Pensamientos (2)

15. Vivir es fácil; tan solo hay que empujar los días. Estar despierto es lo realmente difícil; requiere tomar conciencia de lo vivido.
14. La atención es una forma de vigilancia hacia afuera; la concentración es la capacidad de atención sobre lo que ocurre en nuestro interior.
13. La fantasía despliega las alas de nuestra psique, sin saber adonde irá. La imaginación conduce su aleteo con mano firme.
12. Leemos para descubrir la vida vista por otros ojos, a fin de contrastar nuestras opiniones baldías y llenarnos de conocimientos.
11. A menudo descubro que ese cúmulo de casualidades que conforman la causalidad van llevándome en una dirección que he elegido mucho antes.
10. La literatura es un arma cargada de futuro: con ella se despiertan conciencias, se alimentan ideales y se aviva el alma.
9.Los idealistas son la argamasa con que se construyen los sueños de la humanidad… Sus pasos decididos rebasan todas las utopías.
8. Quien da aquello que le sobra no da con el corazón sino con la razón; verdadera renuncia es aventurarse a dar aquello que nos es necesario.
7. El silencio no necesita hablar pero los hombres precisan sus palabras; el viento no necesita aullar, pero los árboles adoran sus canciones.

Firmado Lejárraga

https://ellibrodurmiente.org/firmado-lejarraga-escrita-por-vanessa-montfort-y-dirigida-por-miguel-angel-lamata/

Firmado Lejárraga. Textos: Vanessa Montfort. Director: Miguel Ángel Lamata. Centro Dramático Nacional. Teatro Valle Inclán. Actores: Gerald B. Filmore, Cristina Gallego, Eduardo Noriega-Miguel Ángel Muñoz, Alfredo Noval y Jorge Usón. Documentalista: Carmela Nogales.

Del año de 2019 que ahora termina, merece destacarse la obra teatral Firmado Lejárraga, escrita por Vanessa Montfort y dirigida por Miguel Ángel Lamata. En ella se hace justo homenaje a María de la O Lejárraga (1874-1974), una escritora casi desconocida que, por vivir a la sombra de su marido, pasó por la vida sin apenas dejar rastro de sus obras, aunque estaba a la altura de los mejores literatos españoles del siglo XX. Vaya por delante nuestro agradecimiento al equipo de creadores que ahora nos ofrece la posibilidad de recuperar y conocer a esta maravillosa autora que fue María Lejárraga.

Detrás de esta obra se adivina un trabajo inmenso de documentación, rastreando opiniones de historiadores, críticos, familiares y gente allegada a María Lejárraga. Con una narración vibrante y una puesta en escena magistral, cálida y cercana, el espectador irá descubriendo a una autora que, pese a su centenar de obras fue injustamente olvidada. Los actores, que han de representar a varios personajes, están soberbios en cada papel. Y el espectador lo aprecia y aplaude con pasión.

En Firmado Lejárraga, cuatro amigos escritores hablarán de ella, debatirán sobre sus ideas políticas feministas, indagarán en su vida, aportando pruebas documentales sobre su creación artística, a fin de demostrar la autoría de sus obras.

Novelista, dramaturga, poeta, articulista, traductora, conferenciante y ensayista de la Edad de Plata de la literatura española,María Lejárraga vio como sus obras alcanzaban el éxito aunque se presentaban con la firma de su marido, Gregorio Martínez Sierra, quien ejercía de empresario teatral. Tal es el caso de la famosa Canción de Cuna.

El machismo imperante a primeros del siglo XX, no veía con agrado que una mujer fuera la dramaturga de una veintena de obras que se representaban en ese momento. No obstante, ella fue la musa inspiradora o estaba detrás de las creaciones de otros importantes autores. Muchos poemas de Juan Ramón Jiménez o de F. García Lorca fueron bosquejados por ella, al igual que los libretos de varias obras de Marquina, los hermanos Quintero, Carlos Arniches, Manuel de Falla y Joaquín Turina, tales como El amor Brujo, El sombrero de tres picos, Margot o Las Golondrinas. Sin embargo, salvo en contadas ocasiones, no quedó constancia de sus colaboraciones. Tan sólo en la correspondencia personal con sus amigos o su marido, se aportan detalles sobre las obras surgidas de su imaginación.

Incluso una de sus obras entregada a la compañía de Walt Disney, tras ser rechazada, años más tarde vio la luz con otro nombre: La Dama y el vagabundo.

La relación con su marido terminará cuando éste se enamora de la actriz Cristina Bárcenas, en 1922, sin embargo, su colaboración teatral con él continuará hasta 1930. Años más tarde, en 1949, comenzará a firmar sus propias obras como María Martínez Sierra y después, como María Lejárraga.

Como feminista convencida participará en política, llegando a ser diputada en tiempos de la segunda República, motivo por el que tuvo que exiliarse al acabar la Guerra Civil, primero en Niza y finalmente en Buenos Aires. Como educadora, representó a España en varias instituciones y foros internacionales, siempre promoviendo el desarrollo igualitario de la mujer y la mejora de condiciones para la clase obrera.

Aunque Gregorio Martínez Sierra afirmará por escrito que ella había colaborado en sus obras, la dejará al margen de los derechos de autor, pasando María sus últimos años en Buenos Aires en la pobreza.

En suma, Firmado Lejárraga es un obra teatral de excepción que no deja a nadie indiferente. Una obra que devuelve a María Lejárraga al lugar principal en que siempre debió estar. Una obra singular escrita por Vanessa Montfort con mimo y manifiesta admiración por la autora olvidada, dirigida por Miguel Ángel Lamata con un cuidado trabajo de la escena y la interpretación de los actores, dado que se suceden cambios cronológicos y de papeles que exigen de ellos dar la talla en diversos registros. Esperamos, por ello, la pronta reposición de esta magnífica obra, sensible y profunda, que recupera una parte significativa de nuestra memoria histórica.

Mi padre (Relato).

Mi padre.

Cara A

Aquel verano hubo una plaga de nubes bajas y los girasoles dejaron de orbitar en torno al sol.  Quizá se extraviaron mientras buscaban su mecanismo o simplemente se aburrieron de ser perfectos. Mi padre hizo lo mismo. Comenzó a vagar por la casa como un alma en pena, con su artificio interior pasado de vueltas.
Se empeñaba en salir a la calle a toda costa, como si estuviera poseído: «Tengo que ir a la fábrica», decía, «quedan muchas tareas pendientes». Y nos veíamos obligados a cerrar la puerta con llave para que no escapase. Cuando se le dijo que en la fábrica solo quedaba un solar vacío, que tuvimos que vender la empresa, no pudo creerlo. Nos miró con esos ojos vivos, rumiando extrañas palabras y adelantando los dedos hacia nosotros, como un santo Tomás necesitado de certezas. Pero en aquel verano las certezas no llegaron a florecer en los cañaverales de su mente.
Permaneció así un año más, enrocado sobre sí mismo, como un reloj al que le hubiera fallado su mecanismo. Aún le recuerdo sentado junto a la mesa de la cocina, a solas, trenzando silencios con sus dedos callosos bajo una lámpara de luz intensa, como si estuviera sometido a un interrogatorio perpetuo.
Más adelante, cuando los temblores y los olvidos fueron a más, le instalamos en una de esas camas articuladas que no presagian nada bueno. Y allí, desde aquella atalaya silenciosa, contemplaba a diario el desfile de las horas mirándonos con esos ojos mansos que incomodan a los cuerdos. Hasta que se fue apagando, poco a poco, tras esas sonrisas de cartón que encubren un dolor intenso.

Cara B

¿Quién es esa que está ahí? Ayer también vino. Habla con una voz muy fuerte.  ¡Ay, Dios, cómo me duelen las piernas! ¿Quién será? Me mira como si me conociera. Este reloj adelanta. Chilla como si mandase en mi casa. Su pala…, no, su brazo; no, no sé el nombre. Alfiler, creo. La mano larga corre mucho, adelanta a la otra. La mano chica es muy corta, por eso no puede correr bien.

¡Cómo me cuesta andar hoy! Tengo que hacer cuentas y facturas. ¡Por qué cierran la puerta! ¡Abrid, joder!

Los niños no vienen mucho; si siguen así los voy a despedir. Y no están los tiempos para perder el trabajo. ¡Qué buena esta fruta! Me miran como a un extraterrestre. Están extraños. La niña está muy mayor… ¿cómo se llama? No me acuerdo. «Tráeme la llave, niña». Esa mujer extraña les dice algo que… Me miran con ojos de cordero degollado. No me hacen caso.

Hace mucho calor. Me molesta la camisa. ¿De qué se ríen estos bichos? Ahora mejor; esa camisa me agobia. El abuelo, se quita la camisa, dicen. «¡Chivatos!». Y me duele la rodilla. Ahora me besan; ¿a cuento de qué? ¿Por qué se sientan todos frente a mí? Van de domingo. Parecen tranquilos. Y cuando les digo: «Estáis locos, dejadme salir de esta jaula», no me hacen ni caso, se miran entre ellos y se ríen. ¡Joder qué tropa! ¿No ven que hay que revisar los pedidos? Si, claro que hablo de la fábrica. ¡Cómo no! No tengo ganas de sentarme ahora. Como si no tuviera otra cosa que hacer que sentarme. Ya me paso el día sentado. Estas galletas viudas son de cartón.  La Navidad está cerca. Los pedidos, albaranes, ¡hay mucha tarea! «¡Dejadme salir!» ¡No sé por qué dicen que ya no está la fábrica! Todo es bla, bla, bla.  No sé que pinta ella aquí. «Ábreme».  «Sí, te digo a ti». «¿Tu nombre? ¡Yo qué sé! No puedo acordarme de todo». Y no te acerques, que no me ayudas nunca. ¿Por qué me besas? ¿Tú quién eres?» «Niños, ¡vamos a dar un paseo!». Me miran con ojos de pescado, los muy canallas. ¡Qué calor hace! «Vamos, niños, salimos ya». ¡Ni caso! ¡Para qué vienen! ¡Nadie me quiere! ¡Pobre chico, estás más solo que un reloj!

El mundo está loco; ya nadie quiere salir de casa; todos se pasan las horas viendo el cajón de las imágenes. Y uno que quiere irse, no lo dejan. El mundo está loco: «Cabrones». Esto no se le hace a nadie en su sano juicio.

¡Qué calor hace hoy! Y este reloj va a gatas: ¡no ayuda!  La manilla larga corre más; la pequeña pierde. Antes, yo corría como la grande, pero ahora no: ¡hasta la pequeña me gana!
Me dejan siempre aquí solo, en la cocina. Estoy triste; no sé bien por qué. Estoy triste… y solo. La silla y yo, mano a mano. Solos los dos en este internado… ¡Más tristes que el reloj!

Vídeo

Perdurabilidad de los símbolos y la geometría sagrada

El 10 de diciembre de 2016, fui invitado a participar por el Ateneo de Madrid en un Congreso de filosofía y misticismo bajo el lema “Mística y valores espirituales en diversas culturas”.
Mi ponencia versaba sobre La perdurabilidad de los símbolos y la geometría sagrada en las diversas culturas y tradiciones antiguas
Mindalia Televisión grabó en directo la charla que aquí se reproduce. El enlace de You Tube es el siguiente: https://www.youtube.com/watch?v=JavtE5yP1Yk

Madrid, la ciudad del silencio

Madrid, la ciudad del silencio.
Me siento de Madrid, porque vivo aquí desde hace muchos años; porque nadie me preguntó nunca de dónde provenía y a nadie le importó nunca qué hice en el pasado, sino cuáles eran mis inquietudes, mis sueños y mi futuro. Me siento de Madrid, porque nadie quiso nunca encasillarme en palabras, ni catalogarme en base a mis circunstancias, sino por lo que quería hacer, por mi capacidad para afrontar el día a día y de construirme un porvenir.
Me gusta Madrid porque es una ciudad activa y fabril; una ciudad abnegada que siempre persigue nuevos retos, acaso un tanto elitista y exigente, pero capaz de valorar cualquier esfuerzo. Me gusta Madrid porque es la ciudad de las oportunidades, aunque nunca se mire el ombligo envaneciéndose de sus logros.
Me gusta Madrid porque huele a barrio; no es la ciudad de las grandes carreteras que agobian, sino la ciudad que acoge, que siente y respira; una ciudad en donde la gente se conoce, se saluda con afecto y te ofrece ayuda. Me gusta Madrid porque la gente es franca, abierta, humana, hospitalaria y cosmopolita. No en vano dicen que es la ciudad donde nadie se siente extranjero.
Me gusta Madrid porque he ido aprendido a querer con los años cada rincón de esta ciudad, sus parques, sus terrazas y bulevares, su bullicio y alegría, la belleza de sus calles y edificios. Es la ciudad del teatro y los espectáculos que se prolongan en tertulias privadas hasta bien entrada la noche. Dicen también que es la ciudad que nunca duerme, y no va muy desencaminado este eslogan, porque siempre hay quien ríe feliz en la calle, sean las cuatro o las seis de la mañana. Cierto es, que el poco sueño está asegurado, pero es una ciudad tranquila e iluminada, en la que se puede caminar por las calles a cualquier hora del día o de la noche.  
Pero sobre todo, me siento de Madrid porque viví los atentados del 11M. Ese día en que se detuvo el tiempo y se instaló en nuestra mente el silencio. Ese día en que se trenzaron en nuestras venas el amargo dolor y el silencio.
Compartí los rostros de incredulidad al recibir la noticia esa mañana, cuando viajábamos en el metro hacia nuestros puestos de trabajo. Me enfurecí con la crueldad de las imágenes. Sentí el terror de los afectados, de sus amigos y parientes, el miedo de quienes no encontraban respuestas cuando pedían información, y admiré, cómo no hacerlo, el afán por ayudar a las víctimas de toda una ciudad. Pero nada me impresionó tanto como el silencio en que se sumió la ciudad durante los 3 o 4 días. La gente andaba por las calles, en los autobuses y en el metro, en silencio. Nadie hablaba con los demás; nadie quería ni podía expresar ningún tipo de emoción o sentimiento, ni siquiera para sentir odio. Estábamos tristes, apenados; y a nadie le apetecía para nada vivir.
Todos los madrileños asumieron como propio el daño causado a sus convecinos. Todos se sentían afectados. Para qué hablar o reír, para qué llorar o sufrir, si otros ya lo hacían más y mejor que nosotros. Todos estaban tocados, aunque no hundidos. Todos demostraron su entereza; y la vida no se detuvo: la ciudad siguió caminando, aunque lo hiciera en silencio. Un silencio respetuoso que pesaba como una losa; un silencio callado pero fértil que expresaba amor y comprensión.
Han pasado ya quince años y aún siento ese silencio, esa sensación callada de una ciudad que siempre acoge, que respeta y acompaña, en lo bueno y en lo malo. Una ciudad que calla, pero no otorga.

La filosofía, un camino hacia la dignidad humana

Congreso de Filosofía sobre “La Filosofía y la Dignidad Humana”.  Centro Imaginalia, Alicante. Noviembre de 2018.
Dentro del Congreso que cada año pretenden conmemorar el Día internacional de la Filosofía, se incluye aquí la charla denominada “La filosofía, un camino para la dignidad humana”, desarrollada por Ramón Sanchis Ferrándiz, invitado a participar al mismo en calidad de miembro del Instituto Internacional Hermes de Antropología y Ciencias del Hombre.
Participaron también en el Congreso los siguientes ponentes:  Esperanza Rodríguez Guillén, Presidenta de la Comisión de Educación de la Red Española de Filosofía (R.E.F.), con su charla “Hablar de la dignidad a los más jóvenes”; Jesús Conill Sancho, Catedrático de Filosofía Moral de la Universidad de Valencia, que trató el tema “La dignidad humana ante la filosofía naturalizada”; Isabel Pérez Arellano, Licenciada en Bióloga, con su charla “La pérdida de la dignidad en la época actual. Una visión desde el punto de vista de la Ciencia”; Iván Rodes Lozano, Coordinador Internacional de GEA, con su ponencia sobre “La dignidad ante la adversidad”.

Pensamientos (1)

Pensamientos:
6. Somos como el gato de Schrödinger. Metidos en una caja con veneno, al abrirla puede ser que estemos vivos o muertos; tenemos un 50% de probabilidades. En todo caso, dice la física cuántica que en realidad, morimos en un universo pero podemos estar vivos en otro universo paralelo: universos no visibles que tienen cierta realidad, tal vez como la tienen los sueños y la imaginación, el mundo de las ideas y de la intuición, y sin embargo no se ven, parece que no están.
Así sin más, está explicado algo tan sencillo como aquello que dicen las culturas clásicas y la reencarnación: muero en lo físico y me refugio en otras dimensiones más sutiles; me voy yendo hacia lo profundo y esencial. Tal vez te sonría desde una estrella. Esto es lo que hoy en día les contamos a los niños; claro, ellos, supuestamente  no tienen tantos conocimientos, ni trabas mentales, ni ideas hechas… de hecho, nosotros creemos que es así porque vienen al mundo como una “tabla rasa”. Pero más les vale, porque así son más “sencillos” que los adultos, ven el mundo con naturalidad, sin ideas hechas, con una lógica aplastante; en cambio, nosotros seguimos creyendo que es una suerte ser adultos, porque ya tenemos las cosas más claras, aunque en realidad somos más “simples” que los niños (20/08/2019).
5. Dice un poema de Tolkien que “No todo el oro reluce, ni toda la gente errante está perdida…”. Hay momentos en que el oro no reluce porque no recibe la luz del sol, porque no se muestra, o bien, nosotros no sabemos ver lo que atesora en su interior. De igual modo, hay quienes caminan, errantes, en busca de su propio ser; no están perdidos, no son meros vagabundos, pues buscan una estrella; caminan para encontrar, son peregrinos, conscientes de serlo, esperanzados en su búsqueda.
4. No trates nunca de parecer sabio cuando no lo eres; ante la mirada de aquel que lo es, seguramente acabarás pareciendo un mono de feria que salta de rama en rama persiguiendo una idea interesante. Porque una mente inquieta no siempre busca la verdad ni pretende la sabiduría, pues se satisface tan solo con el cambio. No trates nunca de parecer aquello que no eres… pues está en juego tu propia dignidad y autoestima. (11 de agosto de 2019)
3. “Feliz día para todas las mujeres-damas que luchan por mejorarse y mejorar el mundo. Que lo social avance; que sea más justo e igualitario; que el trato entre todos sea cada vez más humano y respetuoso. Pero no os deseo feliz revolución contra el sistema ni contra los hombres, sino feliz re-evolución. Sí, volver a evolucionar, una palabra ya olvidada que exige la evolución por dentro, tanto como por fuera. Solo cuando se evoluciona de verdad, de corazón, se logra transformar todo lo que hay alrededor”.  (8 de marzo de 2019)
2. La vida es un camino que se recorre paso a paso, día a día, hasta que nos detenemos a descansar. ¡Ojalá que tu descanso sea merecido y tu viaje haya sido placentero! ¡Que tus dioses te acunen en tu seno en el último aliento!  ¡Que puedan ellos reconocerte cuando llames a su puerta con los tres golpes nítidos que suplican el conocimiento! ¡Que su luz ilumine tu mirada!  (26 de diciembre de 2018)
1. Aplícate a la bondad como cualidad que mantiene fértil la tierra de tu ser, siempre receptiva a toda semilla que la pueda fertilizar. Sé bondadoso, como expresión de un alma limpia, ajena a toda mancha, a la maledicencia, a las intenciones oscuras y retorcidas, al odio y la tristeza. Sé bondadoso, pues es seña de identidad de un corazón grande y noble.  Acrecienta tu bondad, que es propia de quienes se muestran satisfechos con el papel que les ha tocado vivir en la vida y, en consecuencia, son felices, alegres y expansivos. Sé lugar de acogida para otros, dación callada, simiente fraterna, entrega humilde y generosa.     (25 de noviembre de 2018)

I. La utilidad práctica de la Filosofía

La utilidad práctica de la filosofía:

Dicen que la filosofía no tiene una aparente utilidad. Sin embargo, su utilidad no está en el resultado material que aporta, sino en la utilidad esencial que entrega. No acrecienta lo que tenemos sino aquello que somos. Nos ayuda a desarrollar habilidades, a mejorar actitudes emocionales y mentales, a profundizar en las razones que mueven nuestra vida, a vigilar y dirigir nuestros actos, de modo que lleguen a conformar un verdadero comportamiento. Un comportamiento que tenga sentido, regularidad y belleza, que sea estable y por tanto confiable para los demás, que afiance una verdadera conducta, ética y respetuosa con los valores humanos.

Lo importante no es la “utilidad práctica” material de la filosofía, que la tiene, sino la “práctica de la filosofía” en sí misma, algo ya olvidado. Ella no busca medrar en lo material sino enraizar con aquel sustrato esencial y eterno que alea en nuestro mundo interior. El camino del tener no es incompatible con el camino de ser; ambos conforman la dualidad de la vida. La filosofía, como búsqueda de la sabiduría y de la propia realización, aporta una riqueza que no es cuantificable, pero es infinitamente más valiosa y gratificante, porque no mengua ni está sometida al desgaste del tiempo: es un tesoro que siempre se acrecienta.

Ramón Sanchis Ferrándiz.

Instrucciones para John Howell – Julio Cortázar

Reseña realizada por Ramón Sanchis Ferrándiz, publicada en “El Libro Durmiente” el    en la categoría Reseñas. Publicada por primera vez en en el blog de la Escuela de Escritores.
Este relato de Julio Cortázar, Instrucciones para John Howell, es en apariencia uno de los menos interesantes que se recogen en el libro Todos los juegos el fuego, pero está cargado de simbolismos y varios niveles de interpretación. De entrada, el autor nos advierte de que “un teatro no es más que un pacto con el absurdo, su ejercicio eficaz y lujoso”, por tanto, conviene leerlo con esta perspectiva, teniendo en cuenta que allí se entremezcla la ficción, lo onírico, lo simbólico y la realidad.
El personaje principal, Rice, es un espectador que asiste en Londres a una representación teatral bastante “aburrida y mediocre”, en la que una mujer, Eva, engaña a su marido, Howell. Tras el primer acto, tres personajes extraños —que parecen dirigir la compañía— le invitan a integrarse en la obra representando el papel del marido, Howell. Nuestro personaje, se muestra perplejo ante aquella propuesta: “No entiendo”, dice Rice. “Casi mejor”, le contestan ellos. “En estos momentos el análisis es una desventaja”, afirman los hombres grises. Y Rice, acepta participar en tal juego. Entonces, lo acompañan por unos pasillos hacia la biblioteca, en donde le indican las reglas que ha de seguir en su actuación, lo maquillan y lo dirigen hacia el escenario. “Pero yo no soy un actor”, replica Rice. “Precisamente por eso” le contestan. Y de este modo, Rice, dejará de ser un mero espectador para tomar parte en la obra de teatro. No parece vital que deba ser un buen actor, sino que represente la propia obra como ya sabe, mostrándose como es, un anodino personaje extraído del montón, un cualquiera, un don nadie tipo.
En el segundo acto, la actuación de Rice representando a Howell se limita a seguir el hilo de la conversación, contestando de un modo insulso, sentado en un sofá mientras toma el té y observa el auditorio. Rice siente que se engaña al público al colocar a un actor no cualificado para la representación, sin embargo, los tres hombres de la compañía alaban su actuación y Rice se deja llevar por ello. Sin embargo, cuando al final de este acto Eva le ruega al oído en voz baja: “No dejes que me maten”, “Quédate conmigo hasta el final”, tomará conciencia real de que algo se esconde tras el aparente sin sentido de aquella representación. Rice desconoce lo que ocurre, ni quién es esa mujer, ni si en realidad la van a matar, pero esta súplica, esta nueva realidad moral, actúa como una llamada a la acción en su interior. Él no es responsable de tal hecho, pero entiende que no puede quedarse quieto. Entonces, asume su papel heroico, comprendiendo que no puede seguir comportándose como un muñeco movido por las circunstancias.
Antes del tercer acto los hombres grises le entregan a Rice las “Instrucciones para John Howell”, en las cuales se le obliga a seguir unas reglas de actuación prefijadas contra las que él se rebelará, pues comprende, que la invitación inicial a participar en la obra se convierte en una coacción sutil. Entonces, Rice, intentará cambiar la actuación que corresponde a su papel, comunicarse con Eva, defenderla, pese a la oposición del resto de los actores y el descontento de quienes dirigen la obra. Pero todos sus esfuerzos por romper la obra serán en balde y, finalmente, es expulsado del teatro por la puerta trasera. Sin embargo, Rice, a quien no le interesa esa obra, decide volver a su lugar en la platea para ver el final de la obra, comprobando que, el actor que interpretó el papel de Howell en el primer acto le había sustituido, y ciertamente, Eva muere envenenada en el escenario. Entonces Rice decide huir hacia Southwark por el puente de Blackfrias, mientras es perseguido por alguien. Allí encuentra al actor que representaba a Howell. Ambos huyen, y cuando Rice le pregunta por qué huye, por qué ha muerto Eva, él le confiesa que también intentó salvarla, pero dice: “Qué importa, si siempre se salen con la suya”, “Siempre ocurre lo mismo
Rice, pasa de espectador a actor. Al principio se deja llevar, pero poco a poco pretenderá desmontar la mentira que se representa. En este punto, el texto de Cortázar apela a la conciencia del espectador (o del lector de cualquier relato) para que indague siempre en la obra que se le ofrece, buscando el contenido profundo que se encierra más allá de lo aparente. Esa toma de conciencia, lleva a Rice a rebelarse contra el absurdo. En algún momento tendrá que abandonar su pasividad y conformismo, su indolencia ante las fuerzas que le empujan en cualquier dirección, a fin de convertirse en alguien proactivo que toma decisiones concretas sobre sus actos. Tal vez, Cortázar pretenda mostrar en este relato la necesidad de ser no un mero espectador, conformista e indolente, sino un verdadero actor en el teatro de la propia vida, evitando pasar de puntillas por ella.
El texto presenta también, una crítica velada a las obras de teatro cuyas tramas nada aportan, obras que no demandan ningún esfuerzo por parte del espectador para entenderlas, que pueden ser representadas por cualquier tipo de actor. A Rice no le cuesta mucho convertirse en Howell, porque es un personaje tan anodino y mediocre como él. Porque Howell es el alter ego en el que Rice puede verse reflejado. Sin embargo, la transformación de Rice le llevará a plantearse cuestiones y actitudes menos banales.
Cuando Rice es empujado a representar la obra en el escenario, califica el espacio del auditorio como “la gran caverna, algo como una gran respiración contenida, eso que después de todo era el verdadero mundo”. A mi entender, Cortázar, hace referencia aquí al Mito de la caverna (1) platónico, en que sombras e imágenes ficticias hacen creer a los espectadores que se encuentran ante la realidad, aunque tan solo sean un simulacro de ella. Solo quienes descubren los engaños de esas representaciones, dirá Platón, al salir al exterior de la caverna podrán reconocer la verdadera realidad y enseñarla después a otros. Para ello, quienes logren descubrir la verdad, renunciando a su egoísmo, volverán a entrar en la caverna para mostrarla a los demás (tal como hace Rice). Rice quiere cambiar esas reglas fundamentales que se le entregan aunque no le sea posible; quiere ayudar a otros, aunque nada sepa de sus vidas; se siente responsable de esa situación y por eso huye, aunque él no haya matado a nadie, pero todo aquel que sabe lo que la trama de la vida encierra, siempre es perseguido.
De algún modo, la caverna de Platón representa también el teatro y el cine moderno, pues la caverna es esa representación artificiosa que nos muestra una faceta distorsionada (y a veces manipulada) de la realidad. Tras ella, “los amos de la caverna”, esos hombres grises, manipulan los hilos de quienes se prestan al juego. ¿Acaso no semejan esos tres hombres grises a las Parcas que cita Platón en el Mito de Er (2), aquellas que dictan el destino de los hombres en sus múltiples vidas? ¿No son ellos quienes entregan los papeles (con las instrucciones) que aquellos que van hacia la vida habrán de seguir? ¿No se dice en la obra que hay unas bases fijas que son inamovibles (¿destino?) y otras que podemos alterar en cierto grado, que dependen de la naturaleza y el azar (¿libre albedrío?)? ¿No le dice Howell a Rice que “siempre ocurre lo mismo”, que aquella representación ocurre repetidas veces? ¿Cuántas representaciones habrá visto Howell para afirmar eso? Acaso ¿muere repetidas veces la mujer? ¿Siempre ha de salir corriendo Howell del teatro?
Se desprende del relato la necesidad de abandonar la etapa de espectador inconsciente de la vida para ser conscientes de la senda evolutiva que recorremos. El teatro no es sino una gran caverna en la que se proyectan imágenes, una burda representación de la vida, una quimera que nos enseña a reconocer nuestro papel en la vida; papel que ensayamos una y otra vez hasta entenderlo. Y la vida, acaso no sea sino una posibilidad de representar diversos papeles hasta comprenderlos y alcanzar la sabiduría. Por ello, al llegar a “la otra orilla” del rio (¿el rio del olvido, el Leteo?), antes de separarse de Howell y perderse cada uno en su propio laberinto de callejas, Rice le suplica: “No me dejes ir así”, “No puedo seguir huyendo siempre, sin saber”. ¿Siempre?
Sin duda, en el texto Cortázar plantea todo un cúmulo de enigmas al más puro estilo kafkiano, seguramente, sin intención de querer explicarlos, sino tan solo exponerlos. Porque esa incertidumbre, esa avalancha de significados posibles que nos vienen a la imaginación, hace de este relato uno de los más profundos de toda su obra.

Notas:

(0) Todos los fuegos el fuego. Julio Cortázar. De Bolsillo. Contemporánea (2016). ISBN 978-84-663-3187-6.
(1) Capítulo VII. La República. Platón (1997). CEPC. Madrid. ISBN84-259-1037-4.
(2) Capítulo X. La República. Platón (1988). En su: Diálogos IV (Traducción y notas de Eggers Lan, Conrado). Madrid: Gredos.