Cuando la literatura se convierte en arte: entrevista a Ramón Sanchis

La Revista Esfinge Digital ha publicado la presente entrevista que a continuación se recoge (agosto de 2016): https://www.revistaesfinge.com/entrevistas/item/1450-cuando-la-literatura-se-convierte-en-arte-entrevista-a-ramon-sanchis

Cuando la literatura se convierte en arte: entrevista a Ramón Sanchis

Entrevista realizada por Patricia Martí-Fleury, Mariángeles Salas y Esmeralda Merino.

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El escritor alicantino Ramón Sanchis (Raysan) es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos (Ingeniero civil) y técnico superior urbanista. Sin embargo, su vocación literaria le llevó a formarse en técnicas de escritura creativa, primero en el Taller Literario Entrelíneas, y después en el Taller de Escritura de Madrid. Desde hace cuatro años es el profesor titular del Taller de Escritura Creativa «El Libro Durmiente», de Alicante. Sus artículos han sido publicados en revistas de divulgación científica y de antropología, colaborando en el Instituto Internacional Hermes de Antropología y Ciencias del Hombre, radicado en París. Acaba de publicar El arte de ser escritor.

Su vida profesional no tiene mucho que ver con la literatura. ¿Es la suya una vocación  tardía?

En realidad, ya escribía cuentos desde jovencito, aunque eran pequeñas historias que quedaban incompletas por la inconstancia de la edad; también escribía las páginas de mi diario y algunos poemas que se plasmaban en servilletas si no había otro papel a mano. Por lo tanto, no puedo decir que sea una vocación tardía.

¿Cree que la capacidad literaria se tiene o se adquiere?

Hay una inquietud y una capacidad para imaginar historias que viene con nosotros, tal vez desde la cuna, pero dicha disposición también se desarrolla y asienta con el transcurso del tiempo. Si no creyera que dicha capacidad puede ser modelada o adquirirse, no me dedicaría a impartir talleres de escritura creativa. Si nos resulta fácil de hacer, es una cualidad ya adquirida; si es difícil aquello que estamos aprendiendo, el aprenderlo nos obliga a evolucionar, y por tanto, a adquirir en mayor grado lo que ya teníamos.

¿Cree usted que para ser un buen escritor es preciso haber recibido una formación humanística?

Yo creo que las humanidades predisponen más favorablemente a la persona para seguir los caminos que llevan a entender la propia realidad humana. La introspección que ha de llevarnos a encontrar la belleza interior, el porqué de la vida y la naturaleza, puede verse favorecida por esa formación humanística y facilita el acceso a ese ingrediente artístico que tiene la creación literaria.

¿Se puede aprender, entonces, esa faceta artística de la literatura?

Se puede aprender el oficio, se puede mejorar mucho la técnica, pero, claro está, hay personas que no llegarán a experimentar ese sentido artístico. Todo el mundo puede mejorar su nivel de escritura y aprender a expresarse mejor, y es muy deseable que así sea. Pero una cosa es lograr escritos de cierta calidad, y otra distinta llegar a tener ese mérito artístico añadido que hace a un escritor.

¿Qué papel cree que tiene, si es que tiene alguno, el hábito de leer a la hora de mejorar la capacidad de escribir?

Ramon-Sanchis-2Es evidente que para escribir bien hay que leer. Por mi parte, siempre tuve la inspiración de los libros, los cuales me acompañaron desde la infancia. La lectura despierta nuestra imaginación, nos presenta diferentes escenarios, nos muestra personajes diversos, nos ofrece múltiples formas de combinar las palabras que ya conocemos; en definitiva, construye nuestra estructura mental. No importa qué tipo de lectura sea; la imaginación se fomenta con cualquier relato de ficción, sea una fábula, un cuento, una novela o un cómic. Tal vez por ello, los libros que no contienen imágenes permiten un vuelo más libre y espontáneo de la imaginación.

La lectura siempre aporta un beneficio, pero hay que tener en cuenta que quien anhela escribir lee de un modo diferente. El aprendiz de escritor observa cada palabra, se detiene en el modo en que están construidos los personajes, observa cómo se diseñan las escenas y los diálogos, toma notas, disecciona el simbolismo que encierra cada frase, etc.

¿Qué conocimientos previos considera que hay que tener a la hora de escribir en lo que se refiere al propio idioma o lenguaje en que uno escribe?

Cuanto mejor se conozca el propio lenguaje más fácilmente surgirá la capacidad de crear atmósferas creíbles para los personajes, diálogos convincentes, escenas cargadas de acción. La utilización de imágenes figuradas o simbólicas y el uso de la palabra adecuada, permitirá completar los matices que posibilitarán al lector vivir lo escrito. No hay que olvidar tampoco que el significado profundo que encierra una lengua es el de ser vehículo a través del cual se mueven las ideas que sustenta un pueblo, sus concepciones sobre la vida y la muerte, los valores dignos de ser salvaguardados, su sentido de la sociedad, la cultura, el progreso, el impulso civilizatorio, etc. Todo idioma encierra un modo de ser de las personas que lo utilizan, una manera de relacionarse con la tierra, con los demás, con el mundo, con la naturaleza, con lo sagrado y con lo profano.

¿Qué le ha aportado a usted el arte de escribir?

La escritura me ha enseñado a ver el mundo con otros ojos, a reflexionar, a expresar mis propias ideas y cuestionarlas. En cierta medida, por tanto, me ayuda a conocerme a mí mismo. A veces me limito a ejercitarme o a jugar con las palabras, como cualquier escritor, pero en realidad, yo solo concibo un tipo de escritor comprometido con el mundo que le rodea, con sus gentes y con la humanidad, sin distinción de razas, credos, colores ni condición social, pues el camino hacia lo estético va siempre de la mano de la ética y los valores humanos. Mis escritos tienen como finalidad transmitir ideas y sentimientos que puedan mejorar el mundo que nos rodea.

Si tuviera que elegir o recomendar tres libros, ¿cuáles escogería?

Dado que hablamos de libros en general y no expresamente de narrativa, me atrevo a señalar tres libros magistrales, de gran calidad por su escritura y por la sabiduría atemporal que contienen: el I Ching, que compendia el saber de la antigua China; Pensamientos, de Marco Aurelio, un libro con reflexiones personales del emperador filósofo que siempre elevan la conciencia; y La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, que condensa y analiza los arcanos de toda la sabiduría de la Antigüedad.

¿Cree que la literatura tiene alguna función social más allá de la atención popular que pueda despertar un best seller o un afamado escritor? ¿Es necesaria la literatura?

Más que la literatura, yo diría que es necesaria la buena literatura. La buena literatura educa la imaginación, que es la herramienta que nos permite diseñar el futuro; nos alimenta con cuidadas emociones y pensamientos, aporta nuevos conceptos y nos ofrece otros puntos de vista; nos enseña a razonar y a construir nuestros propios argumentos y, en suma, potencia nuestra mente, desarrolla la atención y la memoria.

En manos de un escritor comprometido con su tiempo, consigo mismo y con el mundo en el que vive, la buena literatura es un instrumento pleno de contenido, que señala las fisuras de la sociedad, propone soluciones y educa a los lectores. Quienes saben leer entre líneas, encuentran en ella verdaderos tesoros del pensamiento. Desde el punto de vista del escritor, escribir es una tarea abnegada y solitaria que exige esfuerzo y dedicación; un quehacer que no siempre se verá recompensado con la publicación de la obra. Pero siempre será necesaria la buena literatura. Porque la buena literatura es un arma cargada de futuro: con ella se despiertan conciencias, se alimentan ideales y se aviva el alma.

¿Piensa que es importante formarse antes de escribir?

En general, todos sabemos escribir de un modo aceptable, pero eso no es suficiente. Escribir con soltura, con buena dicción, con frases elegantes y con un tono determinado no es tan fácil como parece. Expresar nuestras ideas de un modo comprensible, saber estructurar aquello que escribimos y ser convincentes, es algo que requiere unas determinadas técnicas. Por este motivo, la escritura creativa, entendida como el arte de expresarnos de la manera más efectiva y bella posible, exige de nosotros un aprendizaje.

¿Qué le impulsó a ofrecer un taller de escritura?

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Estudié durante cuatro años con el escritor Jorge Eduardo Benavides las técnicas de narrativa, y un buen día, en El Libro Durmiente me pidieron dar clase de aquello que había aprendido. Añadí a la preparación sobre narrativa unas técnicas básicas de escritura para completar un espectro que pudiera abarcar tanto la forma como el fondo literario. En la actualidad, he descubierto que dicha tarea va bien con mi carácter, pues aúna la faceta didáctica con la creativa. Me parece importante que cada alumno encuentre un estilo propio, sin plagios, con palabras certeras y cargadas de contenido. No se pueden transmitir ideas cuando se habla a medias, de un modo ambiguo o poco claro. Hay que aprender a llegar al lector, a sabiendas de que nuestro mayor deseo es que no permanezca indiferente.

Sin duda, puedo afirmar que en la enseñanza siempre se recibe mucho más de cuanto se entrega. Mis alumnos me transmiten su afán de aprender, sus inquietudes e ilusiones por comprender la vida y mostrarla en sus relatos, lo cual me obliga a ser responsable, dado que su aprendizaje depende de mi capacidad de enseñar y tiene su techo en aquello que yo mismo pueda comprender.

¿Cómo definiría su libro, El arte de ser escritor?

En principio, pretende ser un manual ameno y didáctico, que sirva de guía a aquellos que quieren conocer las técnicas de escritura que se enseñan en los talleres literarios. Incluye muchos ejemplos, prácticas y ejercicios de redacción que muestran las habilidades y técnicas de los escritores de vanguardia y de los grandes clásicos.

¿Cuáles son los errores más frecuentes de los escritores que empiezan?

En primer lugar, confiarlo todo a la inspiración, sin comprender que hay que dedicarle su tiempo y ejercitarse a diario. Y también, escribir sin contenido, sin tener una historia o un mensaje claro que transmitir. En otras ocasiones, llevados por la impaciencia, los escritores noveles tienen una buena historia, pero se dejan arrastrar por el impulso de escribir y lo hacen atropelladamente, sin planificar sus escritos. Esto da lugar a textos caóticos, carentes de estructura, espesos o desorganizados, sin la adecuada ilación en sus ideas.

¿Cuáles son sus proyectos más cercanos?

Por ahora, me dedico, sobre todo, a enseñar a escribir. También estoy recopilando una serie de relatos dispersos que duermen en los baúles, y poco a poco, voy adentrándome en una novela.

 

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El arte de ser escritor – Presentación de libro.

El arte de ser escritor – Ramón Sanchis Ferrándiz

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TÍTULOS DE LAS OBRAS: El arte de ser escritor. EL último manual de escritura. TOMO 1: Escritura Creativa. TOMO 2: Técnicas de Escritura.

AUTOR: Ramón Sanchis Ferrándiz.

EDITORIAL: LIBRANDO MUNDOS SC.

AÑO DE EDICIÓN: diciembre 2015.

ISBN Nº.: 9788494477317  /  9788494477300.

Nº DE PÁGINAS: 296  / 319.

TEMÁTICA: Literatura española.

El arte de ser escritor se compone de dos tomos, los cuales incorporan como subtítulos: El último manual de Escritura Creativa(tomo 1) y Técnicas en su segundo volumen. El primer libro se estructura en treinta y dos temas dedicados a la escritura creativa más un anexo que incluye cuarenta y dos ejercicios de redacción. El tomo segundo, dedicado a las técnicas de escritura, se divide en veintitrés capítulos, más treinta y dos prácticas propuestas para asentar los conocimientos adquiridos en la parte teórica de los contenidos. En conjunto, un compendio de conocimientos útiles para lectores críticos y escritores noveles desarrollado en 615 páginas. La presentación amena de las explicaciones vertidas en cada apartado hace de esta obra un manual con el que se disfruta mientras se aprende.

La exposición de los temas se complementa con citas y una selección de textos cuyo origen se encuentran repartidos entre escritores de reconocido prestigio, autores cuyas novelas se han convertido en bestsellers  y otros pertenecientes a los alumnos de las diferentes ediciones del Taller de Escritura Creativa de El Libro Durmiente. Ramón Sanchis se ha mantenido al margen de prejuicios sin realizar cesiones a quienes se arroban el derecho de valorar qué obra es de calidad y cuál otra debe ser rechazada. Cuando se trata de ilustrar un contenido teórico, igual cita a Cervantes, Dostoievski, Tolstoi,  Shakespeare, Antonio Muñoz Molina, Don Brown, Joël Dicker o a alguno de sus alumnos, siempre que el texto ayude en la exposición del tema.

La lectura de estos tomos se puede realizar seleccionando los temas según criterios de preferencia o de forma íntegra (es aconsejable esta segunda opción), prestando atención a los conceptos e ideas que nos despiertan el interés. A continuación, conviene ubicarlos en un lugar accesible de la estantería donde recurrir en caso de duda. De tal forma, dispondremos en nuestra biblioteca de un preciado manual de consulta sobre cuestiones de estilo, recursos y técnica de escritura.

Es una obra total, una recopilación de los saberes requeridos para iniciarse con garantías y rigor en la escritura. Lo único que no aporta es el talento personal de cada uno: “… siempre se podrá mejorar la manera de escribir, aunque hay un sello personal en cada ser que difícilmente puede alterarse”.

Es también una obra valiosa para quien desea convertirse en un lector con criterio que aspira reconocer las bondades de un escrito. Se trata de un salto cualitativo que va más allá de la lectura pasiva que se realiza, tan solo, por entretenimiento. La lectura comprensiva de este manual capacita para identificar el tipo de narrador, la cualidad de un personaje, la estructura de la trama, reconocer la belleza estética de sus figuras literarias, identificar el tema y explicar, a la vez que explicarse con claridad, el argumento de una obra.

El Libro Durmiente ocupa un lugar destacado en esta obra. Ramón Sanchis ha contribuido significativamente en su desarrollo y, de forma simbiótica, se ha nutrido de experiencias y saberes literarios que, con posterioridad, ha sabido utilizar en los contenidos del manual.

Ramón ha volcado su experiencia y conocimientos en cada tema. En la obra es el profesor el que habla-escribe y el alumno el que escucha la lección mientras lee. En ocasiones se atisba al maestro solícito y atento que aconseja a su discípulo. Como podrá comprobar el lector, este manual no está escrito por un preceptor de lengua sino por el profesor de un taller de escritura. Atendiendo a la dimensión poliédrica del autor (cuya formación e intereses aúnan las facetas científicas y humanistas), en el presente manual encontramos:

  • Su naturaleza filosófica, cuando aboga por el compromiso y profundidad de ideas exigible al escritor en sus expresiones literarias.

  • Su condición técnico-científica, observable en la estructuración y composición de los temas, en su agrupamiento por materias similares, así como en el estilo descriptivo y expositivo que busca la precisión y claridad de sus explicaciones.

  • En su vertiente didáctica, nos encontramos al profesor que explica de manera comprensible los temas más arduos, mostrando al lector lo más significativo de cada materia. De tal forma, el lector-alumno puede seguir las clases a su ritmo según su disponibilidad de tiempo e intereses.

  • De su cualidad literaria destacamos su estilo sencillo y directo en el que cada palabra se inserta en el conjunto con la precisión de un relojero, logrando que su lectura sea ágil y entretenida.

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Estética sin ética no es una opción para el autor. Ramón Sanchis impele a sus alumnos a que elijan adecuadamente cada palabra de su biografía para convertirse en buenos escritores y mejores personas: “…desde nuestro enfoque humanista creemos que el escritor debe estar comprometido con el ser humano y la Naturaleza, con su tiempo histórico y sus gentes, tanto como ha de estar comprometido consigo mismo y los valores éticos”.

Sobre el vasto contenido de ambos volúmenes no es posible entrar en detalle dada la extensión de este artículo. Aún con todo, presentaremos algunos de los temas que en ellos concurren anhelando despertar el interés por su lectura.

Tomo 1

Este volumen está dedicado a las técnicas de escritura creativa y en él se analizan las técnicas narrativas: “la descripción, la creación de atmósferas y personajes, los tipos de narrador y sus puntos de vista; las diferencias entre relato, cuento y novela; el ritmo y el tono narrativo; la escena, la acción, los saltos temporales y reflexiones; el suspense y la intriga…”

En la “Introducción”,  así como en el Tema 1 “El arte de escribir” y en el 31 “El escritor comprometido” Ramón Sanchis sintetiza sus fundamentos acerca del noble arte de la escritura. Son sus capítulos más personales, imprescindibles si se quiere conocer al autor.

El apartado segundo de la Introducción del Tomo 1 (y más tarde en los Temas 3 “Uso inapropiado del lenguaje (I)” y 4 “Uso inapropiado del lenguaje (II)” del Tomo2) lo dedica a los “Errores frecuentes al escribir”. Es posible que, tras su lectura, el escritor novel sienta un cierto estupor: ¡No sé escribir! ¡Cuántos errores cometo! ¡Esto es muy difícil! En este punto se empieza a tomar contacto con la realidad, a la vez que permite esclarecer si el deseo de convertirse en escritor corresponde a un arrebato pasajero o representa un motivo existencial. En el segundo caso, se despierta un denodado ahínco por superar las propias limitaciones sabedores de que lo bueno está por llegar.

Tomo 2

Dedicado a las técnicas de escritura: “… se expone el modo en que se ha de planificar un escrito y su presentación ante una editorial, la estructura de frases y párrafos, el uso adecuado de conectores, verbos y signos de puntuación. Se analizan los errores frecuentes y usos incorrectos del lenguaje, los tipos de textos…”

En el Tema 1 del Tomo II “Planificar un escrito”, nos encontramos al autor metódico que plantea los elementos para la construcción de una estructura literaria sólida, capaz de soportar los vaivenes de la inspiración y las ausencias de las escurridizas musas.

El profesor insiste, reiteradamente, en que el estilo debe ser cuidado, sencillo, elegante y directo, aún se trate de un ensayo. Siendo así, podemos decir que Ramón predica con el ejemplo. Incluso en el Tomo 2, en el que se sirve de un lenguaje descriptivo y expositivo, se observa el esmero en las palabras elegidas en cada una de sus frases.

Muchos de los temas, en especial de este segundo tomo, sirven para actualizar conocimientos. Hay conceptos que se dominan de forma implícita aunque, probablemente, se habrán olvidado sus fundamentaciones teóricas. Releerlos ahora representa una ocasión para incorporar herramientas útiles, del tipo que hacen la vida (y sus escritos), más fácil.

Si existe un tema que resulta de especial importancia para los escritores noveles es el número 23 “El escritor y la editorial”. El contenido de este capítulo bien podría ser el propio de una Master Class impartida en el marco del Taller de Escritura. Leerlo, ahorrará esfuerzos y sinsabores innecesarios.

Cabría terminar el análisis de esta obra con una breve semblanza del autor. Quienes hemos compartido conversaciones, anhelos y proyectos con Ramón Sanchis sabemos de su inagotable generosidad. Esta obra es el resultado de sacrificar tiempo a asuntos personales, de reducir las horas de descanso y aminorar la ocupación en otros divinos ocios. Antes que el reconocimiento personal, Ramón ha estado animado por el ideal de una Escuela de Autores que pueda replicarse en otras ciudades. Para ello, para ellos, queda ahora este manual. Gracias por tus clases, por tus incontables idas y venidas entre Madrid y Alicante, por tus desvelos e interés mostrado por cada uno de tus alumnos, en el afán de que lleguen a convertirse en la mejor versión (personal y literaria) de sí mismos.

(http://ellibrodurmiente.org/el-arte-de-ser-escritor-ramon-sanchis-ferrandiz/)

Herramientas del escritor (VIII): “Mostrar” antes que “decir”.

(Extracto del libro “El Arte de ser escritor”, de Ramón Sanchis, publicado en Librando Mundos).

VIII. “Mostrar” antes que “decir”.

Decir que “la tarde era agradable” o “el tiempo era suave”, que “nuestro guía estaba enfurecido” o “aquellas ruinas eran horrorosas”, son frases que no muestran la realidad de lo que sucede; “explican” en un tono de veredicto lo que ocurre o sienten los personajes, pero no “muestran” en detalle su realidad psicológica, ni perfilan el entorno en que se encuentran. Son frases genéricas, tópicos que se utilizan a menudo, pero que no construyen verdaderos relatos.

El escritor avezado no se limita a “decir” aquello que sucede, sino que se recrea en “mostrar” los detalles ocultos que permiten al lector comprender la profundidad de las situaciones que se narran. Porque el lector inteligente prefiere descubrir la historia y no que se la cuenten ya resuelta, como si la narrara una voz en off, aséptica y fría. A menudo, los matices ocultos que se encierran en cada historia y en sus personajes, los gestos y muecas imperceptibles, los sueños contenidos y las emociones sofocadas, indican tanto más sobre aquello que sucede que lo mencionado en una frase demasiado evidente.

Cuando el escritor “muestra” aquello que sucede en vez de “explicarlo”, el lector puede “percibir” la historia por sí mismo. Esta técnica, se utiliza en el cine cuando la cámara nos presenta una escena, por ejemplo, de alguien que espera en una vieja estación de tren, y se detiene en pequeños detalles:

las manecillas de un reloj que se acerca a las doce, el vendedor de periódicos que vocea su mercancía, el silbido de un tren que suena a lo lejos, los avisos insistentes de la megafonía y las manos que pajarean en el aire su triste despedida; los ojos extraviados que leen una carta, la mano huesuda que repiquetea sobre el mármol blanco de la mesa, que aprieta una taza y se recompone el cabello una y otra vez; el barman que limpia con parsimonia la barra y tararea una canción de Glen Miller, un reloj que no avanza, el mobiliario de madera añeja, los ojos tristes que releen de nuevo la misiva, las lágrimas que afloran, y se escapan…”.

Por ello, el verdadero escritor construye “escenas visuales”, describe lo que sucede tal como si pintara un cuadro, solazándose en los detalles, en los gestos y las actitudes, en el entorno y la realidad social… En suma, creando un cuadro con paisaje de fondo, lleno de vida, tal como hicieran los pintores miniaturistas flamencos, y no un retrato inmóvil, frío y aséptico.

Todo ello se logra combinando los factores que se citan a continuación:

  1. El uso de los cinco sentidos en las descripciones:

Una de las herramientas más eficaces que dispone un escritor es la utilización de los cinco sentidos en las descripciones. Mostrar aquello que se percibe con los sentidos, evoca en la imaginación del lector un universo de sensaciones inspiradoras que le traen recuerdos personales y cotidianos. Incluir aromas, colores, sonidos, texturas y sabores en una narración, permite el lector “sentir” aquello que se le muestra.

La ciudad está dormida y acariciada por la música de sus románticos ríos…
El color es plata y verde oscuro… y la sierra besada por la luna, es una turquesa inmensa. La niebla está saliendo de las aguas y agrandando el paisaje. Los cipreses están despiertos y moviéndose lánguidos inciensan la atmósfera… y el viento convierte en órgano a Granada, sirviéndole de tubos sus calles estrechas… El Albayzín tiene sonidos vagos y apasionados y está envuelto en oropeles suaves de luz oscura… Sus casas tristes y soñadoras que mueve la niebla, parece que quieren contarnos algo de lo mucho grande que miraron… La vega es acero y polvo gris, nada se oye que retumbe en el silencio… el río de oro gime al perderse por el túnel absurdo… el espejo del Generalife corre a desposarse con su novio el Genil… Sobre las torres cobre y bronce de la Alhambra flota el espíritu de Zorrilla. El viento tiembla y el bosque tiene sonidos metálicos y de violonchelos, las esquilas de los conventos están llorando lágrimas de hierro y castidad… La campana de la Vela está diciendo una melodía tan grave y augusta, que los cipreses y los rosales tiemblan nerviosamente”. (Fantasía simbólica. Federico García Lorca).
  1. El uso de las imágenes y los colores:

Insertar imágenes poéticas, cargadas de colorido, torna más visuales los textos. Las metonimias, metáforas, símiles y analogías, dibujan en la mente del lector otra realidad paralela, más bella y sugerente:

Allí sobre el mar, de un amarillo aceitoso cerca de la costa y un verde vítreo en la lejanía, una vela transitaba sobre las aguas como un cadáver amortajado…”. (Extracto de Cuentos, del escritor Isaac Bashevis Singer).
“Caminaba así a través de una comarca de fuentes y jardines, contemplando los bueyes que recorrían los fértiles barbechos alargando sus cuellos robustos bajo el yugo opresor; la tierra feraz brotaba y se enrollaba en largas olas suaves detrás del arado, y el labrador apoyaba los dos pies en la reja para hacer más profundo el surco. Entre las palmeras, burbujeantes arroyos murmuraban, y la tierra gozosa bordaba sus márgenes de balsaminas y toronjiles de hojas barbadas. (La luz de Asia. Arnold Edwin).

Hoy en día, sabemos por la ciencia, que aquello que se observa con la imaginación es registrado por el cerebro como si lo hubiéramos vivido, pues la conciencia no halla diferencia entre lo real y la ficción, como tampoco la encuentra entre la vigilia y el sueño. Así mismo, los colores tienen una influencia determinada en aquel que los observa, porque tras su aspecto físico encierran un componente psicológico, provocan sensaciones y despiertan estímulos, pues sabemos, por ejemplo, que el color naranja aporta energía y el rosa apacigua, el color verde transmite esperanza e ilusión y el amarillo alegría, etcétera. De este modo, el escritor influye mediante las imágenes y el colorido en la percepción que tienen de la realidad los lectores. Tal vez por ello afirmaba  Petrarca que… “los ojos abren camino al corazón”.

Veamos el colorido texto que nos ofrece Alejo Carpentier sobre el carnaval veneciano:

“…entre los difuminios de acuarela muy lavada que desdibujaban el contorno de las iglesias y palacios, con una humedad que se definía en tonos de alga sobre las escalinatas y los atracaderos, en llovidos reflejos sobre el embaldosado de las plazas, en brumosas manchas puestas a lo largo de las paredes lamidas por pequeñas olas silenciosas; entre evanescencias, sordinas, luces ocres y tristezas de moho a la sombra de los puentes abiertos sobre la quietud de los canales; al pie de los cipreses que eran como árboles apenas esbozados; entre grisuras, opalescencias, matices crepusculares, sanguinas apagadas, humos de un azul pastel, había estallado el carnaval, el gran carnaval de Epifanía, en amarillo naranja y amarillo mandarina, en amarillo canario y en verde de rana, en rojo granate, rojo de petirrojo, rojo de cajas chinas, trajes ajedrezados en añil, y azafrán, moñas y escarapelas, listado de caramelos y palo de barbería, bicornios y plumajes, tornasol de sedas metido en turbamulta de rasos y cintajos, turquerías y mamarrachos, con tal estrépito de címbalos y matracas, de tambores, panderos y cornetas, que todas las palomas de la ciudad, en un solo vuelo que por segundos ennegreció el firmamento, huyeron hacia orillas lejanas…”. (Concierto barroco. Alejo Carpentier).
  1. Los diálogos atrevidos e inteligentes:

Aunque los diálogos tienen la finalidad de “expresar” aquello que hablan los personajes, su verdadero poder estriba en “mostrar” sus gestos y actitudes, su carácter, cultura y perfil social, sus emociones, creencias o ideales. Las voces de los diálogos muestran a los personajes tal cual son, burdos e indolentes, zafios o ruines.

Por tal motivo, los diálogos no pueden servir de relleno en un relato, ni perderse en conversaciones vanas que no impulsen el avance de la acción. El buen escritor, construye diálogos inteligentes y atrevidos, punzantes e irónicos, sensibles y reflexivos, y en suma, cargados de profundidad. Ellos se dirigen hacia su fin sin titubeos, de un modo directo, añadiendo siempre un factor sorpresa que les confiere en una aureola de misterio.

Veamos un ejemplo sacado del libro El caso de Harry Queberck, de Jöel Dicker:

“Me miró y me agarró por los hombros:
—Han pasado años desde que nos conocimos. Ha cambiado usted mucho, se ha convertido en un hombre. Estoy deseando leer su primer libro.
Nos miramos fijamente durante un momento y añadió:
—En el fondo, ¿por qué quiere usted escribir, Marcus?
—No tengo ni idea.
—Eso no es una respuesta. ¿Por qué escribe usted?
—Porque lo llevo en la sangre… Y cuando me levanto por la mañana, es la primera cosa que me viene a la mente. Es todo lo que puedo decir. ¿Y usted, por qué se convirtió en escritor, Harry?
—Porque escribir dio un sentido a mi vida. Por si no se ha dado cuenta todavía, la vida, en términos generales, no tiene sentido. Salvo si se esfuerza usted en dárselo y lucha cada día que Dios nos da para llegar a ese fin. Tiene usted talento, Marcus: dele sentido a su vida, que el viento de la victoria haga ondear su nombre. Ser escritor es estar vivo.
—¿Y si no lo consigo?
—Lo conseguirá. Será difícil pero lo conseguirá. El día en el que escribir dé un sentido a su vida, será un verdadero escritor. Hasta entonces, sobre todo, no tenga miedo de caer”.

Reflexiones sobre la necesidad de escribir.

sueños_13Me alegra poder decirle a dos o tres alumnos de Taller de Escritura que están en el punto en que pueden dedicarse a escribir, pero ellos siempre me miran perplejos, desconfiando de sus posibilidades reales. Hay quienes me dicen que ya no tienen edad para escribir, pues tan solo anhelan descansar de sus tareas. Entonces debo decirles que a quienes son jóvenes de espíritu la edad no les afecta, porque sus sueños los van lavando de continuo de aquellas escorias que desgastan el alma.
Les invito a que lo tomen como un merecido descanso de sus tareas y se atrevan a disfrutar escribiendo. Que no tengan prisa, ni preocupación por lo que les he dicho, pues tan solo pretendo que sepan que escribir está a su nivel, y que no es un sueño ambicioso en su caso. Les recuerdo que no han de hacerlo con exigencia alguna, sino por dejar a los demás lo mejor de sí mismos: deja más relatos y poemas escritos sobre la mesa, les digo, pues alguien los necesitará algún día; son misivas que precisan, tal vez, los duendes que habitan en la casa, los corazones que nos quieren, los ojos que nos contemplan con admiración, y sobre todo, el mundo, que siempre está tan necesitado de armonía y bellas consignas.
Sí, haz con tus poemas y relatos un hatillo que puedas entregar cuando hayas de irte, aunque nunca se publiquen sino para los tuyos: serán las delicadas huellas de tu paso por la vida. Y mientras los estés escribiendo, de seguro,tendrás belleza en el alma, porque tan solo pueden escribir quienes siguen unidos a lo mejor de sí mismo con ese cordón de plata que nos mantiene vivos.
Ojalá tengan un buen viaje por el sinuoso camino de la escritura, ese que discurre por frondosos valles y elevadas cumbres, pues quienes albergan una primavera en su corazón, no pueden sino florecer y entregar a sus lectores los sueños e ideas que también ellos precisan para encontrar su rumbo.

La crónica.

Extracto de un tema del Manual de Escritura Creativa de Ramón Sanchis Ferrándiz.

La Crónica:
La crónica es un relato que informa sobre los sucesos ocurridos, si bien, se distingue de la noticia porque el escritor suele añadir comentarios que interpretan los hechos y acontecimientos. El Diccionario de lengua española (DRAE) la define del siguiente modo: “Historia en que se observa el orden de los tiempos”.

La principal característica de la crónica estriba en informar de un modo objetivo y con regularidad periódica sobre aquello que ocurre, aunque agregue, también, ciertas apreciaciones personales que le confieren un estilo propio. Tal es el caso de las crónicas de sociedad o de sucesos, que aparecen de modo habitual en la prensa, y las que tratan sobre viajes, política o economía. Citemos también, las crónicas remitidas a diario por un corresponsal de guerra o de un enviado especial a un país remoto, y aquellas otras que cubren un evento musical o deportivo de larga duración que exige una crónica diaria (Festival internacional de Música de Santander, Campeonato mundial de patinaje artístico, Feria taurina de San Isidro en Madrid, etcétera).

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A fin de comprender las características de una crónica, utilizaremos, como ejemplo la Crónica del viaje de Cristóbal Colón, escrito por Fray Bartolomé de las Casas, el cual tuvo a la vista el texto original que se ha perdido:

• Levanta acta de lo ocurrido: es un documento escrito para dejar constancia de algo.

“Diario de a bordo:
Este es el primer viaje y las derrotas y camino que hizo el Almirante don Cristóbal Colón cuando descubrió las Indias, puesto sumariamente, sin el Prólogo que hizo a los reyes, que va a la letra y comienzo de esta manera…”.

• Anota fielmente los hechos, de modo objetivo, para dar fe de lo ocurrido:
“Martes, 9 de octubre [1492]:
Navegó al Sudueste. Anduvo 5 leguas. Mudóse el viento y corrió al Oueste cuarta al Norueste, y anduvo 4 leguas; después con todas once leguas de día y a la noche 20 leguas y media; contó a la gente 17 leguas. Toda la noche oyeron pasar pájaros”.

• Añade, más allá de los hechos, aquellas actitudes y circunstancias personales que son relevantes para comprender lo que acontece:
“Miércoles, 10 de octubre [1492]:
Navegó al Ouesudueste. Anduvieron a diez millas por hora y a ratos 12 y algún rato a 7, y entre día y noche 59 leguas; contó a la gente 44 leguas no más. Aquí la gente ya no lo podía sufrir: quejábase del largo viaje. Pero el Almirante los esforzó lo mejor que pudo, dándoles buena esperanza de los provechos que podrían haber, y añadía que por demás era quejarse, pues que él había venido a las Indias, y que así lo había de proseguir hasta hallarlas con el ayuda de Nuestro Señor”.

Carabelas de Colón_002

• El cronista adopta un estilo propio, cercano y reconocible para sus lectores, pero preciso y formal en la exposición de los hechos.
“Jueves, 11 de octubre [492]:
…Después del sol puesto, navegó a su primer camino al Oueste. Andarían doce millas cada hora, y hasta dos horas después de media noche andarían 90 millas, que son 22 leguas y media. Y porque la carabela Pinta era más velera e iba delante del Almirante, halló tierra y hizo las señas que el Almirante había mandado. Esta tierra vido primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana. Puesto que el Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vio lumbre, aunque fue cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra, pero llamó a Pedro Gutiérrez, repostero de estrados del Rey, e díjole que parecía lumbre, que mirase él, y así lo hizo y vídola. Díjole también a Rodrigo Sánchez de Segovia, que el Rey y la Reyna enviaban en el armada por veedor, el cual no vio nada porque no estaba en lugar do la pudiese ver. Después que el Almirante lo dijo, se vio una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos pareciera ser indicios de tierra; pero el Almirante tuvo por cierto estar junto a la tierra…”.

• La crónica incluye citas textuales que contribuyan a la veracidad de aquello que se narra.
“Esto que se sigue son palabras formales del Almirante en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias: «Yo dice él, porque nos tuviesen mucha amistad porque conocí que era gente que mejor se libraría y convertiría a Nuestra Santa Fe con Amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor, con que hubieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla…»”. (Extractado de la Revista ArteHistoria. Se muestra completo en el siguiente enlace: http://www.artehistoria.com/v2/contextos/11413.htm).

Ramón Sanchis Ferrándiz (c) (Todos los derechos reservados)

(twitter.com/RAYSAN2012).

 

 

Escribir con palmeros.

Artículo escrito por Raysan el 22 de febrero de 2014 para el Taller de Escritura Creativa de El Libro Durmiente (ELD).

¿Saber escribir o ser reconocido?

Es conocido en el mundo editorial que, en la actualidad, nadie te publicará un libro sin la mediación de un agente literario. Las editoriales reciben cantidades ingentes de manuscritos que aguardan para ser leídos. Algunos pocos verán la luz; la mayoría dormirá un sueño eterno en la brumosa antesala de los escritores desconocidos. En el limbo indefinido de la no-publicación se hallan muchos escritores que han abandonado su condición de lector para aventurarse en un más allá desconocido, sin llegar a tocar el cielo reservado a los escritores.
Escher-drawing-hands_dibujando manosSí, llegar a ser considerado escritor es un privilegio que pocos alcanzan; muchos otros habrán quedado en el camino mientras tanto. A pesar de que se haya dicho que un escritor lo es en la medida que otros lo consideran como tal, escribir es un acto vocacional en que se embarca el alma en solitario. No obstante, más allá de las opiniones ajenas, el propio escritor sabe en su fuero interno, el poder que alcanza su vocación de transmitir; cuando ese anhelo profundo enraíza en su corazón, ya no podrá dejar de escribir.
El reconocimiento y las verdaderas capacidades para escribir no siempre caminan por la misma senda. Ejemplos hay muchos, pero bastará citar a la autora británica E.L. James y su afamado libro 50 sombras de Grey.

Escribir con palmeros.

En cambio, las editoriales consideran que un escritor debe venir a este mundo con un pan bajo el brazo. Me comentaba a modo de confidencia mi agente literario —porque hoy en día no eres nadie sin tu agente literario— que las editoriales analizan minuciosamente la conducta en las redes sociales de un posible escritor. Antes de publicar tus escritos necesitan comprobar que tienes un buen número de allegados que corean tus ocurrencias, de conocidos que ríen tus gracias a distancia, seguidores por control remoto que mantienen contigo una amistad virtual.
Visto así, si no te secundan no mereces alcanzar el paraíso de los escritores, porque no eres rentable. Una editorial evalúa con tiento tus amigos y parientes, y el número de palmeros que acompañan tu baile. Tus múltiples contactos auguran cuantiosas ventas, porque una vez editado el libro, cuando la editorial se aletargue para evitar gastos innecesarios, serás tu propio agente comercial, un correveidile de lujo que ha de verse inspirado por el mismísimo Mercurio para salir a flote en dicha empresa.
¡Cuántos verdaderos escritores no habrán perecido en las fauces del olvido por falta de acólitos y palmeros! Más les hubiera valido merodear a las puertas de festines y palacios, poniendo en valor —tal como se dice ahora— su capacidad de relación social, aún a costa de sacrificar el tiempo que debieran haber dedicado a la bella escritura.
Es conocido, que la escritura pulcra y esmerada no tiene tantos adeptos como pretenden las editoriales. En cambio, los amigos fáciles se prestan antes a halagos y reconocimientos que a minuciosas lecturas donde se descubran las mieles de un buen libro. En verdad, nuestro mundo está perdiendo los papeles, inmerso en una carencia de ética ostensible. Más valiera ser un escritor en el apartado rincón oscuro del alma que un insatisfecho divulgador de manuscritos mediocres. 
Ser jaleado no siempre se corresponde con una virtud a tener en cuenta: si te corean los mediocres tu sombra será fugaz, y tan huidiza como la fama; si los clásicos te escuchan con atención desde la distancia de sus tumbas, sabrás que tus pies transitan un verdadero camino. Porque ser escritor guarda relación con el camino que has de seguir para encontrarte a ti mismo.

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El lector cualificado.

Tú que me lees, no te conformes con ser un palmero de escritores mediocres; tampoco corees los nombres de quienes no sacudan tu alma echando la puerta abajo… No secundes en vano a quienes no amplíen los horizontes de la literatura, antes bien, calla indulgente y sonríe con cortesía cuando cierres un libro que no merezca ser leído. No te conformes con ser un lector mediocre que devora los libros que otros le acercan interesadamente: sé un lector cualificado, consciente de tu necesidad de leer para descubrir la vida; mide, sopesa con usura el tiempo de que dispones y no hagas dispendio de él con excesiva alegría, pues es tan breve como la vida.
No encumbres a quienes pretenden el halago fácil o corren tras amistades virtuales; no corras tú la misma suerte, pues serás devorado por el tiempo superficial que a todos nos alcanza. Libérate de la redes de un mundo vacío que tan solo cuida la apariencia, porque aquellos que pretenden ser escritores en el mañana reclaman de ti la solidez de un lector comprometido con su tiempo, un lector inteligente que ha de descubrir entre líneas, sin prisa y ajeno a las alharacas del mundo, las semillas de oro que se encuentran escondidas en los libros atemporales, aquellos que duermen a la espera de un lector capaz de trascender a su tiempo.

Estilos o discursos narrativos.

Tema escrito por Raysan para el Taller Literario de Escritura Creativa “El Libro Durmiente” (2ª Edición). 09/02/2014.

Publicado en Feb.09.2014 en el blog: http://ellibrodurmiente.org/?p=3716

En toda narración, de un modo u otro, deben hablar los personajes de la historia, adoptándose diversas formas de materializar sus “discursos”. A dichas variantes en el modo de expresar las voces de los personajes se les denomina también “estilos narrativos”.
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a) En el estilo o discurso directo, la voz del personaje se destaca del contexto de la narración, con el fin de enfatizar su contenido. Entonces, al igual que ocurre en el cinematógrafo, quedará en suspenso la narración para iluminar sobremanera al actor principal de la trama.
Formalmente se resuelve como sigue: en una línea aparte se abre un guión y a continuación se hace hablar al personaje; de este modo, podrá expresarse con su propia voz, en su jerga y utilizando los giros del lenguaje que le son habituales. Podrá utilizarse para la voz del personaje, por ejemplo, un tiempo verbal en presente, en tanto que el narrador continuará su relato en otro tiempo verbal, generalmente utilizando el tiempo pasado. Ello destacará las intenciones del personaje, su nivel sociocultural, su mentalidad, situándolas en el centro de la escena, dándoles un relieve especial.
Así, en el discurso directo un personaje cualquiera podrá decir:
—Pero dime, no dilates más tu contestación… ¿estás embarazada o no?
Ante lo cual, el personaje a quien se dirige la pregunta podría contestar:
—No me presiones más, o de lo contrario ¡no verás nunca a tu hijo!
A veces, en mitad del discurso de un personaje pueden añadirse ciertasacotaciones, las cuales definen quién habla, el modo en que sucede la acción, o bien, con qué intenciones se dijo aquello. Se presentan escritas entre guiones, siendo el narrador quien se expresa a través de ellas. Veamos un ejemplo:
—No me presiones, o de lo contrario ¡no verás a tu hijo! —dijo dándole la   espalda mientras su mirada se perdía en el horizonte a través de los ventanales—. Creo que no merezco este trato…—continuó diciendo entre sollozos.
En el discurso directo, también se permite que el narrador ceda momentáneamente la voz al personaje, introduciendo una cita textual que resalte aquello que dice. Veamos como lo resuelve Isaac Bashevis Singer:
…Los vecinos le preguntaron adónde iba y él contestó: «Adonde los ojos me conduzcan».
…Le empapó el rostro con sus lágrimas y repetía como una posesa: «Nathan, Nathan. Que no conozcamos más males», así como otras frases más propias de cuando fallece un miembro de la familia.
…«¡Bueno, es el invierno, el invierno! —se dijo Herman Grombiner, mitad cantando, mitad gruñendo—. ¿Cuándo será Januka? El invierno ha llegado temprano este año». Herman tenía el hábito de hablarse a sí mismo. Siempre lo había hecho…
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b) En el estilo o discurso indirecto no se deja hablar directamente a los personajes, sino que el narrador nos informa, de un modo indirecto, sobre lo que aquellos dicen. Esta es la forma utilizada en el lenguaje coloquial, cuando alguien narra unos hechos o una conversación y nos cuenta lo que dijo una persona ausente… Se recurre entonces a los verbos de dicciónpara expresar aquello que el personaje manifestó y su manera de hablar (decir, afirmar, exponer, asegurar, apuntar, aseverar, matizar, declarar, etcétera).
“Pedro me dijo que vendría sin falta, aunque ya lo veis: no aparece”.
De esta manera, dado que no se destaca aparte la voz del personaje, el relato gana en fluidez, acortándose su extensión. No obstante, este estilo presenta también una faceta negativa, pues el discurso se halla totalmente en manos del narrador. En consecuencia, el lector puede tener la sensación de que “conoce” aquello que el personaje opina, aunque no alcanza a “escuchar” al personaje con la misma realidad que permite el discurso directo.
Un ejemplo de este estilo es la presente narración sacada de un cuaderno de bitácora jamás escrito:
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“Viendo que la mar permanecía en calma y que el viento no alentaba bastante, la gente parecía descontenta, murmurando en pequeños grupos. Algunos se atrevieron a decir que tal vez el almirante no estuviera capacitado para aquella empresa, ante lo cual el contramaestre, subiéndose al puente arengó a la tripulación con fuertes palabras. Una vez más, apeló a su buen juicio, conminándoles a tratar aquella cuestión cuando arribaran a puerto, pues a todos convenía salir de situación tan azarosa…”
En el discurso indirecto el narrador suplanta la voz de los personajes y nos describe las cosas que estos decían o murmuraban, las preguntas que se hicieron, las dudas que les asaltaban, narrando tales detalles mediante la utilización de expresiones como “se atrevieron a decir que”, “se preguntaban”, “murmuraban sobre la cuestión”, etcétera. Si en este pasaje recurriéramos al discurso directo, se transformaría como sigue:
 “Viendo que la mar permanecía en calma y que el viento no alentaba bastante, la gente parecía descontenta, murmurando en pequeños grupos. Algunos se atrevieron a decir que… «tal vez el almirante no esté capacitado para esta empresa», ante lo cual el contramaestre, subiéndose al puente arengó a la tripulación con fuertes palabras:
—Una vez más, apelo a vuestro buen juicio. Os conmino a tratar esta cuestión cuando arribemos a puerto, pues a todos nos conviene salir de situación tan azarosa…”.
c) El estilo indirecto libre es una variante del estilo indirecto; el narrador nos informa también de aquello que dicen los personajes, aunque evitando la acotación que utiliza expresiones del tipo “dijo que…”. De este modo, eliminando los verbos de dicción, el lector puede “escuchar” la voz de los personajes, tal como hablan, libre de artificios narrativos. Ello confiere a este estilo una frescura y pujanza indudables. Es un estilo más intuitivo para el lector, aunque encierra una mayor complejidad para el escritor. Generalmente, se utiliza en una narración en tercera persona.
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Veamos cómo se maneja, revisando un ejemplo en el que se comparan los tres estilos:
En una narración escrita en discurso directo, la voz del personaje se desgaja del cuerpo del relato, siendo enunciada en un renglón aparte tal como sigue:
—No voy a salir, es demasiado tarde, y además está lloviendo —dijo Estela.
Actriz_Liv_Tyler-1Si recurrimos al discurso indirecto omitiremos la voz directa del personaje. Su  discurso quedará recogido en el contexto de la narración, como un comentario precedido de la expresión “dijo que”:
Estela dijo que no saldría, pues era demasiado tarde, y además lloviznaba. Prefería amarrar aquella conversación…
Finalmente, en el discurso indirecto libre, la misma conversación podría transcribirse de varias maneras, con mucha mayor soltura. Valga la siguiente muestra:
De pronto se paró en mitad de la habitación. No voy a salir, es demasiado tarde, y además está lloviendo. Prefería amarrar aquella conversación…
Por tanto, el discurso indirecto libre confiere una mayor viveza al texto, es menos falso, dado que lo libera de los artificios que utiliza el narrador. Sin duda, utiliza mejor los recursos literarios y da mayor libertad al autor en su forma de expresión. En suma, ofrece la ventaja de que la voz del narrador llega a pasar desapercibida, evitando la sensación de que alguien nos narra una historia, lo cual permite una mayor identificación del lector en la trama.
No obstante, en este tipo de discurso conviene que el autor incluya además, de cuando en cuando, el discurso directo. De este modo, se logra remarcar una frase relevante dicha por el personaje, destacándola de su contexto; al focalizar la atención del lector sobre dicha frase, se le confiere una mayor importancia relativa. Mientras el resto de la narración describe a los personajes y sus vivencias, sus inquietudes y comentarios, la voz acentuada como discurso directo, resaltará de un modo concluyente la actitud o el pensamiento de algún personaje, proporcionándole la impresión al lector de haber escuchado toda la conversación.
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En conclusión, a la vista de los estilos o discursos narrativos expuestos puede deducirse lo siguiente:
  • en apariencia, lo más objetivo sería citar las voces de los personajes tal como suenan, utilizando el discurso directo; en cambio, este estilo narrativo es el menos utilizado. Ello se debe a la dificultad que presenta el discurso directo para introducir de un modo apropiado los tonos de voz y los gestos que los personajes utilizaron. Las acotaciones del narrador salvan en parte dicho problema, aunque no puede caer sobre ellas el peso de toda la narración.
  • Si tan solo utilizáramos el discurso directo, no se podrían transcribir literariamente ciertos elementos utilizados en la comunicación cotidiana que van más allá del lenguaje académico, tales como el canturreo de una canción de cuna, las voces de un coro, o bien, las onomatopeyas. Ni tampoco ciertas palabras que se usan coloquialmente en el lenguaje fático por quien atiende en una conversación (sí, claro, pues…). A causa de ello, el narrador debe describir metafóricamente el sonido producido, el efecto provocado sobre los personajes, sus reacciones psicológicas, etcétera, recurriendo entonces a un estilo narrativo indirecto.
  • Si utilizáramos tan solo el discurso directo, todas las frases parecerían importantes. Por el contrario, utilizando con maestría la narración en estilo indirecto —tal como hace Gabriel García Márquez—, al intercalar las voces directas de los personajes tras la narración, éstas parecen más rotundas y determinantes, dado que previamente el narrador ha ido anunciando de un modo preciso lo que estos finalmente dicen.
  • No obstante, se puede utilizar con buenos resultados el discurso directo cuando queremos resaltar un modo de expresarse muy particular de un personaje. En todo caso, es siempre aconsejable que las voces de los personajes sean cortas, bien elaboradas y directas, para que la narración no pierda efectividad y no decaiga en el lector su interés en la lectura.
Es conveniente la buena práctica de los diferentes estilos citados, pues son las herramientas con que se modela el carácter de los personajes y se mantiene el tono narrativo. Pueden hallarse buenos ejemplos de los diversos estilos en “El hablador” de Vargas Llosa.

Las acotaciones del narrador.

Tema escrito por Raysan para el Taller de Escritura Creativa “El Libro Durmiente” (2ª Edición).

Publicado en Feb.08.14 en el blog:  http://ellibrodurmiente.org/?p=3702 

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En el discurso directo la voz de un personaje se destaca de la narración. Para ello, en una línea aparte y precedida de un guion se hace hablar al personaje, al cual se permitirá expresarse con su propia voz, en su jerga, utilizando los giros del lenguaje que le son habituales. A continuación insertaremos en el discurso las acotaciones del narrador, flanqueadas por guiones. El guion utilizado por las editoriales para señalar los discursos es el guion largo, ya sea en el inicio de la voz como en las acotaciones del narrador.

Una acotación es una ventana indiscreta por donde se cuela el narrador para aportar un detalle concreto, un matiz de aquello que ocurre y que el lector no puede ver. Equivale a una nota marginal que se inserta en un documento para aclarar algo.

Para utilizarlas adecuadamente debemos tener en cuenta que, a través de ellas prosigue la narración mientras queda en suspenso el discurso del personaje, por lo cual, su aporte debe ser breve y certero. Si dicha acotación abunda en exceso en detalles narrativos, interrumpe la percepción que el lector tiene de estar escuchando directamente al personaje que habla, y de un modo innecesario, torna visible al narrador.

Las funciones básicas de las acotaciones son las siguientes:

  • indican qué personaje está hablando, a quién se dirige y la tonalidad de su voz,

—Qué envidia me da la gente con estudios —dijo ella señalando a César.

—¿Qué planes tienes? —y la voz de Daniel sonó como un susurro insinuante.

  • muestran los gestos y movimientos que realizan los personajes, sus actitudes y  estado de ánimo,

—¡Basta! —vocifera Evaristo dando un puñetazo en la mesa—. El que no quiera comer que se vaya ahora mismo de esta habitación —añade con el brazo extendido y el dedo índice en dirección a la puerta— pero que no toque los cojones.

—Yo soy Abel, —se presentó mirando a Susana que con una sonrisa ocultó la timidez que le hicieron sentir los ojos oscuros del chico.

—Yo soy Cristina, y esta borracha es Susana —y la empujó con cariño pero haciendo que el mojito se le derramara un poco.

  • ofrecen detalles sobre aquello que ocurre y el contexto en que se desarrolla la escena,

—¿Qué ha ocurrido? —pregunta alarmada cuando ve que el párroco no suelta la oreja de su hijo mayor.

—Y no se preocupe por el asunto —el policía, acodado sobre la barra del pub, guardó aquellas fotografías en un sobre, apagó su cigarrillo y se dispuso a abandonar aquel antro inmundo—: tarde o temprano encontraremos al asesino.

  • abundan en la descripción de los personajes, aportando matices del carácter y temperamento de los personajes que ayudan a “caracterizarlos”. Es decir, revelan detalles de sus sentimientos, emociones y pensamientos, permitiendo al lector reconstruir su personalidad.

—Espérame, ¡vendré pronto! —dijo el siempre malhumorado guardián—. Pero no te prometo nada —masculló entre dientes contrariado—, y si lo hago, será la última vez.

—El tribunal no fue indulgente; señaló una a una sus faltas sin inmutarse —el inquisidor de pérfida mirada, con el gesto torcido por la maldad que alentaba su corazón, leyó con parsimonia el veredicto, regodeándose en el dolor ajeno…

  • reclaman la atención sobre algo en concreto, ralentizando o dando intensidad al diálogo,

—Antes venía a menudo a este lago; sobre todo en primavera. Aunque no había vuelto a este lugar desde que… —y no pudo evitar que sus ojos se humedecieran—, desde que… —balbuceó—, desde que ella desapareció en sus aguas.

  • preparan al lector ante un suceso que va a ocurrir, potenciando el texto que sigue a continuación. Tal es el caso de las acotaciones que a modo de cuña se insertan entre dos frases…

—No sabes bien lo que te espera —dijo en voz baja empuñando el arma con saña mientras pulsaba el botón para abrirle la puerta—. ¡Sube, estoy listo! —gritó.

—Claro —dice él mientras la toma de la cintura y la acerca hacia sí—. ¿Te gusto?

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Su mejor cualidad consiste en pasar desapercibidas, es decir, que el lector apenas repare en ellas y le permitan concentrarse en el discurso de los personajes. Para ello,

  • conviene evitar acotaciones demasiado largas, pues distraen al lector del contenido real del diálogo, perdiendo la ilación de la lectura.

  • no deben incorporar demasiados “datos o explicaciones forzadas”, las cuales pretenden “decir o exponer” aquello que, en cambio, debe ser “mostrado” a través de la narración.

  • no conviene utilizar las acotaciones para proseguir el desarrollo de la narración. En tal caso, es preferible llevar el comentario incluido en la acotación al cuerpo de la narración.

—En aquella edad no había tomado conciencia del mundo —mis padres, a pesar de ser relativamente jóvenes, se habían quedado anclados en aquella época dorada de los años ochenta, la de los guateques, las canciones protesta y el sueño americano, donde aún se creía que una persona con flores pintadas en el rostro podría detener los tanques soviéticos de la primavera de Praga—. Ellos no conocían el significado de la palabra “problema”.

En suma, debemos evitar acotaciones demasiado recargadas y poco precisas, en donde se ponga de manifiesto la existencia del narrador. En realidad, sabemos que el narrador existe, pues él es quien cuenta la historia y expone las peripecias de los personajes. Además, mediante el uso correcto de las acotaciones, el narrador puntualiza, define y acota las escenas y situaciones, pero en tal caso, no debe tomar un papel preponderante, ni artificial, a fin de que el lector crea que escucha hablar directamente a los personajes.

“CUENTO DE NAVIDAD”, de Charles Dickens.

 

Reseña escrita por Raysan con el análisis literario de dicha obra de Dickens para el encuentro del Club de Lectura “El Libro Durmiente”.

Londres-St-Pauls-small3El 14 de diciembre de 2012 tuvo lugar un nuevo encuentro del Club de Lectura “El Libro Durmiente”, esta vez sobre “Cuento de Navidad” de Charles Dickens (1812-1870), magnífica obra literaria que ya es un clásico que se lee y representa cada Navidad.

Es magistral la forma en que Dickens describe su época, sus personajes y ambientes, las miserias en que estos se ven atrapados, las carencias de todo tipo y las riquezas con que sueñan. Ante la atenta mirada del autor, se agrandan las flaquezas humanas y los valores que sustentan a las personas sencillas en una vida rutinaria que les somete constantemente a prueba…. La pluma del magnífico escritor garabatea sobre el papel en blanco hasta dibujar fielmente la profundidad de las almas y los tipos humanos, así como las bondades y penurias de la época victoriana.

Los personajes de sus relatos, tal vez hayan escapado por un resquicio del tiempo hasta hacerse presentes ante nosotros, dado que se hallan descritos tan minuciosamente que parecen reales. Su admirable capacidad para describir las emociones y los pensamientos que atenazan a las gentes de los estratos sociales más bajos, de aquellos que malviven como desheredados del mundo y la fortuna, confiere a sus escritos una fuerte carga social, pues aunque no se muestre como franca denuncia, pretende despertar conciencias e inclinar actitudes en favor de un mundo más humano.

Skrooge, el malvado_00En el célebre “Cuento de Navidad” de Dickens, se nos presenta al Señor Scrooge, mezquino comerciante que desprecia cualquier valor humano, recibiendo la visita del espectro de su difunto socio, Jacob Marley. El fantasma de Marley dice estar encadenado por las pesadas ataduras que se forjó en vida, por lo cual intenta prevenir de sus errores a su amigo, a fin de que pueda corregir su vida, escapando así al destino nefasto que seguramente le aguarda cuando le llegue la muerte. La sombra del difunto Marley le advierte también de que aún tiene una oportunidad de enmendarse, pues prontamente recibirá la visita de tres fantasmas: el espectro de las Navidades pasadas, el de la Navidad presente, y finalmente el espíritu de las Navidades futuras. Ellos le mostrarán pasajes de su propia vida a fin de que se redima y encauce sus actos en un sentido más humano y altruista.

Navidad_02_EstrellaAlgunos verán en el presente cuento tan solo un canto al espíritu de la Navidad, lo cual queda patente, aunque nos inclinamos a creer, que esta narración pretende imbuir en el lector una actitud respetuosa con la Navidad, a la par que hacerle meditar sobre el sentido de la vida y las consecuencias de sus actos. Dada la simbiosis que desde antaño existe entre las fiestas de Navidad y las celebraciones paganas del “solsticio” o las tradiciones del “espíritu del invierno”, tal como renace el niño-dios y el Sol de la oscuridad invernal, nos inclinamos a pensar que el relato pretende la introspección personal sobre aquello que se ha vivido, a fin de lograr un renacer interior y mejorar nuestra conducta en el nuevo año que se inicia.

Técnicas literarias.-

Nos hallamos ante un escrito que pertenece al género del relato, escrito en un estilo natural, didáctico, fácil de leer, no excesivamente complicado o pomposo. Es un relato coherente, que muestra una buena continuidad en las escenas que van componiendo la narración, pues se engarzan unas con otras magistralmente. De la coherencia de cada párrafo y de la perfecta relación de las ideas que se van encadenando en la secuencias de párrafos, resulta un texto de gran claridad, unidad y belleza. Es un texto efectivo y adecuado, pues consideramos que logra el propósito que pretende.

Dickens utiliza un lenguaje esmerado, en donde las palabras se emplean en el momento adecuado, de un modo certero y expresivo. Los verbos introducidos son los más precisos, y los adjetivos califican de un modo convincente y colorista. El texto presenta una lectura elegante, plagada de ritmo y de musicalidad. Elaborado de un modo artesanal, el relato recrea tan bellas imágenes que permiten al lector “ver” las escenas con los ojos de la imaginación. Así dirá, por ejemplo:

Faro al atardecer_02Construido sobre un lúgubre arrecife de rocas hundidas, a eso de una legua de la playa, contra el cual las aguas arremetían y se estrellaban todo el año, había un faro solitario. Grandes masas de algas marinas estaban pegadas a su base, y aves de tormenta —que podían suponerse nacidas del viento, lo mismo que las algas lo parecían de las aguas—, emergían y se deslizaban a su alrededor, como las olas que ellas rozaban ligeramente”.

Las descripciones de los lugares, ya sean campos, aldeas, sus callejas, tiendas y casas, a menudo recrean cuadros plagados de coloridos, aromas y sonidos, que alagan los sentidos…

Salisbury_04_Cathedral_West_FrontLa antigua torre de una iglesia, cuya vieja y ronca campana estaba constantemente atisbando a Scrooge a través de una ventana gótica, se hizo invisible, pero continuaban sonando las horas y los cuartos entre la neblina, con trémulas vibraciones prolongadas, como si sus dientes rechinasen en su helada cabeza, allí, en las alturas”.

Se suma también a la belleza de las descripciones la fuerza de sus metáforas, las cuales dan mayor pujanza expresiva al texto, dibujando recorridos imposibles para la imaginación… Se dirá entonces de alguien que era “un hombre con nariz corta, mordida y roída por el frío como los perros roen los huesos…”, o bien comparará el rostro gastado de un farero con una vieja nave…

Pero allí también dos hombres que vigilaban el faro habían encendido un fuego, Faro al atardecerque a través dela arpillera del muro de piedra gruesa, derramaba un rayo de resplandor sobre el tétrico mar. Juntando sus callosas manos sobre la tosca mesa ante la que estaban sentados, se desearon uno al otro felices Pascuas alzando su lata de grog, y uno de ellos —el más viejo, también, con toda la cara marcada y dañada por el tiempo duro y cruel, como el figurón de proa de una vieja nave podía estarlo—, púsose a cantar una ruda canción que sonaba como un verdadero temporal.

En este bello “Cuento de navidad” un narrador omnisciente, que no se corresponde directamente con ningún personaje que aparece en escena, parece capaz de conocer todo aquello que sucede, tanto en el pasado como en el futuro, e incluso las motivaciones personales, las inquietudes o sensaciones experimentadas por los personajes, llegando a entenderlos mejor que ellos mismos. Tal como si se tratase de una divinidad capaz de superar la condición humana y de estar en todo momento en cualquier lugar, el narrador omnisciente permite al escritor definir sólidos personajes, cargados de fuerza y realismo… Y esta es la mejor baza que juega el escritor. Como ejemplo, se dirá en el caso del Señor Scrooge…

Estrujaba, retorcía, avasallaba, agarrotaba fuertemente a las personas con quienes trataba. Duro y áspero como un pedernal del que ningún acero había sacado nunca una llama generosa; reservado, introvertido y solitario como una ostra”…

Pero la descripción de los personajes —tal como ocurre en la vida real—, no se ciñe solamente a la primera impresión causada cuando éstos aparecen en escena por primera vez, sino que Dickens va completando la descripción en pequeñas dosis sucesivas, aportando leves anotaciones que delinean fielmente su figura… De este modo, Dickens le permite decir al Señor Scrooge…

Navidad_01No me siento alegre en Navidad y no puedo permitirme alegrar a los holgazanes…”, añadiendo más adelante el texto… “si muriesen, sería mejor para ellos, y disminuiría así el exceso de población…”.

O bien se añade en el relato…

Hasta los perros de los ciegos parecían conocerle; y cuando le divisaban acercarse, arrastraban a sus propietarios hacia portales o callejuelas, y entonces meneaban sus colas como si dijesen: ¡Que no te vea nadie es mejor a que te vea el diablo, amo que discurres en la sombra!

Tampoco se circunscriben las descripciones al aspecto físico, sino que dibujan con maestría la psicología del personaje y su mundo interior. Contemplemos, el retrato profundo que hace Dickens del Señor Scrooge…

“…Aparentaba más edad, era ya un hombre en la flor de la vida. Su rostro no mostraba aún los rasgos rígidos y crueles de los últimos años, pero ya empezaban a aparecer las señales de avaricia y preocupación. Tenía una mirada ardiente, codiciosa, intranquila, que delataba la pasión que había enraizado en sus ojos y hacia qué lado caería la sombra del árbol que estaba ya creciendo rozagante”.

Y finalmente hay que señalar que, tal como corresponde a una obra literaria de calidad, el autor intercala sabiamente profundas reflexiones que representan su aporte personal al lector, dando muestras de su valía como ser humano.

Los caminos de los hombres permiten augurar ciertos finales a los que, si perseveráis, os conducirán… Pero si abandonáis los caminos, el final será otro…

Bien puede servirnos esta perla que nos deja Dickens como mensaje a retener de su obra: que el destino del hombre no es inamovible, sino que se construye día a día, de modo que pudiendo cambiar el hombre el camino por el cual transita, puede modificar también su propio final. 

Los microrelatos.

Escrito por Raysan para el Taller de Escritura Creativa de “El Libro Durmiente”(publicado el 25 de mayo de 2013).

Un microrelato es una narración breve, de extensión inferior una página, aunque en realidad puede ser mucho menor, casi diminuta o microscópica, de ahí su denominación. Aunque tan solo una líneas conforman algunos microrelatos, no podemos definir este género emergente tan solo por la brevedad del texto.

Yo que tan solo un hombre he sido, terminé asesinando a todos los hombres que pude ser” . (Pedro Crenes).

Cuando me cruzo con él, desvío la mirada. Mi sombra, más sincera, se alarga para besar sus huellas”. (“Despecho”. Elisa de Armas).

Libros flotandoLos microrelatos o minificciones pueden estar escritos en verso o en prosa poética, y a veces no siguen las líneas pautadas de la escritura, pero no son ocurrencias vanas, ni pequeños ensayos o análisis de la realidad; tampoco son máximas o aforismos, ni frases acertadas y ocurrentes, sino que guardan toda la estructura de una narración. En este tipo de relatos, a menudo se condensa la narración hasta el punto que en apenas unas líneas se perfila un planteamiento, una trama y un final.

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mi escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular…El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben”. (“Un sueño”. Jorge Luis Borges).

Estos microcuentos actuales se heredan de una profunda tradición que existe en todas las culturas de componer breves relatos simbólicos, morales o destinados a la enseñanza, tales como las parábolas bíblicas, los bestiarios medievales que definían simbólicamente a los animales, las fábulas y greguerías españolas, los cuentos sufís, los koan zen o haiku japoneses, etcétera…

Libros japoneses_00 - copiaLos haiku japonenes son antecedentes gloriosos del microrelato, dado que su estructura es la de un poema con apenas tres versos, que no respeta los signos de puntuación y se escribe del mismo modo en que se habla. Veamos algunos ejemplos desarrollados por los mismos autores que han cultivado el microrelato, y por el gran poeta japones del siglo XVII, Matsuo Bashô:

Una campana
tan solo una campana
se opone al viento.
(Mario Benedetti)
La vieja mano
sigue escribiendo versos
para el olvido.
(J. L. Borges)
Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.
(Matsuo Bashô)
A una amapola
deja sus alas una mariposa
como recuerdo.
(Matsuo Bashô)

Ya en la segunda mitad del siglo XX, se ha popularizado el género del microrelato. Autores tan relevantes como Jorge L. Borges, Adolfo Bioy Casares, Cortázar, García Marquez, Juan Ramón Jiménez, Max Aub, Augusto Monterroso, Franz Kafka o Bertold Bretch han publicado sus diminutas ficciones.

“Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro”. (“Hablaba y hablaba”. Max Aub). 

Los microrelatos presentan, tal vez a causa de su brevedad, una intención encubierta, un doble lenguaje. Más allá de lo aparente, hay un sentido oculto que se adivina en el texto e invita a la reflexión. Al igual que los frascos de buen perfume, el microrelato encierra una esencia sutil que impregna los sentidos, logrando que el oculto significado de las palabras permanezca revoloteando alrededor de nuestra mente. Así, el célebre microrelato de Augusto Monterroso titulado “El Dinosaurio”, plantea un sinfín de preguntas…

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Libros en la playaLa economía de medios que dicha narración representa exige una mayor intensidad en el relato, y la elección adecuada de las palabras, las imágenes o reflexiones, a fin de hacer participar al lector en el relato. Dado que algunos textos encierran un contenido simbólico o remiten a otros textos clásicos (intertextualidad), es el propio lector quien debe completar el significado que apenas se insinúa. Veamos al respecto los siguientes ejemplos…

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura”. (“La oveja negra”. Augusto Monterroso”).

A falta de explicaciones, el título es una parte fundamental del microrelato, necesaria para entender su contenido porque anticipa algunas claves de su contenido.

Se vieron en el restorán y tuvieron una cena romántica, caminaron al departamento intercambiando gestos y pasos de enamorados, llegaron a la recámara, se desnudaron. Pero no se atrevían a hacer el amor porque desde el principio tenían la sensación de que alguien los estaba leyendo”. (“Voyeur”. Baizabal).

libros_cuentos_infantilesEn los relatos hiperbreves (de talla inferior a los microrelatos, pues no rebasan las 20 o 25 palabras), hay una inmediatez que no permite mantener la intriga sobre aquello que va a ocurrir en el futuro. En ellos prima entonces la velocidad narrativa, lo cual tal vez impulse al autor a alcanzar un golpe de efecto…

Le propuso matrimonio. // Ella no aceptó. // Y fueron muy felices”. (“Enamorado”. Anónimo mejicano).
“Sólo existo mientras me lees, maldito asesino”. (“Demiurgo”. Víctor Lorenzo).
“Cuando estaba escribiendo el cuento más breve de su vida, la muerte escribió otro más breve todavía: ven”. (“Desinencia”. Juanjo Ibáñez).

Pero los verdaderos microrelatos no se caracterizan por su afán de innovar, sino por su carga narrativa: en algunos se instalará el enigma, en otros la sabiduría popular, y en la mayoría, un mensaje simbólico que busca transmitir su esencia profunda al lector.

Me dice la tucumana: “Si te pica una araña, mátala en el acto. Igual distancia recorrerán la araña desde la picadura y el veneno hacia tu corazón”. (“Para un tesoro de sabiduría popular”. Adolfo Bioy Casares).

Cuando el viajero miró hacia atrás y vio que el camino estaba intacto, se dio cuenta de que sus huellas no lo seguían, sino que lo precedían. (“Misterios del tiempo”.Alejandro Jodorowsky).