Las reflexiones en la narración. Artículo.

(Extracto de la conferencia “Criterios para una lectura experta” impartida el 21 de agosto de 2014 en el Centro Imaginalia de Alicante, dentro de la programación del Foro Literario El Libro Durmiente).

Las reflexiones en la narración:

Manuscritos antiguos_10_Virgilio romanaTodo autor, en mayor o menor grado, siente la necesidad de expresar sus propios pensamientos o de transmitir ideas en sus obras. Por ello, las reflexiones aparecerán en cualquier escrito, ya se trate de una carta personal, un artículo periodístico, una obra dramática, un poema o una narración. Tal vez no sean elementos indispensables que habrán de aparecer en cualquier texto, pero son piezas fundamentales en el desarrollo de cualquier obra literaria: su manejo adecuado confiere un arma poderosa al autor. 

“He llegado a la aterradora conclusión de que yo soy el elemento decisivo. Es mi enfoque personal el que crea el clima.  Es mi humor diario el que determina el estado del tiempo. Tengo un gran poder para hacer que mi vida sea triste o alegre. Yo puedo ser una herramienta de tortura o un instrumento de inspiración, yo puedo humillar o inspirar, puedo herir o curar. En todas las situaciones, es mi respuesta frente a lo que ocurre la que decide si una crisis va a exacerbarse o mitigarse, si una persona va a ser deshumanizada  o humanizada.

Si tratamos a la gente como lo que debieran ser, vamos a ayudarles a ser capaces de convertirse en lo que pueden ser”.  (Goethe.1749-1832)

De Vanessa Montfort:

“…Yo le observé desde muy lejos. Por qué si siempre me había sentido tan terriblemente cerca de él, por qué si también yo necesitaba transmitirle lo que guardaba en mi cabeza, por qué habíamos acabado eligiendo el dialecto del reproche en lugar del lenguaje del cariño”. (El ingrediente secreto. Vanessa Montfort)

De Rabindranath Tagore:

MUjer Hindú_00“…Yo solía poner a prueba mi fortaleza mental imaginando toda suerte de males que podían acaecerme: la pobreza, la prisión, el deshonor, la muerte y hasta la muerte de Bimala. Y cuando me decía que podría soportar con entereza cualquiera de esos males, creo que no me equivocaba. Pero había una cosa que no habría podido imaginarme nunca; y en ella pienso hoy, y me pregunto si podré sobrellevarla. La espina se me ha hundido en mi corazón, que me duele continuamente durante mi trabajo cotidiano. Y por la noche la siento hasta en el sueño. Hay momentos en que me despierto y me parece que toda la serenidad ha desaparecido de la faz del cielo. ¿Qué es? ¿Qué ha sucedido?”.  (“La casa y el mundo”. Rabindranath Tagore).


“…el verdadero valor del amor consiste en que enriquece los corazones más pobres. Para los corazones grandes hay en este mundo toda clase de recompensas divinas. Pero para las almas de poco precio Dios no ha reservado sino el amor”. (La casa y el mundo. Rabindranath Tagore).

 

 

La musicalidad de las palabras. Artículo

(Extracto de la conferencia “Criterios para una lectura experta”, impartida por  el autor el 21 de agosto de 2014 en el Centro Imaginalia de Alicante, programada por el Foro Literario El Libro Durmiente).

La musicalidad de las palabras:

“Ciertamente es un viejo sueño: convertir las palabras en música. Pero en realidad las palabras ya son música; en eso consiste la buena literatura. Pensemos por ejemplo en la poesía, que pretende lograr con el embrujo de las palabras estados elevados de belleza, armonía y musicalidad. El problema es que, al igual que no siempre hablamos con fundamento, con buenos razonamientos y buena dicción, en general no escribimos con la soltura y precisión debidas, ni con las palabras más adecuadas, bellas, armónicas, ni de la mejor musicalidad posible”. (Raysan)

Partitura_00Se define la musicalidad como el conjunto de las características rítmicas y sonoras que son propias de la música y son gratas al oído; de hecho se denomina musical a un sonido grato al oído. Algunos autores saben dotar a sus textos de dicha musicalidad, de modo que su lectura es como una cantinela que halaga los sentidos. Tal vez porque sus lecturas o su formación de adolescente hayan dirigido sus pasos hacia la poesía, tal como le ocurrió a Gabriel García Márquez, que incluso aplicaba a sus oraciones una métrica exacta. Rabindranath Tagore, el excelso poeta bengalí nos lo muestra en la bella prosa poética de La casa y el mundo:

“Yo había sido durante largo tiempo como un riachuelo al borde de una aldea. Mi ritmo y mi lenguaje eran distintos de lo que son ahora. Pero desde el mar llegó la marea y mi corazón se desbordó. Mis diques se rompieron y los grandes golpes de tambor de las olas marinas estallaron en mi corriente tumultuosa. No comprendía el sentido de los latidos de mi sangre. ¿Dónde estaba el «yo» que había creído conocer? ¿De dónde llegaba hirviendo hasta mí aquella ola de gloria? Los ávidos ojos de Sandip ardían ante mí, como lámparas sagradas ante el altar. Sus miradas proclamaban el milagro de mi belleza y de mi poder, y yo no oía otra voz que la de sus elogios ardientes, tanto los que expresaba en voz alta como los que callaba. Me preguntaba si Dios había creado de nuevo. ¿Querría él resarcirme del prolongado abandono en que me había tenido? Me había vuelto bella, yo que no lo era; y yo que antes no tenía importancia, sentía brillar en mí todo el esplendor de Bengala…”.

Cualquier texto gana en valor, no solo con la musicalidad de su estructura y composición, sino con la  musicalidad de las palabras que el autor utiliza; cada palabra es como un cofre de oro cargado de dádivas que algunos escritores saben reconocer bien. Bastará asomarse a la prosa poética de Julio Llamazares o Manuel Rivas para comprobarlo…

“La herrumbre del cerrojo, al rechinar bajo el empuje de una mano, bastará para romper el equilibrio de la noche y sus profundas bolsas de silencio…”

O también, a un relato de Ernesto Pérez Zúñiga. He aquí un ejemplo de La fuga del Maestro Tartini:

f3774144“En noches de temporal, cuando el viento hace crujir los mástiles y las jarcias enfurecidas y las bodegas de las goletas, el puerto era una caldera con hervores sincopados y violentos, la sorpresa de incontables golpes, la sinfonía de caos, su pisotón y su risa; el relámpago, la iluminación siniestra de la descomposición del orden —las calles borrosas por las ráfagas de lluvias, las embarcaciones en el chillido de las amarras que tratan de aguantar la violencia y el peso—. En noches de temporal, mi violín tocaba la partitura de la tormenta, la verticalidad de la naturaleza desencadenada, el desequilibrio de la ciudad cuyos goznes tiemblan…”.


 

La escritura simbólica.

La escritura simbólica.

I. Los símbolos.

Ouroboros_02Todas las culturas y civilizaciones clásicas utilizaron símbolos en su expresión artística o literaria que guardaban relación con el modo de expresarse en su época, con su cultura.De tal forma, en el mundo griego, la lechuza representaba la sabiduría y la prudencia, siendo adoptada como emblema o atributo de la diosa Atenea. Para quienes eran ajenos a dicho ámbito cultural o religioso, el símbolo mantenía entonces su boca sellada y no era reconocido. Citemos el símbolo egipcio del ouroboros, serpiente que se muerde la cola que simboliza la eternidad; en otras claves, este símbolo representa el eterno retorno de los ciclos, el renacer interior, el proceso alquímico, la unidad, etcétera.  
LechuzaUna característica común de las culturas antiguas,  consistía en la utilización para componer sus símbolos de imágenes y patrones poderosos que rebasaban el ámbito individual y los límites  propios de su cultura. A menudo, dichos símbolos se insertan en un orden universal, arquetipico o atemporal, el cual es patrimonio del conocimiento humano, tal como ya demostraran C.G.Jung, Micea Eliade, Erich From y Gilbert Durand.  Podríamos citar entonces, la espiral como símbolo del camino evolutivo, el laberinto como búsqueda del propio centro, el Yin-Yang como armonía de los opuestos (Yin representa lo negativo, oscuro y pasivo, mientras que Yang se refiere a lo positivo, luminoso y activo), el ave fénix como símbolo de la renovación y capacidad de resurgir de las propias cenizas, la Madre Tierra como gran ser vivo que cuida de las especies que lo habitan, etcétera.
Más allá de los símbolos creados de modo individual o por convenio entre grupos culturales o religiosos o sociales, podemos afirmar que los símbolos arquetipicos o universales constituyen la representación de una idea profunda: rebasan las características propias de un icono o emblema, alejándose de la forma aparente para captar las esencias.
San Cristobal y Anubis_00Los símbolos son propios del ser humano, pues ya formaban parte del lenguaje en las culturas prealfabetizadas; no en vano, las imágenes siempre fueron el modo más directo de transmitir las ideas, estuvieran esculpidas en el dorso de un menhir o en la portada de una catedral gótica. Véase si no, la pervivencia de algunos símbolos que se han trasvasado de una a otra cultura o religión: el crismón, como metamorfosis del Anj egipcio; el Santo Grial, que aparece igualmente en la tradición cristiana y en el ciclo  artúrico; el San Cristobal cinocéfalo como transposición del Anubis egipcio que acompaña a los muertos a la otra orilla.

 

II. Los símbolos en la literatura.

Dicen que los grandes autores no se limitan a escribir con un sentido literal, pues entre líneas de sus obras se adivina un aspecto simbólico.
A diferencia de un signo, que tiene un significado literal asumido por convenio, el símbolo es una figura literaria que añade al texto un significado oculto que no se advierte a primera vista, ya se refiera a un objeto, concepto, o la cualidad de un personaje. Por ello se relaciona a la balanza con la equidad o la justicia, y a la espada con la rectitud o la fuerza de voluntad.
Borges_01Muchos autores han reiterado temas que eran objeto de su preocupación, alcanzando el rango de símbolos de su literatura. Tal es el caso de Jorge L. Borges cuando escribe sobre la idea recurrente del tiempo y su carrera fugaz; del infinito y el universo insondable como símbolos de eternidad; de los laberintos y las bibliotecas como símbolos de la imposibilidad humana de alcanzar la sabiduría total; y de los espejos, los cuales devuelven al hombre la imagen de su realidad, o tal vez, de su etérea vanidad. 
También se han utilizado símbolos en la literatura que inconscientemente forman parte de un arquetipo universal, tal como puede observarse en la obra de Rabindranath Tagore “El Cartero del Rey”. En esta bella obra, que puede clasificarse en el  género de la “poesía dramática”, el niño huérfano Amal, que tiene prohibido por el médico salir a la calle, sueña con ver mundo. Rabindranath TagoreEl Jefe del pueblo, el guarda, el lechero, la niña que vende flores y los chiquillos, todos vienen a hablarle ante su ventana pero él sigue recluido a causa de la enfermedad. Cuando se instala una oficina postal ante su casa, Amal desea convertirse en cartero para ir a cualquier lugar y sueña con recibir una carta del Rey. Es tal su convicción, que estando al borde de la muerte llaman a su puerta el Heraldo y el Médico del Rey. Ellos le anuncian la pronta visita del monarca. Por fin, Amal envía un mensaje al Rey pidiéndole que le muestre la Estrella Polar. El niño se duerme entonces y entra en un sueño del cual ya no despertará… En el momento de la muerte, el alma del niño, representada aquí por sus mejores anhelos (el Heraldo real) sale a su encuentro para llevarlo ante su soberano (el Rey), el espíritu

Los escritores modernos utilizan cualquier objeto para dar representación simbólica a sus pensamientos. Estos son símbolos individuales creados por convenio, al igual que ocurre en Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain, donde el río es una senda que discurre por tierras lejanas y puede llevarnos hacia la libertad, o bien, en Las uvas de la ira, de John  Steimbeck en donde la mujer embarazada personifica la esperanza de un nuevo futuro.
Anj egipcioEntre otros ejemplos, para algunos autores las rosas rojas son símbolo de las emociones apasionadas que nos encadenan; el agua un elemento que limpia la conciencia de las impurezas vividas, a modo de un ritual de bautismo; la luna y la plata representan lo femenino, mientras que el oro y el sol figuran lo masculino; el color azul es la quietud mientras que el color violeta encarna lo místico.  Por ello, como lectores, es necesario observar con atención los objetos que cada autor describe a menudo, las imágenes que utiliza, los coloridos y temas que reitera en sus escritos, a fin de reconocer su mundo simbólico.