La leyenda de la isla sin voz – de Vanessa Montfort.

Reseña escrita por Raysan para el Libro Durmiente.

Carmen Posadas ha dicho de este libro: “Una novela brillante en la que el lector encontrará, además de una magnífica historia, personajes dignos del mismísimo Dickens”.
Para Rosa Montero: “Vanessa Montfort nos habla del infinito dolor del mundo, pero también de la infinita esperanza en este cuento gótico bellísimo, sorprendente y conmovedor, lleno de magia y de sombras“.

Vanessa Montfort_Pres Libro 25_02_2014

            

El libro durmiente estuvo ayer, día 25 de febrero, en la primera presentación realizada en nuestro país del libro “La leyenda de la Isla sin voz”, de la escritora Vanessa Montfort. El acto se desarrolló en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés (Plaza de Callao – Madrid), un lugar inmejorable que se encontraba a rebosar. La expectación que desde hace meses había levantado la publicación de la tercera novela de esta escritora, se vió ampliamente satisfecha. Los elogios venidos desde Hispanoamérica tras darse a conocer allí la obra, se han visto refrendados.
Tras la presentación formal, por parte del Director del Ámbito Cultural y del editor, Plaza y Janés, el escritor Fernando Marías entabló una distendida conversación con Vanessa Montfort sobre los valores de su libro.
Vannessa Montfort_Pres Libro La isla sin Voz
La autora explicó que su novela trata sobre una historia que desde hace tiempo quería escribir, porque anhelaba crear el personaje de una heroína romántica, Anne Radcliffe, a fin de comprobar qué podía sugerirle, qué podía contar desde dentro, como mujer. Está ambientada en Estados Unidos, a fines del siglo XIX; un país en crisis que mantiene hacinados en una isla a los excedentes humanos que no puede asumir la sociedad, fruto de una inmigración desbordante. Pertenece al género de la ficción histórica —al que la autora prefiere llamar fábula histórica—en donde se extiende, con la base de una gran documentación histórica de la época, una pátina de ficciónuna mezcla bien engarzada entre personajes históricos y ficticios para que sea creíble la novela, pues ya se sabe que los novelistas somos mentirosos vocacionales.
En 1842, un gran escritor, Charles Dickens, viajó a Estados Unidos por primera vez para leer sus obras; ya era un autor reconocido a quien la multitud esperaba en el puerto de New York. En la presente novela, Dickens, actuando casi como protagonista principal, recibirá una misiva que le impulsa a visitar aquella isla emplazada frente a Manhattam, la isla de Blackwell, en donde conoce a Anne Radcliffe, una joven enfermera que le acompañará en su aventura.
Allí, en la Isla sin voz, permanecen hacinados los delincuentes, prostitutas, mendigos, ancianos, personas desvalidas e inmigrantes desconocedores del idioma, junto a quienes tienen enfermedades infecciosas o mentales; en sus hospicios viven los pobres y huérfanos desheredados de la vida; en el cementerio de los sin nombre reposan los restos de muchos extraños…
Dickens, de origen humilde, que tuvo que vivir en prisión cuando su padre fue encerrado en ella porque la familia no tenía dinero, como escritor comprometido con su tiempo, se muestra preocupado por conocer la vida y las situaciones degradantes en que se hallan aquellos seres humanos; preocupación que compartirá con otros autores de su época, tales como Washingthon Irving o Julio Verne, que también aparecen en la obra.
Es brillante la forma en que la autora supone que Dickens fue creando su magnífico Cuento de Navidad; un cuento escrito para ofrecer un rayo de esperanza a quienes se encontraban atrapados en aquella isla maldita. Otro personaje tangencial de la obra, aunque muy significativo, lo encarna la joven periodista Nelli Blay, personaje real que infiltrada en la isla de Blackwell dio a conocer los atroces tratamientos que allí se realizaban.
Según Fernando Marías, esta es una novela que puede apasionar a cualquier lector…una obra sobre la vida, una metáfora sobre la literatura…, pues narra la historia de tantos monstruos buenos y malos, —como muchos que existen ahora—, los cuales viven atrapados en situaciones de las que no pueden salir. Tal vez por ello sea una metáfora sobre la literatura, en donde el escritor, a la par que busca sus propios monstruos, persigue conocer a esos ‘monstruos’ que cuentan historias, pues tienen sentimientos dentro que no pueden aflorar sin ser castigados; sentimientos que el escritor nos ofrece.
Vannessa Montfort_40Vanessa Montfort afirmó en la presentación de su libro que La leyenda de la Isla sin Voz “es una obra sobre el oficio de escribir y la forma en que se cuentan las historias: porque cada historia tiene su forma de contarse y lo más difícil es hallar la forma de contarla”. En esta historia, tan brillantemente narrada, la autora ha querido acercar al lector a la figura de Dickens, a la par que, mostrando las realidades y carencias de una época tan similar a la nuestra, pretende transmitir un mensaje de ilusión y de esperanza. Para la autora, “las crisis no son crisis políticas ni de valores, sino crisis sociales”, y de ellas se puede salir; “sí, siempre se puede.
Fernando Marías auguró que “este es un libro que irá lejos y que dará muchas alegrías a su autora”. Lo suscribimos:  ¡no se lo pierdan!

Las serpientes de Melkart – Folco Quilici (reseña).

Crítica Literaria escrita por Raysan para la Revista Aqueloo en enero de 2006.

“LAS SERPIENTES DE MELKART” de Folco Quilici. Traducción de Jorge Rizzo.

Roca Editorial de libros, S.L. Colección “Misterio” (nº 69). 349 páginas.
Melkart002Hace ya mucho tiempo, una nave fenicia partió de Qart Hadasht, la nueva Cartago* situada en el sureste de Iberia, para adquirir productos exóticos en las lejanas costas del gran continente africano… La nave procedía de la metrópoli, en la tierra de Canaán, y el capitán había aceptado de un mercader el encargo de aquel viaje secreto siguiendo la ruta del padre Hannón, pues al regresar serían ricos. Nadie debía saber su destino para que otras naves no pudieran seguirles.
La embarcación se hallaba bajo la protección del dios Melkart. Cada día…“la primera actividad de la tripulación consistía en realizar un sacrificio a Melkart, representado por un pequeño bronce con los ojos pintados de verde, los cabellos de rojo y los labios de azul. El cuerpo filiforme estaba encajado en un pedestal de madera bajo el puente de proa…”
Según había dicho Hannón, el cual “confió su secreto antes de morir al padre del padre de nuestro patrón”, “la ruta es fácil: la tierra queda del lado donde nace el sol, y el horizonte donde se pone”. No tenían que enfrentarse al Más Allá, sino bordear las costas. La tripulación era experta: había desafiado grandes temporales, y navegaban juntos desde hacía muchos años, consiguiendo siempre llegar a puerto… “Nunca nada les había atemorizado, y no lo iban a conseguir las aguas y los vientos que venían del Más Allá, revolviendo el río Océano, en el que se adentraban tras superar las Columnas dedicadas al dios Melkart. Y aún menos tras haber alcanzado y superado Mogador, en la tierra de Cam.”
Pero nada fue como había previsto el capitán. Tell Surash…“se maldijo también a sí mismo y el momento en que había aceptado la propuesta de desafiar aquellas aguas para surcar lo desconocido, cegado por el deseo de llegar a los mercados de los hombres negros, donde se podía conseguir marfil por bien poco.”
Ithobal, el timonel jefe del barco, nunca había creído a los marineros griegos, “son falsos y mentirosos, y cuentan esta fábula para atemorizar a los que quieren ir más allá de las columnas” —decía—, ni tampoco creía en los cantos del poeta Píndaro sobre los peligros que acechan a quienes querían traspasar las puertas del mundo. Sabía que no se podía emprender ruta sin el beneplácito de Melkart, pero aquel día, “aprovechando el favorable viento largo, habían evitado la parada ritual en las Columnas y, pasando el Estrecho, se habían dirigido hacia la Tierra de Cam”
El huracán les sorprendió, y “a causa de la tormenta desencadenada por Baal Shamem, señor del cielo, más poderoso que Melkart en sus momentos de furia” los mástiles se rompieron, quedando el gaulos fenicio a merced de las corrientes que le arrastraban en dirección al sol poniente. Cuando la tormenta amainó, habían perdido de vista la referencia de la costa, hallándose sometidos a un mar en calma, en la que los vientos no venían en su ayuda. Y cuando dejaron de ver en el cielo nocturno su habitual referencia, “la Estrella, luz siempre inmóvil y amiga del cielo”, la polar, aquella que “infundía seguridad el contramaestre Ithobal” se sintieron perdidos y un gran terror les recorrió el cuerpo. Comprendieron entonces que no volverían a ver nunca Qart Hadasht.
Años después, transcurridos más de dos milenios, unas prospecciones de la empresa VODC destinadas a la extracción de diamantes, acometían la exploración de una gruta submarina, cuando de pronto, el pequeño robot pareció descubrir una extraña estatuilla de ojos verdosos, que respondieron con un fulgor ancestral a los reflectores del pequeño artefacto. Esto sucedía en Teimada, una pequeña isla volcánica próxima a la costa brasileña, que pronto iba a ser famosa, aunque realmente no era más que…“un escupitajo en mitad del océano”. De ser cierto que la pequeña figura de bronce era de origen fenicio, habría que escribir de nuevo algunas páginas de la historia, llegando a ser un descubrimiento arqueológico sin precedentes…
La novela, escrita por Folco Quilici, tiene por tanto todos los ingredientes para atrapar la atención del lector desde el primer momento. Planea sobre ella una duda histórica: ¿pudieron las naves púnicas alcanzar las costas americanas anteriormente a Colón?, siendo este un tema sugerente por sí mismo. Escrita en un lenguaje ágil, aunque no se adorne de excesivas galas literarias, el autor sabe mantener el suspense y la emoción hasta la última de sus páginas. No en vano Folco Quilici, como buen director cinematográfico, fue laureado a mediados de los años cincuenta con varios galardones.
En la actualidad, Folco Quilici compagina su amor por la investigación científica submarina con la escritura y su labor periodística, colaborando en varias publicaciones europeas. En “Las Serpientes de Melkarth”, el bello relato inicial del periplo fenicio, y el misterio que lo envuelve, nos lleva finalmente, de la mano del enigma y el suspense, hasta la cruda realidad del momento actual, plagado de intereses en puja, siempre dispuestos a presentar batalla.
Esta novela constituye una buena muestra de los trasfondos del mundo actual. En ella se mezclan las intrigas suscitadas por los intereses comerciales, la banca y las grandes multinacionales; los sobornos y las presiones gubernamentales, disimuladas bajo un falso patriotismo; las rivalidades académicas de los expertos en arqueología submarina junto a la necesidad de adornar las noticias mediáticas.
Tras el ejercicio constante de falsedad que realiza parte de nuestro mundo, en esta recomendable novela se muestras los restos de extraños valores humanos, y un bello aroma que asciende desde el mundo antiguo hasta la superficie del presente.

(*) La actual Cartagena, antigua colonia púnica. 

Croniria. Raquel Lanseros (Reseña)

Reseña escrita por Raysan para El Libro Durmiente el 17 de noviembre de 2013.

http://ellibrodurmiente.org/wp-admin/post.php?post=3250&action=edit

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Raquel Lanseros, nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) en 1973, aunque se siente leonesa de adopción. Es una de las poetisas más reconocidas y premiadas del ámbito literario español. Sus poemas se han incluido en antologías de varios países europeos, en Estados Unidos e Iberoamérica y han sido traducidas a idiomas tan dispares como el inglés, italiano, holandés, hindi, turco, hebreo, francés, etcétera. Desde que iniciara en 2005 su recorrido en la poesía ha publicado seis libros de poemas. Cuenta en su haber con el Premio de Poesía Unicaja, un accésit del premio Adonais, el premio de Poesía del Tren, y el Premio Internacional de Poesía “Antonio Machado en Baeza”.

Raquel Lanseros y Vanessa Montfort
Raquel Lanseros y Vanessa Montfort

Por un extraño lance del destino, Raquel Lanseros me regaló su libro Croniria, el mismo con el cual había realizado su presentación en Bilbao. Más adelante he visto a Raquel en una foto junto a mi querida amiga Vanessa Montfort, si bien nunca supe que se conocieran; seguramente les une un futuro rutilante. Poco a poco, la madeja del destino fue tejiendo su aquel. Ahora me encuentro ante este libro profundo y misterioso que he leído despaciosamente en mis viajes de metro.

Sus poemas, que aventan palabras al infinito, me obligan a escribir esta reseña, pues gracias a ellos, este ciego, porque lo soy, dada mi condición de poeta que olvidó su oficio, ha vuelto a percibir la belleza. Escuchando las melodías que sus versos susurran al viento, he aprendido de nuevo a leer braile en la oscuridad de mi alma. El viento de la poesía ha llegado de nuevo a mi casa, tumbado la puerta…

Decir que las palabras despiertan conciencias a su paso, es el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor; y yo quiero entregar las monedas al barquero que me ha llevado a la otra orilla y hacer aquí ese homenaje.

Sí, Raquel, tus poemas alientan sueños inmensos e insuflan ideales en los horizontes de tantos huérfanos desheredados de la belleza. Porque se infiltran sinuosos y sibilantes en las verdes praderas del mundo interior, sin que ningún rincón permanezca ajeno a la convulsión.

De la mano de las imágenes que dibujas en el aire, me he adentrado en la intrincada floresta de tu forma de ser, porque leyendo tu libro he encontrado la fuente que mana inalterable en tu origen primigenio. En las páginas de tu libro se vislumbran los delicados amaneceres de tus días, tu profundidad, alegría y entusiasmo, pero también, las sombras de un alma apenada por sus emociones, transida por el desamor y la tristeza. Y sin embargo, en tus poemas, siempre te ofreces dispuesta al retorno, al resurgir de un alma pujante que aspira a la luz más nítida. Tu mensaje enseña a vivir, porque es de fortaleza y de amor, cumpliendo así la mejor finalidad de la Poesía.

croniria

Hay en Croniria una sensación de camino que el poeta precisa recorrer: “aprende por tu bien el arte de marcharte/ siempre un segundo antes de que te hayan echado”. Tal vez porque el poeta es un caminante que busca su propio ser. Por ello dirás… “nunca le tengas miedo al horizonte, no hay placer más sabroso que el trayecto/ acepta el pan servido en cualquier parte/ disfruta del asilo que te ofrezcan/ pero ten preparadas las maletas”.

Te he oído hablar de esos bosques que a menudo se extienden en nuestro interior y llegan hasta el linde donde se pierden las promesa que la vida nos hizo. En tus palabras dirás, “existen bosques blancos en los que llueven ahoras/ y las promesas buscan una sombra”. En tales momentos, nos parece que “…no hay nada más allá de aquellos árboles./ En los linderos ha acampado el tiempo/ bajo un cielo siniestro de estrellas apagadas”. Porque en tus poemas siempre se encuentra la fuerza de las imágenes.

En tu libro haces culto al amor, pero un amor entregado y de verdaderas emociones. Por ello dices… “que no entre en la batalla quien sucumba/ ante el rencor pequeño de las humillaciones./ Sabed, son necesarias descomunales dosis/ de grandeza de espíritu y coraje/ en las lides calladas de la pasión humana”. El verdadero amor reclama la identificación total con el ser amado…“Somos el mismo aliento en cuerpos simultáneos”, “…veo tu rostro en el mío/ y en el rostro de todos los que he visto”. Pero el amor ofrece a cambio un atisbo de eternidad…“...Solo quien ha besado sabe que es inmortal”.

Señalas también, la tozudez de aquellos que son insensibles al don de la poesía: “…dicen que no hace falta la poesía. Suponen que la gente necesita comer. Con eso basta”. Poco saben ellos que cada poema es “como un árbol que crece hacia el origen” buscando un sabia antigua y milenaria, cargada de sueño ancestrales. Tal vez la poesía no pueda desasirse de uno mismo, tal como la vida y la muerte no pueden zafarse la una de la otra, porque según tus palabras… “Poesía es lo contrario de la muerte. Esta certeza súbita de lo desconocido”. Los poetas son imprescindibles para que el transcurso de la vida se encamine hacia la belleza y la bondad que el mundo precisa. Por ello tu cierras el círculo con tus palabras certeras: “…que objetivo tan arduo intentar convencer no obstante junio de la inutilidad de la poesía”.

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En tus poemas dices que… “mi palabra es un patio sin llave donde es bien recibido quien aprecie la sombra de una higuera y un vaso de buen vino”. Por ello brindo, bajo el árbol de la vida, tomando un buen vino en honor de los futuros que alientan tus palabras audaces. No entonaré una despedida, porque he aprendido de tus versos “que las despedidas tienen ojos de perro herido”, tan solo expresaré un deseo: que sigas alentando la belleza hacia el infinito, porque los ciegos necesitamos ver.