Kanzenze. Agua para la vida

Cuando Manos Unidas propuso la realización de un proyecto para dotar de agua a la misión de Kanzenze, en la República Democrática del Congo, Canal Voluntarios se adhirió a él con gran entusiasmo, con la conciencia clara de que se trataba de una tarea modélica, necesaria e ilusionante. En esta tierra difícil y extremadamente pobre, me he sentido honrado de colaborar en la financiación y apoyo técnico para llevar a cabo esta apasionante iniciativa.

La traída de agua a Kanzenze, que procede de un manantial lejano, es deficiente, de dudosa calidad, tiene grandes fugas y no puede abastecer a la población que se agrupa en torno a la misión. A causa de ello, las mujeres y las niñas se ven obligadas a traer el agua desde varios kilómetros, lo que las expone a posibles peligros, empleando a diario un tiempo precioso que podría utilizarse en el trabajo o el colegio. El hospital, las escuelas e internados, que también se abastecen de dicha conducción, disponen tan solo de unos grifos y carecen de las condiciones adecuadas de higiene en las letrinas, cocinas, etcétera.

Somos conscientes de que con el proyecto que ahora comenzamos –la puesta en marcha de pozos subterráneos, depósitos de agua potable y las correspondientes redes de distribución– se dará servicio a muchos de los centros de la misión y a gran parte de la población que aún se abastecen mediante pozos artesanales y baldes llevados a mano; pero también sabemos que, al traer el agua, tenemos una responsabilidad aún mayor, pues hacemos posible la vida.

La carencia de agua acarrea epidemias y enfermedades crónicas, impide la escolarización y la paridad social de la mujer, aboca a la gente a una agricultura y ganadería de supervivencia, provoca migraciones, conlleva analfabetismo, violaciones de mujeres, etcétera… lo cual obliga a tomar una solución urgente… El 80% de la población no rebasa los 20 años, y el promedio de vida es inferior a 50 años. Tal vez por ello nos miran con tanta extrañeza. Sin duda, queremos dedicar nuestra ilusión y energía a paliar estas carencias. Porque todos merecemos una vida más digna, un futuro mejor.

Ramón Sanchis Ferrándiz. Octubre 2017.                                                                                                     

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¿Por qué somos voluntarios?

 Artículo publicado en la Revista Esfinge Digital, en su número del mes de mayo de 2017.

¿Por qué somos voluntarios?

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Buena parte de nuestra existencia la pasamos preocupados por el trabajo, el paro, la salud, los estudios, las hipotecas, el deporte y los momentos de ocio, o bien, en aquello que necesitamos o necesitan nuestros allegados … y de vez en cuando, en nuestros objetivos de vida. No en vano decía Platón que en el ser humano siempre hay de lo uno y de lo otro: momentos de conquista, de alcanzar grandes metas y otros de rutina; momentos de alegría y felicidad… y momentos duros y dolorosos. Pero a menudo, cuando las noticias de otros países nos trasmiten su triste realidad de niños desnutridos, de carencias de agua y alimentos, de guerras interminables apoyadas por villanos y señores de la guerra… en algún momento nos asalta la pregunta de si hacemos bastante por los demás, si el mundo que tenemos podría ser mejor.
Es obvio también que, individualmente, nos sentimos impotentes para mejorar en un grado apreciable el mundo que hemos heredado, y a veces tenemos serias dudas de que los gobernantes y distintos grupos humanos tengan la altura de miras o la capacidad para lograrlo. Sin embargo, algo nos dice que para transitar un camino nuevo todo comienza con el primero de nuestros pasos. Tal vez no podamos paliar todas las carencias que existen hoy en día; acaso sea como poner un barniz sobre una madera reseca y llena de arañazos y agujeros, pero quienes se benefician de un pequeño acto de voluntariado no suelen olvidarlo.
dsc02035Por suerte, donde las acciones del gobierno no llegan, aparecen algunas actuaciones de voluntarios: unos donan sus órganos y alguien puede seguir teniendo una buena calidad de vida; otros ayudan montando escuelas en sus períodos vacacionales o consiguen libros y zapatos para que los niños puedan asistir a clases… Unos ayudan a que el agua llegue a las polvorientas aldeas de las montañas, a los olvidados hospitales, a las escuelas; otros, logran derivar y depurar las aguas negras, construyendo extraños artefactos tan raros para algunas gentes como unas letrinas, a fin de evitar la contaminación, las enfermedades, los acarreos interminables con baldes de agua… y un largo etcétera.  Hay quienes, ayudamos escribiendo en la Revista Esfinge, protegiendo el medioambiente o plantando árboles, cuidando a los olvidados en los hospitales, o en GEA realizando labores de rescate en catástrofes… y un largo etcétera. Porque cada cual se encamina hacia donde cree que puede ser útil… Y cada vez somos más los que hemos elegido mirarnos menos al ombligo y mirar más a los rostros de los sintecho, de los huérfanos del mundo, de los desheredados de la tierra y el pan.
dsc02044No por ello debemos restar tiempo y energía a nuestra propia vida, pero tampoco se puede dar midiendo de un modo tacaño lo que entregamos. Una frase memorable del filósofo Jorge A. Livraga enseña que “la aventura puede ser loca pero el aventurero ha de ser cuerdo”. Sin duda, se planifican las acciones con la razón, pero se entrega con el corazón, porque no siempre se ha de donar tan solo lo que nos sobra sino parte de uno mismo: de hecho, una cerilla nos regala una luz intensa y brillante porque se consume en el intento, se entrega…
Considero que “ser voluntario” es poner nuestra voluntad al servicio de lo que se precise hacer para que los seres humanos y el mundo en que habitan tengan una mejor existencia. Pero no solo con tibias intenciones se logra mejorar el mundo, pues la “buena voluntad” ha de estar unida a la “eficacia”. Dar de corazón es el camino que hemos elegido… dar con entusiasmo es nuestro gesto… dar peces y también enseñar a pescar
                                                                                                                                              Ramón Sanchis Ferrándiz, mayo de 2017.