sin nombre reposan los restos de muchos extraños…
Dickens, de origen humilde, que tuvo que vivir en prisión cuando su padre fue encerrado en ella porque la familia no tenía dinero, como escritor comprometido con su tiempo, se muestra preocupado por conocer la vida y las situaciones degradantes en que se hallan aquellos seres humanos; preocupación que compartirá con otros autores de su época, tales como Washingthon Irving o Julio Verne, que también aparecen en la obra.
Es brillante la forma en que la autora supone que Dickens fue creando su magnífico Cuento de Navidad; un cuento escrito para ofrecer un rayo de esperanza a quienes se encontraban atrapados en aquella isla maldita. Otro personaje tangencial de la obra, aunque muy significativo, lo encarna la joven periodista Nelli Blay, personaje real que infiltrada en la isla de Blackwell dio a conocer los atroces tratamientos que allí se realizaban.
Según Fernando Marías, esta es una novela que puede apasionar a cualquier lector…una obra sobre la vida, una metáfora sobre la literatura…, pues narra la historia de tantos monstruos buenos y malos, —como muchos que existen ahora—, los cuales viven atrapados en situaciones de las que no pueden salir. Tal vez por ello sea una metáfora sobre la literatura, en donde el escritor, a la par que busca sus propios monstruos, persigue conocer a esos ‘monstruos’ que cuentan historias, pues tienen sentimientos dentro que no pueden aflorar sin ser castigados; sentimientos que el escritor nos ofrece.
Vannessa Montfort_40Vanessa Montfort afirmó en la presentación de su libro que La leyenda de la Isla sin Voz “es una obra sobre el oficio de escribir y la forma en que se cuentan las historias: porque cada historia tiene su forma de contarse y lo más difícil es hallar la forma de contarla”. En esta historia, tan brillantemente narrada, la autora ha querido acercar al lector a la figura de Dickens, a la par que, mostrando las realidades y carencias de una época tan similar a la nuestra, pretende transmitir un mensaje de ilusión y de esperanza. Para la autora, “las crisis no son crisis políticas ni de valores, sino crisis sociales”, y de ellas se puede salir; “sí, siempre se puede.
Fernando Marías auguró que “este es un libro que irá lejos y que dará muchas alegrías a su autora”. Lo suscribimos:  ¡no se lo pierdan!