Los Talleres literarios de El Libro Durmiente.

Talleres literarios:

Existe una gran variedad de talleres literarios (denominados también como talleres de escritura creativa o talleres de creación literaria) que desarrollan seminarios, cursos presenciales o cursos online, dedicados a diferentes aspectos o géneros del ámbito literario, tales como la poesía, narrativa, novela negra, teatro, guion de cine, etcétera. En concreto, un Taller de Escritura Creativa pretende enseñar los principios básicos de la Escritura Creativa, es decir de aquella escritura artística que se utiliza en la creación literaria.

El aprendizaje en los Talleres de Escritura Creativa:

En general, un Taller de Escritura Creativa, está destinado a cualquier persona que desee mejorar su nivel de escritura en general, su comprensión de los recursos y técnicas utilizadas por los grandes escritores, iniciarse en la creación literaria, o bien, disfrutar más de la lectura de libros. No se requiere una formación previa en el ámbito de la escritura literaria, ni un perfil de persona habituada al estudio; tampoco hay condicionantes en virtud de la edad. Dado que un taller de escritura es eminentemente práctico, tan solo requiere de los asistentes una participación activa en la ejecución de los ejercicios propuestos.

Siguiendo un modelo ya tradicional, en los talleres de escritura se trabaja con una puesta en común de los escritos realizados por los asistentes, aportándoles sugerencias y correcciones en directo. De modo habitual, las tareas se ejecutan en el aula o ámbito destinado al taller, pues no se añaden obligaciones para desarrollar en casa, salvo aquellos que el alumno o aprendiz quiera realizar para ejercitarse mejor.

Taller de Escritura Creativa de El Libro Durmiente (ELD):

El Libro Durmiente, asociación adscrita al Centro Imaginalia (Avda. General Marvá, 16 – 00304 Alicante. Tfno. 00.34.965.21.22.41), viene desarrollando desde enero de 2013 un Taller de Escritura Creativa que ya ha completado su 3ª Edición, bajo la dirección de su profesor titular Ramón Sanchis Ferrándiz. Por otra parte, El Libro Durmiente recibe en sus instalaciones la visita mensual de destacados escritores a fin de completar la formación de sus alumnos con lo mejor de sus enseñanzas. Los escritores que han impartido sus enseñanzas pueden consultarse en los siguientes enlaces de nuestro blog: http://ellibrodurmiente.org/?page_id=4960http://ellibrodurmiente.org/?page_id=4109.

En dichas ediciones se han propuesto ejercicios muy variados que los alumnos debía resolver: descripciones de objetos, lugares y ambientes psicológiocos; descripciones de personajes; diálogos y narraciones (relatos breves, cuentos, microrrelatos); reseñas de libros, planificación de entrevistas a autores, notas de prensa, crónicas de sucesos, reseñas culturales o de viajes, poemas, etcétera.

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De nuevo, El Libro Durmiente abre su Aula de Autores para dar inicio a varios Talleres:

a) Cuarta Edición del Taller de Escritura Creativa (Nivel Inicial)

Contenido: Narrativa y soporte sobre técnicas básicas de escritura.

Horario: Sábados de 10:30 a 14:00 horas

Periodicidad: Una única clase al mes (principalmente, el primer sábado de cada mes).

b) Primera Edición del Taller de Escritura (Nivel Intermedio)

Contenido: Trabajo práctico en clase dedicado a la narrativa a partir de la revisión de los escritos presentados por los alumnos. Las explicaciones se realizarán sobre dichos trabajos, introduciendo correcciones y reflexiones sobre lo realizado. No habrá entrega de temas ni correcciones a realizar fuera del Taller.

Asistentes: Alumnos que hayan cursado, de forma satisfactoria, el Primer Nivel del Taller de Escritura Creativa, con la asistencia mínima del 80% de las clases y la entrega de 5 ejercicios escritos.

Horario: Viernes de 20:00 a 22:00 horas.

c) Edición del Taller Online (Nivel Inicial)

El temario del curso se adapta a cada alumno de forma individualizada.  Por tanto, el ritmo lo marca el alumno de acuerdo a su disponibilidad de tiempo. La incorporación se puede realizar en cualquier momento en el período de tiempo comprendido entre septiembre de 2015 y junio de 2016. El profesor remitirá los temas y ejercicios que habrá de realizar. Se corregirán los ejercicios entregados de modo personalizado.

d) Taller Online (Nivel Intermedio)

Dirigido a quienes han cursado el Taller Online (Nivel Inicial). Podrán enviar textos cuya finalidad sea la elaboración de un libro de relatos, poemario, novela, etcétera. Esta modalidad adquiere la forma de “coaching” para escritores noveles.

Publicado en el blog de El Libro durmiente el 4 de agosto de 2015:  http://ellibrodurmiente.org/?p=3408

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Taller de Iniciación a la Escritura Creativa.

 

Entre los días 16 y 23 de agosto de 2014 he impartido un Taller de Iniciación a la Escritura Creativa impartido en el Centro Imaginalia de Alicante, dentro de la programación que desarrolla el Aula de Autores de El Libro Durmiente (ELD) en favor de la formación de nuevos escritores… Se ha ofrecido una visión bastante amplia pero con profundidad de aquello que se imparte en los talleres anuales, desde los meses de septiembre a julio.

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En él, se han abordado los principales temas que abarca el arte de escribir:

  • la descripción,
  • la narración en sus distintas modalidades (relato, cuento, relato breve, novela),
  • la construcción de personajes convincentes, acompañado de ejemplos para realizar la ficha de un personaje,
  • la voz narrativa, el tono y el ritmo,
  • el lenguaje figurado,
  • la elección de la palabra adecuada y la musicalidad de un escrito,
  • la construcción de los diálogos y los diversos tipos de discursos,
  • el narrador, sus tipos y los puntos de vista que se utilizan para narrar.
  • el equilibrio entre las acciones, imágenes, diálogos y reflexiones.
  • la responsabilidad del escritor…

Se han confeccionado diplomas acreditativos para los doce alumnos que han asistido al curso.

El fondo y la forma. Tema para Taller de Lectura.

 

Escrito por Raysan el 05 de abril de 2014 como Tema del Taller de Lectura que dicta en FNAC-Bulevar de Alicante.

“Las palabras no alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”.       Julio Cortázar.

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De igual modo que en un ser vivo sus órganos vitales quedan resguardados por la membrana exterior que lo recubre y protege, ya sea un caparazón o una piel escamosa, en todo ser humano reconocemos un aspecto exterior y otro interior. Cuando Aristóteles concibió los conceptos de “la sustancia”  y “la forma”, comenzamos a separar dos aspectos que componían una misma realidad. Desde entonces, algunas personas valoran más la forma, la apariencia material de las cosas, y otras, valoran sobre todo lo profundo, lo esencial.
Al igual que ocurre en los seres vivos, en los libros también debe lograrse un perfecto ensamblaje entre la forma y el fondo. No podemos separarlas, porque no son aspectos antagónicos sino complementarios: un buen escritor sabrá cuidar el aspecto formal de la escritura y también su fondo; es decir, mantendrá una esmerada dicción y vocabulario acompañadas de imágenes y reflexiones personales que muestren valores, sentimientos, ideas, principios e ideales que trasmitan profundidad.
A menudo, un escritor debe elegir entre un lenguaje culto, que tan solo resultará asequible a unos pocos lectores, o aquel más próximo al lenguaje coloquial, que será más cercano para muchos. Sin embargo, un verdadero escritor jamás sacrificará el contenido de su obra ante las exigencias de la forma, pues sin duda sabrá expresar sus ideas con un lenguaje pulcro y cuidado, aparentemente sencillo pero profundo a su vez.
El lector incauto, aquel que se satisface con las cabriolas del lenguaje, permitirá que adulen sus sentidos con extranjerismos, expresiones de moda, palabras burdas o malsonantes, neologismos cuyo único valor radica en su originalidad. No obstante, el lector experto desconfiará de aquellos presentes que se ofrecen con delicados envoltorios y lazos de celofán pues a menudo tan solo encierran humo.
En todo caso, la forma debe ir siempre en consonancia con el contenido. En la descripción de un personaje medieval, podrá decirse que era taimado y astuto, pero no tildarlo de mafioso, ni argumentar que manejaba bien su inteligencia emocional, pues dichos términos corresponden a una visión actual.
Libro_Harry Quebert_00Tal como dice Jöel Dicker en su obra La verdad sobre el caso Harry Quebert, las grandes editoriales se interesan por novelas escritas con mucho diálogo, personajes poco definidos, escaso vocabulario y sin reflexiones… pues resultan ser las de mayor número de ventas. Están elaboradas con mucha acción, entretienen, son fáciles de leer y no crean grandes complicaciones mentales al lector.
La mayoría de lectores busca en la lectura la distracción y el entretenimiento, lo cual es lícito. El lector experto no solo aspira a divertirse leyendo, sino también a desarrollar su mente, a formarse, a comprender mejor al ser humano y al mundo que le rodea. Y eso es algo que solo un buen escritor sabe ofrecer, porque en sus manos, la forma es un instrumento para llegar al fondo de las cosas.

 

Escribir con palmeros.

Artículo escrito por Raysan el 22 de febrero de 2014 para el Taller de Escritura Creativa de El Libro Durmiente (ELD).

¿Saber escribir o ser reconocido?

Es conocido en el mundo editorial que, en la actualidad, nadie te publicará un libro sin la mediación de un agente literario. Las editoriales reciben cantidades ingentes de manuscritos que aguardan para ser leídos. Algunos pocos verán la luz; la mayoría dormirá un sueño eterno en la brumosa antesala de los escritores desconocidos. En el limbo indefinido de la no-publicación se hallan muchos escritores que han abandonado su condición de lector para aventurarse en un más allá desconocido, sin llegar a tocar el cielo reservado a los escritores.
Escher-drawing-hands_dibujando manosSí, llegar a ser considerado escritor es un privilegio que pocos alcanzan; muchos otros habrán quedado en el camino mientras tanto. A pesar de que se haya dicho que un escritor lo es en la medida que otros lo consideran como tal, escribir es un acto vocacional en que se embarca el alma en solitario. No obstante, más allá de las opiniones ajenas, el propio escritor sabe en su fuero interno, el poder que alcanza su vocación de transmitir; cuando ese anhelo profundo enraíza en su corazón, ya no podrá dejar de escribir.
El reconocimiento y las verdaderas capacidades para escribir no siempre caminan por la misma senda. Ejemplos hay muchos, pero bastará citar a la autora británica E.L. James y su afamado libro 50 sombras de Grey.

Escribir con palmeros.

En cambio, las editoriales consideran que un escritor debe venir a este mundo con un pan bajo el brazo. Me comentaba a modo de confidencia mi agente literario —porque hoy en día no eres nadie sin tu agente literario— que las editoriales analizan minuciosamente la conducta en las redes sociales de un posible escritor. Antes de publicar tus escritos necesitan comprobar que tienes un buen número de allegados que corean tus ocurrencias, de conocidos que ríen tus gracias a distancia, seguidores por control remoto que mantienen contigo una amistad virtual.
Visto así, si no te secundan no mereces alcanzar el paraíso de los escritores, porque no eres rentable. Una editorial evalúa con tiento tus amigos y parientes, y el número de palmeros que acompañan tu baile. Tus múltiples contactos auguran cuantiosas ventas, porque una vez editado el libro, cuando la editorial se aletargue para evitar gastos innecesarios, serás tu propio agente comercial, un correveidile de lujo que ha de verse inspirado por el mismísimo Mercurio para salir a flote en dicha empresa.
¡Cuántos verdaderos escritores no habrán perecido en las fauces del olvido por falta de acólitos y palmeros! Más les hubiera valido merodear a las puertas de festines y palacios, poniendo en valor —tal como se dice ahora— su capacidad de relación social, aún a costa de sacrificar el tiempo que debieran haber dedicado a la bella escritura.
Es conocido, que la escritura pulcra y esmerada no tiene tantos adeptos como pretenden las editoriales. En cambio, los amigos fáciles se prestan antes a halagos y reconocimientos que a minuciosas lecturas donde se descubran las mieles de un buen libro. En verdad, nuestro mundo está perdiendo los papeles, inmerso en una carencia de ética ostensible. Más valiera ser un escritor en el apartado rincón oscuro del alma que un insatisfecho divulgador de manuscritos mediocres. 
Ser jaleado no siempre se corresponde con una virtud a tener en cuenta: si te corean los mediocres tu sombra será fugaz, y tan huidiza como la fama; si los clásicos te escuchan con atención desde la distancia de sus tumbas, sabrás que tus pies transitan un verdadero camino. Porque ser escritor guarda relación con el camino que has de seguir para encontrarte a ti mismo.

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El lector cualificado.

Tú que me lees, no te conformes con ser un palmero de escritores mediocres; tampoco corees los nombres de quienes no sacudan tu alma echando la puerta abajo… No secundes en vano a quienes no amplíen los horizontes de la literatura, antes bien, calla indulgente y sonríe con cortesía cuando cierres un libro que no merezca ser leído. No te conformes con ser un lector mediocre que devora los libros que otros le acercan interesadamente: sé un lector cualificado, consciente de tu necesidad de leer para descubrir la vida; mide, sopesa con usura el tiempo de que dispones y no hagas dispendio de él con excesiva alegría, pues es tan breve como la vida.
No encumbres a quienes pretenden el halago fácil o corren tras amistades virtuales; no corras tú la misma suerte, pues serás devorado por el tiempo superficial que a todos nos alcanza. Libérate de la redes de un mundo vacío que tan solo cuida la apariencia, porque aquellos que pretenden ser escritores en el mañana reclaman de ti la solidez de un lector comprometido con su tiempo, un lector inteligente que ha de descubrir entre líneas, sin prisa y ajeno a las alharacas del mundo, las semillas de oro que se encuentran escondidas en los libros atemporales, aquellos que duermen a la espera de un lector capaz de trascender a su tiempo.

Estilos o discursos narrativos.

Tema escrito por Raysan para el Taller Literario de Escritura Creativa “El Libro Durmiente” (2ª Edición). 09/02/2014.

Publicado en Feb.09.2014 en el blog: http://ellibrodurmiente.org/?p=3716

En toda narración, de un modo u otro, deben hablar los personajes de la historia, adoptándose diversas formas de materializar sus “discursos”. A dichas variantes en el modo de expresar las voces de los personajes se les denomina también “estilos narrativos”.
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a) En el estilo o discurso directo, la voz del personaje se destaca del contexto de la narración, con el fin de enfatizar su contenido. Entonces, al igual que ocurre en el cinematógrafo, quedará en suspenso la narración para iluminar sobremanera al actor principal de la trama.
Formalmente se resuelve como sigue: en una línea aparte se abre un guión y a continuación se hace hablar al personaje; de este modo, podrá expresarse con su propia voz, en su jerga y utilizando los giros del lenguaje que le son habituales. Podrá utilizarse para la voz del personaje, por ejemplo, un tiempo verbal en presente, en tanto que el narrador continuará su relato en otro tiempo verbal, generalmente utilizando el tiempo pasado. Ello destacará las intenciones del personaje, su nivel sociocultural, su mentalidad, situándolas en el centro de la escena, dándoles un relieve especial.
Así, en el discurso directo un personaje cualquiera podrá decir:
—Pero dime, no dilates más tu contestación… ¿estás embarazada o no?
Ante lo cual, el personaje a quien se dirige la pregunta podría contestar:
—No me presiones más, o de lo contrario ¡no verás nunca a tu hijo!
A veces, en mitad del discurso de un personaje pueden añadirse ciertasacotaciones, las cuales definen quién habla, el modo en que sucede la acción, o bien, con qué intenciones se dijo aquello. Se presentan escritas entre guiones, siendo el narrador quien se expresa a través de ellas. Veamos un ejemplo:
—No me presiones, o de lo contrario ¡no verás a tu hijo! —dijo dándole la   espalda mientras su mirada se perdía en el horizonte a través de los ventanales—. Creo que no merezco este trato…—continuó diciendo entre sollozos.
En el discurso directo, también se permite que el narrador ceda momentáneamente la voz al personaje, introduciendo una cita textual que resalte aquello que dice. Veamos como lo resuelve Isaac Bashevis Singer:
…Los vecinos le preguntaron adónde iba y él contestó: «Adonde los ojos me conduzcan».
…Le empapó el rostro con sus lágrimas y repetía como una posesa: «Nathan, Nathan. Que no conozcamos más males», así como otras frases más propias de cuando fallece un miembro de la familia.
…«¡Bueno, es el invierno, el invierno! —se dijo Herman Grombiner, mitad cantando, mitad gruñendo—. ¿Cuándo será Januka? El invierno ha llegado temprano este año». Herman tenía el hábito de hablarse a sí mismo. Siempre lo había hecho…
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b) En el estilo o discurso indirecto no se deja hablar directamente a los personajes, sino que el narrador nos informa, de un modo indirecto, sobre lo que aquellos dicen. Esta es la forma utilizada en el lenguaje coloquial, cuando alguien narra unos hechos o una conversación y nos cuenta lo que dijo una persona ausente… Se recurre entonces a los verbos de dicciónpara expresar aquello que el personaje manifestó y su manera de hablar (decir, afirmar, exponer, asegurar, apuntar, aseverar, matizar, declarar, etcétera).
“Pedro me dijo que vendría sin falta, aunque ya lo veis: no aparece”.
De esta manera, dado que no se destaca aparte la voz del personaje, el relato gana en fluidez, acortándose su extensión. No obstante, este estilo presenta también una faceta negativa, pues el discurso se halla totalmente en manos del narrador. En consecuencia, el lector puede tener la sensación de que “conoce” aquello que el personaje opina, aunque no alcanza a “escuchar” al personaje con la misma realidad que permite el discurso directo.
Un ejemplo de este estilo es la presente narración sacada de un cuaderno de bitácora jamás escrito:
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“Viendo que la mar permanecía en calma y que el viento no alentaba bastante, la gente parecía descontenta, murmurando en pequeños grupos. Algunos se atrevieron a decir que tal vez el almirante no estuviera capacitado para aquella empresa, ante lo cual el contramaestre, subiéndose al puente arengó a la tripulación con fuertes palabras. Una vez más, apeló a su buen juicio, conminándoles a tratar aquella cuestión cuando arribaran a puerto, pues a todos convenía salir de situación tan azarosa…”
En el discurso indirecto el narrador suplanta la voz de los personajes y nos describe las cosas que estos decían o murmuraban, las preguntas que se hicieron, las dudas que les asaltaban, narrando tales detalles mediante la utilización de expresiones como “se atrevieron a decir que”, “se preguntaban”, “murmuraban sobre la cuestión”, etcétera. Si en este pasaje recurriéramos al discurso directo, se transformaría como sigue:
 “Viendo que la mar permanecía en calma y que el viento no alentaba bastante, la gente parecía descontenta, murmurando en pequeños grupos. Algunos se atrevieron a decir que… «tal vez el almirante no esté capacitado para esta empresa», ante lo cual el contramaestre, subiéndose al puente arengó a la tripulación con fuertes palabras:
—Una vez más, apelo a vuestro buen juicio. Os conmino a tratar esta cuestión cuando arribemos a puerto, pues a todos nos conviene salir de situación tan azarosa…”.
c) El estilo indirecto libre es una variante del estilo indirecto; el narrador nos informa también de aquello que dicen los personajes, aunque evitando la acotación que utiliza expresiones del tipo “dijo que…”. De este modo, eliminando los verbos de dicción, el lector puede “escuchar” la voz de los personajes, tal como hablan, libre de artificios narrativos. Ello confiere a este estilo una frescura y pujanza indudables. Es un estilo más intuitivo para el lector, aunque encierra una mayor complejidad para el escritor. Generalmente, se utiliza en una narración en tercera persona.
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Veamos cómo se maneja, revisando un ejemplo en el que se comparan los tres estilos:
En una narración escrita en discurso directo, la voz del personaje se desgaja del cuerpo del relato, siendo enunciada en un renglón aparte tal como sigue:
—No voy a salir, es demasiado tarde, y además está lloviendo —dijo Estela.
Actriz_Liv_Tyler-1Si recurrimos al discurso indirecto omitiremos la voz directa del personaje. Su  discurso quedará recogido en el contexto de la narración, como un comentario precedido de la expresión “dijo que”:
Estela dijo que no saldría, pues era demasiado tarde, y además lloviznaba. Prefería amarrar aquella conversación…
Finalmente, en el discurso indirecto libre, la misma conversación podría transcribirse de varias maneras, con mucha mayor soltura. Valga la siguiente muestra:
De pronto se paró en mitad de la habitación. No voy a salir, es demasiado tarde, y además está lloviendo. Prefería amarrar aquella conversación…
Por tanto, el discurso indirecto libre confiere una mayor viveza al texto, es menos falso, dado que lo libera de los artificios que utiliza el narrador. Sin duda, utiliza mejor los recursos literarios y da mayor libertad al autor en su forma de expresión. En suma, ofrece la ventaja de que la voz del narrador llega a pasar desapercibida, evitando la sensación de que alguien nos narra una historia, lo cual permite una mayor identificación del lector en la trama.
No obstante, en este tipo de discurso conviene que el autor incluya además, de cuando en cuando, el discurso directo. De este modo, se logra remarcar una frase relevante dicha por el personaje, destacándola de su contexto; al focalizar la atención del lector sobre dicha frase, se le confiere una mayor importancia relativa. Mientras el resto de la narración describe a los personajes y sus vivencias, sus inquietudes y comentarios, la voz acentuada como discurso directo, resaltará de un modo concluyente la actitud o el pensamiento de algún personaje, proporcionándole la impresión al lector de haber escuchado toda la conversación.
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En conclusión, a la vista de los estilos o discursos narrativos expuestos puede deducirse lo siguiente:
  • en apariencia, lo más objetivo sería citar las voces de los personajes tal como suenan, utilizando el discurso directo; en cambio, este estilo narrativo es el menos utilizado. Ello se debe a la dificultad que presenta el discurso directo para introducir de un modo apropiado los tonos de voz y los gestos que los personajes utilizaron. Las acotaciones del narrador salvan en parte dicho problema, aunque no puede caer sobre ellas el peso de toda la narración.
  • Si tan solo utilizáramos el discurso directo, no se podrían transcribir literariamente ciertos elementos utilizados en la comunicación cotidiana que van más allá del lenguaje académico, tales como el canturreo de una canción de cuna, las voces de un coro, o bien, las onomatopeyas. Ni tampoco ciertas palabras que se usan coloquialmente en el lenguaje fático por quien atiende en una conversación (sí, claro, pues…). A causa de ello, el narrador debe describir metafóricamente el sonido producido, el efecto provocado sobre los personajes, sus reacciones psicológicas, etcétera, recurriendo entonces a un estilo narrativo indirecto.
  • Si utilizáramos tan solo el discurso directo, todas las frases parecerían importantes. Por el contrario, utilizando con maestría la narración en estilo indirecto —tal como hace Gabriel García Márquez—, al intercalar las voces directas de los personajes tras la narración, éstas parecen más rotundas y determinantes, dado que previamente el narrador ha ido anunciando de un modo preciso lo que estos finalmente dicen.
  • No obstante, se puede utilizar con buenos resultados el discurso directo cuando queremos resaltar un modo de expresarse muy particular de un personaje. En todo caso, es siempre aconsejable que las voces de los personajes sean cortas, bien elaboradas y directas, para que la narración no pierda efectividad y no decaiga en el lector su interés en la lectura.
Es conveniente la buena práctica de los diferentes estilos citados, pues son las herramientas con que se modela el carácter de los personajes y se mantiene el tono narrativo. Pueden hallarse buenos ejemplos de los diversos estilos en “El hablador” de Vargas Llosa.

Las acotaciones del narrador.

Tema escrito por Raysan para el Taller de Escritura Creativa “El Libro Durmiente” (2ª Edición).

Publicado en Feb.08.14 en el blog:  http://ellibrodurmiente.org/?p=3702 

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En el discurso directo la voz de un personaje se destaca de la narración. Para ello, en una línea aparte y precedida de un guion se hace hablar al personaje, al cual se permitirá expresarse con su propia voz, en su jerga, utilizando los giros del lenguaje que le son habituales. A continuación insertaremos en el discurso las acotaciones del narrador, flanqueadas por guiones. El guion utilizado por las editoriales para señalar los discursos es el guion largo, ya sea en el inicio de la voz como en las acotaciones del narrador.

Una acotación es una ventana indiscreta por donde se cuela el narrador para aportar un detalle concreto, un matiz de aquello que ocurre y que el lector no puede ver. Equivale a una nota marginal que se inserta en un documento para aclarar algo.

Para utilizarlas adecuadamente debemos tener en cuenta que, a través de ellas prosigue la narración mientras queda en suspenso el discurso del personaje, por lo cual, su aporte debe ser breve y certero. Si dicha acotación abunda en exceso en detalles narrativos, interrumpe la percepción que el lector tiene de estar escuchando directamente al personaje que habla, y de un modo innecesario, torna visible al narrador.

Las funciones básicas de las acotaciones son las siguientes:

  • indican qué personaje está hablando, a quién se dirige y la tonalidad de su voz,

—Qué envidia me da la gente con estudios —dijo ella señalando a César.

—¿Qué planes tienes? —y la voz de Daniel sonó como un susurro insinuante.

  • muestran los gestos y movimientos que realizan los personajes, sus actitudes y  estado de ánimo,

—¡Basta! —vocifera Evaristo dando un puñetazo en la mesa—. El que no quiera comer que se vaya ahora mismo de esta habitación —añade con el brazo extendido y el dedo índice en dirección a la puerta— pero que no toque los cojones.

—Yo soy Abel, —se presentó mirando a Susana que con una sonrisa ocultó la timidez que le hicieron sentir los ojos oscuros del chico.

—Yo soy Cristina, y esta borracha es Susana —y la empujó con cariño pero haciendo que el mojito se le derramara un poco.

  • ofrecen detalles sobre aquello que ocurre y el contexto en que se desarrolla la escena,

—¿Qué ha ocurrido? —pregunta alarmada cuando ve que el párroco no suelta la oreja de su hijo mayor.

—Y no se preocupe por el asunto —el policía, acodado sobre la barra del pub, guardó aquellas fotografías en un sobre, apagó su cigarrillo y se dispuso a abandonar aquel antro inmundo—: tarde o temprano encontraremos al asesino.

  • abundan en la descripción de los personajes, aportando matices del carácter y temperamento de los personajes que ayudan a “caracterizarlos”. Es decir, revelan detalles de sus sentimientos, emociones y pensamientos, permitiendo al lector reconstruir su personalidad.

—Espérame, ¡vendré pronto! —dijo el siempre malhumorado guardián—. Pero no te prometo nada —masculló entre dientes contrariado—, y si lo hago, será la última vez.

—El tribunal no fue indulgente; señaló una a una sus faltas sin inmutarse —el inquisidor de pérfida mirada, con el gesto torcido por la maldad que alentaba su corazón, leyó con parsimonia el veredicto, regodeándose en el dolor ajeno…

  • reclaman la atención sobre algo en concreto, ralentizando o dando intensidad al diálogo,

—Antes venía a menudo a este lago; sobre todo en primavera. Aunque no había vuelto a este lugar desde que… —y no pudo evitar que sus ojos se humedecieran—, desde que… —balbuceó—, desde que ella desapareció en sus aguas.

  • preparan al lector ante un suceso que va a ocurrir, potenciando el texto que sigue a continuación. Tal es el caso de las acotaciones que a modo de cuña se insertan entre dos frases…

—No sabes bien lo que te espera —dijo en voz baja empuñando el arma con saña mientras pulsaba el botón para abrirle la puerta—. ¡Sube, estoy listo! —gritó.

—Claro —dice él mientras la toma de la cintura y la acerca hacia sí—. ¿Te gusto?

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Su mejor cualidad consiste en pasar desapercibidas, es decir, que el lector apenas repare en ellas y le permitan concentrarse en el discurso de los personajes. Para ello,

  • conviene evitar acotaciones demasiado largas, pues distraen al lector del contenido real del diálogo, perdiendo la ilación de la lectura.

  • no deben incorporar demasiados “datos o explicaciones forzadas”, las cuales pretenden “decir o exponer” aquello que, en cambio, debe ser “mostrado” a través de la narración.

  • no conviene utilizar las acotaciones para proseguir el desarrollo de la narración. En tal caso, es preferible llevar el comentario incluido en la acotación al cuerpo de la narración.

—En aquella edad no había tomado conciencia del mundo —mis padres, a pesar de ser relativamente jóvenes, se habían quedado anclados en aquella época dorada de los años ochenta, la de los guateques, las canciones protesta y el sueño americano, donde aún se creía que una persona con flores pintadas en el rostro podría detener los tanques soviéticos de la primavera de Praga—. Ellos no conocían el significado de la palabra “problema”.

En suma, debemos evitar acotaciones demasiado recargadas y poco precisas, en donde se ponga de manifiesto la existencia del narrador. En realidad, sabemos que el narrador existe, pues él es quien cuenta la historia y expone las peripecias de los personajes. Además, mediante el uso correcto de las acotaciones, el narrador puntualiza, define y acota las escenas y situaciones, pero en tal caso, no debe tomar un papel preponderante, ni artificial, a fin de que el lector crea que escucha hablar directamente a los personajes.

Clubs de Lectura y Talleres Literarios.

Artículo publicado en el periódico Información de Alicante en que se cita con elogios la labor que El libro durmiente realiza. Como director del Taller de Escritura Creativa me congratulo por ello y os hago partícipes de dicha publicación.

Lecturas compartidas.

PALOMA PALAZUELOS 02.11.2013 | 01:03

http://www.diarioinformacion.com/arte-letras/2013/10/31/lecturas-compartidas/1431986.html

La adicción a las series de televisión y los videojuegos, el tiempo invertido en redes sociales o las jornadas laborales extenuantes, cualquiera diría que engullirían la afición a los libros. Sin embargo, el buen estado de los clubes de lectura niega esta tónica. La programación de circuitos independientes, universidad y bibliotecas incita: la historia puede saltar de su mesilla de noche a un coloquio.

La UA va a ampliar sus clubes de lectura también a las sedes de la provincia. RAFA ARJONES

Lecturas/ Textos de lo más variado

Un club de lectura lo forman un grupo de personas que leen al mismo tiempo una obra concreta y celebran reuniones para comentarlo. Esta podría resultar una definición al uso. Pero, como se trata de un espacio de convivencia donde los libros son el elemento de unión, nada mejor para conocerlos que tirarnos a la piscina y ver desde dentro cómo se estructuran. Cualquier obra literaria, al pasar por la imaginación de un lector, se convierte en una experiencia única. ¿Qué ocurre cuando la historia se comparte con los demás?

El Libro Durmiente, club insignia en Alicante.

Asentado en la sede del Centro Imaginalia, el pasado mes de junio este club de lectura alicantino celebró su décimo aniversario. En 2003, apenas eran un grupo de amigos que se reunía periódicamente para hablar de libros. Así de simple. Con el tiempo, fue creciendo.

Al echar la mirada atrás, sus componentes sonríen al sumar setenta y seis actividades programadas. No es para menos. Autores que disfrutan de un merecido reconocimiento como Espido Freire, Jorge Eduardo Benavides o Fernando Schwartz han protagonizado algunos de sus encuentros literarios más sonados.

Nos lo cuenta Juan Adrada, director de Imaginalia, quien cree que el mérito ha residido en mantener la continuidad a pesar de los inconvenientes. Aunque algunas citas contaron con escasa presencia de público, nunca suspendieron un encuentro. Por fortuna, la realidad ahora es bien distinta. Llenan. Y lo hemos comprobado de primera mano. Nos infiltramos en la presentación del libro La cripta de las estrellas, una de las actividades que abría la lata de octubre.

Viernes. Pasan unos minutos de las ocho de la tarde, cuando Marcos Rodes, coordinador del club, y Chus Sánchez, autora de la novela, se enzarzan en una animada charla sobre el proceso creativo de escritura, la documentación necesaria para construir una historia que transcurre durante la campaña napoleónica o la atracción por los enigmas arqueológicos y los misterios de Egipto.

Favorecer el encuentro entre el autor y sus lectores es el alma máter de El Libro Durmiente. Se nota la satisfacción en la cara de Marcos y Juan cuando se abre el diálogo y es la misma autora la que anima al público: «acribilladme a preguntas». Dicho y hecho. Se sucede una avalancha de apreciaciones, opiniones, ideas o dudas, que completan la experiencia lectora, gracias a este estirón al hilo de la historia.
Es innato. Nuestra curiosidad difícilmente estará saciada.

Visto el éxito, la rueda no va a parar de girar. Además de las clases quincenales del Taller de Escritura Creativa, dirigido por Ramón Sanchís, apunta las siguientes fechas: el 23 de noviembre contarán con la presencia de León Arsenal, reciente Premio Algaba de Biografía, Autobiografía y Memorias. Y, para el 12 de diciembre, han programado un encuentro literario sobre la novela del verano, La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker. Si no lo has hecho, abre ya la primera página.

Además, durante el primer semestre de 2014, tienen confirmada la presencia de Juan Carlos Chirinos, Vanessa Montfort, Juan Carlos Méndez, Eva García Sáenz y Ernesto Pérez Zúñiga, entre otros. «Las personas que componemos El Libro Durmiente usamos a diario Internet, vemos la televisión, vamos al cine, al teatro? y leemos. Somos gente normal que aprovecha lo que hay de bueno en cada medio. La clave está en proponer contenidos de calidad que ayuden a desarrollar un juicio crítico para diferenciar los programas de calidad de los que adormecen el intelecto», asevera Juan Adrada. Cuando le preguntas si la lectura corre peligro, no tiene dudas. Asegura que en el futuro seguiremos leyendo porque es un divino placer.

La UA, literatura y cine se dan la mano.

Si hasta este año académico, los clubes de lectura coordinados desde la Universidad de Alicante se ubicaban en el Campus de San Vicente y en la Sede, para este curso la idea es ampliar el ámbito geográfico, de modo que se están ofertando clubes en distintas sedes de la Universidad. También se están desarrollando clubes centrados en temáticas o autores, como el de Mario Benedetti, en colaboración con el Centro de Estudios Mario Benedetti, que se ofertará en el campus en el segundo cuatrimestre.

Sergio Galindo, coordinador de los clubes de lectura universitarios, señala que el público que se da cita en el campus es muy variopinto. Desde estudiantes de primeros cursos o alumnos de posgrado a trabajadores de cualquier edad y condición o jubilados. La afición a la lectura no requiere de grandes requisitos, sólo ganas de compartir la experiencia lectora, intercambiar ideas y opiniones.

Desde su punto de vista, «la lectura y la literatura se adaptan a sus tiempos, como ya lo hicieran con la irrupción del cine». En este sentido, pone de relieve que una de las características de los clubes de lectura de la Universidad que dirige es que se comentan tanto textos como sus adaptaciones cinematográficas.
El ciclo en la Sede comenzó el pasado 16 de octubre y se celebrará los miércoles por la tarde. Para el despegue, nada más y nada menos que Antonio Skármeta y Julio Cortázar como autores protagonistas.

Más adelante, se comentarán El niño con el pijama de rayas o La princesa prometida. Un día, para comentar la lectura propuesta; el siguiente, para la proyección de la película.

Mientras, el Club del Campus se centrará en la narrativa de ciencia-ficción y tendrá lugar las tardes de los lunes. La máquina del Tiempo, de H.G. Wells, o El informe de la minoría, de Philip K. Dick, serán algunas de las obras protagonistas de los debates literarios.

La Biblioteca Pública Azorín de Alicante abre nueva página.

Nos acercamos también a la Biblioteca del Paseíto Ramiro. Su directora, Adelina Rodríguez, nos anuncia que el Club de Lectura de la Biblioteca Azorín inicia ahora su andadura por la propia demanda de los lectores. De hecho, cuando entramos a su despacho, observamos apiladas en una carpeta las fichas de los miembros que pasarán a formar parte del grupo de personas que leerán simultáneamente un libro y se reunirán para comentarlo. A primera vista, veo un buen montón.

Asimismo, nos comenta que continuarán con la animación a la lectura para el público infantil y juvenil o con las sesiones programadas de cuentacuentos que se desarrollan los viernes. Coincide con Sergio Galindo, de la Universidad, y con Juan Adrada, del Centro Imaginalia, en que la lectura no peligra. «La realidad nos dice que el público sigue leyendo y, mayoritariamente, en papel. De hecho, las estadísticas de préstamos de libros así lo confirman ya que siguen aumentando cada año», apostilla.

Para acabar el reportaje, unas palabras extraídas de Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, una de esas obras que te hacen amar más la literatura y que regalan imágenes tan poderosas como esta: «Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar, para hacer que una mujer permanezca en una casa que arde. Ahí tiene que haber algo. Uno no se sacrifica por nada».

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Los dos modos básicos de narrar: “contar” y “mostrar”.

 

Tema escrito por Raysan para el Taller de Escritura Creativa “El Libro Durmiente”. (http://ellibrodurmiente.org/)

libros_01 - copiaEn toda narración necesitamos “contar, citar o decir” aquello que sucede a fin de informar al lector, de un modo sucinto, aunque otras veces necesitamos detenernos a “mostrar” en detalle lo que ocurre. Estas dos formas básicas de narrar son utilizadas de modo habitual en nuestras conversaciones cotidianas. Al narrar lo acontecido en el transcurso de los años, condensamos en apenas unas frases lo que sucedió. En cambio, cuando algo interesa para la comprensión de nuestra historia, nos detenemos más en el relato, aportando detalles concretos que arrojen luz sobre la escena en la que nos focalizamos.

Para ilustrarlo, veamos el desarrollo de un ejercicio de nuestro taller de escritura, el cual ofrece una buena combinación de ambas formas de narrar…

 

Actriz con gafas oscuras…Ella, todavía un poco alterada, entra en la cafetería “Pirámide”. Busca una mesa junto a la pared, retirada, en el lugar más tranquilo desde donde pueda vigilar la puerta de entrada. Una vez elegida, se dirige hacia allí, se deja caer temblorosa sobre la silla, y girando la cabeza da un repaso visual a todo el entorno, tras lo cual respira aliviada”.

…Lleva puestas sus gafas oscuras de sol, fuertemente ajustadas a la cara. Con ellas, observa el entorno, a hurtadillas, por el rabillo del ojo, no queriendo ver de nuevo la imagen que ha contemplado cuando en la calle, ha tenido un encuentro con Pascasio…”

(La espera. María Teresa Rodríguez.)

En el escrito, por un lado “se cita” textualmente que está nerviosa (“…ella, todavía un poco alterada, entra en la cafetería “Pirámide”…”), pues algo le inspira temor (“…busca una mesa junto a la pared, retirada, en el lugar más tranquilo desde donde pueda vigilar la puerta de entrada…”) a causa de lo cual tiene el corazón agitado (“…todavía tiene taquicardia después de la escena vivida..”). Por otra parte, también ofrece el texto una buena colección de gestos y detalles que nos “muestran” ese miedo y nerviosismo en el personaje sin necesidad de contarlo: “se deja caer temblorosa sobre la silla, y girando la cabeza da un repaso visual a todo el entorno, tras lo cual respira aliviada; pide por consumición “una tila doble”, y al servirse observa que “asustada ve como su mano tiembla.

Más adelante, en la descripción física que se hace en el mismo relato, se abunda también en mostrarnos su temor y cautela (“…lleva puestas sus gafas oscuras de sol, fuertemente ajustadas a la cara. Con ellas, observa el entorno, a hurtadillas, por el rabillo del ojo…”); y se aportan gestos que denotan perplejidad por lo que ha visto (“…se quita las gafas, y se frota los ojos con avidez varias veces, como queriendo borrar lo que ya estaba impreso en ellos…”).

No debemos olvidar que estas dos formas de narrar suelen alternarse. Cuando narramos aquello que no es muy relevante para la historia, apenas se cita, se cuenta como si pasáramos por encima de ello de puntillas, de un modo cuidadoso; ante aquello que es relevante, nos detendremos a mostrarlo.

Imagen de guerra_peliculaCuando en una narración se comenta, por ejemplo, …los años del colegio pasaron deprisa, y antes de que pudiera darse cuenta de ello se encontraba en aquel barracón inmundo, en plena guerra del Vietnam…”, estamos citando los hechos, sin apenas detenernos en un largo periodo de tiempo. En cambio, cuando llegamos al núcleo de la narración, nos detendremos para mostrar la escena en detalle, entrando a describirla :

…allí estábamos hacinados como ganado; irritables y angustiados, por momento agresivos, y sin embargo confiados y expectantes, como si un milagro indecible pudiera sacarnos de aquella fosa maldita… Perdidos en mitad de la selva eramos un desecho del que la sociedad americana quería olvidarse… Los oficiales tampoco eran indiferentes a los altibajos que podían llevarlos a cualquiera a matar a su compañero…”.

  

Mostrar lo que ocurre no contarlo:

Ya sabemos que para desarrollar una escena y darle la importancia que merece, debemos abundar en detalles, esmerarnos en su definición, porque dichas escenas conformaran el núcleo de la narración. Pero no es una cuestión que tan solo afecte a la extensión del relato: “contar” no es sinónimo de relato breve y superficial, ni tampoco “mostrar” lo es de amplitud de la narración.

Cuando contamos, se relata con palabras lo que ocurre; al “mostrar” se expresa con imágenes lo que sucede. Porque al “mostrar”, se recrea la escena de un modo más visual, permitiendo al lector que asista a su desarrollo como un espectador silencioso, observando las acciones y sentimientos de los personajes, sus gestos y actitudes, sus pensamientos e intenciones. Contar equivale a decir; mostrar equivale a pintar imágenes. Por ello, siempre conviene “mostrar” lo que sucede, antes que “citar o contar” aquello que ocurre.

Aportaremos otro ejemplo sacado de los ejercicios de nuestro taller de escritura. En él se narran las peripecias de Henry, atrapado en un tren por un corte de fluido eléctrico:

Harry miró a su alrededor. La gente se disponía a esperar con resignación. Embutidos en sus insípidas vidas nada parecían perder. En cambio, él se debatía entre la impaciencia y la frustración. Tenía la percepción de que su existencia había estado marcada por la adversidad. Nada le había sido fácil. Las piedras convertían su camino en un erial ¿Qué sentido tenía seguir esperando?, ¿qué podía cambiar?”.

Sumido en una nueva oleada de negatividad, se descubrió pisando la protectora línea roja. A cada paso el embotamiento crecía, aislándole de alrededor. Una negrura, aún mayor que el espacio físico en el que se encontraba, empezó a teñir su mirada. Un nuevo paso… y otro más. Arrastraba su vida con desgana”. (Crónicas del subsuelo. Marcos Antonio Rodes)

Aquí se expresa perfectamente el estado de ánimo del personaje y sus percepciones a causa de la inesperada situación de verse atrapado en un corredor subterráneo y oscuro… El personaje, al encontrarse con una situación adversa, “se debatía entre la impaciencia y la frustración”, pues de modo habitual“su existencia había estado marcada por la adversidad”. “Nada le había sido fácil” dirá, mostrando un sentimiento de desesperanza. Ante cada nueva limitación, el camino le parecerá más árido, casi “un erial”, y es ahí donde surgen las dudas… Finalmente ellas le situarán ante una encrucijada del camino en donde tendrá que tomar una decisión, ya sea quedarse parado o reaccionar: “¿qué sentido tenía seguir esperando?¿qué podría cambiar?”.

Hay también en el texto entregado un buen ejemplo de mostrar antes que decir:

Una negrura, aún mayor que el espacio físico en el que se encontraba, empezó a teñir su mirada. Un nuevo paso… y otro más. Arrastraba su vida con desgana”.

dinero-hace-a-las-personas-mas-malvadas-universia-espanaAl insinuar que “una negrura, aún mayor que el espacio físico en el que se encontraba, empezó a teñir su mirada”, se expresa adecuadamente que la adversidad exterior ha ido calando en su estado de ánimo, adueñándose de sí.Al mostrar al personaje dando “un nuevo paso… y otro paso” se muestra con imágenes su desgana, la pesadez de ánimo expresada visualmente con la pesadez de los pies. Su actitud negativa y su embotamiento están bien reflejadas en esa frase.

Tal vez, sin desmerecer las bondades del ejercicio realizado, al añadir al final de la frase que “arrastraba la vida con desgana”, quizá se explica demasiado lo que ya se ha mostrado con imágenes, por tanto se podría obviar esta expresión. ¿Por qué? Contar y mostrar son dos aspectos que se complementan, pero el lector inteligente prefiere deducir lo que ocurre por él mismo. Esta es la tendencia de la narrativa moderna, dado que vivimos en un mundo en donde los medios audiovisuales nos predisponen a estar receptivos ante imágenes instantáneas, símbolos, secuencias fulgurantes, en suma, en momentos fugaces que discurren en apenas un parpadeo.

trenes_thumbPor tanto, hay una herramienta que conviene aprender. Mejor que decir cuál es el estado de ánimo del personaje (“se debatía entre la impaciencia y la frustración”) conviene mostrarlo. ¿Cómo se hace? No es fácil. Para mostrar que está impaciente podría comenzar a ir de un lado a otro del vagón, o mirar por el cristal de la ventana repetidamente a pesar de que está oscuro y no se ve nada. A fin de mostrar su frustración, el personaje puede rechinar constantemente los dientes en señal de impotencia, o incluso decir en voz alta…

“–Una cosa más que se malogra”.

O bien, exteriorizando sus pensamientos,

…Una cosa más que se malogra, se dijo a sí mismo hablando para su solapa”.

También de este modo, mediante el discurso del personaje o la expresión de sus pensamientos, llevamos al lector a comprender la situación anímica del personaje. Siguiendo el precepto de que siempre es mejor que el lector lo adivine, podemos evitar que el narrador (el que cuenta la historia) tenga que explicarlo todo, porque el relato perderá el dinamismo de lo visual.

En el texto entregado, se cita que el personaje “...tenía la percepción de que su existencia había estado marcada por la adversidad. Nada le había sido fácil. Las piedras convertían su camino en un erial”. Esta frase nos indica perfectamente la psicología del personaje, aunque es el narrador el que ha tomado la batuta dirigiendo la explicación. Entonces…, ¿cómo lograr que el narrador no aparezca y ceda sus atributos de director de orquesta? Veámoslo con un ejemplo…

La frase citada se podía sustituir por una secuencia más visual en que el personaje “apretando los dientes con rabia, golpeó con el puño cerrado la puerta del tren…”. Si pretendemos remarcar que esa frustración viene de mucho tiempo atrás, podría añadirse, además su propia expresión…“no puedo permitirme un nuevo fracaso”, o bien, “ya fracasé demasiadas veces como para quedarme quieto ahora”.

Pero tal vez podemos pensar ¿por qué no puedo decir lo que le pasa al personaje?

libros_01 - copiaEn realidad, hay dos modos opuestos de presentar una secuencia, y la narración pasa de uno al otro. Cuando un suceso no es relevante, se cita pero no se detiene la narración en él. En cambio, cuando un hecho es importante para el desarrollo de la trama, la narración parece recrearse en lo ocurrido; entonces la secuencia se alarga, aportando detalles y circunstancias que permitan al lector comprender lo que acontece.

En realidad, en la narración moderna se reproducen las técnicas utilizadas en el cinematógrafo. Por una parte, un “relato previo” podrá narrar los antecedentes de lo ocurrido, o expresá aquello que va a acontecer. Por otra parte, cuando los hechos lo requieren, podremos rodar “una escena” en detalle, mostrando la acción con todos sus matices, gestos, juegos de luces, sonidos y colores… Es decir, en toda narración podemos utilizar dos formas básicas de relatar la historia: enunciar de la mano del “narrador” lo que va a ocurrir, o bien, recrearnos en los detalles de lo que acontece, tal como si filmáramos la escena con los ojos de la imaginación.

 

Las metáforas (Tema del Taller de Escritura Creativa).

Publicado por Raysan en el Taller de Escritura Creativa “El Libro Durmiente” (Tema 14, agosto 2013).

Mirada enamorada

Se emplea la figura literaria denominada metáfora cuando para designar una cosa, utilizamos el nombre de otra con la que guarda semejanza, tal como utiliza Manuel Rivas en su libro “Las llamadas perdidas”:

 “…sus ojos eran dos tizones”.

En esta metáfora se considera que sus ojos son ardientes como tizones, es decir, como palos a medio quemar que albergan un rescoldo, y refulgen con su fuego interior. De este modo, al emplear un significado diferente al habitual mejoramos la comprensión del concepto, dando a una persona la cualidad de un objeto o viceversa. En virtud de ello, la metáfora citada podría escribirse a la inversa tal como sigue…

 “los tizones de sus ojos”.

Las metáforas puede aplicarse indistintamente a objetos, emociones, sentimientos e ideas, y también, a una palabra, una frase o expresión. Podríamos decir, por ejemplo:

“el arroyo de cristales licuados”;

“el atardecer fenecía”

“el frío mármol despertó en mi mano irisadas sensaciones”;

“mis sentimientos hacia ella eran torrentes cristalinos”;

“sus ideas eran diáfanas y se posaban aquí y allá como una lupa de aumento”

 Podemos encontrarlas también en las frases hechas y en el lenguaje coloquial utilizado en nuestra vida cotidiana…

 el tiempo huye”; “el tiempo es oro”; “he perdido el tiempo”; “necesito pasar página”; “la noticia fue como un jarro de agua fría”; “está en la primavera de su vida”; “él es un pozo de ciencia”

A menudo, las metáforas relacionan incluso un término “real” con otro “imaginario”, entre los que existe cierta analogía. En palabras de Jorge Icaza se dirá que…

 …el hambre era un animal que ladraba en el estómago”.

De un modo similar se expresa Vanessa Montfort en su libro “El ingrediente secreto” cuando dice…

 …pero la pobreza le estaba mordiendo la ilusión y la falta de ilusión bebía vino hasta hartarse

Pelicula_Hanna

En este pasaje se relaciona a la pobreza con un perro hambriento que va devorando las ilusiones de la persona.

Al enlazar entre sí dos elementos apelando a su relación de semejanza se crea entre ellos un vínculo mediante la “imagen poética” utilizada. Si por ejemplo, vinculamos la palabra “cabellos” (como término real) y la palabra “oro” (como término imaginario), vale decir indistintamente,

  metáfora simple: sus cabellos son oro”,

  metáfora de complemento: sus cabellos de oro”, o bien el oro de sus cabellos”.

A partir de este instante la imagen metafórica podrá suplantar al elemento real en virtud de dicho vínculo de identidad: en este caso nos hallaremos ante una metáfora pura.

  Metáfora pura: “el oro de su frente” (pues se omite el término real, cabellos)

En realidad, una metáfora admite otras muchas variantes, de las cuales mostramos, a continuación, tan solo algún ejemplo:

  aposicional: sus cabellos, oro de su frente”;

  negativa: “no eran cabellos, sino oro”; “no era oro, sino sus cabellos”;

  descriptiva: “sus cabellos, oro, fulgor, belleza y pasión”

La relación entre el término inicial de una metáfora (sea un objeto, palabra o frase, sentimiento o idea) con el término final (sea un concepto o figura poética) nos sugiere la comparación entre ellos. No obstante, debemos indicar que la metáfora no es una comparación o símil, aunque encierra de modo inevitable una comparación tácita. Tal es el caso cuando se dice, por ejemplo…

“el átomo es un sistema solar en miniatura”.

En realidad, la metáfora no persigue la comparación entre dos términos sino más bien la identificación simbólica entre ellos. Observemos con detenimiento la siguiente metáfora utilizada por Vanessa Montfort…

Ojos Tristes 28    

“…entonces mis ojos comenzaron a llenarse muy poco a poco, dos bañeras inundándose por un descuido. Y el grifo se quedó abierto y el agua empezó a desbordarse por mi cuello y sobre mis manos…”

Aquí el llanto se describe mostrando dos bañeras [los ojos] que se inundan por un descuido y rebosan incesantemente [las lágrimas]. En la narración no se comparan sino que se identifican dichas figuras (los ojos, por los que manan las lágrimas de un modo desmedido, se identifican con dos bañeras que se desbordan) por su relación de semejanza.

Las metáforas no son una mera combinación de palabras. Ellas pretenden remarcar una característica concreta del objeto o término de partida, a fin de mostrar un matiz diferente, utilizando un nuevo aspecto del lenguaje con un significado más bello. La utilización de metáforas propicia una manera de describir más imaginativa, impactante y colorista, permitiendo al autor crear un lenguaje propio.

Faro al atardecer_02    

Así, Manuel Rivas, gran maestro en el uso de las metáforas, nos dirá…

“…acampaban al lado de la franja de dunas, esa tierra de nadie, frontera que amansaba los vientos entre la playa y el fértil valle ”.

De Vanessa Montfort extraemos también otra metáfora que crea lenguaje de autor…

“sus párpados melocotón, cerrados sin esfuerzo con elegancia de ostra…”

Cuando las palabras habituales no alcanzan a expresar las ideas o sentimientos que pretende mostrar, entonces el autor recurre a “la magia de la metáfora”, porque ella aporta en virtud de su relación de semejanza un significado no solo más bello, sino más pleno y rotundo… En su libro “Mujeres de ojos grandes”, Ángeles Mastretta expresará el sentimiento de pena como sigue:

“…ella sentía una pena de navajas por todo el cuerpo”

En otro ejemplo extraído del mismo libro, la autora nos muestra a una madre acunando a sus niños al borde de la cama,

“…dispuesta a decirles cuentos y canciones hasta que entraran en la paz del ángel de la guarda”,

Esta madre solícita no se conforma con que sus hijos se duerman y tengan sueños reparadores, sino que alcancen una paz angelical…

Podemos añadir que las metáforas son importantes en una obra literaria no solo porque nos permiten “ver desde otro punto de vista más bello” los objetos, sentimientos e ideas, sino porque “encierran un significado simbólico” que rebasa el significado habitual. Con las metáforas nos adentramos en un nivel simbólico que no puede faltar en la literatura creativa, un nivel paralelo a la realidad que subyace escondido hasta que el autor descubre la clave de su existencia y nos lo muestra.

Por este motivo, la metáfora es de uso habitual en la poesía, donde el autor escribe empujado por una arrebatada e impetuosa imaginación. Es sobre todo en la poesía donde, a menudo, se colorean las emociones y se perfilan las ideas mediante imágenes que guardan semejanza con aquello que se desea expresar. En “La Ilíada”, el poeta Homero utiliza la siguiente metáfora:

“…la obscura nube de los enemigos”.

El poeta Pablo Neruda, en su poema “Te recuerdo como eras” dibuja con palabras la siguiente expresión:

“…en tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo”.

Enlaces:

http://ellibrodurmiente.org/?p=2604

El arte de escribir (Tema del Taller de Escritura creativa)

El arte de escribir.

WRITTEN BY: ADMIN – OCT• 04•13

 Taller de Escritura Creativa “El libro Durmiente”, 2ª edición (Tema 1).  Escrito por Raysan.

Dibujo

El arte de escribir.

Aunque la gran mayoría de las personas saben escribir, no alcanzan a escribir de un modo artístico. Se denomina “escritura creativa” a la escritura que se utiliza en la creación literaria, la cual pretende conformar un verdadero “arte de escribir”. Ello requiere un aprendizaje por parte de quienes sienten ese amor por la escritura, esa pasión o vocación por contar historias, por transmitir sueños, ideas y emociones que aporten algo a los demás. El arte de escribir y su técnica, configuran una herramienta necesaria para la expresión humana, y por tanto, deberían estar presentes en la formación y el desarrollo integral de cualquier persona.

Todos tenemos sueños y anhelos, emociones e ideas cotidianas, pero en lo más recóndito de nosotros mismos se hallan aquellos anhelos profundos del alma, emociones sublimes e ideas brillantes, que bien pudieran constituir una historia, un legado que dejar a los que han de seguirnos. Entonces, escribir se convierte en una necesidad ineludible, que exige de nosotros el paso de la potencia al acto, tal como dijera Aristóteles, convirtiendo en frutos de la imaginación aquellas fantasías que nos asaltaban en sueños.

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El oficio de escritor:

Escribir no siempre guarda relación con llegar a ser escritor. Es una actividad individual y bastante solitaria, que requiere de cierta tranquilidad de ánimo y atención. En consecuencia, el escritor precisa rodearse de un entorno que no le perturbe. Tampoco ha de ser, necesariamente, un lugar paradisíaco, en mitad de la naturaleza; bastará que el escritor sepa refugiarse en un lugar discreto y apacible, de modo que pueda entrar en su propio mundo para hallar el hilo de una historia.

El escritor es como un corredor de fondo que entrena a diario, en solitario, esforzándose por superar sus propias limitaciones, probando su habilidad con constancia y perseverancia. Ante él afloran los miedos y las incertidumbres lógicas en quien realiza un trabajo a solas. A veces, sus fantasmas se acrecientan, pareciendo más poderosos de lo que en realidad son; otras se diluyen en una euforia pasajera, en una producción fácil, cuando las ideas nos rodean y acceden a nosotros ante un mero chasquido de dedos.Pero todo artista -y el escritor lo es- ha de enfrentarse a los vaivenes propios del proceso creativo, al reconocimiento de las propias emociones, al miedo al fracaso, al bloqueo ante el papel en blanco, al temor ante las opiniones ajenas….

El oficio de escritor es bastante ingrato, pues no siempre entrega la recompensa que se busca. En realidad, si usamos un concepto propio de la filosofía hindú, escribir es una actividad que debe realizarse por “recta acción”, es decir, sin apegarse a los frutos que se derivan de esa acción.

Escribir exige capacidad de introspección, de análisis, porque la escritura es una viaje hacia nuestro mundo interior: tan solo algunos lograrán encontrarse a sí mismos utilizando esta herramienta…

Escribiendo-en-un-blog-300x200El lugar adecuado para escribir:

Sería ideal encontrar un refugio que nos aislara de todo aquello que nos rodea, bello y gratificante. Pero nada puede ocultarnos de nosotros mismos. En el proceso creativo conviene asumir que la tranquilidad y el momento adecuado para escribir van con nosotros, pues depende de nuestras decisiones: alejarnos del bullicio, apagar la televisión que lanza sus bramidos de fondo, rodearnos de una bella música que nos inspire, preparar con antelación un café o nuestra bebida favorita y tener a mano un buen libro… Cualquier lugar sencillo que nos predisponga a pensar, a leer, a bucear en nuestra imaginación, puede servir también como guarida para un escritor.

El éxito en la escritura:

La mayoría de los escritores no pueden vivir de la escritura, porque no siempre se alcanza el éxito anhelado, o los honorarios de dicho oficio no están a la altura del esfuerzo que se realiza. Conviene anhelar, antes bien, el reconocimiento que el éxito, porque es un premio más justo que el éxito.

Por otra parte, algunos escritores son seguidos por un público fiel, alcanzan la fama, aunque no logran el reconocimiento en su oficio, porque no son buenos escritores. En la actualidad, los lectores conforman un conjunto muy heterogéneo y variopinto. De ahí que los libros más vendidos no siempre tienen la calidad que se les presupone. La propaganda de las editoriales inclina pareceres, e incluso, manipula premios. A menudo fabrica autores de la nada, porque el firmamento de la literatura precisa estrellas que le den brillo y animen las ventas.

La vocación de escribir:

La actividad de escribir ha de ser vocacional; se escribe en realidad para sí mismo, por una necesidad anímica. Se buscan las ideas lanzando el sedal al fondo de la mente, allí donde residen nuestras experiencias, aunque no solo se pretenden para entregarlas a otros, sino por la mera necesidad de hallarlas, a fin de mirarlas de frente y reconocerlas como propias.

En virtud de lo dicho, conviene alentar a aquellos que quieren dar sus primeros pasos en el arte de la escritura, a escribir sin pretensiones de llegar a ser un gran escritor o alcanzar la fama. Se debe escribir por la necesidad interior de expresar lo que se lleva dentro, disfrutando de la actividad de escribir. Si no se logra cierta felicidad en dicho oficio, no se puede trasmitir felicidad.

Observar para escribir:

Todo escritor es un observador del mundo que le rodea, a través del cual se pregunta por sí mismo, tratando de descubrir su propia verdad. Cuando percibe un atisbo de dicha verdad, y en su necesidad de transmitir la profundidad alcanzada, elaborará y destilará de nuevo en su propio atanor las imágenes y las vivencias acumuladas. Así, todo escritor se va modelando en la fragua de sus propias vivencias.

Escher-drawing-hands_dibujando manosTener algo que aportar:

No obstante, se nos dirá que todo vale, que cualquier texto encierra algo útil, pero no debemos olvidar que un verdadero escrito debe poseer algo objetivamente válido que aportar a los demás, de modo que a través del ensueño de la ficción pueda enriquecer sus vidas: aprendices hay muchos, maestros hay pocos. Y aquellos que dan sus primeros pasos en el arte de la escritura creativa deben comenzar su camino con humildad, pues más allá del escritor que “nace” con un talento o genialidad natural, creemos que un escritor “se hace” a sí mismo, con pundonor y dedicación, hilvanando en la misma tela entusiasmo y esfuerzo.

El autor consumado que tiene algo cierto que aportar a sus lectores, que alberga una íntima convicción sobre la utilidad de su escrito, tal vez guiándose por su intuición, su propia madurez interna, o fiando en su juicio, distinguirá fácilmente aquello que pueda resultar demasiado simple o superficial en su propio texto, evitando lo grosero, lo grandilocuente, y todo aquello que sirve de relleno sin aportar calidad alguna.

Ejercitarse constantemente:

Pero nada se aprende sin práctica. No se logra la maestría en una “disciplina” sin pasar por un cúmulo de ensayos que parecen interminables, cuyo fin es “disciplinar” la propia imperfección y lograr el pleno dominio de un arte. El dominio de un instrumento musical exige una dedicación de al menos media hora al día; escribir requiere continuidad, a fin de que nuestra mente se centralice en un tipo de ideas que van tomando cuerpo poco a poco. Vale más la continuidad de quien dedica media hora a diario que una dedicación esporádica.

Hay pensadores que consideran que las ideas no solo se producen en la mente, sino que a veces se captan, porque se hallan en el ambiente y nos influyen, al igual que nos alteran las emociones colectivas. Si estamos receptivos, podremos captar mejores ideas, y alcanzar un grado de armonía mayor.

Dibujo de Pessoa en un caféToda obra literaria tiene las limitaciones de su autor:

Toda obra literaria es un reflejo del carácter del escritor y de su propia humanidad. Una obra no puede llegar más alto que su autor, porque se apoya en las capacidades de su autor, y pronto se encontrará con sus limitaciones. Hablar o escribir constituyen herramientas mediante las cuales se expresa nuestro pensamiento, por tanto son sus hijos; una progenie genéticamente parecida a su artífice.

Los grandes autores como Homero, Cervantes, Shakespeare, Dante, Dostoievski, Tolstoi, Dickens, Borges, son admirados por diversos motivos: acaso por el ritmo de su escritura o su forma concreta de elaborar las frases y los párrafos, o bien, por la profundidad de sus argumentos y el modo en que se llega al desenlace de la trama. Otros escritores reconocidos como clásicos, destacan por la capacidad de recrear un ambiente psicológico y la fuerza descriptiva de sus personajes, pero principalmente se les valora por su capacidad de análisis y comprensión del alma humana, por sus acertados juicios o reflexiones, y en suma, por la humanidad y las virtudes que se aprecian en los personajes.

A menudo, sus personajes no pueden ser más grandes que él mismo… pues no pueden concebir realidades más allá de las que capta su creador.

Analizar el mundo con objetividad:

Aunque todos creen poseer la verdad, alcanzar un punto de vista objetivo en lo que se escribe es difícil, porque analizar el mundo y los sucesos con objetividad es difícil. Llegar al mundo de lo “absoluto” es algo que no está al alcance de las personas.

A menudo, soñamos con alcanzar arquetipos que nos parecen muy lejanos, pero son como un faro inaccesible que alumbra a la humanidad: la justicia, la bondad, la verdad, la belleza… Son realidades esenciales que permanecen aún bastante inaccesibles. En realidad, vivimos en un mundo de verdades “relativas”:

Ejemplo: no se puede “ser feliz”, sino a lo sumo “estar feliz”.

El escritor no puede pretender alcanzar una verdad “absoluta”, porque ello es bastante inaccesible para el presente momento de la humanidad. Por tanto, todo escritor ofrece un punto de vista personal, y debe entregarlo sin complejos: es lo mejor que tiene, es algo personal, pero es su legado.

Práctica: escribir sobre… “ser y estar”.