Personas humanas (VII): Alicia y el país de los sueños.

Personas humanas (VII): Alicia y el país de los sueños.

sueños_09Alicia es una joven morena de mirada y pensamiento limpio que estudia filosofía. La conocí en una pequeña fiesta, y pronto pude comprobar la buena sintonía existente entre nosotros. Cuando los temas de la conversación entraron en un tono de confianza, Alicia comentó que a menudo tenía sueños un tanto especiales.

Algunas veces, me contó, soñaba con situaciones que le aportaban un conocimiento que no poseía previamente. Si por ejemplo, imaginaba que le perseguía un monstruo y presa del pánico en lugar de enfrentarlo prefería morir, aprendía entonces sobre lo erróneo de tal elección, pues se había dejado vencer por el miedo. En otras ocasiones, veía en sueños a un personaje desconocido que le aconsejaba sobre aquello que convenía hacer en cada  circunstancia.

sueños_07Aún recuerda con preocupación, me dijo, un sueño en que veía a su cuñado en un ataúd, pues una semana después, sin más, apareció muerto. Su cuñado había decidido suicidarse, lo cual era extraño, pues era una persona muy vital y cargada de esperanzas. Entonces, no pude evitar preguntarle si había tratado de hablar con su cuñado tras ese sueño, pero ella se mostró extrañada ante la cuestión. Quizás, le insinué, aunque sin pretender culparla, pudo haber hecho algo para impedir su muerte, acercándose a él para descubrir sus preocupaciones y darle ánimos. Y me atreví a sugerirle que, tal vez sus sueños fueran premonitorios, pues al menos los más significativos parecían serlo.

sueños_06Pero Alicia no es una persona extraña sino una de tantas personas que tienen esa capacidad sin darse cuenta. Quizá el primer paso para comprender que algunos sueños se adelantan a lo que va a suceder sea darlo como posible, y Alicia, en su sana inocencia, no se atreve a considerarlo así.

Y llegados a este punto, ante la perplejidad de Alicia, dudé sobre si debía contarle mis propias experiencias. Es un antiguo debate interior que aflora en mi conciencia a menudo. Tal como diría el principito, me considero una persona seria, un adulto con la cabeza centrada y con una sólida formación científica, y sin embargo, siempre he intentado descubrir aquello que por esencial es invisible a los ojos. Sin duda, he conocido demasiadas cosas que nunca aparecen en los libros, aquellas que las personas “normales” tildan de extrañas y rechazan de un modo inconsciente, pues son patrimonio de lo oculto y misterioso. Pero al fin y al cabo, me dije a mi mismo, tengo un compromiso tácito con la verdad, la vida y las personas.

sueños_14Entonces le conté a la joven Alicia una experiencia muy personal. Me hallaba en Granada con motivo de un magnífico curso sobre desarrollo humano y creatividad personal, cuando tuve un sueño lúcido; era la hora próxima al amanecer, aquella en que la aurora disipa las tinieblas de nuestra mente. En aquel momento puede ver lo que había sido toda mi vida. Tal vez pasó apenas un minuto fugaz, pero yo pude ir a cada edad, a cada momento que había marcado mi vida, indagar en él, buscar las causas y los efectos, y saltar de nuevo a otro tiempo, a otro miedo, a otro nudo doloroso aún no resuelto, enfrentando el dolor, acechándolo a fin de cauterizarlo.

sueños_11¿Fantasías?, ¿fabulaciones?, preguntó Alicia. No, no es posible, le contesté, porque ver un documental de tu propia vida con todo detalle no puede confundirse con las imágenes fantasiosas que fabrican los sueños. En sueños, el cuerpo queda aletargado y nuestra conciencia, libre de sus ataduras, traza nuevas fantasías en el mundo psíquico, en base a las imágenes de la vigilia; los sueños combinan imágenes pasadas y reelaboran otras nuevas, verosímiles, aunque no reales. Pero los sueños lúcidos muestran, sin distorsión, sucesos ocurridos. Estas son realidades que tan solo pueden atisbarse con los ojos del alma cuando las puertas del tiempo se abren, a veces, como es mi caso, una sola vez en la vida. Así lo creo, sin envanecerme por ello ni sentirme diferente ni especial, pues casi nunca logro recordar un sueño. Considero que esta es una capacidad propia del ser humano, y que tarde o temprano todos habremos de vivir.

sueños_13En aquella conversación con Alicia, otra persona afirmaba la necesidad de anotar a diario los sueños, disponiendo un cuaderno de notas junto a la cama, para no dejar escapar ningún detalle en mitad de la noche por insignificante que fuera.  Sin duda, era un maravilloso contraste descubrir aquellas posturas tan dispares: por un lado, la de quien percibe en sueños, con nitidez, sucesos e imágenes aleccionadoras y brillantes que incluso vaticinan hechos futuros, sin apenas darse cuenta de ello, y por otro, la realidad ansiosa de quien anhela atrapar a cada hora pequeños sueños caóticos que nada dicen ni aportan. Ambas posturas respondían también a su natural personalidad: la primera, reposada, introspectiva, observadora, amable, y profunda; la segunda, impulsiva, nerviosa, habladora, atrapada por la maraña de su propia mente y sin anclaje real en lo profundo. Dos caracteres, dos realidades contrapuestas.

sueños_02De hecho, mi conversación con Alicia derivó hacia la necesidad de focalizar nuestra atención en lo que vivimos en el estado de vigilia, reforzando lo consciente, y no dirigiéndola hacia los pequeños detalles que surgen en sueños del inconsciente. Considero, le dije, que vivir de un modo más consciente los sucesos de nuestra vida y meditar sobre lo ocurrido, nos llevará a encontrar respuestas, atrapando una experiencia indispensable que de otro modo se disolvería en la rutina diaria. Sin duda, nuestro mundo consciente, aquel que se encuentra sobre la superficie del lago, es más poderoso que las aguas pantanosas del inconsciente.

Sin embargo, no es menos cierto que también podemos aprender de nuestros sueños, pero ello requiere cierto aprendizaje, y nadie nos enseñó nunca a dirigir los sueños y a interpretarlos. No en vano en el mundo griego se consideraba el sueño como una prolongación inconsciente de la vida que delataba las inarmonías de la personalidad, las enfermedades del cuerpo, las virtudes y defectos. Tal vez por ello, el sueño (Hipnos) se tenía por hermano gemelo de la muerte (Tánatos).

sueños_05Tener sueños premonitorios que se adelantan a los sucesos, tal como le ocurre a Alicia, no está al alcance de todos, pues exige una profundidad y nobleza de intenciones excepcional, ni van acompañados siempre de la capacidad para interpretarlos, pues a veces ello requiere toda una vida. Los sueños tienen su propio lenguaje, pues están hechos de imágenes y no de razonamientos. Tal vez por ello, no siempre son fáciles de interpretar las imágenes simbólicas que encierran, y menos aún, si no damos como posibles ciertas premisas.

Pero en verdad, no todos los sueños son mensajeros del futuro, ni vienen cargados de enseñanzas, pues tan solo las personas receptivas pueden captar aquellas imágenes que habitan para nosotros en el futuro. Algunos seres humanos, como Alicia, se comportan como un delicado diapasón capaz de percibir las más leves vibraciones del océano emocional en que nos hallamos inmersos. Al fin y al cabo, como dijera Calderón de la Barca, toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

sueños_04A menudo, cuando nos adentramos en el sueño, vaga nuestra mente río abajo, como un leño inconsciente mecido por las aguas, sin rumbo fijo ni piloto que dirija la travesía. El sueño es como una puerta sin puerta, un horizonte sutil que una vez atravesado nos devuelve a nuestros propios orígenes, a nuestra realidad inconsciente, a la oculta dimensión en donde se refugia nuestra conciencia, aquella que vive en nosotros aunque apenas reconocemos.

Ramón Sanchis Ferrándiz ©

(https://raysan2012.wordpress.com/) (twitter.com/RAYSAN2012).

 

Personas humanas (VI): Carmen.

Personas humanas (VI): Carmen.

POlicia_01

Transitaba con mi coche por la ciudad cuando de pronto un policía me dio el alto. Se trataba de una mujer ataviada de uniforme que en todo momento se comportó con corrección; una bella mujer de ojos grandes y sonrientes. Me obligó a detenerme en el borde de la calzada y acercándose a la ventanilla, me saludó en un tono cordial mientras solicitaba la documentación del vehículo. 

—Todo parece en regla, Señor —dijo resuelta… ¿Va usted muy lejos?

—A San Juan.

—¿Puede entregarme su teléfono móvil?

Y a pesar de tan extrañeza petición obedecí sus indicaciones. Entonces la observó con detenimiento, y ante la ausencia de clave de acceso, comenzó a manipular algunas teclas.

—Ya está —dijo resuelta. Le he descargado una aplicación gratuita que permite leer ebooks en su teléfono móvil. Ahora podrá leer cualquier libro si le pilla un atasco. ¡Esto no lo hacemos con todos! —afirmó con un aire serio.

Policia_03Pero ante aquello, no supe qué contestar. La miré agradecido y un tanto temeroso, como siempre ocurre cuando nos hallamos ante cualquier tipo de autoridad. Entonces, ella apenas esbozó una ligera sonrisa, delicada y amable, tal como si fuera una antigua koré griega.

—Tan solo lo hacemos —prosiguió— con aquellas personas que tienen aspecto de ser amantes de la lectura. Puede continuar su ruta —y llevando su mano derecha hacia la gorra me saludó de un modo formal; acto seguido, dando media vuelta se fue.

—Gracias, agente —atiné a decirle cuando ya se alejaba.

—De nada, Señor —dijo con una voz metálica bien atemperada—. ¡Que disfrute de los libros!

Mientras arrancaba el coche, mi mujer, que había presenciado la escena en silencio, se atrevió a preguntarme si la conocía.

—Claro que la conozco; asiste a las sesiones del Taller de Escritura. Se llama Carmen.

—Pues ella te ha tratado con cierta distancia. Al principio pensé que nos iba a endosar la multa…

—Sí, tienes razón pero está de servicio. Aunque la verdad es que pocos polis te cargan una aplicación pirata en el móvil —comenté con sorna—. Si se enteran sus jefes la podrían empapelar a ella.

Y acabamos riendo de tal situación.

—¿Y cómo es que no la conocía yo? —apuntó ella con un tono de sospecha.

Polixia_05—Sí la conoces. ¿Te acuerdas de aquella mujer de la que te hablé que era actriz de doblaje? Pues es ella. Le puso voz a la enfermera principal de aquella serie de médicos tan famosa… pero ¿cómo se titulaba la serie? ¡Dios mío, qué mala memoria tengo! Cada vez voy a peor… Te he hablado de ella hace tiempo.

—Pero en ningún momento me dijiste que era policía. ¿Qué ocurre, tiene dos trabajos?

—No lo sé, cielo. Yo no ando investigando en las entretelas de la vida de la gente. Solo sé que tiene una hija, es policía, actriz de doblaje y…

—¡Y encima escribirá bien! —me interrumpió mi mujer.

escribir_banner1—Sí, además escribe muy bien. Lo hace con un lenguaje musical plagado de imágenes poéticas de gran belleza, y además, tiene un estilo rotundo, inteligente, directo y mordaz cuando denuncia las fallas de nuestro mundo… Ahora anda escribiendo algo misterioso, una obra muy trabajada, que tal vez algún día dé que hablar. Me pidió documentación sobre teatro y me da el tufillo que por ahí va el tema.

—O sea, que tiene futuro…

—Pues no sé, cielo. Estas cosas son difíciles de predecir. Pero si alguien merece que sus obras vean la luz, es ella.

—No estarás enamorándote de ella, ¿no? —me dijo ella recelosa.

—No, mi vida… No te preocupes: es mi discípula.

—¿Y eso que tiene que ver?

—Es difícil explicarlo… Los discípulos son como ramas que surgen de tu propio árbol; forman parte de ti y de tus sueños, pues les dedicas tus mejores  pensamientos e inquietudes… y se crea con ellos un vínculo muy fuerte, que radica en las ideas y sentimientos más profundos.

—¿Parece que los quieras?

—Sí, mucho. Sientes un cariño indecible por ellos. Sin duda, es inevitable querer a esos pequeños diablillos que tienes siempre en la mente… Y en el fondo, se aprende mucho de ellos.

—Se aprende de ellos, ¿qué cosa?

arboles_01—Aprendes de su esfuerzo e ilusión por comprender. Y algunos, dentro de unos años, engrosarán la lista de los buenos escritores, aunque aún no lo saben. Ahora, aparentan ser una pequeña semilla que pugna por hallar su camino hacia la luz; quizá mañana se convertirán en árboles frondosos capaces de dar sombra y frutos a quienes se les acerquen.

—¿Crees que aprovechan de verdad lo que les enseñas?

—Claro que lo hacen; unos más que otros, pero todos aprenden algo. La enseñanza es como el agua, pero unos tienen más sed que otros. El agua que les das es la misma para todos, pero según la capacidad de su vaso atrapan más o menos enseñanza. Aunque, aquello que aprenden también depende del estado de ánimo del profe, que es como me llaman. Cuando atraviesas tus mejores momentos y vives en armonía contigo mismo, cuando estás receptivo para comprender e ilusionado en transmitirles tus descubrimientos, ellos crecen con pujanza… y les brillan los ojos cuando son conscientes de los nuevos horizontes que se abren en su vida… Entonces se transforman, luchan por entender y aplicar aquello que van comprendiendo, se les transfigura el rostro, y te miran con un agradecimiento sincero.

—Pero creía que en un taller literario os dedicabais tan solo a crear historias fantásticas con personajes irreales.

Verdadero ser y personalidad—Sí, tienes razón… aunque los escritores crean personajes ficticios que toman sus modelos de la vida real. En verdad, y no debes contarle este secreto a nadie, la ficción se nutre de las vivencias reales del autor. Por suerte, hay personas maravillosas, como Carmen, cuyas vidas podrían servir de modelo para historias fantásticas e increíbles.

Personas humanas (V): en defensa de la vida.

Personas humanas (V): en defensa de la vida.

images_05Cuando le conocí, pese a su juventud, ya llevaba escolta. Pero su conducta era tan cuidada y sigilosa, que no lo supe hasta pasado un tiempo. Un buen día, mis amigos señalaron algún movimiento extraño y me dijeron en voz baja: ¿no lo conoces? Es todo un personaje.

Parecía uno más, aunque algo imperceptible indicaba que bajo su piel se escondía una persona humana diferente, repleta de sueños y vivencias. Su mirada limpia, la cortesía de sus modales y sus palabras encendidas, delataban a alguien que no se conformaba con vivir a cualquier precio. Sin embargo, tras ese modo de hablar vehemente y apasionado, se encerraba un carácter afable y abierto.

Escher_08_lodazalUnos diez años atrás la ETA había asesinado a su padre; entonces él se conjuró para combatir a los terroristas. Asumió su conducta de un modo natural, dispuesto a que el olvido no cayera sobre tantos asesinatos impunes. Dejó su antigua piel de ciudadano anónimo y mudó de pronto en héroe silencioso: uno de esos personajes que transforman nuestra sociedad sin que apenas lo percibamos.

Pese a que siempre había trabajado en otro oficio, se rodeó de un pequeño grupo de abogados, y aún sin serlo, coordinó demandas contra quienes hacían enaltecimiento de hechos despreciables, investigó las estructuras civiles que daban apoyo a la banda, las tramas clandestinas que cobraban el impuesto revolucionario, el blanqueo de dinero en Centroamérica, y un largo etcétera. Aunque a decir verdad, jamás he visto el odio ni la sed de venganza en su rostro, sino el afán de justicia y rectitud.

images_00Y aquel inofensivo cachorro fue creciendo… Aprendió a escribir artículos y libros, a manejarse entre los medios de comunicación, a enfrentar los insultos y amenazas del entorno abertzale, e incluso, a los políticos corruptos que encubrían oscuros vínculos entre la banda y el estado, a pesar de que todo su poder se tornara en su contra. Pero él no estaba dispuesto a cejar en su empeño, porque era un hombre honrado capaz de auparse a hombros de los gigantes que le habían precedido, pues en su memoria estaba siempre presente su padre, y en sus genes también.

Advirtió a su mujer de que esta era su vida; una vida que ya estaba comprometida con la dignidad humana, los derechos humanos y la justicia, pues no pensaba renunciar a sus principios por nada. Pero sin duda, ella estaba a la altura de este luchador, pues fue capaz de compartir a su familia con los escoltas, el terror y la inseguridad, las insidias y difamaciones, el ruido mediático y los interminables procedimientos judiciales. Tan solo quienes tienen madera de idealista son capaces de tales sacrificios.

images_08En la actualidad, él aún sigue con su incansable labor, ajeno a los cantos de sirena que auguran que los terroristas son corderitos que ya no asustan a nadie… Y aunque así fuera, mientras queden cuatrocientos asesinatos por esclarecer, ¿por qué detenerse? Mientras existan familias que no han sido desagraviadas por quienes cercenaron sus esperanzas de futuro, ¿a qué callar? Mientras los que asesinan no reconozcan siquiera su maldad y colaboren de modo sincero con la justicia, ¿a qué denominamos paz? 

Cuando las personas puedan mirarse de frente, él firmará definitivamente la paz: aquella que florece cuando las conciencias no tuercen su camino recto ni las personas siegan el futuro de otros ni sus derechos.

images_07Sin duda, es un ser humano que se plantea a menudo cuál es el sentido de la vida. Tal vez por ello, colabora en asociaciones destinadas a velar por la vida y los derechos humanos, a promover los cuidados paliativos de enfermos terminales y la donación de órganos. No obstante, es una persona que sufre y sueña como cualquier otra, que ha de trabajar toda la jornada para pagar su hipoteca y sacar sus hijos adelante, a fin de poder dedicarse, en la tarde-noche a su verdadera labor, esa que el destino puso en su camino.

La suya es una vida entregada a los demás, una vida altruista que no mide las horas que han de dedicarse a sus semejantes, seguramente siguiendo los mejores valores de su estirpe. Es un corredor de fondo, un esforzado y solitario luchador que pelea por una causa justa, esa que le entregó su padre, sin saberlo, cuando cayó tendido en mitad de la calle.

Personas humanas (IV). Secundarios de lujo.

Personas_03Algunas personas aparecen en nuestra vida en los momentos cruciales, tal como si cumplieran una extraña misión; empujan las puertas del refugio en que nos guarecemos y entran allí decididas a quedarse. Se instalan en el centro de la escena, enfocadas por la luz de nuestra conciencia, y toman las riendas de los hechos hasta hacerse un lugar en nuestro mundo.

En cambio, hay personas de ida y vuelta que asoman de un modo esporádico e intermitente; los trae la marea de la vida con su fluir; vienen y van, como si tuvieran derechos adquiridos sobre nuestra existencia que ejercen a menudo. A veces, tan solo siembran un buen pensamiento, una actitud y desaparecen de nuevo; sin embargo, nos favorecen con sus dádivas de un modo misterioso y se sientan a un lado, cerca pero en la fila de atrás, donde la penumbra ya difumina su rostro.

Personas en la estaciónSin duda, debemos reconocer que hay personas que dan color a nuestra vida aunque no estén en el punto principal de la escena, porque siempre están ahí, en esa  trastienda velada y silenciosa que antecede al olvido, esperando que las necesitemos. Retornan cada tanto, como la primavera o la tramontana; se instalan en nuestro campanario por una época, como las cigüeñas, y entonces sabemos que el buen tiempo viene con ellas.

Son personas en tránsito que siempre se dirigen a otra terminal; traen noticias de terceros, de los amigos del pueblo y del primo que se fue a trabajar allende los mares. Acuden de inmediato a nuestra llamada, y a veces, acompañan nuestro extravío cuando caemos en las simas de la apatía y la indolencia. Nos entregan los saludos del amigo poeta que va de un lugar a otro pregonando sus versos, y por un momento, disfrutamos de su amistad, intacta y entusiasmada, como si el pasado fuera apenas un ayer… A menudo, nos regalan la nostalgia por los recuerdos, esa melancólica ternura que hace florecer el alma abatida y siempre nos devuelven el cariño que les entregamos multiplicado por cien, sin exigencia alguna. Tales personas, son secundarios de lujo que no podrían faltar en el relato de nuestra vida.

Santiago Soriano_04En el baúl donde se apilan los recuerdos de las personas que han marcado hitos en nuestra propia historia, a menudo se encuentran, extrañamente amalgamados, tanto el primer amor de coletas y piernas largas, como los amigos de ojos grandes y flequillos revoltosos con quienes descubrimos la güija por primera vez… Allí residen, el pitagorín que estudiaba física atómica a ratos libres y nos ayudaba en los deberes, o el amigo motorista eternamente enfundado en su chupa de cuero que perdió la vida en la primera curva mal trazada. En ese cofre de oro en que se guardan los recuerdos esplendentes del pasado, habita, también, el profesor que nos enseñó a amar la filosofía con sus reflexiones, pero esa filosofía que se mastica y se vive a cada instante y no aquella otra, rancia y teórica, que se deshace en los libros que nadie hojea.  

En el libro del tiempo, aquel cuyas letras aparecen escritas con tinta indeleble a medida que ejecutamos nuestra vida, se encuentran dibujados muchos rostros que nos miran impávidos, distantes, acaso impresos con esa tinta roja que ha surgido de nuestras venas, ya sea como fruto del dolor o del gozo. Esos rostros, son las estrellas luminosas de nuestro pequeño firmamento; ese manto protector que acuna nuestros sueños.

Sin embargo, algunos de esos rostros ya no pueden visitarnos de nuevo, pues han pasado a la otra orilla, aunque siguen estando cerca, agazapados en la penumbra de nuestras emociones, escondidos entre los pliegues del tiempo. En ocasiones, nos miran con ojos de asombro, expectantes, distraídos con nuestro quehacer, tal como un padre que preguntara a menudo por qué hacemos esto o lo otro. Sí, los rostros de nuestros padres siempre están presentes en ese fondo tachonado de estrellas que está sobre nuestras cabezas, aquel que sirve de frontera entre lo visible e invisible. Y también el de nuestros maestros… aquellos que tuvimos la suerte de encontrarlos.

Faro al atardecer_02Quizá la verdadera vida que nos tenía reservada el destino, siempre pasa de puntillas a nuestro lado, tal como pasan de largo algunas personas, porque nosotros nos empeñamos en vivir una cosa diferente. En realidad, no siempre sabemos comprender los designios de la vida, y acaso por ello, hemos desperdiciado la amistad y el amor de tantas personas, su confianza y calidez. Seguramente somos como un faro intermitente que emite luz a ráfagas; un faro que alerta de peligros o hace guiños amistosos, tan solo de vez en cuando… Ese faro misterioso en que nos gusta guarecernos a escuchar el rumor del mar o contemplar el brillo de las estrellas.    

Valoramos sobremanera a los actores principales de nuestra propia historia, relegando al olvido a todos aquellos que llenaron los pequeños instantes que nos hicieron simplemente felices. Tal vez, debamos contemplar con otros ojos a quienes nos rodean, buscando aquellas personas que siempre estuvieron presentes en nuestra vida, tan cerca y tan lejanas a la vez, próximas pero resguardadas en el silencio de la distancia.

Firmamento estrellado_02Sin duda, hay personas que aparecen en nuestra vida de un modo extraño y misterioso; los trae la marea de la existencia con su fluir; arriban a nuestras costas y parten con facilidad, como el incesante rumor de las olas… Proceden de aquel horizonte infinito en donde se unen el cielo y la tierra, donde los crepúsculos regalan los coloridos más intensos antes de adormecerse en el regazo de la noche, pues son hijos del destino, que siempre regala aquello que merecemos… Son las estrellas que iluminan y dan sentido a nuestro universo cercano, porque ninguna persona es invisible o insignificante: todas reunidas conforman el cuadro de nuestra vida… Un cuadro en que los ausentes tienen su lugar reservado, a los distantes se les espera, y a los ofendidos se les pide perdón por los agravios… Un cuadro que debemos trazar con trazo firme, pues en él no sobra nadie.  

Personas_02Ten presente, que eres el capitán que dirige la nave de tu existencia hacia su destino. Cuida de que en ese bajel no haya grumetes inservibles, ni polizones escondidos en la sentina… pues si todos los maderos sirven para mantener el barco a flote, ¿serían menos las personas? No, en nuestra vida no hay seres insignificantes que pasen desapercibidos, pues toda persona es digna de amor y respeto… 

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Ramón Sanchis Ferrándiz ©

Personas humanas (III): Malú.

Mujeres Tristes 28En aquella noche sombría en que el viento aullaba con voz de fiera, su padre, que había pasado la tarde en la taberna, se dirigió tambaleándose por las callejas. Abrió la puerta de la casa con dificultad y cuando los niños fueron a recibirlo, los separó de su lado a empujones. Subió con dificultad las empinadas escaleras hasta la salita de estar en que se encontraba su mujer. Y allí, bajo el vaivén de una solitaria lámpara de carburo que espantaba las sombras de una casa fría, ella, sentada en una escueta silla, tarareaba una vieja nana para conjurar la soledad y el miedo. Mientras esperaba, deshilachando el tiempo, se frotaba la barriga con ternura como si amasara la harina de un trigo nuevo. Él la miró desde el quicio de la puerta con esa mirada torva que une ambas cejas, y entonces ella supo que su hombre venía cruzado…

Avanzó hacia ella mientras se quitaba el cinturón; después, lo hizo silbar en el aire repetidas veces. Harto de su faz tranquila y luminosa, la zurró con saña. Ella intentó erguirse a duras penas, pero no pudo hacerlo; se protegió con sus gritos, y cubrió, sobre todo, su vientre, mientras la hebilla del cinto le arañaba repetidamente el rostro y los muslos. Lo cataron sus carnes, lo temieron hasta las ratas… hasta que él se envainó la rabia por aquel día. Entonces, la silla en donde ella se encontraba se venció, cayendo al suelo su cuerpo inerte. Él, impasible, siguió amenazando con sus bravatas sin obtener respuesta. Los dos críos, de apenas tres y seis años, lloraban en un rincón iniciándose en el sabor de la impotencia.

imagen niño de espaldasMárcelo, el hombrecillo de la casa, arremetió contra el padre como un toro, dándole golpes con sus pequeñas manos como un molino que aventara la ira, mientras su hermana, Andrea, salió corriendo llamando a arrebato. La vecina de por cima, Catalina, llegó a la casa apresuradamente, mascullando entre dientes un si ya se veía venir… Él la miró con rabia, como a una intrusa que irrumpe en la vida privada, pero la pelirroja le soltó un pagarás por esto y él se arrugó; de sobras sabía que no bromeaba. Y así fue como aquel gallo de pelea, el bravucón de escasa catadura moral, se encajó detrás de la puerta, junto a la leña, y dejándose caer hasta el suelo se dispuso a rumiar la borrachera.

La pureza es vidaEl parto era inminente… El viento, afuera, subía por la calle de los muertos despavorido, aullando malos augurios, sin embargo, la pelirroja era una mujer resuelta. Hizo salir a los niños de aquel sitio, buscó toallas y una palangana, y poniendo agua a calentar se dispuso a la tarea. Al pronto llegaron Amalia y Cósimo, los vecinos de por bajo, alertados también por los golpes y gritos, y al poco, los guardias del tricornio en pos del marido.

Las dos mujeres se pusieron manos a la obra, asistiendo el parto de Chayo, mientras Cósimo salía flechado para traer al médico, pero aquella criatura venía con el reloj adelantado y antes de que Cosimo llegara a golpear la puerta de Don Celso asomó a la vida… Los gritos del bebé rompieron la entristecida atmósfera de aquella casa; vino con luz en la mirada aunque pronto constataron que tampoco aquella niña traía un pan bajo el brazo.

Inocencia_36f84b1a-809e-4a22-a0a2-6e0cc18537feLa niña, Andrea, se repuso de aquello como pudo… aunque no supo qué decir desde entonces a quienes preguntaban con la mirada, ni qué sentir, ni supo jamás donde se alindaba aquel dolor que sentía tan adentro. Nada, nada comparable a aquel vacío de adentro, pero algo sabía seguro: era un vacío que no podría rellenarse nunca, un dolor que tiznaba más, si cabe, sus ojos tristes.

Ya decía la abuela Cristina que “la vida en Monfragüe siempre sale adelante con renuncios, y no se equivocaba, pensó Chayo. Nada es como se sueña al principio, pero a ella le habían enseñado a respetar al marido, tanto si llueve como si escampa. Por eso retiró la denuncia.

A la mañana siguiente él salió del cuartelillo, una vez advertido en que no reincidiera, pero no fue a la casa. Esta vez había sido la primera, y dios sabe por qué sucedió; nunca antes le había puesto las manos encima, pero no fue capaz de ir a la casa; se fue donde la madre. El no recordaba nada, aunque Diego, el guardia civil, le dijo que había pegado a la Chayo, delante de los zagales.

Definitivamente ya no había vuelta atrás… Se había hecho un nudo en la cuerda del tiempo y no se podía retroceder; un nudo en la vida de las personas.

Pero él se refugió en casa de la madre por siete días, maldiciendo su estrella. Allí, donde madre, al menos comió unas buenas morcillas y chorizo de la matanza hasta recuperarse de lo sucedido. Madre sí cocinaba bien, pensaba,  y además, ¡le comprendía como nadie! Estaba harto de aquella vida sin sentido, de los críos, que correteaban todo el día sin dar tregua. Harto de aquel puchero de patatas o de garbanzos que hacía la Chayo, apenas cocido en una olla con agua… ¡harto de tantas penurias! Al fin y a la postre no tendría más remedio que aceptar aquel trabajo de recoger las ovejas en los praos. Por qué se habría casado… para verse con dos zagales siempre había tiempo, y ahora, además, venía un tercero. 

Catalina, la pelirroja, siempre tan presente en su vida, le dio la noticia gritando como una desaforada desde la calle. ¡Que tienes una niña!, le dijo, y debes anotarla en el registro. Esa no es mi hija, le contestó con desdén. Esa no es mi hija, rumió entre dientes.

Gabriela 2Así comenzó su singladura Malú, esa niñita morocha que siempre bailaba sevillanas sonriente, ajena a su desgracia. Pero la pobreza siguió viviendo en aquella casa; la hermana y la madre lavaban la ropa de los señoritos y la zurcían, sin tener apenas nada que llevarse a la boca. El padre, acodado en la barra de la taberna se refugiaba del viento y tal vez de sí mismo; mientras él hacía planes con el aguardiente, el chico, a su corta edad tenía que cuidar las ovejas en la sierra durante la noche; en derredor aullaban los lobos su desconsuelo.

Poco tiempo después, Malú fue entregada en dación a otra familia del pueblo que tenía posibles. Ella siguió viendo a diario a sus hermanos, pero de lejos, pues no le era permitido acercarse a ellos. Su rumbo ya era otro, su familia, la ausencia… Pero es sabido que las desgracias vienen en racimos acompañando a la pobreza, y tal vez por ello su padre adoptivo murió pronto. Entonces, la madre tuvo que migrar para servir en casa de unos señoritos, y la niña morena y alegre paso varios años en un internado de monjas, alternando los libros con el duro trabajo.

Y de ahí en más, cuando ya dispuso de su vida, Malú construyó con los maderos sobrantes de la desgracia un futuro sonriente y luminoso… Porque hay personas que desafían a la miseria y los contratiempos, que se amarran con las cuerdas de la voluntad al mástil de su barca cuando más arrecia la tormenta… y aprietan los dientes decididos y desafiantes. Tales personas, henchidas de humildad y firmeza, aún en ausencia de vientos favorables, saben hallar los derroteros que habrán de llevarlos hacia su buena estrella… ese destino luminoso que siempre aguarda a quienes caminan con decisión y bondad.

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Ramón Sanchis Ferrándiz ©

Personas humanas (II): Aydin.

Personas humanas (II): Aydin.

Turquia - Van Junio 2014 016Mi gran amigo Aydin, vive en Turquía, junto al lago Van, ese lugar idílico de bellos atardeceres que se encuentra próximo a la frontera de Irán; tierra fértil en la que se han asentado diversos pueblos: solar de los hititas y del reino de Urartu, de los medos, árabes y escitas, posesión de los selyúcidas y otomanos, patria perdida de la antigua armenia, heredad defendida con bravura por los kurdos.

Aydin es un hombre afable y sonriente, que se expresa con alegría y franqueza. Un hombre de regios modales, sencillo pero profundo, que vive el ritmo del día con esa alegría que surge de los poros de la piel, con un entusiasmo que procede de ese manantial inagotable que es la belleza de corazón y la altitud de miras. Un ser esplendente, que sin duda, ilumina su entorno. No en vano —tal como se acostumbra entre los kurdos—, su nombre significa el que ilumina, el que aporta la luz, lo cual, no es tan fortuito como parece a primera vista.

Mez_suleimanTan solo lo he visto rezar ante la tumba del gran arquitecto Sinan, maestro y hombre sabio. No me atrevo a decir que sea musulmán, porque busca el fondo esencial que se encierra más allá de la apariencia externa de una religión. Es religioso, aunque no adscrito a la letra muerta de los textos; místico, pero no mojigato. Más bien, es una persona profunda que sabe reconocer a Dios en los pliegues de la vida, que entiende el lenguaje del corazón como si fuera un sufí.

Es un ritualista que saluda al sol al amanecer, que agradece los alimentos que la vida le concede, que trata a su mujer con la misma delicadeza que a una rosa, acariciándola con las palabras como si se tratase del rocío en la mañana. Sin duda, su corazón te alcanza aún antes del primer saludo; se expresa con la mirada, te acoge con la sonrisa.

20140620_150122Mi buen hermano Aydin es un observador atento y silencioso que siempre descubre en los demás aquello que les preocupa, tal como el zahorí detecta el agua que discurre en las entrañas de la tierra. Un pequeño mago capaz de percibir la inarmonía de las gentes, sus carencias y tribulaciones, asumiéndolas con bondad e indulgencia. En fin, un personaje surgido de los libros orientales, que tal vez en otra vida fuera digno asesor de un Pasha.

Aydin es médico odontólogo. Trabaja de sol a sol de un modo cuidadoso y eficaz; recibe, con la delicadeza de un pariente, a las personas sencillas que se desplazan desde decenas de kilómetros hasta la ciudad de Van. Hay quien le ofrece en pago, buenas disculpas, saludos y reverencias; otros le traen frutas y pescados, porque no tienen otra manera de remunerarle; y él, como un antiguo médico egipcio de Seraphis, escondido tras la mirada, se siente feliz de asistirles, con la misma naturalidad que respira.

Es un ser generoso que no mira la dureza del trabajo cuando alguien necesita de sus cuidados. Alaban unos amigos de Aydin sus desvelos, día y noche, cuando atravesando el desierto del Sahara, un golpe de calor los mantuvo postrados durante días.

Terremoto de Van en 2011_005Cuando el terremoto de Van asoló sus vidas, saludó a la madre tierra, Gea, con reverencia, ofrendando su desdicha con silencio y alegría, y se dedicó entonces a ayudar a los demás como pudo. Su casa había quedado inservible, la consulta médica apenas se mantenía en pie; envió a su mujer, Kezivan, a sus padres y sus hermanas, a Izmir e Istambul, lejos de las nuevas réplicas y la desgracia. Tan solo los varones quedaron en la devastada ciudad, recuperando enseres, ayudando en las emergencias, recomponiendo su vida.

Durante años ha indagado en los libros en pos de la sabiduría atemporal, tratando de hallar la verdad más allá del velo con que se encubre, en los textos de los maestros sufís, en la religión heterodoxa, en la filosofía esotérica, en el simbolismo de toda cultura y civilización. Se ha preguntado por el saber hasta tornarse un hombre bueno, un hombre justo y verdadero, y tal vez un hombre sabio.

Terremoto de Van en 2011_004Tiene la firmeza y la prestancia de un guerrero, propia de aquellos que se han curtido en las batallas personales. Afronta los peligros con entereza; asume las adversidades con resignación, sin autoflagelarse en la desgracia, siempre decidido a reconstruir su futuro. Mas no aspira a vivir en la comodidad adormecida de la sociedad occidental, porque no valora la cultura del bien-estar sino la del bien-ser. Adalid de causas nobles y difíciles, protector de cualquiera que lo precise, a menudo, renuncia a la tranquilidad de su vida para ofrecerla a los demás. No valora el dinero, y tal vez por ello nunca le falta, porque el destino protege a los bienhechores.

Turquia - Van Junio 2014 258Aydin me ha hecho partícipe de su mundo, de una vida reservada y hermosa que el mundo oriental mantiene oculta tras los muros de su casa. Entonces, he comprendido cuantos prejuicios e ideas enlatadas tenía en mi mente. He visitado con él buena parte de su país: el monte Nemrut, las ruinas de Harrán y de la antigua Edessa; el inicio de la Mesopotamia entre los ríos Tigris y Eufrates; el monte Ararat y Ani, la antigua capital de Armenia; la ruta de la seda y los templos zoroastrianos de los adoradores del fuego… Sin duda, un mundo eterno que permanece anclado en el corazón mismo de la humanidad. Entonces he comprendido cuál es su linaje, la estirpe de donde proviene, y he visto en su mundo interior el sello inconfundible de aquellos lugares, de sus ancestros.

Aydin vive en un mundo privilegiado, pero no es menos cierto que por donde él pasa el mundo se torna más bello, amable y acogedor: él tiene la capacidad de ensanchar los horizontes de las personas, de contagiarles su entusiasmo, de ampliar la visión interior de quien está ciego y dormido en la vida.

Turquia - Van Junio 2014 196En realidad, la belleza del mundo la siembran los seres profundos, aquellos seres humanos que viven de pie, que son fértiles en ideas, aquellos cuya vida representa una dádiva continua para los demás, una luz que nunca se extingue. Más allá de las fronteras mentales que nos dividen y separan, debemos reconocer que estos personajes no son patrimonio de la cultura occidental, ni se adscriben a unas ideas o a una religión concreta. Ellos no florecen en un lugar determinado, porque viven en el corazón de la vida, en cualquier lugar donde resida la verdad, la justicia, la belleza y el amor. Y en ese lugar se ha instalado Aydin, un ciudadano del mundo, un buen hombre, una persona humana.

Ramón Sanchis Ferrándiz ©.  (twitter.com/RAYSAN2012).

Personas humanas (I): M.A.

Personas humanas (I): M.A.

IMGP0093Mi buen amigo M. A. es un idealista anónimo, profundo y generoso. Desde hace veinticinco años, cada día, cuando termina su trabajo, apoya cualquier actividad en pro del ser humano y la cultura. Reserva las noches a zambullirse en los libros de historia, filosofía y psicología. Dedica sus fines de semana a colaborar con un grupo de voluntariado en acciones sociales y humanitarias. Consagra sus navidades a preparar campañas solidarias para los más desfavorecidos. Muchos niños le deben sus zapatos y juguetes, e incluso su sonrisa.

Pertenece a un club de lectura, en donde descubrió las bondades de los libros, esas que hoy trasmite a otros con elocuencia y convicción. Escribe desinteresadamente en revistas y dicta cursillos sobre temas muy diversos; lo hace con un tono preciso, certero, ejemplificando sus palabras con anécdotas y citas diversas.

Hace unos años, se cansó de trabajar en tiendas de ultramarinos, en tiendas de muebles capaces de venderte un sillón de masajes o un tresillo, en floristerías que ya no respetan domingos ni fiestas de guardar, que montan guardia junto a los tanatorios y reparten dividendos tras la semana santa, y se propuso rediseñar su vida.

Como persona honrada no quiso despreciar un trabajo, mirándose en aquellos que no saben aun lo que es tenerlo, pero comenzó a estudiar mientras aún vendía muebles, de tapadillo, con muchas ganas de alcanzar todos los horizontes que le aguardaban. Aprendió, poco a poco, márketing, recursos humanos, informática, técnicas de comunicación y redes sociales, oratoria, etcétera. Con el tiempo que otros consideran residual, delineó para sí una nueva trayectoria de vida, hecha de enseñanzas no regladas y cursillos dispersos.

Compaginó su tarea como pudo, con esfuerzo y dedicación, alternando sus noches de vigilia con su capacidad de soñar despierto. Estudió con ahínco, con sueño o sin él, siempre decidido a aprender. Pero finalmente lo echaron de la empresa, cuando comprendieron que su mundo era algo más amplio. Tal vez, en el último examen médico de empresa, le practicaron un escáner o una lobotomía y comprobaron que, en aquel cerebro de persona íntegra y cabeza bien amueblada, había un sofisticado mecanismo propio de la más perfecta relojería suiza.

A partir de entonces renunció, incluso, a todo aquello que ya casi había proscrito de su vida para poder realizar sus sueños, administrando celosamente su tiempo y energía. Destinó el dinero de las cervezas a comprar libros; las escasas conversaciones con los amigos, a avanzar como ser humano; y esas vacaciones que no disfruta hace siete años, a estudiar.

Pinturas Rupestres más antiguas_00Fue salvando exámenes en silencio, sin darse importancia, hasta que un buen día nos comunicó, sin apurones ni altibajos, que había terminado sus estudios: ¡por fin era psicólogo! A partir de ahí lo vi más firme; comenzó a hablar con una mayor convicción; aconsejaba a otros, al principio con recelos, y poco a poco con una asentada convicción. Su solidez fue creciendo, pues un psicólogo no podía tener dudas ni temores, debía pensar con claridad y ser ejemplo, tal como él comenzó a serlo en su entorno.

No obstante, debo decir en su favor que jamás se le subió su título a la cabeza; no se creyó alguien con el derecho a aleccionar a otros hasta el cansancio; no levantó la cabeza con un orgullo insano, ni habló escuchándose. Tampoco empleó palabras rebuscadas ni altisonantes; para nada quiso maquillar su genuina forma de ser, pues siempre se aferró a su verdad atemporal, despreciando las modas y los cambios superficiales. Se mantuvo siempre en su esencia, buscando aquella estrella que le había guiado desde la infancia.

Medico-hospitalPronto le permitieron hacer prácticas en un hospital y sus ilusiones se vieron cumplidas… Porque aquello que a él le motiva de verdad es cuidar a enfermos terminales, dándoles un soporte real en los momentos del trance final. Desde hace algunos años, M. A. quiere encontrar la razón de la muerte para ofrecerles una explicación profunda, cuidados paliativos y un apoyo sincero a los familiares cuando sobreviene el desenlace sin previo aviso. Se ha especializado en la fase del duelo, intentando que la persona reconozca la pérdida del ser querido, que asuma lo ocurrido y recomponga su vida, encarando adecuadamente su futuro.

Tal vez aquella semilla de amor y bondad, se incrustó en su alma cuando veinticinco años atrás comenzó a estudiar filosofía, cuando comenzó a preguntarse ¿quién soy yo?, ¿de dónde vengo?, y ¿adónde voy?, como siempre,  después de su trabajo y  renunciando a tantas cosas.

Faro al atardecerNadie podía suponer que este tipo de trabajo ilusionara, rebasados los cuarenta y cinco años, a un vendedor de muebles, reflexivo, educado y vivaz. Pero no hay límites para un idealista, enamorado de la vida y de los seres humanos… Desde que lo conozco sé que el mundo puede ser siempre mejor, porque él cuida el umbral por donde pasan las personas hacia ese incierto destino que llamamos muerte.

Tales personas, de esta manera justifican su vida; otros, nos engrandecemos con su ejemplo.

 Ramón Sanchis Ferrándiz © 

Personas humanas (0).(Artículo de opinión).

Personas humanas (0).

Le contaba a un buen amigo la necesidad que me acuciaba de entender el panorama social y humano que nos rodea, de aportar mi modesto granito de arena para mejorar un mundo que se nos va de las manos.

A lo largo de la conversación expresé mi intención de profundizar en la notable ausencia de valores que nos circunda, en la falsedad y la manipulación de quienes nos gobiernan, la crítica despiadada y la maledicencia, el exceso de información que encubre la carencia de formación real, el culto al cuerpo que atrapa tanto a los más jóvenes como a quienes temen dejar de serlo, y un largo etcétera que aqueja a la sociedad.Personas_03

Pero él, siempre calculador y pausado, escondido tras sus gafas de intelectual, me aconsejó escribir de las personas; esos seres desconocidos que pueblan el universo de nuestra existencia. Es una tendencia que se impone, me dijo, que como tantas otras pasará pronto a engrosar el baúl del olvido. Hablar de lo que le ocurre al mundo, en la actualidad, deja un tanto indiferentes a quienes —tal vez por sufrirlo— ya no esperan que nada cambie. En suma, insistió, hay que hablar de personas concretas, de sus problemas, sus miedos y calladas virtudes.

Lo que hacen otras personas siempre atrae a quienes anhelan ver la vida escondidos tras los cristales de su anonimato. A diferencia de quienes airean sus vidas públicas en los medios de comunicación, las personas humanas siempre creen que su vida no tiene valor alguno. Mientras el famoseo mantiene su autoestima bien alta, quienes se arrellanan a contemplar la vida de otros en el silencio de su nadeidad, la diluyen en sus complejos.

Edificio colmena_001284228119Sí, como siempre, mi amigo Marco Antonio tenía razón. Las personas son el crisol en que se gestan los verdaderos cambios de una sociedad, porque los sistemas, siempre fallan cuando no les asiste la fuerza y la convicción de las personas humanas. Pueden mantenerse a flote, por un tiempo, con el concurso de las personas número, de aquellas que conforman la argamasa de la sociedad y son arbitrariamente zarandeadas por el viento de corrientes intencionadas. Estas son las personas cosa que no cuentan, que viven en colmenas tristes, hacinadas en cajitas de cartón con derecho a una visión rectangular del cielo, en nichos blanqueados a los que llaman hogares y que no conforman sino un cementerio de sueños y aspiraciones. Porque un mundo que carece de sonrisas, de horizontes claros y esperanzas definidas, de la posibilidad de un trabajo digno y creativo, es un mundo quebrado, desecho, un mundo con las alas rotas que intenta batir sus muñones desesperadamente, soñando con la capacidad de volar que ya no tiene.

Basura electrónica_00Un mundo así, carente de profundos ideales, del sentido de la palabra empeñada y la rectitud, de honestidad y franqueza, es un mundo frío. Sin embargo, este es el mundo en que vivimos: una charca verdosa en la que nos hemos acostumbrado a respirar a pesar de la escasez de oxígeno que nos mantiene con una respiración asistida. Pero… ¿a quiénes les interesa mantenernos en este trance de respiración asistida? ¿Quiénes mueven los hilos tras el escenario?

Sin duda, nos hemos acostumbrado a ver el mundo a través de una ventana minúscula, rectangular, en la que algunas flores adornan nuestro limitado paisaje. Tal vez por ello, malgastamos nuestra vida trabajando día y noche por conquistar una minúscula parcela con derecho a vistas, un palmo de césped al que llamamos eufemísticamente naturaleza. Cedemos nuestro tiempo en varios trabajos que no nos sacan de pobres, olvidando nuestra verdadera formación, aquella que nos permitirá educar a nuestros hijos en verdaderos valores humanos.

Pero sin embargo nos conformamos con poder opinar sobre nuestra sociedad, tímidamente, en el anonimato de una papeleta blanca que se deposita detrás de una cortina. En verdad, siempre que subo al metro me dejan votar a qué parada deseo ir; puedo elegir el tatuaje que adornará de por vida mi cuerpo; la canción que me representará en un certamen, etcétera.  En cambio, ellos, los que mueven los hilos, saben dónde estoy en cada momento gracias a mi GPS, a qué lugar me dirijo, qué compro, las opiniones que expresé anoche en el chat y el jersey que prefiero. Guardan mis selfies en la galería de sus ocultos ordenadores, para ver la evolución de mi rostro con los años, y me proponen páginas que me gustará ver, a fin de que me comporte como un consumidor activo; de este modo la sociedad seguirá funcionando, y la economía —ese ídolo al que todo se sacrifica—, me lo agradecerá… Así, ese mundo triste e indiferente, seguirá rodando, ladera abajo, hacia un fin incierto que sus confiadas gentes aún no adivinan.

Personas_02

Sí, ciertamente no hay nada más importante en este mundo que las personas, esos seres a menudo adormecidos y ausentes que tan solo viven aquello que les permiten las circunstancias… Porque son la esperanza de futuro, en quienes reside la capacidad de mejorar aquello que no pueden ofrecer los sistemas caducos. Y a ellos me quiero dirigir en esta sección, a partir de ahora.

Ramón Sanchis Ferrándiz, abril de 2015. ©