Gobernar a otros no es un juego.

Algunos gobernantes quieren seguir siéndolo a pesar de que mantenerse en el poder acarrea muertes. En conciencia, no vale la pena dejar muertos tras el propio camino, porque la justicia puede reclamártelo en cualquier momento, y en todo caso, el karma o la justicia divina, tarde o temprano, te lo cobrarán. Y si no, al tiempo.
Hace ya unos quince años tuve que viajar varias veces a Venezuela por motivos laborales. Ya había manifestaciones, tiros y algunos muertos. No se podía salir a la calle a partir de las 9 noche; era un toque de queda tácito. Nos llevaban a otras provincias a ver obras e infraestructuras en helicóptero, porque en las carreteras había pillajes e inseguridad. La puerta del hotel era protegida, a todas horas, por un soldado cargado hasta los dientes con armas automáticas y sus cargadores llenos de balas. Se trataba de proteger al turista, si es que había muchos… pero ¿quien defiende a cada venezolano que no puede poner un soldado en su puerta? Y aunque quien gobierna tuviera la razón, ¿vale la pena enrocarse en posturas que siembran de muertos las calles? 
Cuando hay revueltas lo lógico es frenarlas, pacificarlas… Sin embargo, cuando esas insurrecciones son contra las actuaciones del gobernante, antes que matarlos a todos es mejor irse y dejar paso a nuevas votaciones. Perpetuarse en el poder, cambiar constituciones para que nos dejen hacer cualquier cosa no son buenos compañeros de ruta.
Tal vez gobernar parezca fácil. Basta con que te voten. Pero lo difícil es saber gobernar a otros con ecuanimidad, con rectitud y sentido de la justicia. Lo que sí sabemos es que gobernarse a sí mismo es más difícil que gobernar a otros, aunque algunos crean que gobernar a otros sea tan fácil como conducir un autobús.
Ramón Sanchis Ferrándiz.

¿Tener problemas o vivir problematizado?

problemas-00A menudo los problemas se acumulan en nuestra vida y nos van apretando el cuello hasta llegar a la asfixia psicológica. Sin embargo, tener problemas es lo habitual; es consubstancial con la existencia. Pero hay personas que a causa de sus problemas viven durante un tiempo perdidos en su mundo. Apenas te saludan ni expresan sentimientos, y tal vez ni te vean al pasar, porque los problemas enraízan en su corazón con tal fuerza que los sacan de los raíles por donde sigue circulando la vida. Pero el verdadero problema no es tener una buena colección de problemas, que al fin y al cabo son obstáculos que la vida nos ofrece y mediante los cuales aprendemos a evolucionar, sino vivir problematizado.
problemas-03Y esto es lo que ocurre cuando ellos se adueñan de nuestra mente y bloquean la razón, esa herramienta que tenemos demasiado sobrevalorada pero poco dominada, que a menudo no pasa de ser un niño voluble, caprichoso y maleducado. Cuando peleamos con los problemas y les damos la cara ponemos en juego nuestras capacidades y aptitudes; sin embargo, cuando los problemas enraízan en nuestro corazón, vivimos a diario con cara de problema, nos movemos entre las personas arrastrando los pies, pues nos falta la chispa de otros tiempos… y todo lo que sucede nos parece agobiante, inmenso, desbordante… Y así, poco a poco, vamos cayendo en un hoyo del que a veces cuesta mucho salir. A veces caemos en un desánimo crónico, tal vez en una depresión duradera y en una perdida de nuestra identidad.
problemas-04Los días luminosos se van, y a veces, hasta las personas nos rehuyen o tan solo nos compadecen.
En mi caso, he encontrado un remedio sencillo para estos casos. Cuando detecto un problema en mi, intento mirarlo a la cara para reconocerlo bien y enfrentarlo, pues los peores problemas son los que no queremos reconocer. Entonces le pongo un nombre concreto y de este modo aprendo a convivir con él, pero me repito para mis adentros que ya no tengo ese problema sino otro: ahora mi nuevo problema es encontrar el mejor modo de resolverlo.
paraguas-de-coloresRecuerdo con cariño una comida entre amigos en donde cada cual recibió un azucarillo con una frase impresa. El mío decía: “A días grises, paraguas de colores”. Y esa frase siempre me ha ayudado a caminar. Una buena amiga, Sonia, me recuerda también la frase que le motiva: “No rain, no rainbow”. Sin duda tiene razón, pues si no hubiera lluvia tampoco disfrutaríamos después del arcoiris.
Tal vez, me dice ella con su sabiduría práctica, si comenzáramos el día regalando sonrisas desentonariamos con todo el mundo, pero a más de uno se les iluminaria el rostro.
“Te deseo que la vida te traiga muchos problemas”, me dijo un día Atiliano, una de esas personas fundamentales en mi vida… Y añadió: porque todos los problemas están a tu altura, tienen tu medida y los puedes resolver. Y al ver mi cara de extrañeza me enseñó que si queremos ponerle una dificultad a una hormiga le colocamos en su camino una pequeña rama que tendrá que sortear, pero no le dejamos caer encima una pesada piedra, pues seríamos para ella como unos “dioses” malvados y vengativos. Con este sencillo ejemplo me enseñó que, las pruebas que nos presenta la vida siempre están a nuestra medida, siempre sirven para aprender algo, para ejercitarnos. No tienen como fin castigarnos, y de hecho cuando sacamos de ellas la enseñanza que nos ofrecen, ya dejan de ser un problema para nosotros.
paraguas-de-colores-01Ojalá seas siempre el que ríe al final. Problematizarse es como quedarse en vía muerta o ir de retiro a cocheras; ten en cuenta que tener problemas es lo natural, e incluso saludable.
Por ello quiero regalarte mi mejor frase: A días grises, paraguas de colores.

Carta a un amigo que ya no cree en la política

Carta a un amigo que ya no cree en la política

Los políticos no saben asumir sus errores, y nosotros no hemos sabido exigirles entereza, determinación, capacidad de resolver, eficacia y eficiencia, y ni mucho menos sentido histórico, profundidad humana en sus decisiones, propuestas sinceras para un mundo mejor, etcétera… Eso llegará, como diría Platón, cuando los filósofos gobiernen (ojo, no me refiero a los que estudian Filosofía en la facultad, que tiene tanto derecho a gobernar como los que estudian políticas, historia, abogacía o medicina), sino a los que buscan la sabiduría, el bien común, los que anteponen el sentido de lo general y universal antes que el de lo local y particular…

Y siguiendo este pensamiento imagino qué podrían hacer por mejorar el mundo esos grandes sabios, ya sean filósofos, científicos o matemáticos, a los que el magnífico pintor Rafael Sanzio representó en su célebre cuadro de La Escuela de Atenas. De seguro que Sócrates, Pitágoras, Platón, Aristóteles, Heráclito, Parménides, Anaximandro, Zoroastro, Zenón, Averroes, Claudio Ptolomeo, Jenofonte, o la gran Hipatia de Alejandría, tendrían mucho que aportar para gobernar una sociedad.

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Durante muchos años consideré a una persona como mi maestra de vida (pues además era mujer), y para cada nueva etapa de la vida le pedía siempre al destino (o quien rija nuestro caminar) una virtud muy desconocida: “discernimiento”. Al principio me extrañaba oír esta petición -o declaración de intenciones-, pero con el tiempo considero que todos los mandamientos se resumen en este: estar atentos a lo que trae la vida y reaccionar siempre con discernimiento, de este modo sabremos cómo obrar, con rectitud, altura de miras, elevación moral suficiente, eligiendo entre lo útil y lo inútil, lo práctico o lo teórico y carente de aplicación, lo necesario y lo superfluo, lo urgente y lo que puede esperar, etcétera…

¡Qué bueno es saber aquello en que hemos errado! Y a tantos políticos que no comprenden el significado de esta palabra y la consiguiente reparación del daño causado, más bien habría que “herrarlos”, es decir, clavarles y ajustarles las herraduras, o según otra acepción del diccionario… marcar con un hierro candente para señalar su condición y también como castigo.

Escuela de Atenas_Platón_800px-Raffael_067Por todo ello, mi buen amigo, te aconsejo que te revistas de paciencia (que no está exenta de paz y ciencia), y revestido con el mejor de los discernimientos sepas soportar la incongruencia de quienes no son políticos por su exuberante preparación para gestionar la vida de otros y del bien común, sino por su capacidad para medrar en un oficio que desconocen y en el que hay que dar demasiados codazos para situarse en primera línea. Nosotros también diremos, pasados los años, que la política no es lo que nos habían dicho, “que era puro engaño”, pero la verdad es que la política con mayúsculas no tiene la culpa. Me refiero a esa Política del mundo clásico, considerada antaño como el arte de conducir a los pueblos hasta las más altas cumbres de su realización personal y humana, en lo individual y colectivo. Tal vez, el día en que nosotros podamos decir que comenzamos a ser aquello que soñábamos ser podremos exigirles a los políticos que sean como debieran ser. Si nosotros nos olvidamos de aplicar en nuestra vida el discernimiento, si admitimos una brecha, un desfase entre lo que somos y lo que debíamos haber llegado a ser, acabaremos aguantando a una serie de políticos mediocres cuyos actos quedan muy lejos de la buena praxis política, y de los mejores valores que ha de alcanzar nuestra sociedad.

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Sin duda en la política actual falta actitud de diálogo, capacidad de acuerdo, respeto por las ideas de los demás, sentido de la importancia histórica del momento, comprensión de los deberes de Estado, capacidad de entrega generosa por los mayores ideales posibles, humildad, sentido del honor, capacidad de servicio, austeridad, rectitud, sentido de la dignidad personal y del Estado, etcétera…, pues se hallan atrapados en el egocentrismo, en los intereses de partido (que siempre son partidistas y por tanto incompletos), en la verborrea mental y la demagogia, en lo temporal, en las presiones de los grupos de poder, en el miedo a la opinión de las gentes (generalmente manipulada por otros intereses ocultos), en la falta de visión clara de los objetivos a seguir, y tantas otras cosas que podrían apuntarse.

Pero algún día retornarán aquellos que con su saber habrán de levantar de nuevo el edificio de la gran Política, esa ciencia alejada de los pobres planteamientos que ahora nos rigen. Aunque no surgirán por generación espontánea, pues los grandes políticos provendrán de los mejores hombres que compongan nuestra sociedad. Si lográramos forjar en nuestra sociedad hombres cabales, rectos, coherentes, lúcidos en sus ideas y pragmáticos en sus decisiones, dignos, nobles, virtuosos… de esos hombres resultarían los grandes líderes de nuestra patria. Sin duda, no podremos exigir en otros aquello que no seamos capaces de lograr. Apostemos por la educación profunda de las nuevas generaciones y cosecharemos en el mañana conciencias esclarecidas y limpias de mácula.

Sí, mi buen amigo, pidamos sobre todo, discernimiento, y apliquémonos a ello con determinación si algún día queremos llegar a algún lugar antes de que nos alcance la desidia y el desinterés por el bien público. 

Educar para la tolerancia

EDUCAR PARA LA TOLERANCIA.  

Este es el desarrollo de una conferencia dictada por el autor en la ciudad de Santander, en 1997, publicada posteriormente en el libro “Los peligros del racismo”.  

 images_09      Trataré en este tema de ser un mero compilador de ideas dispersas, que aporten por ello una visión global.

     Nuestro tiempo está preocupado por la Tolerancia, y a tal fin se decretó el año 1.995 por la ONU como “Año Internacional para la Tolerancia”, aunque pasó sin pena ni gloria, con unas tímidas proclamas lanzadas al viento cuando éste ya se extinguía. Aquellos que nos hemos comprometido con la Filosofía, -entendida como “amor al conocimiento”- sentimos que las palabras que se lleva el viento no aportan nada serio a la sociedad, y nos preocupa que no vayan acompañadas por una actitud acorde, constante y reiterada, vivida a diario. Para ser tolerante hay que entender este concepto no solo cuando se nos agrede, sino día a día, ya que ser tolerante es una actitud que nace del alma cuando se ha comprendido filosóficamente, cuando se está dispuesto a dar parte de sí por mantener la tolerancia, y cuando ese concepto se transmuta en una vivencia interna y externa, que deviene en ser algo cotidiano.

A) ¿Qué entendemos por Tolerancia?

      Podemos definir la  tolerancia  como “el respeto a la forma de ser y de pensar de los demás”, según expresa Bernabé Tierno.  Pero algo tan amplio es dificil de resumir en pocos vocablos. Si tratamos de relacionar la palabra “tolerancia” con otras afines iremos centrando su significado.

B) ¿Cuales son los valores relacionados con la Tolerancia?

       a) “el respeto a los demás”, que nos enseña a aceptar a los demás como son, no de un modo frio y distante, sino tratando de comprenderlos. En virtud de éste respeto a los demás impulsaremos en ellos sus valores humanos más positivos, los alentaremos al amor, al esfuerzo, a la dación generosa, a la voluntad, a su sentido de la justicia, a la renuncia, y por ende a sus más elevados sentimientos e ideas, y sabremos disculpar aquellas posturas más indignas y materialistas, que les apegan a la tierra y les anulan las alas del alma.

      No obstante, debemos puntualizar, que disculpar los errores no implica compartirlos, pues no hemos de caer en la permisividad actual que todo lo consiente y aplaude, sino alentar tan solo lo que nos ennoblece y mantiene en la busca de los valores más altos y seriamente humanos.

      El respeto a los demás no presupone tampoco que se deban omitir las responsabilidades que se deriven de actos perniciosos para la sociedad. Que dabamos ser tolerantes con los demás no exime a nadie de serlo tampoco con nosotros.

     b) “la aceptación de sí mismo”, que nos lleva a una clara visión de nuestros defectos y virtudes, pero sin disimulos ni deformaciones cómplices. Saber conocerse a sí mismo con la objetividad suficiente es una de las capacidades menos abundantes en la actualidad, y ello nos aleja también de poder ver objetivamente a los demás.

       Hace falta conocerse bien, pero no se conoce quien no acepta sus errores, y quien no potencia y trabaja cotidianamente sus valores. Si logramos ver lo esencial en nosotros, y no quedarnos en lo que aparenta ser la cuestión, lograremos vernos de verdad, y atisbando nuestra real esencia humana la podremos ver en otros seres humanos posteriormente. Solo quien se conoce puede conocer a los demás. Solo quien ha trabajado internamente sobre sí puede comprender con suficiente apertura a los demás, pues sabe lo que cuesta erradicar una tendencia, un defecto, un vicio, y transformarlo en una cualidad, que algún día será un valor, y finalmente una virtud propia. Aquellos que viven de pie, erguidos sobre sus defectos, saben muy bien lo que sentían cuando estaban tirados en el suelo, y aceptan mejor los defectos en otros, los toleran y comprenden.

      c) “la convivencia”, que según la definición del Prof. Livraga, “es al arte de vivir y dejar vivir”. Hay que entender la convivencia como una meta muy difícil de lograr, que se da entre aquellos que viven con-vivencia, o sea, que tienen un cúmulo de vivencias internas, que acumulan una cierta solera y madurez, como para enfrentar sus dificultades. La vivencia precisa para poder convivir se da cuando no solo nos enseñaron bien, sino que aprendimos bien, profundizado en la enseñanza hasta hacerla nuestra y vivida, y no un mero barniz superficial.

        La convivencia tiene un doble aspecto, como convivencia individual y colectiva. Una vez más debemos hacer un trabajo en la esfera propia, para no llevar hacia afuera nuestras carencias, sino las manos llenas de los frutos cosechados. Si nos  anulan los propios altibajos, las inquietudes, las amarguras, los sentimientos rastreros, posesivos, egoistas, poco podremos aportar a los demás, y no sintiendonos a gusto con nosotros mismos, aportaremos desestabilización a la convivencia y no profundidad. Se precisan  buenas dosis de olvido de las miras personales, de capacidad de superación y de reirnos de los propios fracasos, para acercarnos desde la conviviencia individual a una relación objetiva y fructífera con los demás, a la convivencia colectiva. Si tan solo aportamos miedos, sensación de fracaso, altibajos, y una mentalidad posesiva y materialista, la colectividad va a ser un suma y sigue de dichas ofrendas mediocres.

       d) “la cortesía”, que pretende mantener unos modales, como aquellos que eran propios de las cortes de antaño, en que ciertas pautas de conducta, -cuando no eran aún ficticias y fingidas-, ayudaban a la correcta relación de las personas.

        Cuidar las formas corteses es necesario para alimentar la tolerancia y la convivencia, pues dejan entrever el sentimiento de amor y de respeto a los otros, ya sea a través de un saludo afectuoso y sentido, de unas palabras de apoyo, de un respeto de los alumnos hacia los profesores y viceversa, del trato amable del hombre hacia la mujer, -pues siendo caballero las considerará como damas-, y a su vez, el  apoyo de la mujer hacia el varón, en una tónica de respeto que no servilismo, de impulso creativo, de tal que unos y otros vivan más pendiente de los demás que de demandar tan solo atenciones para sí.

      e) “la concordia”, que nos ha de llevar a vivir fraternalmente, partiendo de valores que no surjan de lo personal, sino de ver en los seres humanos algo profundo que evoluciona hacia la perfección, hacia el saber, hacia Dios. Vivir la concordia es “vivir corazón con corazón”, formando una cuerda en que estemos fuertemente unidos por las manos, mirando en un mismo sentido, buscando un destino común.

    f) “la solidaridad” que nos ha de llevar a compartir, a aportar algo de nosotros a los demás, y no siempre tan solo lo que nos sobra. Hace falta una solidaridad que no trate tan solo de poner parches en los males de otros, que no prime solo la ayuda humanitaria para alimentar el cuerpo, sino una solidaridad que aportando alimentos sepa mirar más hacia el futuro, que no entregue solo peces, sino les aporte también la caña de pescar a los desheredados de la tierra… Esa solidaridad debe también  llenar conciencias vacias, dar sueños y esperanzas,  enseñar oficios, enseñar filosóficamente a amar a los demás y respetarlos, a vivir en un mundo fraterno…

        Ninguna política de solidaridad que no arraigue sus raices en lo profundo de las conciencias ha de poder perdurar, y será “pan par hoy pero hambre para mañana. Del mismo modo que sobran ecologistas de pancarta y manifestación, hacen falta voluntarios que den parte de su tiempo para aportarlo por bien de los demás, para ayudar en lo indispensable  para vivir, y además enseñar desde el abc una cultura profunda en valores humanos, que cultiven hombres capaces de crear un mañana mejor. Y éste voluntariado consciente de los demás, ésta herramienta, -por más que se la juzgue teórica por aquellos que la desconocen-  solo tiene un nombre “filosofía”, que nos ha de llevar al conocimiento humano, y ha de estar basada en una visión ética, no partidista ni política ni religiosamente.

     Como decía el Prof. Livraga, el mundo no será mejor porque lo gobiernen grandes tecnócratas o profesionales, o personas de un signo u otro, ya sean  musulmanes, o cristianos o budistas, sino cuando esté regido por “hombres buenos” capaces de creer en el “ser humano”, que sepan discernir y ver lo bueno, lo bello y lo justo, y no alienten las luchas políticas ni religiosas que tanto daño han hecho a la humanidad.

C) ¿Cuales son los síntomas de intolerancia?

         Entre muchos otros factores podemos destacar…

         –el Racismo”, ya sea físico -en que no se admite a seres de otras razas- o de ideas y espiritual, en que todos creen tener las ideas mejores para los otros, o el mejor de los dioses, que por tanto invalida el aporte de los otros, y por lo tanto lleva a los mitos de la religión verdadera. De nacer en otro lugar o en otro siglo hubieramos tenido indefectiblemente otras ideas u otra religión, de ahí que nuestro dios es bastante circunstancial. Los hombres de todos los pueblos han creido  en un dios, o varios, y en nombre de su dios han matado muchas veces o  llevado a la hogera a muchos semejantes. Este racismo de ideas o principios es la primera fuente de disensiones entre los hombres.

      –la imposición tiránica”, de uno sobre otros por la fuerza física o psicológica.

       –el egocentrismo”, que nos lleva a verlo todo desde el prisma de lo personal y tan solo pensar en el beneficio propio.

        –la cerrazón mental” de no ser abierto a las ideas de otros, de no admitir otras visiones, para revisarlas, y extraer de ellas lo válido que puedan tener. Es no tener capacidad de mantener unas ideas profundas, nuestro núcleo firme,  pero con una capacidad de eclecticismo que nos lleve a admitir las ideas que nos llegan, y  revisar las propias, para ir sustituyendo en nuestro interior, de un modo artesanal, las ideas caducas por las nuevas que puedan sernos válidas y que nos aportarán frescura y renovación.

        A su vez, la cerrazón mental también es un caldo de cultivo de otras posturas intolerantes como..,

         –el fanatismo”, de creerse en la verdad sin tolerar las ideas de otros, fruto de poseer ideas no meditadas, no digeridas en profundidad sino superficiales, selladas a fuego y repetidas en la mente pero no entendidas y comprendidas, que se utilizan como una porra con que golpear y atormentar a otros.

        –el egoísmo” que nos lleva a valorar tan solo nuestros derechos, y no los derechos de los demás.

       –la falta de compromiso”, que nos lleva a no asumir deberes, sino tan solo sentirnos poseedores de derechos, dándonos una incapacidad fruto de una mala educación mental para responsabilizarse de algo, evitando que nos sintamos parte de nada, imposibilitándonos para una vida responsable en sociedad, aunque podamos tener una vida social. De la falta de compromiso nace la abulia, el conformismo, y el apoyo indirecto e inconsciente a que el mundo siga siendo como es. Hay que concebir una responsabilidad por omisión. De esta falta de compromiso nace también otro defecto que se llega a disfrazar de virtud, que es..,

     –la permisividad”, ya indicada, nos lleva a admitir todo, o al menos consentirlo, llevándonos a la ausencia de una escala de valores, y por tanto impidiéndonos reconocer lo bueno de lo malo. Así actuamos en nuestros afectos, en nuestro mundo de relación, en el trato, sin rumbo fijo, y lo que resulte, si sale bien lo será casualmente y estaremos siempre en manos del azar.

      “la contaminación y manipulación ideológica y política que nos lleva a recibir constantes noticias en que supuestamente se abanderan movimientos en pro de la tolerancia, se crean  ONG´s que una vez recibidas ciertas subvenciones desaparecen y que tan solo son un apartado postal sin realidad fáctica, que siembran el mundo de la palabra “tolerancia”, logrando desgastarla, vaciándola de contenido, pues crean el recelo entre los conciudadanos, que sienten como faltan los hechos, como se buscan chivos expiatorios, y todo sigue igual tras la ola de una verborrea demagógica. Se nos venden falsos ideales, que no pasan de ser simples proyectos, que no siempre se está dispuesto a vivir.

     ¡Someter a los falsos adalides de la tolerancia a la prueba del tiempo y veréis cuantos se quedan en el camino! Y si además tuvieran que ejercer sus ideas los domingos reduciríais el cupo, y si tuvieran que aportar parte de su tiempo diario menguaría aún más, y si tuvieran que hacer un aporte económico os quedaríais solos…, pero tal es el sino de los hombres. Hoy de quien da se dice “que le han debido comer el coco”, y un sin fin de pseudoidealistas con el coco aún sin mancha, sin muescas, y sin bocado alguno campean por sus anchas. Tal vez los que mantengan el coco más intacto, los que lo hayan conservado por su poca capacidad de compromiso o de acción sean los que lo han de recibir en el paraíso, para una vida más profunda.., pero lo dudo.

      Se hacen declaraciones políticas que no comprometen en conciencia, sino que suman puntos tan solo de cara a la galería. Se prometen muchas cosas por arreglar las cosas que no funcionan, y así aquellos que deben ver en los prohombres de la patria un modelo de valor y de entrega también venden sus ideales.

D) ¿Cuales son las Causas de la creciente intolerancia?

     Las raíces de esta visión estrecha se puede hallar en varios factores principales…

       –la perdida de valores del mundo actual, donde la búsqueda del bien-estar nos aleja de la cultura del bien-ser. Se mantienen a duras penas las formas pero no hay fondo real en la sociedad. Al igual que los edificios crecen cada vez más, sin que ello signifique otra cosa que desarrollo técnico, hoy atrapados por el progreso, nos desarrollamos pero no por ello crecemos más en profundidad.

       –la educación memorista y utilitaria, en donde se pasan materias como si fueran  vallas de una carrera de obstáculos, y se nos entregan diplomas y títulos que han de servir para engordar curriculums. Pero ello nos aleja de comprender realmente, de madurar como seres humanos y tener criterio propio. Se fomentan habilidades y cualidades, pero no se enseña psicología, filosofía, y otras ciencias humanistas, sino como rellenos en una educación utilitarista.

      –la concepción actual del ser humano, que no lo valora como una alma que hace su paso por la vida física, sino como un cuerpo que tal vez tenga alma, aunque de ello no nos queda la seguridad. Así un alma puede tener anhelos profundos, sueños, sentido de busqueda de la perfección y amor a los demás, pero un cuerpo apenas busca su propio confort, y ama en tanto no se trastoque su bienestar.

E) ¿Cómo educar para la Tolerancia?

       Se precisa por lo tanto una nueva visión de lo que es el ser humano y de su misión en la tierra, que ha de implicar una nueva educación, consciente, no aleatoria, basada en otros principios…

      – a) Principios éticos: que nos permitan valorar lo interno y espiritual, pidiéndonos un poco más de ética a nosotros mismos y a quienes nos dirigen. Porque de un ser humano mejor han de salir también mejores dirigentes.

      – b) Evitar las posturas materialistas: que nos lleven a no tener excesivo apego al dinero, a medrar y sobresalir (la cultura del pelotazo tan conocida, que se enlaza con el mito de un progreso interminable que ha de asegurar una buena vida para todos los seres de la tierra, y un futuro siempre mejor). Evitar la mentalidad de competencia constantes, aprendiendo a valorar  los verdaderos ideales, y a los idealistas que asumen cuotas de compromiso consigo mismo, con los demás  y con la sociedad en que viven.

      – c) Conocer las diversas culturas y tradiciones, de oriente y occidente, actuales y pasadas, pues son el bagaje del hombre en su paso por la Historia, y aportan una riqueza cultural y social a nuestro modo monotemático de encara la vida y la sociedad.

     – d) Conocer las diversas religiones, pues a veces intencionadamente se nos ocultan, para alentar la creencia de que “la nuestra es la única verdadera”. A veces cuando una religión considera así a las restantes tan solo le queda la virtud de ser la menos tolerante, pero nada más. Las religiones son los pasos que el hombre ha trazado en su caminar hacia Dios. Un Dios que está mucho más allá de lo que solemos expresar, y del que tal vez ninguno de nosotros entendemos mucho. Un Dios no hecho a imagen y semejanza del hombre, con sus defectos e iras, sino más elevado y mistérico. Los espíritus cultos han de entender que toda religión es un patrimonio de la   humanidad a   respetar y preservar.

     – e) Formar hombres buenos, como ya se indicó, con verdadera bondad interior y capacidad de juzgarse a sí mismos.

    – f) Fomentar una tolerancia activa y no pasiva, donde el compromiso personal anule una permisividad cómplice de los errores actuales, donde no agredamos a los demás con nuestros defectos y flaquezas, donde forjemos los valores más altos en nosotros para darle a los demás ejemplos válidos, apoyo, entusiasmo. No acomodarnos asumiendo lo que somos ahora como un valor estático, sino buscando mejorarnos.

     – g) Entender las diferencias humanas como algo que nos enriquece, que nos permite aprender, no viendo barreras en las diferencias de color, de raza, de nacionalidad, de sexo, y de condición social, sino elementos que ponen a prueba nuestro sentido de fraternidad. Comprender  que siendo diferentes en lo personal y externo, porque sería ridículo tratar como el avestruz de no querer pensar que somos desiguales, admitir que no lo somos en nuestro interior, en donde unidos por los valores más altos las divergencias de lo material se anulan, para dar paso a la visión de “seres humanos”.

    – h) Propiciar un verdadero sentido del ciudadano, que lejos de estar regido   por su egoísmo, su fanatismo, su intolerancia, se comprometa con su sociedad, en aras de una sana convivencia,  entendida como “unión de seres profunda y estable impulsada por una cultura común y regida por un sentido de destino trascendente”. Así de una persona surgirán sus mejores valores   individuales, y más allá de una mera sociedad o administración, se podrá generar una unión de seres tolerantes, que han de ver en las aspiraciones de los demás un reflejo de sus aspiraciones. Todo estado así constituido, a la manera platónica, desde lo interno hacia lo más externo, tendrá autoridad moral para exigir convivencia a los intolerantes porque la propicia en su seno y alienta con su propio ejemplo.

  -i) necesidad de definir los valores fundamentales o arquetipos humanospues la verdadera problemática sobre la tolerancia radica en ponerse de acuerdo en qué valores son propios del ser humano y cuales lo alejan de su realización, de su verdadero fondo humano. Y al no ponernos de acuerdo en     ello, hay una dificultad en aceptar ¿cuáles son los valores que han de ser objeto de esmero, de una conducta cuidada, cortés, que nos permita convivir en armonía y sana convivencia?

      Sabemos que matar a un ser humano es algo bien distinto del bien, pero nos es difícil saber si son buenas o malas otras actitudes o ideas, y decimos que todo ello son cuestiones de opiniones o gustos personales. Hay valores humanos que no admiten discusión, y otros que lógicamente en nuestra época se ponen en cuestión, unas veces porque señalan de qué pie cojea nuestra sociedad o son agitados por la publicidad con un cierto interés. A modo de ejemplo, hoy se confunde libertinaje con libertad, y la publicidad suplanta el lema de “sé tu mismo, aunque te cueste” -que lleva a una construcción positiva de sí mismo-, con la idea de “vive como quieras” – que lleva a una disolución de las costumbres- .

    Otras cuestiones, en cambio, nos aportan ideas nuevas que afloran en nuestra sociedad, como por ejemplo, la eutanasia, el aborto, el suicidio, el sentido del honor, el sentido de patria, la ética, etcétera, y que habrá que plantearse claramente con una profunda fundamentación filosófica para alejar la manipulación partidista e interesada… He aquí serios dilemas que nuestra sociedad tendrá que debatir y éstos son ejemplos de la dificultad en poner al ser humano de acuerdo en visiones fundamentales, y de ahí la dificultad de plasmar una tolerancia activa.

 F) Conclusión final

arco_iris_doble      La pequeña convivencia en lo individual nos ha de llevar a la sana convivencia en lo colectivo; la correcta educación para la tolerancia en los más mínimos detalles nos ha de llevar a evitar los grandes males de las rivalidades, del  racismo  y de las guerras. Pero recordemos que todo vaso comienza a llenarse por una primera gota. Las visiones basadas en cortas miras, en ideales pequeños, que reducen la visión tan solo a la de la propia etnia, la tribu, el clan, y que alienta delirios nacionales instalados en diminutas regiones, crean fronteras de acero que separan, disensiones que impiden fuertes lazos de familia. Hay que saltar las pequeñas  fronteras de la razón que especula, del interés solo por lo propio, de todos los “-ismos” que tanto daño han causado a la humanidad.

    Seamos claros y conscientes, sin tapujos, para sentir que siendo diferentes buscamos destinos comunes, repitiéndonos que ello es una ardua misión tan solo capaz de ser llevada adelante con tesón y tolerancia, sinónimos de una real voluntad y madurez interna, que nos ha de dar como fruto sociedades estables y profundas, donde se desarrollen en el futuro hombres mejores en el futuro.                         

Ramón Sanchis Ferrándiz, agosto de 1997.

 

Personas humanas (X): Santiago.

Personas humanas (X): Santiago.

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Santiago era, como dicen los tópicos, un viejo lobo de mar, y tenía ese porte que presentan las personas solitarias que no han sabido encontrar la forma de compartir su vida con los demás. Mientras observaba el transcurrir de la vida, se mesaba constantemente el bigote, y fumaba en su vieja pipa, como si aspirara cada instante. Sus ojos azules, cristalinos, parecían estar siempre buscando respuestas, y tras aquella mirada limpia se le podía adivinar el alma.

Desde su atalaya de hombre bueno, contemplaba a la gente en silencio, casi con admiración, pues era un ser gregario que había aprendido a recluirse en sí mismo; era un gran observador que disfrutaba de una sonrisa como si del mejor regalo se tratara; amaba las charlas profundas y de todo parecía aprender. Su corazón era tan grande como insondable.

Se dedicaba a la hostelería, y en ello era el mejor. Había cruzado medio mundo hasta recalar en Suecia, ese país frío que tenía incrustado como una espina en el corazón, pues allí nació su hija Jennie, y allí la dejó. Pero la añoranza le hizo retornar a tierras más cálidas, recalando en Alicante. Caminaba teniéndola siempre consigo; se desvivía por ella, aunque tal vez no supiera expresarlo bien.

Santiago vino a despedirse un mes atrás. Me dijo que ya no podía venir más a la clase del Taller de Escritura, aunque no me dijo por qué. Yo sabía que el cáncer le había dado una dentellada por dentro, pero su dignidad le impidió decirme por qué se despedía de mí. Supe que se me estaba yendo y me daba un abrazo con la mirada… 

La gente muere como vive…

Y se fue ayer también, en silencio… mirando la vida con sus ojos limpios, su sonrisa y su noble corazón. Había hablado aquella tarde por teléfono con su hija y se sentía feliz.  Ya en el lecho de muerte, en el hospital, le dijo a una amiga que se estaba preparando para el Gran Viaje, sin más, con alegría… A la noche ya no reconocía las voces y su cerebro ya estaba ausente; por un instante y de un modo extraño, entreabrió los ojos torpemente y aferró mi mano… Su mirada parecía sonreír.

No temas, hermano, le dije en silencio, despliega el velamen de tu bajel y viaja por el mar de la tranquilidad hacia los confines de la existencia. Ve siempre recto. Ya encontrarás quien te guíe…

Si te pasas la vida creyendo que la muerte no existe, y no aprendes a mirarla de frente, recuerda que ella te dará la espalda en el último minuto. Si la miras de frente, con la mirada limpia, como Santiago, seguramente ella cogerá tu mano y en ese último minuto te ayudará a “vivir de pie”, cuando otros simplemente mueren.

No le temas a la muerte; que ella te tema a ti.

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Ramón Sanchis Ferrándiz ©

Personas humanas (IX): el hombre vegetal.

Personas humanas (IX): el hombre vegetal.

Dicen las tradiciones antiguas que el hombre, como reino más elevado de la naturaleza, es un compendio de todos los demás, pues antes de llegar a ser hombre pasó por estadios intermedios en que se desarrolló en formas primitivas de mineral, vegetal y animal. Tiene en común con el reino mineral un cuerpo físico; con el reino vegetal su energía o vitalidad; y un  mundo emocional que le emparenta con el reino animal. De ahí en más, el ser humano comenzó su singladura por hacerse merecedor de tal denominación… Y en ello estamos desde hace varios millones de años.

De este modo, en virtud de la evolución, el ser humano tiene algo de dichos reinos en su composición, tal como afirmara el filósofo J.A. Livraga. Por tanto, podemos hablar de un hombre piedra, un hombre vegetal, un hombre animal y un hombre propiamente humano, que asoma bajo nuestra piel y convive con nosotros mismos. Y aunque estos tipos humanos no se dan totalmente puros en una persona, la mezcla de ellos conforma nuestro ser.

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El hombre vegetal:

El hombre vegetal, al igual que el reino del cual toma su nombre, es un ser anclado a una tierra, a unas personas y circunstancias —algo que tiene en común con el hombre piedra—, pero es inquieto, pues necesita de la actividad y el movimiento. Aunque sus pies buscan afianzarse en tierra sólida para sentirse seguro, anhela proyectarse hacia arriba, florecer y dar frutos, que en un lenguaje más cotidiano puede traducirse por situarse en la vida, llegar a ser alguien, y en ocasiones… evolucionar. Quizá no aspire a crecer en el sentido profundo e interno de la palabra, pero quiere ver avances en su vida, resultados, metas cumplidas y ganancias.

El hombre vegetal intuye, aún de un modo inconsciente, que hay tres formas básicas de energía, y a ellas dedica lo fundamental de su vida: la salud, el tiempo y el dinero.

culto al dineroValora, sobre todo, el dinero, pues se repite a sí mismo que sin él no se puede alcanzar nada en la vida. Todo ha de ser sacrificado a este dios exigente que es la mayor de las energías. Sueña con tenerlo; lo custodia con celo cuando lo posee; lo añora cuando lo pierde. A menudo, pasa la vida en busca de los precios más bajos en donde adquirir cualquier recurso, rastreando catálogos de compra o revistas destinadas a consumidores, ansioso por reducir unos céntimos de cada factura para lograr incrementar su haber; no se limita a mirar su nómina cada mes, sino que la estudia minuciosamente; los bancos creen que él es su cliente, aunque en realidad, él sabe muy bien como utilizarlos.

culto al cuerpo_07La primera forma de energía, la salud, comprende el cuidado y mantenimiento del cuerpo y de la energía vital que permite su funcionamiento. Por ello, el hombre vegetal analiza y programa de un modo minucioso cada detalle de su alimentación; relee las revistas médicas a diario, como una forma obligada de prevención; habla de las enfermedades, como si fueran parientes inevitables que les han caído en suerte en esta vida; sienten tal preocupación y apego por sus enfermedades que ellas no pueden abandonarlos. Realiza todo tipo de ejercicio, ya sea en el gimnasio, la piscina o al aire libre; participa en cualquier prueba atlética, maratón o travesía de montaña, llegando en ocasiones a caer en el culto al cuerpo, o incluso, a profesar su más alto sacerdocio: el culturismo.

Se siente bien haciendo buen uso de su energía y se aplica con esmero a cualquier actividad, pues sabe que todo se logra con esfuerzo y dedicación. Tal vez por ello, pretende organizarlo todo, controlar cada paso que da, cometer los menos errores posibles, alcanzar la perfección, aún a riesgo de ser tan solo un perfeccionista… pues todo ha de ser sacrificado al dios de la eficacia. Es avaro con el aprovechamiento de su tiempo, mide con cicatería las energías que entrega a otros, y cuando no alcanza sus elevadas pretensiones, se muestra enfadado, nervioso e inseguro, dado que sus errores revelan a los demás sus carencias, sus pies de barro. En general, el esfuerzo y la acción traen los resultados, pero en ocasiones, muchos otros factores humanos que no dependen de uno mismo entran en juego, y esto es algo que olvida el hombre apegado a sus frutos.

arboles_01El hombre vegetal se proyecta en sus obras y realizaciones, sean estas una empresa o pequeño negocio, su propia carrera o su familia. Por tanto, dado que necesita mostrarse como un árbol frondoso capaz de acoger a los demás bajo su protección, cuando las cosas le van bien, se convierte en un padre amable o un jefe diligente y comprensivo.

Disfruta con todo aquello que le pone el contacto con la naturaleza, ya sea el senderismo, las acampadas o excursiones, el cuidado de parques y jardines o animales, lo cual canaliza sus mejores energías y le evita el estrés. Este es su fuerte.

culto al cuerpo_02El hombre vegetal sigue un ritual de vida bastante sencillo: intenta utilizar adecuadamente su energía vital a fin de disfrutar de salud; cuida su alimentación y mantiene el cuerpo a punto; sabe que debe controlar el tiempo y no malgastar el dinero, a fin de acrecentar su energía. Y todo ello es lógico, saludable y positivo en tanto se siga el sabio consejo de una máxima antigua: “nada en exceso”. 

Al hombre vegetal no le motivan los grandes viajes ni las extrañas aventuras, antes bien prefiere arraigarse bien en la tierra, poco a poco, vencer a los elementos adversos, y sacar su vida adelante. Su principal cualidad es la de la resistencia y la tenacidad, aunque puede parecer inmovilista para otras personas. Es una persona esforzada, metódica y realista, que busca siempre crecer en vertical, para sí y para los suyos. Quizá no sea muy dado a grandes emociones e ideales, pues tiene sus pies anclados a una realidad más cotidiana, y ellas constituyen algo demasiado inasible o etéreo que choca con su sentido pragmático de la vida. 

culto al cuerpo_00En sus tendencias más negativas y extremas puede estar demasiado apegado al cuerpo y obsesionado con su alimentación, tornarse en un insano hipocondríaco o en un avaro con respecto al dinero. Necesitará estar cachas, fibroso, musculado, cortar los alimentos con un cuchillo de madera para no “dañarlos etéricamente”, recolectar los frutos del campo en una determinada luna, importarlos de allende los mares por sus cualidades ecológicas; o tal vez, necesitará culpar a la banca mundial de todos sus males, escuchar cuantos debates sobre la economía mundial permita el día, apostar a todos los Culto al dinero_tio Gilito_01juegos de azar o loterías, pues no se concibe la vida sin dinero… y seguramente, acabarán dibujándose los signos del dólar en sus pupilas, tal como le ocurriera al tío Gilito en los dibujos animados del Pato Donald.  Pero ya decía el filósofo Epícteto que “No depende de uno si va a ser rico, pero sí el ser feliz”.

No obstante, para bien o para mal, todos albergamos algo de el hombre piedra en nuestra propia naturaleza, al menos antes de alcanzar la madurez. En la adolescencia, esa edad en que el ser humano se dedica a poner a prueba su energía, le damos una gran importancia al cuidado del cuerpo y al ejercicio físico, pugnamos por encontrar un buen trabajo, tener dinero y trazar nuestro futuro. No obstante,  al adentrarnos en la edad adulta (¿a los 20?, ¿a los 30?, ¿a los 50?), cada ser define lo que va a ser fundamental en su vida, y es ahí donde los caminos divergen y se traza el propio rumbo. No en vano se dice que hasta los veinte años somos fruto de la educación recibida y que a partir de ahí comienza la propia educación.

Ramón Sanchis Ferrándiz ©

Personas humanas (VIII): el hombre piedra.

Personas humanas VIII: el hombre piedra.

images_09Dicen las tradiciones antiguas que el hombre, como reino más elevado de la naturaleza, es un compendio de todos los demás, pues antes de llegar a ser hombre pasó por estadios intermedios en que se desarrolló en formas primitivas de mineral, vegetal y animal. Tiene en común con el reino mineral un cuerpo físico; con el reino vegetal su energía o vitalidad; y un  mundo emocional que le emparenta con el reino animal. De ahí en más, el ser humano comenzó su singladura por hacerse merecedor de tal denominación… Y en ello estamos desde hace varios millones de años.

De este modo, en virtud de la evolución, el ser humano tiene algo de dichos reinos en su composición, tal como afirmara el filósofo J.A. Livraga. Por tanto, podemos hablar de un hombre piedra, un hombre vegetal, un hombre animal y un hombre propiamente humano, que asoma bajo nuestra piel y convive con nosotros mismos. Y aunque estos tipos humanos no se dan totalmente puros en una persona, la mezcla de ellos conforma nuestro ser.

El hombre piedra:

Hombres_21El hombre piedra puede llamarse Pedro o Tomás, Carmelo o Rodolfo, Tadeo o Daniel. Es un ser quieto, o más bien estático e incapaz de moverse por nada; un personaje singular que mueve su cuerpo con parsimonia, con los pies algo abiertos, a fin de sostener el peso de su barriga. Parece anclado a un lugar, a unas circunstancias, a unas personas, pero en el estatismo radica su seguridad; se apega a las cosas que posee, al ambiente que le rodea, y tal vez por ello toma partido acaloradamente en defensa de los suyos, de su ciudad, del equipo deportivo local, pues identifica su entorno como propio.

Se considera de donde nace y no siente necesidad de explorar el territorio que existe más allá de las colinas que divisa; a sus cuarenta años aún no ha viajado fuera de su provincia; no le atraen para nada el turismo ni la aventura, ni ansía el conocimiento de lo desconocido. Para él, los países exóticos pueden seguir siéndolo, pues no despiertan ningún interés: son una entelequia lejana que seguramente no existe en realidad. Es feliz empujando los días, uno tras otro.

Valora, sobre todo, su comodidad. No le gusta que varíen las condiciones de vida que ya domina y reconoce, pues se alimenta de pequeñas certezas y rutinas. Tan solo concibe el presente inmediato y se agobia cuando los vientos de la vida le traen demasiadas inseguridades y altibajos. Se inquieta ante el futuro y su incertidumbre.

Para él, su casa es el bien más preciado; un reducto en que se siente fuerte y a salvo. Adora, sobre todo, un buen sofá, una suculenta comida acompañada de un gran vino o licor, una jarra de cerveza que disfrutar entre risas estridentes con los amigos de siempre. Las bromas pesadas son su fuerte, al igual que los chistes y comentarios soeces que a nadie agradan.

Hombres_35Habla sobre política, la crisis y las condiciones económicas con la convicción de un gran experto, aunque tan solo tiene un par de opiniones bien aprendidas que reproducen el noticiero diario. Parece firme en sus convicciones y actitudes, pero no se apoya en razonamiento alguno sino en tópicos e ideas circulares que otros le han imbuido. Su aparente solidez carece de flexibilidad y altura de miras; sus apegos le tornan rígido en sus concepciones, o incluso, pétreo e impenetrable.

Huye de las controversias y de todo aquello que ponga en peligro su trabajo y su estabilidad. No le motivan los debates racionales ni la lectura. Vive encerrado en su mundo, en sus propias ideas y emociones, y a la postre, se convierte en un personaje insensible y egoísta. Quizá por ello, nadie le respeta demasiado; sus hijos le quieren, aunque se quejan de sus consejos cansinos y actitudes cerradas.

En realidad, se muestra bondadoso con los suyos, aunque sus emociones son de escasa altura. Quizá por ello, mira con cierto desdén a quienes se dejan llevar por las emociones y afectos. Tan solo se siente gregario con quienes disfrutan de los pequeños placeres de la vida y el cuerpo. Puede ser feliz con un gin-tónic o un vermut en la mano; se deleita deseando ese momento, mientras lo paladea, y después, añorándolo. Le agrada ir de juerga con los amigos y escuchar sus risas, pues entre ellos se siente aceptado y querido; el tiempo, en su compañía, parece detenerse.

Hombres_01El hombre piedra, intenta mantener siempre los pies en la tierra. Anhela comprar un terreno o parcela que pueda considerar suya, en la que algún día podrá retirarse de este mundo agitado y convulso. Nada le parece suficientemente estable y seguro. Los cambios de temperatura le aturden, pues los recrea constantemente en su mente; los esfuerzos físicos le agotan; las decisiones importantes le estresan… Es inevitable, que el viento de la vida, al pasar junto a él, haga crujir su resquebrajada piel de roca, porque busca una quietud y una seguridad que no existen en esta vida…

Pero no todo son carencias en el hombre piedra. Aunque a menudo, es un ser demasiado apegado a la tierra, al cuerpo y sus placeres… un ser que busca la comodidad a toda costa, tendente a la inercia, la lentitud y la rutina… y tal vez un tanto insensible y egoísta, sin embargo, suele ser bondadoso y tranquilo, campechano y locuaz, amante de la naturaleza y respetuoso con el medio ambiente. En ocasiones deja traslucir al personaje habilidoso que gusta de transformar el mundo material y se torna en un artesano paciente, mecánico tenaz o experto relojero. En suma, un personaje en el que otros confían o se apoyan, pues presenta la solidez de la piedra, su resistencia y tenacidad.

Sin duda, todos tenemos algo de él en nuestra propia naturaleza.

Personas humanas (VII): Alicia y el país de los sueños.

Personas humanas (VII): Alicia y el país de los sueños.

sueños_09Alicia es una joven morena de mirada y pensamiento limpio que estudia filosofía. La conocí en una pequeña fiesta, y pronto pude comprobar la buena sintonía existente entre nosotros. Cuando los temas de la conversación entraron en un tono de confianza, Alicia comentó que a menudo tenía sueños un tanto especiales.

Algunas veces, me contó, soñaba con situaciones que le aportaban un conocimiento que no poseía previamente. Si por ejemplo, imaginaba que le perseguía un monstruo y presa del pánico en lugar de enfrentarlo prefería morir, aprendía entonces sobre lo erróneo de tal elección, pues se había dejado vencer por el miedo. En otras ocasiones, veía en sueños a un personaje desconocido que le aconsejaba sobre aquello que convenía hacer en cada  circunstancia.

sueños_07Aún recuerda con preocupación, me dijo, un sueño en que veía a su cuñado en un ataúd, pues una semana después, sin más, apareció muerto. Su cuñado había decidido suicidarse, lo cual era extraño, pues era una persona muy vital y cargada de esperanzas. Entonces, no pude evitar preguntarle si había tratado de hablar con su cuñado tras ese sueño, pero ella se mostró extrañada ante la cuestión. Quizás, le insinué, aunque sin pretender culparla, pudo haber hecho algo para impedir su muerte, acercándose a él para descubrir sus preocupaciones y darle ánimos. Y me atreví a sugerirle que, tal vez sus sueños fueran premonitorios, pues al menos los más significativos parecían serlo.

sueños_06Pero Alicia no es una persona extraña sino una de tantas personas que tienen esa capacidad sin darse cuenta. Quizá el primer paso para comprender que algunos sueños se adelantan a lo que va a suceder sea darlo como posible, y Alicia, en su sana inocencia, no se atreve a considerarlo así.

Y llegados a este punto, ante la perplejidad de Alicia, dudé sobre si debía contarle mis propias experiencias. Es un antiguo debate interior que aflora en mi conciencia a menudo. Tal como diría el principito, me considero una persona seria, un adulto con la cabeza centrada y con una sólida formación científica, y sin embargo, siempre he intentado descubrir aquello que por esencial es invisible a los ojos. Sin duda, he conocido demasiadas cosas que nunca aparecen en los libros, aquellas que las personas “normales” tildan de extrañas y rechazan de un modo inconsciente, pues son patrimonio de lo oculto y misterioso. Pero al fin y al cabo, me dije a mi mismo, tengo un compromiso tácito con la verdad, la vida y las personas.

sueños_14Entonces le conté a la joven Alicia una experiencia muy personal. Me hallaba en Granada con motivo de un magnífico curso sobre desarrollo humano y creatividad personal, cuando tuve un sueño lúcido; era la hora próxima al amanecer, aquella en que la aurora disipa las tinieblas de nuestra mente. En aquel momento puede ver lo que había sido toda mi vida. Tal vez pasó apenas un minuto fugaz, pero yo pude ir a cada edad, a cada momento que había marcado mi vida, indagar en él, buscar las causas y los efectos, y saltar de nuevo a otro tiempo, a otro miedo, a otro nudo doloroso aún no resuelto, enfrentando el dolor, acechándolo a fin de cauterizarlo.

sueños_11¿Fantasías?, ¿fabulaciones?, preguntó Alicia. No, no es posible, le contesté, porque ver un documental de tu propia vida con todo detalle no puede confundirse con las imágenes fantasiosas que fabrican los suelos. En sueños, el cuerpo queda aletargado y nuestra conciencia, libre de sus ataduras, traza nuevas fantasías en el mundo psíquico, en base a las imágenes de la vigilia; los sueños combinan imágenes pasadas y reelaboran otras nuevas, verosímiles, aunque no reales. Pero los sueños lúcidos muestran, sin distorsión, sucesos ocurridos. Estas son realidades que tan solo pueden atisbarse con los ojos del alma cuando las puertas del tiempo se abren, a veces, como es mi caso, una sola vez en la vida. Así lo creo, sin envanecerme por ello ni sentirme diferente ni especial, pues casi nunca logro recordar un sueño. Considero que esta es una capacidad propia del ser humano, y que tarde o temprano todos habremos de vivir.

sueños_13En aquella conversación con Alicia, otra persona afirmaba la necesidad de anotar a diario los sueños, disponiendo un cuaderno de notas junto a la cama, para no dejar escapar ningún detalle en mitad de la noche por insignificante que fuera.  Sin duda, era un maravilloso contraste descubrir aquellas posturas tan dispares: por un lado, la de quien percibe en sueños, con nitidez, sucesos e imágenes aleccionadoras y brillantes que incluso vaticinan hechos futuros, sin apenas darse cuenta de ello, y por otro, la realidad ansiosa de quien anhela atrapar a cada hora pequeños sueños caóticos que nada dicen ni aportan. Ambas posturas respondían también a su natural personalidad: la primera, reposada, introspectiva, observadora, amable, y profunda; la segunda, impulsiva, nerviosa, habladora, atrapada por la maraña de su propia mente y sin anclaje real en lo profundo. Dos caracteres, dos realidades contrapuestas.

sueños_02De hecho, mi conversación con Alicia derivó hacia la necesidad de focalizar nuestra atención en lo que vivimos en el estado de vigilia, reforzando lo consciente, y no dirigiéndola hacia los pequeños detalles que surgen en sueños del inconsciente. Considero, le dije, que vivir de un modo más consciente los sucesos de nuestra vida y meditar sobre lo ocurrido, nos llevará a encontrar respuestas, atrapando una experiencia indispensable que de otro modo se disolvería en la rutina diaria. Sin duda, nuestro mundo consciente, aquel que se encuentra sobre la superficie del lago, es más poderoso que las aguas pantanosas del inconsciente.

Sin embargo, no es menos cierto que también podemos aprender de nuestros sueños, pero ello requiere cierto aprendizaje, y nadie nos enseñó nunca a dirigir los sueños y a interpretarlos. No en vano en el mundo griego se consideraba el sueño como una prolongación inconsciente de la vida que delataba las inarmonías de la personalidad, las enfermedades del cuerpo, las virtudes y defectos. Tal vez por ello, el sueño (Hipnos) se tenía por hermano gemelo de la muerte (Tánatos).

sueños_05Tener sueños premonitorios que se adelantan a los sucesos, tal como le ocurre a Alicia, no está al alcance de todos, pues exige una profundidad y nobleza de intenciones excepcional, ni van acompañados siempre de la capacidad para interpretarlos, pues a veces ello requiere toda una vida. Los sueños tienen su propio lenguaje, pues están hechos de imágenes y no de razonamientos. Tal vez por ello, no siempre son fáciles de interpretar las imágenes simbólicas que encierran, y menos aún, si no damos como posibles ciertas premisas.

Pero en verdad, no todos los sueños son mensajeros del futuro, ni vienen cargados de enseñanzas, pues tan solo las personas receptivas pueden captar aquellas imágenes que habitan para nosotros en el futuro. Algunos seres humanos, como Alicia, se comportan como un delicado diapasón capaz de percibir las más leves vibraciones del océano emocional en que nos hallamos inmersos. Al fin y al cabo, como dijera Calderón de la Barca, toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

sueños_04A menudo, cuando nos adentramos en el sueño, vaga nuestra mente río abajo, como un leño inconsciente mecido por las aguas, sin rumbo fijo ni piloto que dirija la travesía. El sueño es como una puerta sin puerta, un horizonte sutil que una vez atravesado nos devuelve a nuestros propios orígenes, a nuestra realidad inconsciente, a la oculta dimensión en donde se refugia nuestra conciencia, aquella que vive en nosotros aunque apenas reconocemos.

Ramón Sanchis Ferrándiz ©

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Personas humanas (VI): Carmen.

Personas humanas (VI): Carmen.

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Transitaba con mi coche por la ciudad cuando de pronto un policía me dio el alto. Se trataba de una mujer ataviada de uniforme que en todo momento se comportó con corrección; una bella mujer de ojos grandes y sonrientes. Me obligó a detenerme en el borde de la calzada y acercándose a la ventanilla, me saludó en un tono cordial mientras solicitaba la documentación del vehículo. 

—Todo parece en regla, Señor —dijo resuelta… ¿Va usted muy lejos?

—A San Juan.

—¿Puede entregarme su teléfono móvil?

Y a pesar de tan extrañeza petición obedecí sus indicaciones. Entonces la observó con detenimiento, y ante la ausencia de clave de acceso, comenzó a manipular algunas teclas.

—Ya está —dijo resuelta. Le he descargado una aplicación gratuita que permite leer ebooks en su teléfono móvil. Ahora podrá leer cualquier libro si le pilla un atasco. ¡Esto no lo hacemos con todos! —afirmó con un aire serio.

Policia_03Pero ante aquello, no supe qué contestar. La miré agradecido y un tanto temeroso, como siempre ocurre cuando nos hallamos ante cualquier tipo de autoridad. Entonces, ella apenas esbozó una ligera sonrisa, delicada y amable, tal como si fuera una antigua koré griega.

—Tan solo lo hacemos —prosiguió— con aquellas personas que tienen aspecto de ser amantes de la lectura. Puede continuar su ruta —y llevando su mano derecha hacia la gorra me saludó de un modo formal; acto seguido, dando media vuelta se fue.

—Gracias, agente —atiné a decirle cuando ya se alejaba.

—De nada, Señor —dijo con una voz metálica bien atemperada—. ¡Que disfrute de los libros!

Mientras arrancaba el coche, mi mujer, que había presenciado la escena en silencio, se atrevió a preguntarme si la conocía.

—Claro que la conozco; asiste a las sesiones del Taller de Escritura. Se llama Carmen.

—Pues ella te ha tratado con cierta distancia. Al principio pensé que nos iba a endosar la multa…

—Sí, tienes razón pero está de servicio. Aunque la verdad es que pocos polis te cargan una aplicación pirata en el móvil —comenté con sorna—. Si se enteran sus jefes la podrían empapelar a ella.

Y acabamos riendo de tal situación.

—¿Y cómo es que no la conocía yo? —apuntó ella con un tono de sospecha.

Polixia_05—Sí la conoces. ¿Te acuerdas de aquella mujer de la que te hablé que era actriz de doblaje? Pues es ella. Le puso voz a la enfermera principal de aquella serie de médicos tan famosa… pero ¿cómo se titulaba la serie? ¡Dios mío, qué mala memoria tengo! Cada vez voy a peor… Te he hablado de ella hace tiempo.

—Pero en ningún momento me dijiste que era policía. ¿Qué ocurre, tiene dos trabajos?

—No lo sé, cielo. Yo no ando investigando en las entretelas de la vida de la gente. Solo sé que tiene una hija, es policía, actriz de doblaje y…

—¡Y encima escribirá bien! —me interrumpió mi mujer.

escribir_banner1—Sí, además escribe muy bien. Lo hace con un lenguaje musical plagado de imágenes poéticas de gran belleza, y además, tiene un estilo rotundo, inteligente, directo y mordaz cuando denuncia las fallas de nuestro mundo… Ahora anda escribiendo algo misterioso, una obra muy trabajada, que tal vez algún día dé que hablar. Me pidió documentación sobre teatro y me da el tufillo que por ahí va el tema.

—O sea, que tiene futuro…

—Pues no sé, cielo. Estas cosas son difíciles de predecir. Pero si alguien merece que sus obras vean la luz, es ella.

—No estarás enamorándote de ella, ¿no? —me dijo ella recelosa.

—No, mi vida… No te preocupes: es mi discípula.

—¿Y eso que tiene que ver?

—Es difícil explicarlo… Los discípulos son como ramas que surgen de tu propio árbol; forman parte de ti y de tus sueños, pues les dedicas tus mejores  pensamientos e inquietudes… y se crea con ellos un vínculo muy fuerte, que radica en las ideas y sentimientos más profundos.

—¿Parece que los quieras?

—Sí, mucho. Sientes un cariño indecible por ellos. Sin duda, es inevitable querer a esos pequeños diablillos que tienes siempre en la mente… Y en el fondo, se aprende mucho de ellos.

—Se aprende de ellos, ¿qué cosa?

arboles_01—Aprendes de su esfuerzo e ilusión por comprender. Y algunos, dentro de unos años, engrosarán la lista de los buenos escritores, aunque aún no lo saben. Ahora, aparentan ser una pequeña semilla que pugna por hallar su camino hacia la luz; quizá mañana se convertirán en árboles frondosos capaces de dar sombra y frutos a quienes se les acerquen.

—¿Crees que aprovechan de verdad lo que les enseñas?

—Claro que lo hacen; unos más que otros, pero todos aprenden algo. La enseñanza es como el agua, pero unos tienen más sed que otros. El agua que les das es la misma para todos, pero según la capacidad de su vaso atrapan más o menos enseñanza. Aunque, aquello que aprenden también depende del estado de ánimo del profe, que es como me llaman. Cuando atraviesas tus mejores momentos y vives en armonía contigo mismo, cuando estás receptivo para comprender e ilusionado en transmitirles tus descubrimientos, ellos crecen con pujanza… y les brillan los ojos cuando son conscientes de los nuevos horizontes que se abren en su vida… Entonces se transforman, luchan por entender y aplicar aquello que van comprendiendo, se les transfigura el rostro, y te miran con un agradecimiento sincero.

—Pero creía que en un taller literario os dedicabais tan solo a crear historias fantásticas con personajes irreales.

Verdadero ser y personalidad—Sí, tienes razón… aunque los escritores crean personajes ficticios que toman sus modelos de la vida real. En verdad, y no debes contarle este secreto a nadie, la ficción se nutre de las vivencias reales del autor. Por suerte, hay personas maravillosas, como Carmen, cuyas vidas podrían servir de modelo para historias fantásticas e increíbles.

Personas humanas (V): en defensa de la vida.

Personas humanas (V): en defensa de la vida.

images_05Cuando le conocí, pese a su juventud, ya llevaba escolta. Pero su conducta era tan cuidada y sigilosa, que no lo supe hasta pasado un tiempo. Un buen día, mis amigos señalaron algún movimiento extraño y me dijeron en voz baja: ¿no lo conoces? Es todo un personaje.

Parecía uno más, aunque algo imperceptible indicaba que bajo su piel se escondía una persona humana diferente, repleta de sueños y vivencias. Su mirada limpia, la cortesía de sus modales y sus palabras encendidas, delataban a alguien que no se conformaba con vivir a cualquier precio. Sin embargo, tras ese modo de hablar vehemente y apasionado, se encerraba un carácter afable y abierto.

Escher_08_lodazalUnos diez años atrás la ETA había asesinado a su padre; entonces él se conjuró para combatir a los terroristas. Asumió su conducta de un modo natural, dispuesto a que el olvido no cayera sobre tantos asesinatos impunes. Dejó su antigua piel de ciudadano anónimo y mudó de pronto en héroe silencioso: uno de esos personajes que transforman nuestra sociedad sin que apenas lo percibamos.

Pese a que siempre había trabajado en otro oficio, se rodeó de un pequeño grupo de abogados, y aún sin serlo, coordinó demandas contra quienes hacían enaltecimiento de hechos despreciables, investigó las estructuras civiles que daban apoyo a la banda, las tramas clandestinas que cobraban el impuesto revolucionario, el blanqueo de dinero en Centroamérica, y un largo etcétera. Aunque a decir verdad, jamás he visto el odio ni la sed de venganza en su rostro, sino el afán de justicia y rectitud.

images_00Y aquel inofensivo cachorro fue creciendo… Aprendió a escribir artículos y libros, a manejarse entre los medios de comunicación, a enfrentar los insultos y amenazas del entorno abertzale, e incluso, a los políticos corruptos que encubrían oscuros vínculos entre la banda y el estado, a pesar de que todo su poder se tornara en su contra. Pero él no estaba dispuesto a cejar en su empeño, porque era un hombre honrado capaz de auparse a hombros de los gigantes que le habían precedido, pues en su memoria estaba siempre presente su padre, y en sus genes también.

Advirtió a su mujer de que esta era su vida; una vida que ya estaba comprometida con la dignidad humana, los derechos humanos y la justicia, pues no pensaba renunciar a sus principios por nada. Pero sin duda, ella estaba a la altura de este luchador, pues fue capaz de compartir a su familia con los escoltas, el terror y la inseguridad, las insidias y difamaciones, el ruido mediático y los interminables procedimientos judiciales. Tan solo quienes tienen madera de idealista son capaces de tales sacrificios.

images_08En la actualidad, él aún sigue con su incansable labor, ajeno a los cantos de sirena que auguran que los terroristas son corderitos que ya no asustan a nadie… Y aunque así fuera, mientras queden cuatrocientos asesinatos por esclarecer, ¿por qué detenerse? Mientras existan familias que no han sido desagraviadas por quienes cercenaron sus esperanzas de futuro, ¿a qué callar? Mientras los que asesinan no reconozcan siquiera su maldad y colaboren de modo sincero con la justicia, ¿a qué denominamos paz? 

Cuando las personas puedan mirarse de frente, él firmará definitivamente la paz: aquella que florece cuando las conciencias no tuercen su camino recto ni las personas siegan el futuro de otros ni sus derechos.

images_07Sin duda, es un ser humano que se plantea a menudo cuál es el sentido de la vida. Tal vez por ello, colabora en asociaciones destinadas a velar por la vida y los derechos humanos, a promover los cuidados paliativos de enfermos terminales y la donación de órganos. No obstante, es una persona que sufre y sueña como cualquier otra, que ha de trabajar toda la jornada para pagar su hipoteca y sacar sus hijos adelante, a fin de poder dedicarse, en la tarde-noche a su verdadera labor, esa que el destino puso en su camino.

La suya es una vida entregada a los demás, una vida altruista que no mide las horas que han de dedicarse a sus semejantes, seguramente siguiendo los mejores valores de su estirpe. Es un corredor de fondo, un esforzado y solitario luchador que pelea por una causa justa, esa que le entregó su padre, sin saberlo, cuando cayó tendido en mitad de la calle.