Taller de escritura creativa Ítaca-ELD (El libro durmiente)

Un año más, a mediados de septiembre arrancará nuestro Taller de Escritura Creativa realizado conjuntamente por Ítaca (Espacio Cultural) y ELD (El Libro Durmiente). Ambas asociaciones, Ítaca-Espacio Cultural de Valencia y ELD del Centro Imaginalia de Alicante, han unido sus esfuerzos para continuar esta labor formativa movidas por inquietudes similares.

Después de ocho años de rodaje, nuestro taller tiene experiencia suficiente para enseñar a escribir a cualquiera que se lo proponga seriamente. Cada año comienza a finales de septiembre y termina a finales de junio del año siguiente. Tenemos un programa bastante completo que imparten tres profesores: Rosario Olivar, Lilia Gª Chiavassa y Ramón Sanchis. Estamos enfocados a la narrativa, aunque no desdeñamos la incursión en poesía u otros géneros, aunque la base es la narración. No obstante, igual se aprende a redactar un microrrelato, escribir una columna de opinión, un artículo, la reseña de un libro, un cuento o un poema. Se parte de la enseñanza de descripciones, personajes, reglas básicas de la narración, diferencias entre relato, cuento, novela breve, novela, microrrelato, para pasar a las figuras literarias (metáforas, comparaciones, metáforas de situación, etcétera), el tono, el ritmo, la musicalidad, el simbolismo en los textos, etcétera. A esto se añaden píldoras literarias, cortas, directas, que nos recuerdan los errores y correcciones necesarias del modo de escribir (o sea, técnicas básicas de escritura).

Este año pretendemos incluir un módulo de Escritura en internet, dado que no se utiliza el mismo estilo cuando se escribe en la red, y también, modalidad periodística. Para ello vamos invitando a autores especializados en cada tema. Aunque esta temporada que ahora comienza el taller será presencial en Ítaca-Espacio cultural de Valencia, se mantendrá la conexión online que tantas alegrías nos ha dado últimamente, pues ha permitido que haya un total de unos 40 alumnos de varias ciudades españolas, e incluso, de Sudamérica.

Nuestras cuotas son muy económicas, porque son promovidas por asociaciones culturales cuya finalidad altruista entronca con una real difusión de la cultura. Hay apuntes de base para el taller que conformaron en su día un libro ya publicado en 2015: El arte de ser escritor, de la editorial Librando Mundos. Se imparten, al menos, dos sesiones de taller al mes con clases quincenales, en sábados alternos. La duración de cada clase es de unas 2:30h, que abarcan de 11h a 13:30h de los sábados. La palabra «taller» indica que las enseñanzas que se dan son prácticas y que requieren una actitud proactiva en el aula; no son clases solo teóricas, por lo cual en algún tramo de la clase se proponen ejercicios de redacción, se leen en voz alta (quien lo desee) y se dan indicaciones sobre la redacción.

Al final del curso se emitirán los diplomas correspondientes a quienes hayan asistido al taller con dedicación. No se trata de un curso inicial, pues hay alumnos que ya tienen un recorrido en la escritura, pero conviven perfectamente niveles más o menos experimentados. Los alumnos que tienen continuidad, de modo natural, acaban publicando sus relatos, reseñas de libros, poemas, ganan algún concurso. En este último curso, una alumna ha publicado un libro de poemas. Los alumnos que han mantenido su aprendizaje unos dos o tres años, ya tienen libros publicados con soltura, participan en blogs, colaboran con instituciones, etcétera. Esa es nuestra mejor recompensa.

El arte de ser escritor

 

  • Extracto del libro con el mismo título, publicado por la editorial Librando Mundos, del autor R.Sanchis Ferrándiz.
El arte de escribir
Se denomina “escritura creativa” a aquella que se utiliza en la creación literaria, sea de ficción o no, la cual pretende conformar un verdadero “arte de escribir”. Aunque la mayoría de las personas saben escribir, no alcanzan a hacerlo de un modo artístico; para ello se requiere un prolongado aprendizaje. Pero el arte de escribir y su técnica, configuran una herramienta necesaria para la expresión humana, y por tanto, deberían estar presentes en la formación y el desarrollo integral de cualquier persona. Sin embargo, tan solo unos pocos se adentran en el territorio de la escritura creativa. Esta es una dedicación abnegada para quienes sienten un verdadero amor por la escritura, la vocación de contar historias, por transmitir sueños, ideas y emociones que aporten algo a los demás.
En ocasiones, en lo más recóndito de nosotros mismos se hallan anhelos sublimes del alma, emociones elevadas e ideas brillantes, que bien pudieran constituir una bella historia, un legado que dejar a los que han de seguirnos. Entonces, escribir se convierte en una necesidad ineludible, que exige de nosotros el paso de la potencia al acto —tal como dijera Aristóteles—, convirtiendo en frutos de la imaginación aquellas fantasías que nos asaltaban en sueños.
El oficio de escritor
Escribir no siempre guarda relación con la perspectiva idealizada de “llegar a ser escritor”. Es más bien una actividad individual y solitaria, que requiere de cierta tranquilidad de ánimo y atención. En consecuencia, el escritor precisa rodearse de un ambiente que no le perturbe. Sin embargo, dicho entorno tampoco ha de ser, por necesidad, un lugar paradisíaco en mitad de la naturaleza; bastará con que el escritor sepa refugiarse en un ámbito discreto y apacible, de modo que pueda entrar en su propio mundo para hallar el hilo de una historia.
El escritor es como un corredor de fondo que entrena a diario, esforzándose por superar sus propias limitaciones, probando su habilidad con constancia y perseverancia. Ante él afloran los miedos y las incertidumbres propias de quien realiza un trabajo a solas, enfrentado a sí mismo. Algunas veces, se acrecientan sus fantasmas interiores, pareciendo más poderosos de lo que en realidad son; otras, se diluyen en una euforia pasajera, en una producción fácil, cuando las ideas se presentan de modo espontáneo y acceden a nosotros ante un mero chasquido de dedos. Sin embargo, todo artista —y el escritor lo es— ha de enfrentarse a los vaivenes propios del proceso creativo, al reconocimiento de las propias emociones y el miedo al fracaso, al bloqueo ante el papel en blanco, al temor ante las opiniones ajenas….
Escribir exige capacidad de análisis y de introspección, porque la escritura es un viaje hacia nuestro mundo interior, y tan solo algunos lograrán encontrarse a sí mismos utilizando esta herramienta…
En realidad, el oficio de escritor es bastante ingrato, pues no siempre entrega la recompensa que se busca. Recurriendo a un concepto propio de la filosofía hindú diremos que escribir es una actividad que debe realizarse por “recta acción”, sin apegarse a los frutos que se derivan de ella. Aunque se ejerza el oficio de la escritura esperando una remuneración, en cierta manera, el escritor debe sentir ese desapego interior que le sitúa más allá de los resultados que le acarree su trabajo, esa necesidad que le reclama la propia obra que necesita ser plasmada. Y sin duda, todo artista que compone una nueva obra sabe que ella le reclama el derecho a la vida con su propia voz… Una voz inaudible y vacilante al principio pero impetuosa y exigente cuando la obra va tomando cuerpo.
El lugar y el momento adecuado para escribir
Sería magnífico encontrar un refugio que pudiera aislarnos de todo aquello que nos rodea, y a ser posible, un lugar bello y gratificante… pero nada puede ocultarnos de nosotros mismos. En el proceso creativo conviene asumir que la tranquilidad y el momento apropiado para escribir van con nosotros, pues depende de nuestras decisiones: saber alejarnos del bullicio, apagar la televisión con sus ruidos de fondo, rodearnos de una bella música que nos inspire, preparar con antelación un café o nuestra bebida favorita, y tener a mano un buen libro… son circunstancias favorables que siempre podemos elegir. Cualquier lugar sencillo que nos predisponga a pensar, a leer, a sumergirnos en nuestra imaginación, puede servir también como guarida para un escritor.
De igual manera, podemos elegir el momento más idóneo para dedicarnos a la escritura. De nosotros depende llevar a mano siempre un papel y un lápiz en donde anotar las ideas fugaces que nos asaltan, ya sea en un autobús, en el metro, en la tranquilidad de un parque o en una cafetería bulliciosa. No siempre se escribe de noche y a la luz de una lámpara mortecina; algunos escritores se levantan temprano para lograr la tranquilidad necesaria; otros graban sus pensamientos mientras salen a correr, y no siempre tienen un momento establecido para ello. No hay una regla de oro, sino un instante fugaz que conviene atrapar: lo cual requiere paciencia y tenacidad. Aunque tal vez convenga recordar aquí una frase del dramaturgo inglés Oscar Wilde que dice: “el aplazamiento es el asesinato de la  oportunidad”.
Este es un aprendizaje que no dispone de un manual previo, sino de meras recomendaciones: un camino que todo escritor aprende a recorrer por sí mismo…
El éxito en la escritura      
La mayoría de los escritores no pueden vivir de la escritura, porque no siempre se alcanza el éxito soñado, o bien, los honorarios de dicho oficio no están a la altura del esfuerzo que se realiza. Conviene anhelar, antes que el éxito, el reconocimiento y respeto por el trabajo realizado, porque a menudo es un premio más justo que el éxito.
No obstante, algunos escritores que son seguidos por un público fiel, alcanzan la fama, aunque no logran el reconocimiento en su oficio, porque en realidad no son buenos escritores. En la actualidad, los lectores conforman un conjunto muy complejo y heterogéneo, de ahí que los libros más vendidos no siempre tienen la calidad que se les presupone. A menudo, la propaganda de las editoriales inclina pareceres y fabrica autores de la nada, porque el firmamento de la literatura precisa estrellas que le den brillo y animen las ventas.
La vocación de escribir
La actividad de escribir ha de ser vocacional; se escribe en realidad para sí mismo, por una necesidad anímica. Se buscan las ideas lanzando el sedal al fondo de la mente, allí donde residen nuestras experiencias, aunque no solo se procuran para entregarlas a otros, sino por la mera necesidad de hallarlas.  
Por tanto, debemos alentar a quienes pretenden recorrer la senda de la escritura creativa, si bien, conviene persuadirles a escribir sin especulaciones ni conjeturas, manteniéndose alejados de baldías presunciones de llegar a ser un gran escritor o alcanzar la fama. Conviene escribir por la propia necesidad interior de expresar aquellos sentimientos e ideas  que se llevan dentro, disfrutando de dicha actividad. Porque si no se logra cierta felicidad en dicho oficio, no se puede trasmitir felicidad a otros; si no se halla satisfacción en el hecho de escribir, sin duda, ello se reflejará en nuestros escritos.
Observar para escribir
El escritor ha de poseer, también, cierta capacidad de observación; virtud privilegiada que le permite adivinar aquellos matices de la vida que otros no alcanzan a ver. Porque todo escritor es un observador del mundo que le rodea, a través del cual se pregunta por sí mismo, tratando de descubrir su propia verdad. De hecho, cuando el escritor percibe un atisbo de dicha verdad, siente el deber de transmitirla, para lo cual reelabora y destila en su propio atanor las imágenes y experiencias atesoradas. Así, todo escritor, tal como dijera el poeta Antonio Machado, a la par que recorre un camino externo de realización personal va construyendo su propia senda interior; se modela, también, a golpes, en la fragua de sus propias vivencias.
He aquí, al respecto, un comentario extraído del libro Barba Azul, de Amélie Nothomb, que demuestra la capacidad de observación de un escritor:
“—No tiene usted los hábitos de un fotógrafo. Le he estado observando. Nunca enfoca con los ojos, nunca permanece en silencio ante una imagen. Al contrario, habla y habla sin descanso. Apostaría a que nunca ha tocado una cámara fotográfica…”.
Tener algo que aportar
No obstante, se dirá que todo vale, que cualquier texto encierra algo útil, aunque no debemos olvidar que un buen escrito o relato debe poseer algo objetivamente válido que aportar a los demás, de modo que a través del ensueño de la ficción pueda enriquecer sus vidas: aprendices hay muchos, pero maestros pocos… Y aquellos que dan sus primeros pasos en el arte de la escritura creativa, deben comenzar su camino con humildad, pues más allá del escritor que “nace” con un talento o genialidad natural, creemos que un escritor “se hace” a sí mismo, con pundonor y dedicación, hilvanando en la misma tela entusiasmo y esfuerzo.
El autor consumado que tiene algo cierto que aportar a sus lectores, que alberga una íntima convicción sobre la utilidad de su escrito —tal vez guiándose por su intuición, su propia madurez interna, o fiando en su juicio—, distinguirá fácilmente aquello que pueda resultar demasiado simple o superficial en su propio texto, evitando lo grosero, lo grandilocuente, y todo aquello que sirve de relleno sin aportar calidad alguna.
Ejercitarse constantemente
Pero nada se aprende sin práctica. No se logra la maestría en una “disciplina” sin pasar por un cúmulo de ensayos que parecen interminables, cuyo fin consiste en “disciplinar” la propia imperfección y lograr la excelencia en un arte. Si el dominio de un instrumento musical exige cuanto menos una dedicación de una hora al día, escribir requiere continuidad, a fin de que nuestra mente se centralice en un tipo de ideas que van concretándose de un modo gradual. Es más útil la persistencia de quien dedica media hora a diario que una dedicación esporádica.
La receptividad
Hay pensadores que consideran que las ideas no solo se producen en la mente, sino que a veces se captan, porque se hallan en el ambiente y nos influyen, tal como nos alteran las emociones colectivas. Sea cierto o no, las ideas viene y van con rapidez, cruzan nuestra mente de un modo fugaz y, tal como diría W. Shakespeare, “se desvanecen como por arte de magia”. Cual cometas luminosos, dejan a su paso una estela sutil en nuestra mente, pero vagan raudas hacia otros confines. Apenas quedará un vago recuerdo de su paso para quienes duermen en la inconsciencia, ajenos al don que entrega la momentánea oportunidad.
El escritor que permanece alerta ante las ideas fugaces, que aguarda despierto en un mundo efímero y temporal, que se muestra receptivo y con el mayor grado de armonía posible, podrá captar las mejores ideas… según afirma el pensador N. Sri Ram. De este modo, las ideas se percibirán en su mente con mayor nitidez, tal como las imágenes que se reflejan en la superficie de un lago tranquilo.
Atenuando las discordancias que le perturban y las etapas de inestabilidad, manteniendo la mente centrada y la imaginación despierta, será más fácil que la intuición capte aquellos estados que habitualmente se encuentran fuera de su alcance, a fin de que las ideas fluyan sin obstáculos.
Toda obra literaria tiene las limitaciones de su autor
Hablar o escribir constituyen herramientas mediante las cuales se expresa nuestro pensamiento. Son sus hijos; una progenie genéticamente parecida a su artífice. De ahí que toda obra literaria es un reflejo del carácter del escritor y de su pensamiento. Podemos afirmar entonces, que una obra no puede llegar más alto que su propio autor, porque se apoya en sus capacidades, y pronto, se encontrará con sus mismas limitaciones. Y a menudo, sus personajes tampoco podrán ser más grandes que él mismo… pues no podrán concebir realidades más allá de las que capte su creador.
Autores clásicos como Homero, Cervantes, Shakespeare, Dante, Dostoievski, Tolstoi, Dickens, Borges, son admirados por diversos motivos: acaso por el ritmo de su escritura o la  forma concreta en que elaboran las frases y los párrafos, o bien, por la profundidad de sus argumentos y el modo en que enfocan el desenlace de la trama. Otros escritores “consagrados”, destacan por la capacidad de recrear un ambiente psicológico y la fuerza descriptiva de sus personajes, pero principalmente se les valora por su capacidad de análisis y comprensión del alma humana, por sus acertados juicios o reflexiones, y en suma, por la humanidad y las virtudes que se aprecian en los personajes.
Quizá los grandes clásicos llegaron a concebir personajes arquetípicos y atemporales, porque sus anhelos e ideales personales pretendían un mundo más humano, arquetípico y atemporal.  Dejaron atrás el mundo pequeño y subjetivo que observaban para ofrecernos un mundo de grandes sueños e ideales que en principio parecía utópico.
Analizar el mundo con objetividad
El escritor no puede pretender alcanzar verdades absolutas, porque ello es bastante inaccesible para el presente momento de la humanidad. Todo escritor ofrece un punto de vista particular, y debe entregarlo sin complejos: es lo mejor que posee, es algo personal, pero es su legado. Y en la medida que las pequeñas verdades de sus escritos, reflejen en sus temáticas los arquetipos que conciernen y afectan a todo ser humano, se acercará, paso a paso, a los valores esenciales de cualquier lector. El racismo y las pugnas entre clases sociales, el hambre y la guerra, el sexo y el amor, la amistad y la traición, el afán de poder y la corrupción, la fugacidad de la vida y la muerte, son temas interesantes que tratados en profundidad siempre despertarán reacciones atávicas en cualquier lector. 

Sobre los libros y la escritura 

 

Texto de las II Jornadas Literarias de ELD (El Libro Durmiente), celebradas en el Centro Imaginalia, Alicante, el 12 de septiembre de 2012, con motivo de la presentación de la VIIIª edición de los Talleres de Escritura Creativa ELD (modalidad online).
Un año más, mediante el Taller de Escritura Creativa, intentaremos que la gente saque de dentro aquello que atesora, ese potencial oculto de creatividad que les permitirá escribir… Y aunque no sepan por qué escriben, ese anhelo que sienten se inoculará en ellos poco a poco y se convertirá en una necesidad vital.
No en vano, hoy, en El Libro Durmiente hay varios alumnos que colaboran y producen obras maravillosas. Sin duda, escribir nos ayuda a estructurar la mente, a organizar nuestras ideas y crecer como personas.
Los libros, como dice Irene Vallejo en «El infinito en un junco», nos permiten viajar, crean nuevos mundos irreales, aunque verosímiles, que pasan a formar parte de nuestro imaginario colectivo. ¿Acaso no nos parece real la Odisea, las obras de Dante o de Walt Whitman? ¿Podríamos concebir nuestro mundo sin ellas? Si, los libros son algo más que un pasatiempo; ellos son un pasaporte para viajar a otro tiempo y lugar. Nos permiten concebir nuevas ideas y modos de pensamiento. Nos entregan su belleza, pues son arte, sus enseñanzas éticas y morales, nos dan una visión profunda del hombre, de la vida y la sociedad y nos permiten conversar con los grandes personajes de la historia.
Los libros son un alimento para el alma; nos permiten atisbar infinitos universos que nos aguardan en el futuro. Por ello, quienes escriben tienen la capacidad de influir en otros. De hecho, tal como decía Goethe, si escribiéramos sobre lo que deberíamos ser, ayudaríamos a que la gente conciba lo que puede ser. Escribir con contenido es el espíritu que motivó la creación de El Libro Durmiente y motiva hoy sus talleres: redescubrir los libros que duermen olvidados, como si fuéramos arqueólogos de la literatura, a fin de recuperar sus ideas y principios para despertar su alma dormida, para entregarla a quienes están sedientos de saber.

 

Los Talleres literarios de El Libro Durmiente.

Talleres literarios:

Existe una gran variedad de talleres literarios (denominados también como talleres de escritura creativa o talleres de creación literaria) que desarrollan seminarios, cursos presenciales o cursos online, dedicados a diferentes aspectos o géneros del ámbito literario, tales como la poesía, narrativa, novela negra, teatro, guion de cine, etcétera. En concreto, un Taller de Escritura Creativa pretende enseñar los principios básicos de la Escritura Creativa, es decir de aquella escritura artística que se utiliza en la creación literaria.

El aprendizaje en los Talleres de Escritura Creativa:

En general, un Taller de Escritura Creativa, está destinado a cualquier persona que desee mejorar su nivel de escritura en general, su comprensión de los recursos y técnicas utilizadas por los grandes escritores, iniciarse en la creación literaria, o bien, disfrutar más de la lectura de libros. No se requiere una formación previa en el ámbito de la escritura literaria, ni un perfil de persona habituada al estudio; tampoco hay condicionantes en virtud de la edad. Dado que un taller de escritura es eminentemente práctico, tan solo requiere de los asistentes una participación activa en la ejecución de los ejercicios propuestos.

Siguiendo un modelo ya tradicional, en los talleres de escritura se trabaja con una puesta en común de los escritos realizados por los asistentes, aportándoles sugerencias y correcciones en directo. De modo habitual, las tareas se ejecutan en el aula o ámbito destinado al taller, pues no se añaden obligaciones para desarrollar en casa, salvo aquellos que el alumno o aprendiz quiera realizar para ejercitarse mejor.

Taller de Escritura Creativa de El Libro Durmiente (ELD):

El Libro Durmiente, asociación adscrita al Centro Imaginalia (Avda. General Marvá, 16 – 00304 Alicante. Tfno. 00.34.965.21.22.41), viene desarrollando desde enero de 2013 un Taller de Escritura Creativa que ya ha completado su 3ª Edición, bajo la dirección de su profesor titular Ramón Sanchis Ferrándiz. Por otra parte, El Libro Durmiente recibe en sus instalaciones la visita mensual de destacados escritores a fin de completar la formación de sus alumnos con lo mejor de sus enseñanzas. Los escritores que han impartido sus enseñanzas pueden consultarse en los siguientes enlaces de nuestro blog: http://ellibrodurmiente.org/?page_id=4960http://ellibrodurmiente.org/?page_id=4109.

En dichas ediciones se han propuesto ejercicios muy variados que los alumnos debía resolver: descripciones de objetos, lugares y ambientes psicológiocos; descripciones de personajes; diálogos y narraciones (relatos breves, cuentos, microrrelatos); reseñas de libros, planificación de entrevistas a autores, notas de prensa, crónicas de sucesos, reseñas culturales o de viajes, poemas, etcétera.

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De nuevo, El Libro Durmiente abre su Aula de Autores para dar inicio a varios Talleres:

a) Cuarta Edición del Taller de Escritura Creativa (Nivel Inicial)

Contenido: Narrativa y soporte sobre técnicas básicas de escritura.

Horario: Sábados de 10:30 a 14:00 horas

Periodicidad: Una única clase al mes (principalmente, el primer sábado de cada mes).

b) Primera Edición del Taller de Escritura (Nivel Intermedio)

Contenido: Trabajo práctico en clase dedicado a la narrativa a partir de la revisión de los escritos presentados por los alumnos. Las explicaciones se realizarán sobre dichos trabajos, introduciendo correcciones y reflexiones sobre lo realizado. No habrá entrega de temas ni correcciones a realizar fuera del Taller.

Asistentes: Alumnos que hayan cursado, de forma satisfactoria, el Primer Nivel del Taller de Escritura Creativa, con la asistencia mínima del 80% de las clases y la entrega de 5 ejercicios escritos.

Horario: Viernes de 20:00 a 22:00 horas.

c) Edición del Taller Online (Nivel Inicial)

El temario del curso se adapta a cada alumno de forma individualizada.  Por tanto, el ritmo lo marca el alumno de acuerdo a su disponibilidad de tiempo. La incorporación se puede realizar en cualquier momento en el período de tiempo comprendido entre septiembre de 2015 y junio de 2016. El profesor remitirá los temas y ejercicios que habrá de realizar. Se corregirán los ejercicios entregados de modo personalizado.

d) Taller Online (Nivel Intermedio)

Dirigido a quienes han cursado el Taller Online (Nivel Inicial). Podrán enviar textos cuya finalidad sea la elaboración de un libro de relatos, poemario, novela, etcétera. Esta modalidad adquiere la forma de “coaching” para escritores noveles.

Publicado en el blog de El Libro durmiente el 4 de agosto de 2015:  http://ellibrodurmiente.org/?p=3408

Taller de Iniciación a la Escritura Creativa.

 

Entre los días 16 y 23 de agosto de 2014 he impartido un Taller de Iniciación a la Escritura Creativa impartido en el Centro Imaginalia de Alicante, dentro de la programación que desarrolla el Aula de Autores de El Libro Durmiente (ELD) en favor de la formación de nuevos escritores… Se ha ofrecido una visión bastante amplia pero con profundidad de aquello que se imparte en los talleres anuales, desde los meses de septiembre a julio.

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En él, se han abordado los principales temas que abarca el arte de escribir:

  • la descripción,
  • la narración en sus distintas modalidades (relato, cuento, relato breve, novela),
  • la construcción de personajes convincentes, acompañado de ejemplos para realizar la ficha de un personaje,
  • la voz narrativa, el tono y el ritmo,
  • el lenguaje figurado,
  • la elección de la palabra adecuada y la musicalidad de un escrito,
  • la construcción de los diálogos y los diversos tipos de discursos,
  • el narrador, sus tipos y los puntos de vista que se utilizan para narrar.
  • el equilibrio entre las acciones, imágenes, diálogos y reflexiones.
  • la responsabilidad del escritor…

Se han confeccionado diplomas acreditativos para los doce alumnos que han asistido al curso.

El fondo y la forma. Tema para Taller de Lectura.

 

Escrito por Raysan el 05 de abril de 2014 como Tema del Taller de Lectura que dicta en FNAC-Bulevar de Alicante.

“Las palabras no alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”.       Julio Cortázar.

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De igual modo que en un ser vivo sus órganos vitales quedan resguardados por la membrana exterior que lo recubre y protege, ya sea un caparazón o una piel escamosa, en todo ser humano reconocemos un aspecto exterior y otro interior. Cuando Aristóteles concibió los conceptos de “la sustancia”  y “la forma”, comenzamos a separar dos aspectos que componían una misma realidad. Desde entonces, algunas personas valoran más la forma, la apariencia material de las cosas, y otras, valoran sobre todo lo profundo, lo esencial.
Al igual que ocurre en los seres vivos, en los libros también debe lograrse un perfecto ensamblaje entre la forma y el fondo. No podemos separarlas, porque no son aspectos antagónicos sino complementarios: un buen escritor sabrá cuidar el aspecto formal de la escritura y también su fondo; es decir, mantendrá una esmerada dicción y vocabulario acompañadas de imágenes y reflexiones personales que muestren valores, sentimientos, ideas, principios e ideales que trasmitan profundidad.
A menudo, un escritor debe elegir entre un lenguaje culto, que tan solo resultará asequible a unos pocos lectores, o aquel más próximo al lenguaje coloquial, que será más cercano para muchos. Sin embargo, un verdadero escritor jamás sacrificará el contenido de su obra ante las exigencias de la forma, pues sin duda sabrá expresar sus ideas con un lenguaje pulcro y cuidado, aparentemente sencillo pero profundo a su vez.
El lector incauto, aquel que se satisface con las cabriolas del lenguaje, permitirá que adulen sus sentidos con extranjerismos, expresiones de moda, palabras burdas o malsonantes, neologismos cuyo único valor radica en su originalidad. No obstante, el lector experto desconfiará de aquellos presentes que se ofrecen con delicados envoltorios y lazos de celofán pues a menudo tan solo encierran humo.
En todo caso, la forma debe ir siempre en consonancia con el contenido. En la descripción de un personaje medieval, podrá decirse que era taimado y astuto, pero no tildarlo de mafioso, ni argumentar que manejaba bien su inteligencia emocional, pues dichos términos corresponden a una visión actual.
Libro_Harry Quebert_00Tal como dice Jöel Dicker en su obra La verdad sobre el caso Harry Quebert, las grandes editoriales se interesan por novelas escritas con mucho diálogo, personajes poco definidos, escaso vocabulario y sin reflexiones… pues resultan ser las de mayor número de ventas. Están elaboradas con mucha acción, entretienen, son fáciles de leer y no crean grandes complicaciones mentales al lector.
La mayoría de lectores busca en la lectura la distracción y el entretenimiento, lo cual es lícito. El lector experto no solo aspira a divertirse leyendo, sino también a desarrollar su mente, a formarse, a comprender mejor al ser humano y al mundo que le rodea. Y eso es algo que solo un buen escritor sabe ofrecer, porque en sus manos, la forma es un instrumento para llegar al fondo de las cosas.

 

Escribir con palmeros

Artículo escrito por Raysan el 22 de febrero de 2014 para el Taller de Escritura Creativa de El Libro Durmiente (ELD).

¿Saber escribir o ser reconocido?

Es conocido en el mundo editorial que, en la actualidad, nadie te publicará un libro sin la mediación de un agente literario. Las editoriales reciben cantidades ingentes de manuscritos que aguardan para ser leídos. Algunos pocos verán la luz; la mayoría dormirá un sueño eterno en la brumosa antesala de los escritores desconocidos. En el limbo indefinido de la no-publicación se hallan muchos escritores que han abandonado su condición de lector para aventurarse en un más allá desconocido, sin llegar a tocar el cielo reservado a los escritores.
Escher-drawing-hands_dibujando manosSí, llegar a ser considerado escritor es un privilegio que pocos alcanzan; muchos otros habrán quedado en el camino mientras tanto. A pesar de que se haya dicho que un escritor lo es en la medida que otros lo consideran como tal, escribir es un acto vocacional en que se embarca el alma en solitario. No obstante, más allá de las opiniones ajenas, el propio escritor sabe en su fuero interno, el poder que alcanza su vocación de transmitir; cuando ese anhelo profundo enraíza en su corazón, ya no podrá dejar de escribir.
El reconocimiento y las verdaderas capacidades para escribir no siempre caminan por la misma senda. Ejemplos hay muchos, pero bastará citar a la autora británica E.L. James y su afamado libro 50 sombras de Grey.

Escribir con palmeros.

En cambio, las editoriales consideran que un escritor debe venir a este mundo con un pan bajo el brazo. Me comentaba a modo de confidencia mi agente literario —porque hoy en día no eres nadie sin tu agente literario— que las editoriales analizan minuciosamente la conducta en las redes sociales de un posible escritor. Antes de publicar tus escritos necesitan comprobar que tienes un buen número de allegados que corean tus ocurrencias, de conocidos que ríen tus gracias a distancia, seguidores por control remoto que mantienen contigo una amistad virtual.
Visto así, si no te secundan no mereces alcanzar el paraíso de los escritores, porque no eres rentable. Una editorial evalúa con tiento tus amigos y parientes, y el número de palmeros que acompañan tu baile. Tus múltiples contactos auguran cuantiosas ventas, porque una vez editado el libro, cuando la editorial se aletargue para evitar gastos innecesarios, serás tu propio agente comercial, un correveidile de lujo que ha de verse inspirado por el mismísimo Mercurio para salir a flote en dicha empresa.
¡Cuántos verdaderos escritores no habrán perecido en las fauces del olvido por falta de acólitos y palmeros! Más les hubiera valido merodear a las puertas de festines y palacios, poniendo en valor —tal como se dice ahora— su capacidad de relación social, aún a costa de sacrificar el tiempo que debieran haber dedicado a la bella escritura.
Es conocido, que la escritura pulcra y esmerada no tiene tantos adeptos como pretenden las editoriales. En cambio, los amigos fáciles se prestan antes a halagos y reconocimientos que a minuciosas lecturas donde se descubran las mieles de un buen libro. En verdad, nuestro mundo está perdiendo los papeles, inmerso en una carencia de ética ostensible. Más valiera ser un escritor en el apartado rincón oscuro del alma que un insatisfecho divulgador de manuscritos mediocres. 
Ser jaleado no siempre se corresponde con una virtud a tener en cuenta: si te corean los mediocres tu sombra será fugaz, y tan huidiza como la fama; si los clásicos te escuchan con atención desde la distancia de sus tumbas, sabrás que tus pies transitan un verdadero camino. Porque ser escritor guarda relación con el camino que has de seguir para encontrarte a ti mismo.

Imagen de Libro y gato

El lector cualificado.

Tú que me lees, no te conformes con ser un palmero de escritores mediocres; tampoco corees los nombres de quienes no sacudan tu alma echando la puerta abajo… No secundes en vano a quienes no amplíen los horizontes de la literatura, antes bien, calla indulgente y sonríe con cortesía cuando cierres un libro que no merezca ser leído. No te conformes con ser un lector mediocre que devora los libros que otros le acercan interesadamente: sé un lector cualificado, consciente de tu necesidad de leer para descubrir la vida; mide, sopesa con usura el tiempo de que dispones y no hagas dispendio de él con excesiva alegría, pues es tan breve como la vida.
No encumbres a quienes pretenden el halago fácil o corren tras amistades virtuales; no corras tú la misma suerte, pues serás devorado por el tiempo superficial que a todos nos alcanza. Libérate de la redes de un mundo vacío que tan solo cuida la apariencia, porque aquellos que pretenden ser escritores en el mañana reclaman de ti la solidez de un lector comprometido con su tiempo, un lector inteligente que ha de descubrir entre líneas, sin prisa y ajeno a las alharacas del mundo, las semillas de oro que se encuentran escondidas en los libros atemporales, aquellos que duermen a la espera de un lector capaz de trascender a su tiempo.

Estilos o discursos narrativos.

Tema escrito por Raysan para el Taller Literario de Escritura Creativa “El Libro Durmiente” (2ª Edición). 09/02/2014.

Publicado en Feb.09.2014 en el blog: http://ellibrodurmiente.org/?p=3716

En toda narración, de un modo u otro, deben hablar los personajes de la historia, adoptándose diversas formas de materializar sus “discursos”. A dichas variantes en el modo de expresar las voces de los personajes se les denomina también “estilos narrativos”.
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a) En el estilo o discurso directo, la voz del personaje se destaca del contexto de la narración, con el fin de enfatizar su contenido. Entonces, al igual que ocurre en el cinematógrafo, quedará en suspenso la narración para iluminar sobremanera al actor principal de la trama.
Formalmente se resuelve como sigue: en una línea aparte se abre un guión y a continuación se hace hablar al personaje; de este modo, podrá expresarse con su propia voz, en su jerga y utilizando los giros del lenguaje que le son habituales. Podrá utilizarse para la voz del personaje, por ejemplo, un tiempo verbal en presente, en tanto que el narrador continuará su relato en otro tiempo verbal, generalmente utilizando el tiempo pasado. Ello destacará las intenciones del personaje, su nivel sociocultural, su mentalidad, situándolas en el centro de la escena, dándoles un relieve especial.
Así, en el discurso directo un personaje cualquiera podrá decir:
—Pero dime, no dilates más tu contestación… ¿estás embarazada o no?
Ante lo cual, el personaje a quien se dirige la pregunta podría contestar:
—No me presiones más, o de lo contrario ¡no verás nunca a tu hijo!
A veces, en mitad del discurso de un personaje pueden añadirse ciertasacotaciones, las cuales definen quién habla, el modo en que sucede la acción, o bien, con qué intenciones se dijo aquello. Se presentan escritas entre guiones, siendo el narrador quien se expresa a través de ellas. Veamos un ejemplo:
—No me presiones, o de lo contrario ¡no verás a tu hijo! —dijo dándole la   espalda mientras su mirada se perdía en el horizonte a través de los ventanales—. Creo que no merezco este trato…—continuó diciendo entre sollozos.
En el discurso directo, también se permite que el narrador ceda momentáneamente la voz al personaje, introduciendo una cita textual que resalte aquello que dice. Veamos como lo resuelve Isaac Bashevis Singer:
…Los vecinos le preguntaron adónde iba y él contestó: «Adonde los ojos me conduzcan».
…Le empapó el rostro con sus lágrimas y repetía como una posesa: «Nathan, Nathan. Que no conozcamos más males», así como otras frases más propias de cuando fallece un miembro de la familia.
…«¡Bueno, es el invierno, el invierno! —se dijo Herman Grombiner, mitad cantando, mitad gruñendo—. ¿Cuándo será Januka? El invierno ha llegado temprano este año». Herman tenía el hábito de hablarse a sí mismo. Siempre lo había hecho…
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b) En el estilo o discurso indirecto no se deja hablar directamente a los personajes, sino que el narrador nos informa, de un modo indirecto, sobre lo que aquellos dicen. Esta es la forma utilizada en el lenguaje coloquial, cuando alguien narra unos hechos o una conversación y nos cuenta lo que dijo una persona ausente… Se recurre entonces a los verbos de dicciónpara expresar aquello que el personaje manifestó y su manera de hablar (decir, afirmar, exponer, asegurar, apuntar, aseverar, matizar, declarar, etcétera).
“Pedro me dijo que vendría sin falta, aunque ya lo veis: no aparece”.
De esta manera, dado que no se destaca aparte la voz del personaje, el relato gana en fluidez, acortándose su extensión. No obstante, este estilo presenta también una faceta negativa, pues el discurso se halla totalmente en manos del narrador. En consecuencia, el lector puede tener la sensación de que “conoce” aquello que el personaje opina, aunque no alcanza a “escuchar” al personaje con la misma realidad que permite el discurso directo.
Un ejemplo de este estilo es la presente narración sacada de un cuaderno de bitácora jamás escrito:
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“Viendo que la mar permanecía en calma y que el viento no alentaba bastante, la gente parecía descontenta, murmurando en pequeños grupos. Algunos se atrevieron a decir que tal vez el almirante no estuviera capacitado para aquella empresa, ante lo cual el contramaestre, subiéndose al puente arengó a la tripulación con fuertes palabras. Una vez más, apeló a su buen juicio, conminándoles a tratar aquella cuestión cuando arribaran a puerto, pues a todos convenía salir de situación tan azarosa…”
En el discurso indirecto el narrador suplanta la voz de los personajes y nos describe las cosas que estos decían o murmuraban, las preguntas que se hicieron, las dudas que les asaltaban, narrando tales detalles mediante la utilización de expresiones como “se atrevieron a decir que”, “se preguntaban”, “murmuraban sobre la cuestión”, etcétera. Si en este pasaje recurriéramos al discurso directo, se transformaría como sigue:
 “Viendo que la mar permanecía en calma y que el viento no alentaba bastante, la gente parecía descontenta, murmurando en pequeños grupos. Algunos se atrevieron a decir que… «tal vez el almirante no esté capacitado para esta empresa», ante lo cual el contramaestre, subiéndose al puente arengó a la tripulación con fuertes palabras:
—Una vez más, apelo a vuestro buen juicio. Os conmino a tratar esta cuestión cuando arribemos a puerto, pues a todos nos conviene salir de situación tan azarosa…”.
c) El estilo indirecto libre es una variante del estilo indirecto; el narrador nos informa también de aquello que dicen los personajes, aunque evitando la acotación que utiliza expresiones del tipo “dijo que…”. De este modo, eliminando los verbos de dicción, el lector puede “escuchar” la voz de los personajes, tal como hablan, libre de artificios narrativos. Ello confiere a este estilo una frescura y pujanza indudables. Es un estilo más intuitivo para el lector, aunque encierra una mayor complejidad para el escritor. Generalmente, se utiliza en una narración en tercera persona.
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Veamos cómo se maneja, revisando un ejemplo en el que se comparan los tres estilos:
En una narración escrita en discurso directo, la voz del personaje se desgaja del cuerpo del relato, siendo enunciada en un renglón aparte tal como sigue:
—No voy a salir, es demasiado tarde, y además está lloviendo —dijo Estela.
Actriz_Liv_Tyler-1Si recurrimos al discurso indirecto omitiremos la voz directa del personaje. Su  discurso quedará recogido en el contexto de la narración, como un comentario precedido de la expresión “dijo que”:
Estela dijo que no saldría, pues era demasiado tarde, y además lloviznaba. Prefería amarrar aquella conversación…
Finalmente, en el discurso indirecto libre, la misma conversación podría transcribirse de varias maneras, con mucha mayor soltura. Valga la siguiente muestra:
De pronto se paró en mitad de la habitación. No voy a salir, es demasiado tarde, y además está lloviendo. Prefería amarrar aquella conversación…
Por tanto, el discurso indirecto libre confiere una mayor viveza al texto, es menos falso, dado que lo libera de los artificios que utiliza el narrador. Sin duda, utiliza mejor los recursos literarios y da mayor libertad al autor en su forma de expresión. En suma, ofrece la ventaja de que la voz del narrador llega a pasar desapercibida, evitando la sensación de que alguien nos narra una historia, lo cual permite una mayor identificación del lector en la trama.
No obstante, en este tipo de discurso conviene que el autor incluya además, de cuando en cuando, el discurso directo. De este modo, se logra remarcar una frase relevante dicha por el personaje, destacándola de su contexto; al focalizar la atención del lector sobre dicha frase, se le confiere una mayor importancia relativa. Mientras el resto de la narración describe a los personajes y sus vivencias, sus inquietudes y comentarios, la voz acentuada como discurso directo, resaltará de un modo concluyente la actitud o el pensamiento de algún personaje, proporcionándole la impresión al lector de haber escuchado toda la conversación.
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En conclusión, a la vista de los estilos o discursos narrativos expuestos puede deducirse lo siguiente:
  • en apariencia, lo más objetivo sería citar las voces de los personajes tal como suenan, utilizando el discurso directo; en cambio, este estilo narrativo es el menos utilizado. Ello se debe a la dificultad que presenta el discurso directo para introducir de un modo apropiado los tonos de voz y los gestos que los personajes utilizaron. Las acotaciones del narrador salvan en parte dicho problema, aunque no puede caer sobre ellas el peso de toda la narración.
  • Si tan solo utilizáramos el discurso directo, no se podrían transcribir literariamente ciertos elementos utilizados en la comunicación cotidiana que van más allá del lenguaje académico, tales como el canturreo de una canción de cuna, las voces de un coro, o bien, las onomatopeyas. Ni tampoco ciertas palabras que se usan coloquialmente en el lenguaje fático por quien atiende en una conversación (sí, claro, pues…). A causa de ello, el narrador debe describir metafóricamente el sonido producido, el efecto provocado sobre los personajes, sus reacciones psicológicas, etcétera, recurriendo entonces a un estilo narrativo indirecto.
  • Si utilizáramos tan solo el discurso directo, todas las frases parecerían importantes. Por el contrario, utilizando con maestría la narración en estilo indirecto —tal como hace Gabriel García Márquez—, al intercalar las voces directas de los personajes tras la narración, éstas parecen más rotundas y determinantes, dado que previamente el narrador ha ido anunciando de un modo preciso lo que estos finalmente dicen.
  • No obstante, se puede utilizar con buenos resultados el discurso directo cuando queremos resaltar un modo de expresarse muy particular de un personaje. En todo caso, es siempre aconsejable que las voces de los personajes sean cortas, bien elaboradas y directas, para que la narración no pierda efectividad y no decaiga en el lector su interés en la lectura.
Es conveniente la buena práctica de los diferentes estilos citados, pues son las herramientas con que se modela el carácter de los personajes y se mantiene el tono narrativo. Pueden hallarse buenos ejemplos de los diversos estilos en “El hablador” de Vargas Llosa.

Las acotaciones del narrador.

Tema escrito por Raysan para el Taller de Escritura Creativa “El Libro Durmiente” (2ª Edición).

Publicado en Feb.08.14 en el blog:  http://ellibrodurmiente.org/?p=3702 

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En el discurso directo la voz de un personaje se destaca de la narración. Para ello, en una línea aparte y precedida de un guion se hace hablar al personaje, al cual se permitirá expresarse con su propia voz, en su jerga, utilizando los giros del lenguaje que le son habituales. A continuación insertaremos en el discurso las acotaciones del narrador, flanqueadas por guiones. El guion utilizado por las editoriales para señalar los discursos es el guion largo, ya sea en el inicio de la voz como en las acotaciones del narrador.

Una acotación es una ventana indiscreta por donde se cuela el narrador para aportar un detalle concreto, un matiz de aquello que ocurre y que el lector no puede ver. Equivale a una nota marginal que se inserta en un documento para aclarar algo.

Para utilizarlas adecuadamente debemos tener en cuenta que, a través de ellas prosigue la narración mientras queda en suspenso el discurso del personaje, por lo cual, su aporte debe ser breve y certero. Si dicha acotación abunda en exceso en detalles narrativos, interrumpe la percepción que el lector tiene de estar escuchando directamente al personaje que habla, y de un modo innecesario, torna visible al narrador.

Las funciones básicas de las acotaciones son las siguientes:

  • indican qué personaje está hablando, a quién se dirige y la tonalidad de su voz,

—Qué envidia me da la gente con estudios —dijo ella señalando a César.

—¿Qué planes tienes? —y la voz de Daniel sonó como un susurro insinuante.

  • muestran los gestos y movimientos que realizan los personajes, sus actitudes y  estado de ánimo,

—¡Basta! —vocifera Evaristo dando un puñetazo en la mesa—. El que no quiera comer que se vaya ahora mismo de esta habitación —añade con el brazo extendido y el dedo índice en dirección a la puerta— pero que no toque los cojones.

—Yo soy Abel, —se presentó mirando a Susana que con una sonrisa ocultó la timidez que le hicieron sentir los ojos oscuros del chico.

—Yo soy Cristina, y esta borracha es Susana —y la empujó con cariño pero haciendo que el mojito se le derramara un poco.

  • ofrecen detalles sobre aquello que ocurre y el contexto en que se desarrolla la escena,

—¿Qué ha ocurrido? —pregunta alarmada cuando ve que el párroco no suelta la oreja de su hijo mayor.

—Y no se preocupe por el asunto —el policía, acodado sobre la barra del pub, guardó aquellas fotografías en un sobre, apagó su cigarrillo y se dispuso a abandonar aquel antro inmundo—: tarde o temprano encontraremos al asesino.

  • abundan en la descripción de los personajes, aportando matices del carácter y temperamento de los personajes que ayudan a “caracterizarlos”. Es decir, revelan detalles de sus sentimientos, emociones y pensamientos, permitiendo al lector reconstruir su personalidad.

—Espérame, ¡vendré pronto! —dijo el siempre malhumorado guardián—. Pero no te prometo nada —masculló entre dientes contrariado—, y si lo hago, será la última vez.

—El tribunal no fue indulgente; señaló una a una sus faltas sin inmutarse —el inquisidor de pérfida mirada, con el gesto torcido por la maldad que alentaba su corazón, leyó con parsimonia el veredicto, regodeándose en el dolor ajeno…

  • reclaman la atención sobre algo en concreto, ralentizando o dando intensidad al diálogo,

—Antes venía a menudo a este lago; sobre todo en primavera. Aunque no había vuelto a este lugar desde que… —y no pudo evitar que sus ojos se humedecieran—, desde que… —balbuceó—, desde que ella desapareció en sus aguas.

  • preparan al lector ante un suceso que va a ocurrir, potenciando el texto que sigue a continuación. Tal es el caso de las acotaciones que a modo de cuña se insertan entre dos frases…

—No sabes bien lo que te espera —dijo en voz baja empuñando el arma con saña mientras pulsaba el botón para abrirle la puerta—. ¡Sube, estoy listo! —gritó.

—Claro —dice él mientras la toma de la cintura y la acerca hacia sí—. ¿Te gusto?

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Su mejor cualidad consiste en pasar desapercibidas, es decir, que el lector apenas repare en ellas y le permitan concentrarse en el discurso de los personajes. Para ello,

  • conviene evitar acotaciones demasiado largas, pues distraen al lector del contenido real del diálogo, perdiendo la ilación de la lectura.

  • no deben incorporar demasiados “datos o explicaciones forzadas”, las cuales pretenden “decir o exponer” aquello que, en cambio, debe ser “mostrado” a través de la narración.

  • no conviene utilizar las acotaciones para proseguir el desarrollo de la narración. En tal caso, es preferible llevar el comentario incluido en la acotación al cuerpo de la narración.

—En aquella edad no había tomado conciencia del mundo —mis padres, a pesar de ser relativamente jóvenes, se habían quedado anclados en aquella época dorada de los años ochenta, la de los guateques, las canciones protesta y el sueño americano, donde aún se creía que una persona con flores pintadas en el rostro podría detener los tanques soviéticos de la primavera de Praga—. Ellos no conocían el significado de la palabra “problema”.

En suma, debemos evitar acotaciones demasiado recargadas y poco precisas, en donde se ponga de manifiesto la existencia del narrador. En realidad, sabemos que el narrador existe, pues él es quien cuenta la historia y expone las peripecias de los personajes. Además, mediante el uso correcto de las acotaciones, el narrador puntualiza, define y acota las escenas y situaciones, pero en tal caso, no debe tomar un papel preponderante, ni artificial, a fin de que el lector crea que escucha hablar directamente a los personajes.

Clubs de Lectura y Talleres Literarios.

Artículo publicado en el periódico Información de Alicante en que se cita con elogios la labor que El libro durmiente realiza. Como director del Taller de Escritura Creativa me congratulo por ello y os hago partícipes de dicha publicación.

Lecturas compartidas.

PALOMA PALAZUELOS 02.11.2013 | 01:03

http://www.diarioinformacion.com/arte-letras/2013/10/31/lecturas-compartidas/1431986.html

La adicción a las series de televisión y los videojuegos, el tiempo invertido en redes sociales o las jornadas laborales extenuantes, cualquiera diría que engullirían la afición a los libros. Sin embargo, el buen estado de los clubes de lectura niega esta tónica. La programación de circuitos independientes, universidad y bibliotecas incita: la historia puede saltar de su mesilla de noche a un coloquio.

La UA va a ampliar sus clubes de lectura también a las sedes de la provincia. RAFA ARJONES

Lecturas/ Textos de lo más variado

Un club de lectura lo forman un grupo de personas que leen al mismo tiempo una obra concreta y celebran reuniones para comentarlo. Esta podría resultar una definición al uso. Pero, como se trata de un espacio de convivencia donde los libros son el elemento de unión, nada mejor para conocerlos que tirarnos a la piscina y ver desde dentro cómo se estructuran. Cualquier obra literaria, al pasar por la imaginación de un lector, se convierte en una experiencia única. ¿Qué ocurre cuando la historia se comparte con los demás?

El Libro Durmiente, club insignia en Alicante.

Asentado en la sede del Centro Imaginalia, el pasado mes de junio este club de lectura alicantino celebró su décimo aniversario. En 2003, apenas eran un grupo de amigos que se reunía periódicamente para hablar de libros. Así de simple. Con el tiempo, fue creciendo.

Al echar la mirada atrás, sus componentes sonríen al sumar setenta y seis actividades programadas. No es para menos. Autores que disfrutan de un merecido reconocimiento como Espido Freire, Jorge Eduardo Benavides o Fernando Schwartz han protagonizado algunos de sus encuentros literarios más sonados.

Nos lo cuenta Juan Adrada, director de Imaginalia, quien cree que el mérito ha residido en mantener la continuidad a pesar de los inconvenientes. Aunque algunas citas contaron con escasa presencia de público, nunca suspendieron un encuentro. Por fortuna, la realidad ahora es bien distinta. Llenan. Y lo hemos comprobado de primera mano. Nos infiltramos en la presentación del libro La cripta de las estrellas, una de las actividades que abría la lata de octubre.

Viernes. Pasan unos minutos de las ocho de la tarde, cuando Marcos Rodes, coordinador del club, y Chus Sánchez, autora de la novela, se enzarzan en una animada charla sobre el proceso creativo de escritura, la documentación necesaria para construir una historia que transcurre durante la campaña napoleónica o la atracción por los enigmas arqueológicos y los misterios de Egipto.

Favorecer el encuentro entre el autor y sus lectores es el alma máter de El Libro Durmiente. Se nota la satisfacción en la cara de Marcos y Juan cuando se abre el diálogo y es la misma autora la que anima al público: «acribilladme a preguntas». Dicho y hecho. Se sucede una avalancha de apreciaciones, opiniones, ideas o dudas, que completan la experiencia lectora, gracias a este estirón al hilo de la historia.
Es innato. Nuestra curiosidad difícilmente estará saciada.

Visto el éxito, la rueda no va a parar de girar. Además de las clases quincenales del Taller de Escritura Creativa, dirigido por Ramón Sanchís, apunta las siguientes fechas: el 23 de noviembre contarán con la presencia de León Arsenal, reciente Premio Algaba de Biografía, Autobiografía y Memorias. Y, para el 12 de diciembre, han programado un encuentro literario sobre la novela del verano, La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker. Si no lo has hecho, abre ya la primera página.

Además, durante el primer semestre de 2014, tienen confirmada la presencia de Juan Carlos Chirinos, Vanessa Montfort, Juan Carlos Méndez, Eva García Sáenz y Ernesto Pérez Zúñiga, entre otros. «Las personas que componemos El Libro Durmiente usamos a diario Internet, vemos la televisión, vamos al cine, al teatro? y leemos. Somos gente normal que aprovecha lo que hay de bueno en cada medio. La clave está en proponer contenidos de calidad que ayuden a desarrollar un juicio crítico para diferenciar los programas de calidad de los que adormecen el intelecto», asevera Juan Adrada. Cuando le preguntas si la lectura corre peligro, no tiene dudas. Asegura que en el futuro seguiremos leyendo porque es un divino placer.

La UA, literatura y cine se dan la mano.

Si hasta este año académico, los clubes de lectura coordinados desde la Universidad de Alicante se ubicaban en el Campus de San Vicente y en la Sede, para este curso la idea es ampliar el ámbito geográfico, de modo que se están ofertando clubes en distintas sedes de la Universidad. También se están desarrollando clubes centrados en temáticas o autores, como el de Mario Benedetti, en colaboración con el Centro de Estudios Mario Benedetti, que se ofertará en el campus en el segundo cuatrimestre.

Sergio Galindo, coordinador de los clubes de lectura universitarios, señala que el público que se da cita en el campus es muy variopinto. Desde estudiantes de primeros cursos o alumnos de posgrado a trabajadores de cualquier edad y condición o jubilados. La afición a la lectura no requiere de grandes requisitos, sólo ganas de compartir la experiencia lectora, intercambiar ideas y opiniones.

Desde su punto de vista, «la lectura y la literatura se adaptan a sus tiempos, como ya lo hicieran con la irrupción del cine». En este sentido, pone de relieve que una de las características de los clubes de lectura de la Universidad que dirige es que se comentan tanto textos como sus adaptaciones cinematográficas.
El ciclo en la Sede comenzó el pasado 16 de octubre y se celebrará los miércoles por la tarde. Para el despegue, nada más y nada menos que Antonio Skármeta y Julio Cortázar como autores protagonistas.

Más adelante, se comentarán El niño con el pijama de rayas o La princesa prometida. Un día, para comentar la lectura propuesta; el siguiente, para la proyección de la película.

Mientras, el Club del Campus se centrará en la narrativa de ciencia-ficción y tendrá lugar las tardes de los lunes. La máquina del Tiempo, de H.G. Wells, o El informe de la minoría, de Philip K. Dick, serán algunas de las obras protagonistas de los debates literarios.

La Biblioteca Pública Azorín de Alicante abre nueva página.

Nos acercamos también a la Biblioteca del Paseíto Ramiro. Su directora, Adelina Rodríguez, nos anuncia que el Club de Lectura de la Biblioteca Azorín inicia ahora su andadura por la propia demanda de los lectores. De hecho, cuando entramos a su despacho, observamos apiladas en una carpeta las fichas de los miembros que pasarán a formar parte del grupo de personas que leerán simultáneamente un libro y se reunirán para comentarlo. A primera vista, veo un buen montón.

Asimismo, nos comenta que continuarán con la animación a la lectura para el público infantil y juvenil o con las sesiones programadas de cuentacuentos que se desarrollan los viernes. Coincide con Sergio Galindo, de la Universidad, y con Juan Adrada, del Centro Imaginalia, en que la lectura no peligra. «La realidad nos dice que el público sigue leyendo y, mayoritariamente, en papel. De hecho, las estadísticas de préstamos de libros así lo confirman ya que siguen aumentando cada año», apostilla.

Para acabar el reportaje, unas palabras extraídas de Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, una de esas obras que te hacen amar más la literatura y que regalan imágenes tan poderosas como esta: «Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar, para hacer que una mujer permanezca en una casa que arde. Ahí tiene que haber algo. Uno no se sacrifica por nada».

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