El miedo ante la pandemia

Hay gente que siempre necesita estar rodeada de gente, de bullicio, ruido y superficialidad; en cambio, hay personas que, rodeadas o no de gente, tan solo necesitan sentir viva su propia conciencia e identidad.
La gente que teme la soledad, que atesora compañías como si fueran pertenencias, aquellos que necesitan de la juerga continua porque no tienen un lugar interior en donde refugiarse, son presa fácil del coronavirus: así, hablan con horror de la pandemia, temen cruzarse con alguien en la escalera o infectarse con la sonrisa del frutero, evitan ir a la peluquería o a una cafetería para no exponerse, asaltan el supermercado por si acaso, cambian a menudo de humor, tienen altibajos espantosos, necesitan llorarle a alguien sus dramas, y en cambio, desconocen que sus propios miedos reducen sus defensas frente a la enfermedad y les hacen más propensos a ella.
Quién más la teme, quien más habla de ella, quien más pre-ocupado está por el virus, pronto cae en sus garras, dado que, aún sin caer enfermo, ya está atrapado psicológicamente. Sin embargo, quien atesora vivencias humanas, no se siente afectado por la reclusión de la cuarentena, pues necesita poco para sentirse realizado y feliz. Con un buen libro, buena música o una sana conversación con los suyos de cuando en cuando, se mantiene feliz.
Claro está que las actitudes positivas ante la vida no se aprenden ni improvisan en pocos días, pues fortalecernos por dentro no es fácil: sobrellevar con buen ánimo lo que nos depara la vida y poner ante el mal tiempo buena cara; analizar a diario nuestras propias reacciones, pensamientos y emociones; distinguir entre aquellas cosas que dependen de nosotros de las que no y preocuparse tan sólo de lo que podemos hacer; aportar siempre algo positivo a los demás, guardando adentro nuestras miserias, no es algo que cae del aire. Al fin y al cabo, quienes tienen bien claros sus fines y prioridades en la vida, tal como los médicos y sanitarios, afrontan cualquier contrariedad con altura de miras, y si viniera la muerte, la mirarían de frente, de igual a igual.